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¿Matar en nombre de la religión?

El Islam no es responsable del exterminio de decenas de millones de nativos en muchas partes del mundo, a causa del colonialismo mundial, que duró siglos

08/08/2011 - Autor: Ali Unal - Fuente: Editorial La Fuente
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El islam es paz. (Foto de MeAli-ADK)
El islam es paz. (Foto de MeAli-ADK)

Nuestra conciencia está manipulada y atrapada, hasta cierto punto, por lemas. Concepciones como la democracia, la libertad y los derechos humanos son los tres lemas más eficaces usados para embotar la opinión pública y mantener el orden del mundo. Como ideas, incluso como valores, no nos oponemos necesariamente a ellos; más bien, desaprobamos el hecho de que sean utilizados por ciertos poderes como cínicos engaños, tan corrosivos como las armas químicas.

Las potencias mundiales por lo general aceptan las tiranías mientras puedan manipularlas fácilmente. Buscan la estabilidad en aquellos ámbitos de la vida de un país que permiten que sus intereses económicos funcionen y prosperen sin oposición. Sin embargo, se oponen a cualquier país democrático que ponga en peligro sus intereses, buscando la independencia política o cultural. Interfieren en los asuntos internos de tales países, en nombre de «la democracia y la libertad», aunque los informes sobre los derechos humanos en sus propios países deja mucho que desear.

Dejando aparte los excesos pasados y presentes del colonialismo en sus diferentes formas, observamos la existencia continuada de la discriminación racial, cultural y religiosa dentro de sus propias tierras. Se hacen a menudo concesiones a los partidos políticos extremistas (en teoría para prevenir su aumento de popularidad); el número de delitos y de presos sigue aumentando; y la tortura física, sobre todo la de los activistas que defienden los intereses de las minorías, es extraoficialmente tolerada. Aún así, se presentan como defensores de la democracia, la libertad y los derechos humanos donde quieran, sólo en tanto que sirva a sus propios intereses y puedan justificar el uso de la fuerza militar o económica ante su opinión pública.

Ellos hacen la guerra a miles de kilómetros para asentar sus intereses en una isla, aunque no concedan a otros los mismos derechos en una isla situada en sus fronteras. Las actividades de los servicios secretos en el extranjero son «heroicas» si son empleadas por las potencias mundiales, pero se convierten en «atroces» o «terroristas» cuando son empleadas por otros países que intentan defenderse y mantener su independencia. En resumen, el valor moral o filosófico de la democracia, la libertad y los derechos humanos es puesto en duda por el cinismo manifiesto usado para asegurar su dominio. Tales prácticas nos recuerdan la famosa sentencia en Rebelión en la Granja, de Orwell: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que los otros».

Nada es tan eficaz contra este cinismo como la creencia religiosa seria y sincera, que puede inspirar los pensamientos y acciones que gobiernan la vida. Por ello, no es ninguna sorpresa que los politólogos a menudo ataquen la religión con la aseveración absurda de que ésta inspira matanzas. En una ocasión, la revista Time presentó la religión inspirada por Dios —sea el Judaísmo, el Cristianismo o el Islam— como un estilo de vida que alienta a «matar por Dios».

Algunos grupos extremistas falsifican la religión como una ideología política estrecha, y la usan para mostrar su rigidez y dureza de corazón, o para sublimar sus complejos de inferioridad o superioridad. Sin embargo, un sistema que condena tales acciones no puede ser él mismo condenado siempre que algunos de sus autoproclamados seguidores lo utilicen para justificar sus acciones reprensibles.

La religión es un contrato entre Dios y la humanidad, y todas sus propuestas nos favorecen y nos benefician. Como seres complejos y civilizados quienes, además de muchas otras cosas, necesitan una coexistencia segura con otra gente, buscamos la paz y la justicia en nuestras vidas individuales y colectivas. Dado que los motivos individuales son diferentes, «la razón colectiva» de la humanidad no puede comprender la naturaleza verdadera de aquella paz y justicia necesarias, o cómo llevarla a la práctica. Por ello Dios ha inscrito en nosotros la necesidad de un criterio superior —la religión. La religión no es nada más que la colección de los principios establecidos por Dios para la felicidad y la seguridad humana en ambos mundos y para la realización de la justicia en la vida práctica.

