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Sentencias de gnósis islámica

El Shaij al-‘Alawî decía que el conocimiento de sí mismo era de más importancia que el conocimiento de Al-lâh

23/08/2011 - Autor: Varios Autores - Fuente: Webislam
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La última frase que salió de la boca de al-Hallaÿ fue: …la soledad de Al-lâh.
La última frase que salió de la boca de al-Hallaÿ fue: …la soledad de Al-lâh.

1. Ibn ‘Aÿîba sentenció: “Al-lâh es algo físico”.

2. Cuando alguien en presencia de Abû Madian hacía una cita sobre algún asunto de la vida espiritual, éste contestaba: “A mí traedme carne fresca”.

3. “Los idólatras no se equivocan en su adoración –dijo el Shaij al Akbar. Se equivocan en que para ella no necesitan el ídolo”.

4. Ibn ‘Arabî decía que las piedras eran los seres superiores del universo porque su sumisión a Al-lâh era absolutamente perfecta.

5. Shaij Daûd de Chauen dijo: “El mundo en sí mismo descansa sobre el aliento de los niños que en la madrasa memorizan el Corán”.

6. Un impaciente le preguntaba a al-Hallâÿ qué era el tasawwuf y él le contestó: “No te atrevas con nosotros”.

7. Sidi Ahmad, un anciano de 95 años, discípulo que fue del shaij al-‘Alawî, fue preguntado por quién era el Qutb de nuestros días. Y contestó: “Después del ruku‘ en la salât hay que llegar a poner la espalda recta antes de ir a poner la frente en tierra”.

9. Dijo Hasan al-Basrî que en el Día del Fin del Mundo el Cielo será a veces rojo, a veces amarillo, a veces verde o azul.

10. Al-Hallaÿ llegó a decir que el Monte Sinaí era más sagrado que la Ka‘ba.

11. Un hadiz del Profeta (Sahih al-Bujârî, libro 67, capítulo 31) dice: “Cualquier hombre y mujer que se pongan de acuerdo, que mantengan sus relaciones sexuales tres noches. Si después quieren seguir más tiempo juntos, que sigan; y si quieren dejarlo, que lo dejen”.

12. Shaij Al-Ÿilani puso una rosa en la puerta de su zâwiya y una nota que prohibía el paso a quien no dijera a qué olía la rosa.

13. Según Maulânâ Rûmî, aquel a quien Al-lâh no ha dado felicidad y suerte solamente tiene en consideración las cosas extrañas.

14. Al-Harîri dijo: “No acepto como ilâh (dios) un Señor que pueda ser desobedecido”.

15. Ibn Hazm de Córdoba afirmó: “Lo que se escucha es el imperativo”.

16. Muhammad aconsejó a sus compañeros que estudiaran hebreo. El hadiz puede verse en Bujari 93/40. En otro hadiz dice el Profeta: “Contad las historias de los hijos de Israel, no hay nada perjudicial en ello”.

17. El primer arrebato de locura del Maÿdzûb fue cuando un hombre le besó a las puertas de una mezquita donde estaba apostado y le pasó su saliva. Estuvo vagando por los montes diciendo sin cesar “Al-lâh”. Pasar la baraka a través de la saliva era la técnica que llamaban los sufíes “abrevar”.

18. Un hombre llegó a la mezquita y se fue directamente a hacer la salât. Alguien que lo había visto antes de entrar le dijo: “Eh, ¿qué vas a hacer? ¡Has orinado antes de venir y no has hecho el wudû!”. “Sí”, le dijo el primero, “pero mírame”, y se puso a levitar hasta tocar el techo de la mezquita, y luego fue así, por el aire, de una parte a otra hasta que se cansó y descendió. “Vale”, le contestó el otro, “puedes volar, pero el Corán no dice nada de volar y sí de hacer el wudû después de orinar, así que ve a hacer el wudû’”.

19. Cuando estaba a punto de morir Sidi Ahmad de Melilla, se lamentaba con pena: “¿Qué será ahora de mis fuqarâ?... Porque en toda mi vida no he hecho otra cosa que reunir gente...”. Y Tabatabai, el famoso sabio chiíta, en su lecho de muerte no cesaba de repetir: “los otros, los otros… los demás…”

20. Al-Ÿîlâni tuvo un shatj por el que dijo: “Estoy cruzando un mar en cuya orilla se me han quedado todos los profetas”.

21. Abû Yazid tuvo también su arrebato de impertinencia mística: “Al-lâh está bajo mis vestiduras”.

22. El shatj más célebre de todos fue el que le costó la vida a al-Hallâÿ, que dijo Ana al-Haqq 6, aunque nadie puede asegurar que fue él y no Al-lâh mismo el que lo dijo a través suyo.

