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Los musulmanes no se aíslan del mundo para ser más santos

Capítulo de Islam para ateos (Ed.Palmart 2006)

10/08/2011 - Autor: Vicente Haya y Ali González - Fuente: Webislam
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Vicente Haya
Vicente Haya

Se nos ha trasmitido a los musulmanes que Allâh le preguntó a Dâ’ûd por qué lo veía siempre solo. Contestó el profeta: “Porque quiero apartarme de lo que me aparte de ti”. Y le replicó Allâh: “Entonces busca buenos hermanos que te recuerden a mí. Ése es tu retiro”.

Lo sano y normal en el Islam será la mujâlata, es decir, el trato humano. Sólo con carácter excepcional (y durante un tiempo que no exceda los cuarenta días), en la espiritualidad musulmana se admite el apartamiento de la vida cotidiana, la jalua, y únicamente en tanto que nos ayude a que el corazón se convierta en naturaleza en nosotros, preparándonos para la vida social. Cuando el profeta Muhammad se retiraba a la Cueva de Hira (gâr Hirâ’), no lo hacía como huida de sus circunstancias vitales, sino para simplificar el objeto de su atención, eliminando variables de su sensibilidad y concentrándola en Allâh. El retiro de gâr Hirâ’ simboliza el retrotraimiento de la criatura hasta el espacio sagrado del corazón donde tiene lugar la Revelación con la que se construirá la nación del Islam.

Respecto a la ‘uçla –el aislamiento absoluto- no es un recurso de la vida espiritual, sino una estrategia de supervivencia social: se trata de una medida drástica que puede imponérsela uno a sí mismo para sobrevivir cuando el entorno es abiertamente hostil o que se aconseja a individuos que no puedan evitar hacer daño a la sociedad.

El modelo de trascendencia del Islam es en colectividad, en sociedad. Hasta el punto de que en árabe, “solitario” y “salvaje” son sinónimos (wahshî): un solitario es un salvaje... La tendencia a reunirse es la inclinación natural del musulmán, mientras que la dispersión (furqa) es destructiva. El Islam es para el hombre social, no para el que no soporta la compañía de sus congéneres. El Islam es en esencia un pensamiento que articula sociedad.

El ser musulmán es instinto de construir sociedad, impulso socializador de la naturaleza humana (como el de las hormigas o las abejas). El Islam no pertenece a lo privado. Es difícil valorarte como musulmán entre musulmanes, puesto que todos cumplen con la ‘ibâda y el Sufismo –que podía ser una forma de distinguirse hacia lo mejor- se ve como una degeneración. Llegar a ser musulmán entre musulmanes es nuestro máximo logro. La categoría del Islam es la comunidad; el Islam no es una filosofía que pueda aprenderse en los libros. A cualquier enseñanza del Islam debe acompañarla el calor humano que le da su hechura definitiva. Los primeros musulmanes no fueron convencidos por el Profeta, ni tampoco por el Corán. El Corán era una advertencia general que sólo aceptaban los que ya habían sido convencidos. ¿Qué los había convencido? El trato con la comunidad de Muhammad.

Es con los demás donde el ser humano se conoce a sí mismo y pule sus deficiencias en el contraste. Con la reclusión te retirarías a solas con tus limitaciones, y ya no podrías eliminarlas, porque sólo con el contacto y la tensión con los demás tienes oportunidad de conocer tus deficiencias. Asumir la incomodidad del contacto con los demás es importante porque significa que se quiere avanzar con rigor en nuestra vía. Con nuestros hermanos nos enfrentamos a nosotros mismos y ésa es la única manera de llegar a conocernos realmente. No es posible la autorrealización sin sociedad, y no es posible la sociedad sin conflicto. Negarse al conflicto es negarse al hecho humano. Tú, retirado de la existencia con tus devociones privadas, te conviertes en un ser solitario que está siendo estafado por su ego. El dîn es una actitud social, una forma de enfrentarse a lo Absoluto sin las condiciones que pudieras ponerle para saborearlo a solas. Cuando la religión no es un modo colectivo de trascender es una piedad arrinconada en el terreno de la privacidad, cómplice por omisión de los desmanes que tienen lugar en la sociedad.

Nadie saborea la Unidad si no lo hace en la reunión de lo humano. Nosotros hemos asumido el compromiso del tauhîd, de implicarnos con la unidad radical de los seres. Esto quiere decir que el bien que hacemos a nuestros hermanos no es sólo una realidad moral, no es sólo “caridad” de un hombre a otro, sino que es ahondar en nuestro conocimiento del mundo por ese amor que te ha unido a un ser aparentemente separado de ti. Facilitar la vida a los que nos rodean es un modo de conocimiento de la realidad por el hubb, por el amor. En tu hermano tienes un conocimiento del mismo Allâh de propiedades trascendentales. Estrechando los vínculos te encuentras con Allâh. El Profeta decía que incluso en el roce, en la aglomeración, en la cercanía física (hombres que no temen a los hombres) había baraka, había eso que hace fecunda la vida. Y se cuenta que dijo: Allâh ama que la gente se apretuje, y por eso el Sistema (el kufr) construye ciudades con grandes avenidas llenas de soledad y las medinas de las ciudades islámicas son un hervidero de roce humano, de encuentro. En algunas ocasiones al Profeta le resultaba insufrible el espacio natural entre hombre y hombre. Se cuenta que, llegando Muhammad y los suyos a un oasis a descansar de la travesía, cada cual se fue por su lado, y que el Profeta los llamó y les dijo que le abrazaran, y cómo todos se apiñaron tanto que si se hubiera extendido el manto del Mensajero sobre ellos los hubiera cubierto a todos. Porque el Profeta sentía la absoluta necesidad de la cercanía con los otros hombres. Sólo hay que leer los textos que nos hablan de cómo la casa del Profeta era una aglomeración humana, un ir y venir de gentes... El Mensajero combatió el personalismo, la frialdad, el enclaustramiento, la sedición, la discordia y las tendencias individualistas insolidarias, hasta en los más mínimos detalles, y nos dijo que, cuando sintiéramos que queríamos a alguno de nuestros hermanos, se lo dijéramos. El silencio respecto de los sentimientos nobles que tenemos es propio de la racanería del kufr (la ausencia de dimensión trascendente).

La espiritualidad en su aislamiento es la simple autocomplacencia de alguien que cree posible una experiencia de Dios al margen de sus congéneres. Vivir a Allâh es relacionarte. La enseñanza del Islam es, de nuevo, simple: o arrastras contigo tu mundo en tu afán de trascendencia, o mientes cuando dices haber trascendido. Cuando, para encontrarte con Dios, cortas las amarras que te unen a tu sociedad, has perdido tu carácter humano y te has convertido en una extravagancia del universo.

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