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Te enviamos como misericordia para los mundos

El Profeta visitó a los enfermos y acompañó a quienes se morían en sus funerales sin discriminar entre musulmanes y quienes profesaban una fe distinta

15/08/2011 - Autor: Sheikh Muhammad Alruwaili - Fuente: Webislam
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El camino de la misericordia.
El camino de la misericordia

Alabado sea Dios, Quien nos guió agraciándonos con la fe y no hubiéramos podido encaminarnos de no haber sido por Él. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Único, sin asociados. Atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero. ¡Dios! Bendice a Muhammad, su familia, sus compañeros y todos los que sigan su guía hasta el Día del Juicio Final.

Primera Jutba

Cuando el joven judío que servía al Profeta trayéndole agua para la ablución, alcanzándole las sandalias y ayudándolo en lo que necesitaba enfermó, el Mensajero de Dios lo visitaba periódicamente y se sentaba en la cabecera de la cama junto a él. Un día, el padre del joven observó la compasión con la que el Profeta miraba a su hijo que se encontraba despidiéndose de la vida mundanal para partir hacia la otra a pesar de su juventud.

Ese día el Mensajero de Dios le habló de lo que más necesitaba en ese momento exhortándolo a creer en el Islam para que así pudiese encontrarse con su Señor sometido a Su voluntad. El Profeta le dijo: “Acepta el Islam como religión y di: Atestiguo que no hay otra divinidad que Dios y que Muhammad es el Mensajero de Dios”.

El joven escuchó con mucha atención las palabras de Muhammad, pues en el tiempo que lo sirvió pudo darse cuenta que su comportamiento era el de un Profeta y no el de un farsante mentiroso que se autoproclamaba profeta por arrogancia y deseos de poder.

Pero el joven seguía condicionado y preso de la autoridad de su padre que se encontraba muy cerca de él en aquel momento y, mientras el Profeta le reiteraba sus palabras, el joven miraba a su padre como esperando su consentimiento.

Cuando su padre vio la preocupación de su hijo por ganarle a los pocos minutos de vida que le quedaban, le dijo: ¡Hijo! Obedece a Abu Al Qâsim y repite las palabras que te enseñó Muhammad. Fue entonces que el joven profirió el testimonio de fe y dijo: "Atestiguo que no hay más dios que Dios y que tú eres el Mensajero de Dios". Y luego de completar el testimonio de fe emitió su último suspiro y murió.

Una alegría inmensa invadió al Profeta al ver que aquel joven que lo había servido aceptó la guía del Islam antes de morir, e invocó a Dios diciendo: “¡Alabado sea Dios que salvó a este joven del fuego del Infierno a través mío!” Luego se dirigió a sus compañeros y les dijo: “¡Hagan la oración fúnebre por nuestro hermano!

Podemos analizar esta historia de distintos ángulos y reflexionar; incluso podemos sorprendernos del vínculo que existía entre el Profeta y este joven judío que permanecía mucho tiempo en su casa para servirlo, pues cuántos compañeros y seguidores del Profeta anhelaban poder servirle o que sus hijos tuvieran el honor de hacerlo; pero fue ese joven judío quien tuvo la gracia de hacer esa noble tarea.

Esta historia refleja el buen trato hacia quienes profesan una religión distinta al Islam, ya que el Profeta compartía reuniones con ellos, en las cuales les hablaba e invitaba al Islam con respeto, incluso los visitaba, respondía sus invitaciones y les abría las puertas de su propia casa.

Un ejemplo de ese buen trato es esta historia, pues podemos apreciar la cercanía entre el Profeta y uno de ellos. Además la misma nos enseña que relacionarse con aquellos que no profesan el Islam sirve para romper las barreras que puedan existir y que impiden llegar a ellos y enseñarles la religión del Islam.

Cuando el Profeta invitó al joven a aceptar el Islam, éste ya conocía bien al Mensajero de Dios y al mensaje que transmitía, pues había compartido muchos momentos y situaciones junto a él, gracias a las cuales pudo convencerse de su veracidad y honestidad. Y fue por ello que en el momento más decisivo de su vida aceptó con convicción y seguridad la invitación a creer en Dios que el Profeta le hizo.