Dado que la naturaleza esencial y las necesidades de la gente no cambian con el transcurso del tiempo, todos los Profetas predicaron los mismos fundamentos religiosos. Cualquier diferencia fue limitada a asuntos secundarios, relacionados con las circunstancias cambiantes de la vida. La religión elegida por Dios Omnipotente para asegurar la felicidad individual y colectiva en ambos mundos, y la que Él reveló a través de todos los Profetas, es el Islam.

El Islam significa la creencia en Dios y la sumisión a Él, y establecer así la paz y la justicia en nuestras vidas individuales y colectivas. Judaísmo y Cristianismo son nombres dados a las tempranas revelaciones del Islam, a través de los profetas Moisés y Jesús. Ningún profeta israelita utilizó alguna vez el término Judaísmo. Jesús nunca dijo haber establecido el Cristianismo en la Tierra, o se llamó a si mismo cristiano. La palabra cristiano aparece sólo tres veces en el Nuevo Testamento, y fue utilizada en primer lugar por los paganos y judíos en Antioquia (Antakya, en la actualidad) aproximadamente en el año 43 D.C., mucho después de que Jesús hubiese dejado esta Tierra (Hechos de los Apóstoles, 11:26).

El Islam puede ser bien resumido en la Basmala, la fórmula que precede cada capítulo coránico, y pronunciada al empezar cada acto bueno: «En el Nombre de Dios, el Omni-Misericordioso y Omni-Compasivo». La palabra traducida como el Omni-Misericordioso es «ar-Rahman», que denota a Dios como Aquel que, a través de Su Misericordia Infinita, protege y sostiene, así como garantiza y provee, a todos los miembros de la creación sin excepción. La palabra traducida como el Omni-Compasivo es «ar-Rahim», que denota a Dios como Aquel que posee una misericordia especial para Sus siervos buenos, creyentes, devotos y rectos en ambos mundos. Además, el Corán declara que ha enviado al Profeta como una misericordia para todos los mundos todas las especies (21:107). Una religión tan centrada en la misericordia y en la compasión trata de dar vida, no matar.

Lamentablemente, el pensamiento materialista moderno es alimentado por el positivismo extremo y el racionalismo de la ciencia moderna. Reduce la vida a la dimensión física o material e ignora el hecho de que la paz, la armonía y la alegría en este mundo dependen de la espiritualidad humana. Una auténtica vida espiritual, basada en la ilustración de la mente por el conocimiento científico y en la ilustración del corazón y la purificación de los sentimientos por la fe, el conocimiento religioso, la adoración y la inspiración, es esencial a la misión de los profetas. Por ejemplo, el Corán declara:

«¡Oh vosotros que creéis! Responded a Dios y al Mensajero cuando el Mensajero os llame a lo que os da vida» (Corán 8: 24).

Muhammad Asad, un judío convertido al Islam, compara el Islam con un trabajo arquitectónico perfecto: Todas sus partes han sido armoniosamente concebidas para complementarse y apoyarse mutuamente, no falta nada, logrando un equilibrio absoluto y un sólida estructura3. Por lo tanto, da casi tanta importancia a nuestra vida física como a nuestra vida espiritual. El Islam considera a cada persona como un representante de su especie y como detentador del mismo valor que toda la humanidad.

Este es el motivo por el cual Dios condenó a Caín (el hijo de Adán) por el asesinato injusto de su hermano Abel, que introdujo el asesinato en la historia. Como resultado, es responsabilizado de todos los asesinatos cometidos hasta el fin del tiempo. Siendo éste pecado considerado sumamente grave, el Corán declara que aquel que mata a alguien injustamente es igual al que mata a toda la humanidad, y quien reavive a alguien espiritual o físicamente es como si salvase a toda la humanidad espiritual o físicamente (Corán 5:32).