23. Para Mullâ Sadrâ Shirazi el hombre tenía la capacidad de penetrar hasta su propia esencia para modificarla. Por eso tu Rabb te pedirá cuentas de lo que has hecho de él.

24. Shaij al-‘Alawî decía: “El tauhîd es como el fuego”.

25. Fue al-Ÿunaid quien dijo: “Nadie alcanza el rango de la Autenticidad (haqîqa) hasta que mil personas honestas testifiquen que es un hereje”.

26. Un malâmatî andaba por las calles de Konya en pleno día de Ramadán comiendo con descaro y fue apresado y encarcelado. Desde la ventana de su celda acertó a ver días más tarde a uno que iba comiendo por la calle y le llamó: “Oye, tú, ten cuidado: estamos en Ramadán. Si te ven, acabarás como yo”. “No –contestó el otro- yo soy cristiano y tengo protección de dimmî”. “Ah, ya comprendo… –le dijo el sufi encarcelado. Entonces, da gracias a Al-lâh por no haberte conducido a la religión verdadera”.

27. Abû Mahkam al-Yisrî dijo que el Día de la Resurrección haría enloquecer a los seres humanos.

28. Poco después de la muerte del Mensajero de Al-lâh, paz y bendiciones, sus compañeros ya tenían conciencia de que era mejor callarse. Ante la recitación de la aleya 65:12 “Al-lâh es quien ha creado siete cielos y otras tantas tierras...”, ‘Abdul-lâh ibn ‘Abbâs exclamó a la multitud en ‘Arafât: “¡Oh hombres, si comentara ante vosotros este versículo tal como yo mismo se lo he oído explicar al Profeta, me lapidaríais!”.

29. Abû Huraira afirmó que si desvelara la sabiduría interior que Muhammad le mostró le aplicarían la pena de muerte por impío.

30. Dijo Ibn ‘Arabî: “El día es la sombra de la noche”.

31. Después de haber escuchado a alguien tocar su laúd, afirmó Rûmî: “Hay más sabiduría en ese laúd que en los Futûhât al-makkîya 8 de Ibn ‘Arabî”.

32. Dijeron a Rûmî que distinguiera entre el arrebato (hâl) y la morada espiritual (maqâm). El maestro les dijo: El hâl es como cuando la hermosa desposada se quita su velo; el maqâm, en cambio, es cuando el esposo se queda a solas con su desposada.

33. Cuando le preguntaron a Hasan de Basora: “¿Qué es el Islam y quiénes son los musulmanes?” respondió: “El Islam está en los libros y los musulmanes en las tumbas”.

34. Al-Hallâÿ puso una réplica de la Ka‘ba en la casa, y se dedicaba a dar vueltas a su alrededor, porque –según decía- era tan eficaz para conducir a la gente a Al-lâh como el original.

35. Cuando le preguntaron a Abû Madian si producía algún efecto sobre la Piedra Negra el hecho de que las gentes la tocaran y besaran, él respondió: “La Piedra Negra soy yo”.

36. Según el Shaij Muhammad Karîm Jân Kirmânî, el Paraíso del creyente es su propio cuerpo, y sus acciones meritorias son sus árboles, sus ríos, sus huríes y sus castillos.

37. Ÿunaid dijo que la experiencia mística era un perenne vacío en el que jamás cabía imaginar un detalle familiar”.

38. Abû Yazîd al-Bistâmî dijo: “Los hombres vulgares sólo saborean parte del sabor del agua, del pan… Únicamente los que Al-lâh elige como íntimos llegan al sabor último de cada cosa”.

39. El fundador de la fe bahai preguntó a un sufi mientras almorzaba qué era lo que estaba comiendo y el sufi le contestó: “Al-lâh”.

40. Abû l-Hasan ash-Shâdzilî enseñaba la importancia de considerar a Al-lâh como Agente de todas las acciones, incluso de las aparentemente viles y perversas: “Considerar esto no te hará ningún daño, mientras sí te perjudicará considerar a las criaturas como autoras de las acciones que Al-lâh realiza a través de ellas”.

41. En el tiempo en que Ibn ‘Arabî estuvo cuestionándose la veneración que entre los musulmanes se sentía por la Ka‘ba, al fin y al cabo una piedra, tuvo un arrebato durante el cual la Ka‘ba se movió de su lugar y le persiguió por los alrededores del Haram, y cómo Ibn ‘Arabî corría como un poseso hasta llegar a las afueras de Meca.

42. Tanto se empeñó Ÿuhâ en que nadie cruzara el umbral del morabito en el que se enterraría, ordenando que la puerta fuera clausurada con múltiples candados, que actualmente es en efecto infranqueable esa puerta. Pero de las cuatro paredes, sólo ésta queda en pie.

