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La Biblia, el Corán y la Ciencia. Introducción

Otra diferencia fundamental entre las Escrituras del Cristianismo y del Islam es el hecho de que el Cristianismo no tiene un texto que haya sido revelado y escrito de inmediato

05/08/2011 - Autor: Maurice Bucaille - Fuente: Webislam
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Biblia y Corán, frente a frente
Biblia y Corán, frente a frente

Cada una de las tres religiones monoteístas posee su propia colección de Escrituras. Para el creyente -ya sea judío, cristiano o musulmán– estos documentos constituyen la base de su fe. Para ellos éstas son la transcripción material de una Revelación divina; directamente, como en el caso de Abraham y Moisés, quienes recibieron las órdenes de Dios mismo, o indirectamente, como en los casos de Jesús y Muhammad -el primero afirmando que hablaba en el nombre del Padre, y el segundo transmitiendo la Revelación que le impartía el Arcángel Gabriel.

Si tomamos en cuenta los hechos objetivos de la historia religiosa, debemos poner al Antiguo Testamento, los Evangelios y el Corán en el mismo nivel como colecciones de Revelación escrita. Aunque esta actitud es mantenida en principio por los musulmanes, los fieles en el Occidente bajo la influencia predominante judeo-cristiana se niegan a conceder al Corán la categoría de libro revelado. Tal actitud puede ser explicada por la posición que cada comunidad religiosa adopta hacia las otras dos con respecto a las Escrituras.

El Judaismo tiene como libro sagrado a la Biblia Hebrea. Ésta difiere del Antiguo Testamento de los cristianos en que el último ha incluido varios libros que no existían en Hebreo. En la práctica esta divergencia no significa una diferencia en la doctrina. Sin embargo el Judaismo no admite ninguna revelación después de la suya propia.

El Cristianismo ha tomado para sí la Biblia Hebrea y le ha añadido unos cuantos suplementos. Sin embargo no ha aceptado todos los escritos publicados destinados a dar a conocer a los hombres la Misión de Jesús. La Iglesia ha hecho cortes incisivos en la profusión de libros que relatan la vida y enseñanza de Jesús: Solamente ha conservado un número limitado de escritos en el Nuevo Testamento, de los cuáles los cuatro Evangelios Canónicos son los más importantes. El Cristianismo no toma en cuenta ninguna revelación posterior a Jesús y a sus apóstoles. Por lo tanto descarta al Corán.

La Revelación Coránica apareció seis siglos después de Jesús. Resume numerosos datos encontrados en la Biblia Hebrea y en los Evangelios ya que cita muy frecuentemente de la Torah y del Evangelio. El Corán dirige a todos los musulmanes a creer en la Escritura que lo precedió (Coran 4-136). Enfatiza la posición importante ocupada en la Revelación por los emisarios de Dios, tales como Noé, Abraham, Moisés y los demás Profetas, a los musulmanes quien ellos dan una posición especial. El nacimiento de este ultimo esta descrito en el Corán, así como en los Evangelios, como un evento sobrenatural. A María también se le da un lugar especial, como puede verse en el hecho de que la sura 19 lleva su nombre.

Debemos notar aquí que los hechos mencionados en el párrafo anterior acerca del Islam no son generalmente conocidos en Occidente. No es de sorprender cuando consideramos la forma en que tantas generaciones en el Occidente fueron instruidas en los problemas religiosos y en qué ignorancia fueron mantenidas acerca de todo lo relacionado con el Islam. El uso de términos tales como religión mahometana y mahometanos han sido instrumento -aún al presente– para la promoción de la idea errónea de que las creencias fueron diseminadas por la obra de un hombre y que en estas creencias Dios (en el sentido cristiano) no tuvo lugar. Hoy muchas gentes cultivadas se interesan en los aspectos filosóficos, sociales y políticos del Islam, pero no se detienen a considerar la Revelación Islámica, como en verdad deberían.