Evidentemente, una religión que da tal importancia a la vida de cada individuo nunca predicará ni glorificará el matar en su propio beneficio. El Islam tampoco aprueba la conversión forzada, sino que intenta quitar todo lo que nos impide hacer una elección libre de nuestras creencias, estableciendo un ambiente en el cual la libertad de conciencia y pensamiento estén aseguradas. Una vez garantizado esto, el Islam nos pide utilizar el libre albedrío que Dios nos ha dado, y nos recuerda que en el Más Allá seremos responsabilizados de ello, así como de todo lo que hicimos en este mundo: “No hay coacción en la Religión. El camino verdadero ha quedado claro distinguiéndose del falso” (Corán 2: 256).

El profeta Muhammad fue atacado en numerosas ocasiones por sus enemigos, y se vio forzado a hacer la guerra. En todas estas guerras, sólo aproximadamente 700 personas resultaron muertas, en ambos lados. Por lo que respecta a la civilización moderna, sólo queremos mencionar algunos hechos, para clarificar el punto: el Islam no ha tenido nada que ver con las decenas de millones de muertes producidos por las revoluciones comunistas, ni con la represión de los movimientos de liberación en varias partes del mundo, con el coste de millones de vidas, ni en las conquistas de diversos países pobres, con el coste de millones de vidas durante las guerras y otros de forma indirecta desde entonces. No ha sido el Islam quien causó la muerte de más de 70 millones de personas, la mayoría civiles, y obligó a incontables millones más a abandonar sus hogares, quedando huérfanos y viudas, durante y después de las dos guerras mundiales.

No ha sido el Islam quien dio lugar a regímenes totalitarios como el Comunismo, el Fascismo y el Nazismo, y a belicistas como Hitler, Stalin y Mussolini. El Islam no es responsable de utilizar el conocimiento científico para hacer armas nucleares y otras armas de destrucción masiva. El Islam no es responsable del exterminio de decenas de millones de nativos en muchas partes del mundo, a causa del colonialismo mundial, que duró siglos, y a causa del tráfico de esclavos, que costó decenas de millones de vidas. No ha sido el Islam, ni los pueblos musulmanes, los responsables del establecimiento de los gobiernos despóticos que gobiernan algunos países musulmanes, ni de la opresión, injusticia y regímenes sangrientos. Tampoco es el Islam el responsable del terrorismo moderno, ni de organizaciones como la mafia, ni del contrabando mundial de armas y de drogas.

¿Ha sido la religión o la civilización moderna, elogiada como lo más avanzado y más humano en la historia, la causante de la muerte de más de 60 millones de personas, la mayoría de ellos civiles, y quien obligó a millones de personas más a quedarse sin hogar, huérfanas y viudas, durante y después de las dos Guerras Mundiales? ¿Es la religión responsable de utilizar el conocimiento científico para hacer armas nucleares y otras armas de la destrucción masiva, con el objetivo de intimidar a las naciones pobres y débiles?

Si las potencias mundiales que quieren imponer su orden mundial –en nombre de «la paz mundial, la democracia y la libertad humana», pero en realidad por su propia ventaja política y económica-, tienen el derecho de cometer tales atrocidades, seguramente la gente que alega servir a Dios puede utilizar la misma razón para limpiar el mundo de tales atrocidades y establecer la verdadera paz y realizar la verdadera libertad. Pero los creyentes no justifican, como el cinismo político moderno hace, ni las atrocidades ni el belicismo que persigue solamente fines políticos. Los creyentes, a diferencia de los no creyentes, dan cuenta de que aquellas acciones sinceramente emprendidas sólo en nombre de Dios, el Omni-Misericordioso y Omni-Compasivo, y que no tienen ningún otro motivo y no exceden los límites de Dios, pueden restablecer verdaderamente los valores humanos.

Tenemos un ejemplo de ello en Ali ibn Abi Talib. Durante una batalla, este noble Compañero y futuro califa, derribó a su enemigo y estaba a punto de matarlo. Pero en aquel mismo momento, el hombre escupió en la cara de Ali. Para su sorpresa, Ali lo liberó inmediatamente. Más tarde le explicó el motivo: El acto del hombre le hizo ponerse furioso y, por tanto, por temor a matar al hombre a causa de un motivo egoísta, lo liberó. Este soldado enemigo abrazó el Islam, y así fue revivificado tanto espiritual como físicamente.

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