43. Mullâ Sadrâ Shirazi decía que las plantas se alzarán y serán recibidas en el Paraíso de Al-lâh tras el día del Juicio.

44. Decidió un alfaquí pararse en el camino para censurar el comportamiento de un hombre que había decidido vivir entre las basuras por amor de Al-lâh, y éste le contestó: “¿Conoces tú todo de Al-lâh?”, “No”, contestó el alfaquí. “Pues yo pertenezco a esa parte de Al-lâh que tú ignoras”.

45. El maestro Shaqiq de Balj hablaba de la alquimia del ayuno pues decía que “cuarenta días de hambre podían transformar la oscuridad del corazón en Luz”. Y Rûmî añadía: “El hambre es el alimento de Al-lâh”.

46. Cuando al-Hallâÿ estaba ya en la cruz, se oyó el adzân que sigue a la puesta del sol y se dirigió a los soldados: “¡Eh, todavía estoy vivo…! ¡Tengo que hacer la salât!”. La lógica de su argumentación era aplastante, así que lo desclavaron. Hizo la salât en la fila con sus verdugos y en su du’â dijo: “Ellos hacen lo que deben hacer y yo hice lo que tenía que hacer”. Y, cuando acabó, lo volvieron a clavar en la cruz.

47. Al-Hallaÿ pasó un año entero sin moverse de la sombra de la Ka‘ba.

48. Mansûr al-Hallâÿ describía la plenitud de la conciencia como un encuentro erótico con su Sustentador: “Nuestras conciencias son una sola virgen donde sólo el aliento de la Realidad penetra”.

49. La última frase que salió de la boca de al-Hallaÿ fue: “…la soledad de Al-lâh”.

50. Los ÿaçidíes –que exaltan el trabajo espiritual del Shaitân- llaman a Iblîs “el pavo real de los ángeles” (taûs al malâ’ika), por su belleza.

51. Decía Shaij al-Alawî que si pudiéramos ver la luz que hace posible a la más perversa de las criaturas, veríamos que esa luz es capaz de llenar los cielos y la tierra.

52. Imam ‘Alî cierta vez que vió una reunión de musulmanes en una mezquita de Basora hablando sobre el logro de las hasanas y les dijo: “La codicia también afecta a la otra vida”.

53. Abdelkarim al-Ÿilî escribió: “La oscuridad divina11 es el lugar primordial donde se ponen los soles de la Belleza”.

54. El Ÿamal decía: “La realidad de la wilâya está en aquel que, cuando está sentado a la sombra, su yo no desea sentarse al sol y, cuando está sentado al sol, su yo no desea sentarse a la sombra”.

55. Los sufíes de la cofradía qalandariyya del Norte de Afganistán dejaban a los muertos sobre la tierra expuestos a los perros, porque “qué más daba alimentar a unos que a otros”.

56. Preguntaron a Abû Hanîfa quién era superior, los malâ’ika o los seres humanos, y contestó: “Esa pregunta está enferma”.

57. Existe un hadiz qudsî que quién puede comprenderlo en el que dice Al-lâh: “Atormento al ser humano y no me importa”. Y otro parecido: “Éstos al Fuego, y Yo no me preocupo de ellos; y aquéllos al Paraíso, y Yo no me preocupo de ellos”.

58. Ibn Hazm al Cantar de los Cantares de la Biblia lo llamaba hawas al-ahwâs: “la tontería de las tonterías”.

59. Un sufi de Marruecos, instado por Al-lâh a hacerlo, se vistió de sirvienta y estuvo limpiando casas.

60. Se cuenta que en al-Masamida había veintisiete íntimos de Al-lâh que podían volar; entre ellos, catorce eran mujeres.

61. Como no se quería casar, Imma Tiffelent se escapó adoptando la forma de una paloma y se hizo prostituta en la montaña… Veintisiete jóvenes desaparecieron después de amarla. Después se hizo asceta en una cabaña en la cima… Harapienta y despeinada explicó el dîn en el valle. Después, volvió a su cabaña, se quitó hasta los trapos ajados que llevaba y vivió desnuda. Aún hoy día, alrededor de su tumba está prohibido tocar los árboles, matar los pájaros y quitar los huevos del nido de la perdíz.

63. Dijo Muhammad rasûlul-lâh: “La Majestad que mencionáis al lado del Nombre de Al-lâh cuando proclamáis su Unicidad, cuando lo alabáis y cuando lo exaltáis, todo ello se arremolina en torno al Trono y tiene un eco semejante al zumbido de un enjambre de abejas. ¿No os resulta amable que os pertenezca aquello con lo que recordáis a Al-lâh?”. Esta pregunta todavía resuena en el lugar de la alabanza.