¡Como son despreciados los musulmanes por ciertos círculos cristianos! Yo experimenté esto cuando traté de iniciar un intercambio de ideas agudas, un análisis comparativo de historias Bíblicas y Coránicas sobre mismo tema. Noté un rechazo sistemático, aún para los propósitos de simple reflexión, de tomar en cuenta lo que el Corán tuviese que decir sobre los temas en cuestión. ¡Era como si citar el Corán fuese una referencia al Diablo! Sin embargo un cambio radical parece estar en proceso hoy en los más altos nieles del mundo cristiano. La Oficina para Asuntos No Cnstianos en el Vaticano ha producido un documento resultante del Concilio Vaticano II bajo el título "Orientaciones para un Diálogo entre Cristianos y Musulmanes- (Orientations pour un dialogue entre Chreüens e Musulmans), 3a. edición francesa fechada en 1970, que da testimonio del cambio en la actitud oficial. Una vez que el documento ha invitado al lector a desechar la «imagen obsoleta, heredada del pasado, o distorsionada por el prejuicio y la calumnia» que los cristianos tienen del Islam, el documento vaticano procede a «reconocer la pasada injusticia hacia los musulmanes de la cual el Occidente, con su educación cristiana, es el culpable». También critica las nociones erróneas que los cristianos han tenido sobre el fatalismo de los musulmanes, el legalismo Islámico, fanatismo, etc. Enfatiza la unidad de creencia en Dios y nos recuerda lo sorprendida que estuvo la concurrencia en la Universidad Musulmana de Al-Azhar, Cairo, cuando el Cardenal Kónig proclamó esta unidad en la Gran Mezquita durante una conferencia oficial en marzo de 1969. Nos recuerda también que la Oficina Vaticana en 1967 invitó a los cristianos a ofrecer sus mejores deseos a los musulmanes en la Fiesta del final del Ramadán con «genuina consideración religiosa».

Tales pasos preliminares hacia una relación más cercana entre la curia católica romana y el Islam han sido seguidos por varias manifestaciones y consolidados por encuentros entre los dos. Ha habido, sin embargo, poca publicidad acorde con eventos de tan grande importancia en el mundo occidental, donde se llevaron a cabo y donde hay amplios medios de comunicación en forma de prensa, radio y televisión.

Los periódicos dieron poco espacio a la visita oficial el 24 de abril de 1974 del Cardenal Pignedoli, presidente de la Oficina Vaticana de Asuntos No-cristianos, al rey Faisal de Arabia Saudita. El periódico francés "Le Monden el 25 de abril de 1974, lo trató en unas cuantas líneas. Qué importantes noticias contienen, sin embargo, cuando leemos cómo el cardenal transmitió al soberano un mensaje del Papa Paulo VI expresando «los saludos de su Santidad, movido por una fe profunda en la unificación de los mundos Islámico y cristiano en la adoración de un solo Dios, para su Majestad el Rey Faisal, jefe supremo del mundo Islámico». Seis meses después, en octubre de 1974, el papa recibió la visita oficial al Vaticano de los Grandes Ulema de Arabia Saudita. Ocasionó un diálogo entre cristianos y musulmanes sobre los "Derechos Culturales del Hombre en el Islam". El periódico vaticano, "Osservatore Romano", el 26 de octubre de 1974, reportó este evento histórico en la página frontal y tomó más espacio que el reporte sobre la clausura de la reunión del Sínodo de obispos en Roma.

Los grandes Ulema de Arabia Saudita fueron después recibidos por el Consejo Ecuménico de Iglesias de Ginebra y por el señor obispo de Estrasburgo, su excelencia Elchinger. El obispo los invitó a unirse para la oración del mediodía con él en su catedral. El hecho de que el evento fue reportado parece que se debió más a lo poco común de él que por su signifícancia religiosa. En todo los eventos, de entre aquel as personas a quienes interrogué acerca de esta manifestación religiosa, fueron muy pocos los que contestaron que se habían enterado de ella.