También podemos apreciar el trato humano del Profeta hacia las demás personas, musulmanes y no musulmanes, pues él fue enviado como misericordia para los mundos. Así fue como alimentó a los prisioneros de guerra, visitó a los enfermos y acompañó a quienes se morían en sus funerales sin discriminar entre musulmanes y quienes profesaban una fe distinta. Se narra que en una ocasión cuando el cortejo fúnebre de un judío pasó frete a él, se puso de pie. Al verlo, sus compañeros le preguntaron: ¿Acaso honras su funeral no siendo musulmán? Y él les respondió: “Él es también un alma humana”.

Es por este motivo que la visita del Profeta a este joven judío que no era ni un jefe ni un líder sino un servidor demuestra la grandeza en la humanidad del Profeta y su nobleza, la cual fue imitada por sus compañeros y quienes sucedieron a éstos, siguiendo así las enseñanzas de Muhammad con las cuales iluminaron sus propias vidas y la de quienes los rodearon.

Otro aspecto de esta historia para reflexionar es la felicidad y el regocijo que sintió el Mensajero de Dios cuando el joven judío pronunció el testimonio de fe, a tal punto que exclamó: “¡Alabado sea Dios que salvó a este joven del fuego del Infierno a través mío!” y luego se dirigió a sus compañeros y les ordenó que hiciesen la oración fúnebre por él.

Pero, ¿Por qué habría de alegrarse el Profeta por aquel joven que falleció minutos después de aceptar el Islam, sin haber realizado grandes obras? Por cierto que el Profeta se alegraba cuando los hombres se encaminaban, aceptando la guía del Islam y salvándose así del fuego del Infierno. Ésta era la verdadera razón de sus tristezas y alegrías, de sus enojos y sus satisfacciones. Y fue este el motivo por el cual agradeció a Dios por haber guiado a una persona que estuvo extraviada y haberla salvado del castigo eterno. Y así como se alegraba, también se entristecía cuando lo desmentían y rehusaban creer en Dios, quien nos dice: “¡Oh, creyentes! Recuerden constantemente a Dios y glorifíquenle mañana y tarde.” (Sagrado Corán 18:6)

Y por último podemos observar cómo el Profeta no dejaba pasar una oportunidad sin exhortar a la gente a creer y sin transmitir el mensaje que le fue encomendado, incluso cuando se encontraban en la agonía de su muerte como en el caso del joven judío.

¡Dios! Guíanos para que podamos contarnos entre los que siguen el ejemplo de Tu Mensajero y trasmiten la fe en Ti mensaje en todo momento. Y guíanos también para contarnos entre quienes Te invocan y recuerdan siempre y entre los que te agradecen y adoran con sinceridad.

Que Dios nos bendiga con el Grandioso Corán y nos guíe para que Le temamos como Se merece y pido a Dios que perdone nuestras faltas, pues Él es Absolvedor, Misericordioso.

Segunda Jutba

Alabado sea Dios, Quien fortalece y eleva a los creyentes. Atestiguo que no hay otra divinidad salvo Dios, Único sin asociados, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y compañeros.

Afírmense en el Islam aferrándose al asidero más firme y sepan que Dios está con la comunidad.

¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en esta vida y en la otra. ¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en mis asuntos religiosos y mundanales, mi familia y mis bienes. ¡Dios! Cubre mis debilidades y sosiega mis miedos. ¡Dios! Protégeme por delante, por detrás, por mi derecha, por mi izquierda y por encima de mí. Me refugio en Tu grandeza de ser engullido por la tierra.

Dios dice: “Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen.” (Sagrado Corán 16:90)

Invoquen a Dios el Grandioso que Él los recordará siempre y agradézcanle por Sus gracias, que se las incrementará.

Sepan que Él está bien informado de lo que hacen, témanle pues, y pidan bendiciones por el Profeta Muhammad, y eleven Ruegos y Súplicas a Dios.

Viernes 29 de rayab de 1432 / 01 de julio de 2011

Centro Cultural Islámico “Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Rey Fahd” en Buenos Aires – Argentina
Traducción de la Jutba pronunciada por el Sheij Muhammad Al Ruwaily

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