64. Según Ibn Abbâs, el enrollamiento del Cielo al final de los tiempos significa la introducción del cielo en el Trono.

65. Shehâboddin Yahiâ Sohravardi, el Shaij al-Ishrâq, decía: “Debes interpretar el Corán como si hubiese sido revelado para ti.” 

66. Ibn ‘Arabî nos recuerda que: “La persona madura no debe en ningún caso desentenderse de lo trascendente. Debe intentar devolver esa Revelación tal como le llegó: sin forma, sin peso, ni color”.

67. Otro gran jurista, Ahmad ibn Hanbal, dijo: «En sueños dije a Al-lâh: “Señor, ¿qué es lo mejor con lo que se han acercado a ti los adelantados?”. Respondió: “Con mi Palabra”. Y dije: “¿Entendiéndola o sin entenderla?”. Y respondió: “Entendiéndola o sin entenderla”».

68. Le preguntaron al maestro Abbas al-Mursi sobre los Hombres de la Noche. El maestro respondió: «Los Hombres de la Noche son los hombres verdaderamente realizados, como dice el Profeta, Allah lo bendiga y le dé la paz: “Al-lâh tiene servidores que sustenta con su Misericordia, los vivifica y los mantiene a salvo. Nada de lo que suceda les afecta, atraviesan el tiempo como si atravesasen una noche oscura”».

69. Sahl at-Tustarî, uno de los maestros de al-Hallâÿ, dijo: “La soberanía divina tiene un secreto y ese secreto eres tú, ese tú que es el ser de quien se habla; si ese tú llegara a desaparecer, la soberanía divina sería igualmente abolida”. Y Nûr Muhammad recordó el hadiz qudsî: “El hombre es mi secreto y yo soy el secreto del hombre”.

70. El Shaij al-‘Alawî decía que el conocimiento de sí mismo era de más importancia que el conocimiento de Al-lâh.

71. Al-Shushtarî cuenta la visita que le realizó el profeta Jesús, que la paz sea con él. Jesús lo ungió con su saliva, de la cual quedó preñado para parir, como Mariam, al Mehdi 15... que la paz sea con todos ellos. Sobre esta experiencia dejó escrito:

Cuando vino a mí este hermoso niño, concibiéndolo -como si yo fuera una mujer- dentro de mí, le dije: “Hijo mío, ¿has venido a mí en sueños o en realidad? Mírame, estoy muerto”. Pero él me calmó: “revive, porque ha venido a ti el Mehdi.”

72. El musulmán dice: A‘ûdu bi-llâh min Al-lâh “Me refugio en Al-lâh de Al-lâh”.

73. Sayyidî Ahmad ibn ‘Atâ Al-lâh dejó escrito: “Puede que Él te abra la puerta de la obediencia sin abrirte la de Su complacencia, puede también que Él decrete para ti el error y que, gracias a éste, llegues por fin a Él”.

74. Ibrahim ibn Adzam comenzó su du’â: “Yâ Al-lâh, tú que sabes que el Paraíso me importa menos que el ala de un mosquito…”.

75. Sohravardi, el Shaij al-Ishrâq, fundador de la teosofía de la Luz, que murió mártir en Alepo, decía: “No se refutan los símbolos.”

76. Fue al Shaij al-‘Alawî un hombre cuya luz era manifiesta y le preguntó “¿Qué hago con mi vida?”. El maestro le respondió: “Podrías hacer algo si no estuvieras ya muerto”.

77. El modo de guerrear de ‘Alî, el primo del Profeta, era -sin la menor duda- un acto chamánico. Se dice que iba buscando en el enemigo la luz de su corazón y que por ahí lo ensartaba. No buscaba la muerte del enemigo, sino su propio fanâ fundiéndose con la luz del que mataba.

78. Uno de los tratados de Ibn ‘Arabî, que trata sobre la Ka‘ba, acaba diciendo: “Aquí termina este libro, pues se me ha acabado el papel”. Abdelkarim Osuna comentó: “Eso es la ciencia del instante”.

79. Decía Ibn ‘Arabî: “El manto de Al-lâh es la criatura. Somos la magnificiencia de la que se reviste la esencia divina. De lo que se deduce que no veremos nunca a Al-lâh. Sólo nos veremos a nosotros mismos”.

84. Escribió Shaij Al ‘Alawî: “El velo de Al-lâh es su exteriorización. A causa de su intensidad, Él queda oculto”.

82. Según Ibn ‘Arabî, delante de la Ka‘ba puede hacerse la salât a cualquier hora. “Porque con esa salât Al-lâh crea un ángel que pide misericordia para ti hasta el Día del Juicio”.

83. Un discípulo de al-Bistamî comentó: “Hubo un momento en el tiempo en que Al-lâh existía y excepto Él nada existía”. Su maestro respondió: “Hoy sucede lo mismo que entonces”.

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