La actitud abierta del papa Paulo VI hacia el Islam ciertamente se convertirá en una directriz para las relaciones entre las dos religiones. El mismo dijo que estaba «movido por una profunda fe en la unificación de los mundos Islámico y cristiano en la adoración de un solo Dios”. El recordatorio de los sentimientos abrigados por el jefe de la Iglesia Católica con respecto a los musulmanes es ciertamente necesario.

Demasiados cristianos se encuentran en un espíritu de franca hostilidad, están desde el principio en contra de cualquier reflexión acerca del Islam. El documento vaticano nota esto con pesar. Es por esto que ellos permanecen totalmente ignorantes de lo que el Islam es en realidad, y mantienen nociones completamente incorrectas acerca de la Revelación Islámica.

No obstante, al estudiar un aspecto de la Revelación de una religión monoteísta, parece bastante normal comprarlo con lo que las otras dos tienen que decir sobre el mismo asunto. Un estudio comprensivo de un problema perdona más interés que uno encajonado. La confrontación en ciertos temas tratados en las Escrituras y los hechos de la ciencia del siglo XX motivan por lo tanto a las tres religiones Abrahámicas. Más aún, ellas forman - o deberían formar- un bloque más unido en virtud de su relación más cercana en un tiempo en el que todas ellas están amenazadas por la violenta embestida del maniqueísmo. La noción de que ciencia y religión son incompatibles es errónea y anacrónica.

Senté prevalente en los países bajo la influencia Judeo-cristiana que en el mundo del Islam, especialmente en los círculos científicos. Si esta cuestión fuera a tratarse comprensivamente, sería necesaria una serie de largos antecedentes. En este trabajo, yo trato de asir solamente un aspecto de ella: el examen de las Escrituras mismas bajo la luz del conocimiento científico moderno.

Antes de proceder a tal tarea, debemos hacer una pregunta fundamental: ¿Hasta qué punto son auténticos son los textos actuales? Es una pregunta que counduce a un examen de las circunstancias que rodean a su composición y la forma en que han llegado hasta nosotros.

En el Occidente el estudio crítico de las Escrituras es algo bastante reciente. Por cientos de años las gentes se contentaban con aceptar la Biblia-ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento- tal como eran, una lectura con pocas observaciones para justificarla. Habría sido un pecado elevar el más ligero criticismo hacia ella. Los clérigos eran privilegiados ya que ellos fácilmente podían tener un conocimiento comprensivo de la Biblia, mientras que la mayoría de los laicos escuchaban solamente lecturas seleccionadas como parte de un sermón o de la liturgia. Elevado al nivel de estudio especializado, el criticismo textual ha sido útil para develar y diseminar problemas que frecuentemente son muy serios. Qué decepcionante es por lo tanto leer obras de naturaleza dizque crítica que, cuando se topan con problemas muy reales de interpretación, simple-mente presentan pasajes de naturaleza apologética por medio de los cuales el autor lucha por ocultar su dilema. Quienquiera que conserve su juicio objetivo y su capacidad mental en ese momento no encontrará las improbabilidades y contradicciones persistentes. Uno puede solamente lamentar una actitud que, aún en contra de toda lógica, se aterra a ciertos pasajes de las Escrituras Bíblicas que contienen errores. Ello puede ejercer una influencia extremadamente dañina sobre las mentes cultivadas, con respecto a la creencia en Dios. La experiencia muestra sin embargo que aún si pocos pueden distinguir falacias de este tipo, la vasta mayoría de los cristianos nunca han hecho caso de dichas incompatibilidades con el conocimiento secular, aunque frecuentemente sean muy elementales.

El Islam tiene su equivalente a los Evangelios en los Hadith. Estos son los dichos recopilados de Muhammad y la historia de sus actos. Los Evangelios no son otra cosa sino esto mismo para Jesús. Las primeras colecciones de Hadith fueron escritas décadas después de la muerte de Muhammad, justo como los Evangelios fueron escritos décadas después de Jesús. En ambos casos ellos dan testimonio humano de eventos pasados. Veremos cómo, al contrario de lo que mucha gente cree, los autores de los cuatro Evangelios Canónicos no fueron testigos de los eventos que relatan. Lo mismo es cierto para los más respetables Hadith.

Aquí la comparación debe terminar porque aún si la autenticidad de tal o cual Hadith ha sido discutida y aún está bajo discusión, en los primeros siglos de la Iglesia, el problema del vasto número de Evangelios fue definitivamente decidido. Sólo cuatro de ellos fueron declarados oficiales, o canónicos, a pesar de los muchos puntos en que no concuerdan, y se dio la orden de que el resto fuesen ocultados; y de ahí el término Apócrifos.

Otra diferencia fundamental entre las Escrituras del Cristianismo y del Islam es el hecho de que el Cristianismo no tiene un texto que haya sido revelado y escrito de inmediato. El Islam, sin embargo, tiene el Corán, el cual llena esta descripción. El Corán es la expresión de la Revelación hecha a Muhammad por el Arcángel Gabriel, la cual fue inmediatamente anotada, y fue memorizada y recitada por los fieles en sus oraciones, especialmente durante el mes de Ramadán. Muhammad mismo lo dividió en suras, y éstas fueron recopiladas, poco después de la muerte del Profeta, para formar, bajo el mandato del Califa Othmán (12 a 24 años después de la muerte del Profeta), el texto que conocemos hoy.

En contraste, la Revelación Cristiana está basada en numerosos relatos humanos indirectos. De hecho, no tenemos una narración testimonial de la vida de Jesús, al contrario de lo que muchos cristianos imaginan. La cuestión de la autenticidad de los textos cristianos e Islámicos ha sido formulada así ahora. La confrontación entre los textos de las Escrituras y los datos científicos siempre ha provisto al hombre con tela de donde cortar.

Al principio era mantenido que la corroboración entre las Escrituras y la ciencia era un elemento necesario para la autenticidad del texto sagrado. San Agustín, en la carta No. 82, que citaremos más adelante, estableció formalmente este principio. Al progresar la ciencia sin embargo, se hizo evidente que había discrepancias entre la Escritura bíblica y la ciencia. Por lo tanto se decidió que la comparación ya no debía hacerse. Así surgió una situación seria que hoy estamos forzados a admitir que pone a los expertos en exégesis bíblica y a los científicos en mutua oposición. No podemos, después de todo, aceptar una Revelación divina capaz de contener hechos que son completamente inexactos. Había solamente una manera de reconciliar lógicamente a ambos; consistía en no tomar en cuenta los pasajes que contuvieran datos científicos inaceptables: declararlos no genuinos. Esta solución no fue adoptada. En vez de ello, la integridad del texto fue mantenida empecinadamente y los expertos se vieron obligados a adoptar una posición sobre la verdad de las Escrituras bíblicas que, para el científico, es difícilmente sostenible.

Como San Agustín para la Biblia, el Islam siempre ha supuesto que los datos contenidos en las Sagradas Escrituras estaban de acuerdo con los hechos científicos. Un examen moderno de la Revelación Islámica no ha causado un cambio en esta posición. Como veremos más adelante, el Corán trata muchos temas de interés para la ciencia, muchos más en efecto que la Biblia. No hay comparación entre el número limitado de pronunciamientos bíblicos que conducen a una confrontación con la ciencia, y la profusión de temas planteados por el Corán y que son de naturaleza científica. Ninguno de los últimos puede ser contradicho desde un punto de vista científico; éste es el hecho básico que surge de nuestro estudio. Veremos al final de esta obra que no es lo mismo para el caso de los Hadith. Estos son colecciones de los dichos del Profeta, puestos aparte de la Revelación Coránica, y ciertos dichos son científicamente inaceptables. Los Hadith en cuestión han estado bajo estudio de acuerdo con los estrictos principios del Corán el cual dicta que la ciencia y la razón deben siempre ser usadas para juzgar, y si fuera necesario les quitaría toda autenticidad.

Estas reflexiones sobre la naturaleza científicamente aceptable o inaceptable de una cierta Escritura necesita alto grado de explicación. Debe enfatizarse que cuando los datos científicos se discuten aquí, lo que se quiere decir es datos definitivamente establecidos. Esta explicación elimina toda teoría explicatoria, una vez útil para ilustrar un fenómeno y fácilmente utilizada para mayores explicaciones que pudieran hacer parecer que se está de acuerdo con el progreso científico. Lo que yo trato de considerar aquí son los hechos incontrovertibles, y aún si la ciencia puede solamente proporcionar datos incompletos, ellos estarán sin embargo suficientemente bien establecidos como para poder usarlos sin temor a errar.

Por ejemplo, no tenemos siquiera una fecha aproximada de la aparición del hombre sobre la Tierra. Sin embargo, hemos descubierto restos de obras humanas que podemos situar sin duda antes del décimo milenio antes de Cristo. Por lo tanto no podemos considerar la realidad bíblica sobre este asunto como compatible con la ciencia. En el texto bíblico del Génesis, las fechas y genealogías presentadas pondrían los orígenes del hombre (o sea, la creación de Adán) aproximadamente 37 siglos antes de Cristo. En el futuro, la ciencia podrá proporcionarnos datos que sean más precisos que nuestros cálculos actuales, pero podemos estar seguros de que nunca nos dirá que el primer hombre apareció sobre la Tierra hace 5,736 años, como lo establece el calendario hebreo para 1975.

Los datos bíblicos concernientes a la antigüedad del hombre son por lo tanto inexactos. Esta confrontación con la ciencia excluye todos los problemas religiosos en el verdadero sentido de la palabra. Por ejemplo, la ciencia no tiene ninguna explicación del proceso por el cual Dios se manifestó a Moisés. Lo mismo puede decirse para el misterio alrededor de la forma en que Jesús nació sin necesidad de un padre biológico. Las Escrituras mismas no dan explicación material de tales datos. Al presente estudio le interesa lo que las Escrituras nos dicen acerca de fenómenos naturales extremadamente varia-dos, que ellas rodean en mayor o menor medida con comentarios y explicaciones. Con esto en mente, debemos notar el contraste entre la rica abundancia de información sobre un tema dado en la Revelación Coránica y la modestia de las otras dos religiones para el mismo asunto.

Fue con un espíritu totalmente objetivo, y sin ideas preconcebidas que hago este examen desde el punto de vista científico moderno. Repetí la misma prueba para el Antiguo Testamento y los Evangelios. Al abrir los Evangelios, uno se encuentra inmediatamente con un serio problema. En la primera página hallamos la genealogía de Jesús, pero el conocimiento moderno de este tema varía bastante de la información proporcionada por los Evangelios, además que su contenido difiere entre sí. Veremos esto en la primera y la segunda partes de esta obra.

En la tercera parte, está la ilustración de una aplicación poco usual de la ciencia a una Escritura Sagrada, la contribución del conocimiento secular moderno a un mejor entendimiento de ciertos versos en el Corán que hasta ahora habían permanecido enigmáticos, si no incomprensibles. ¿Por qué deberíamos sorprendernos de esto cuando sabemos que, para el Islam, la religión y la ciencia han sido siempre consideradas hermanas gemelas? Desde el principio, el Islam dirigió a las gentes a cultivar la ciencia; la aplicación de este precepto trajo consigo los prodigiosos pasos científicos dados durante la gran era de la Civilización Islámica, de la cual, antes del Renacimiento, el Occidente mismo se benefició. Hoy, gracias al conocimiento científico, el progreso hecho en la interpretación de ciertos pasajes malentendidos o hasta ahora mal interpretados del Corán forma el punto culminante de la confrontación entre las Escrituras y la Ciencia.

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