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Islam, terrorismo y medios de comunicación en la era de la Globalización

Introducción al libro Islam, terrorismo y medios de comunicación en la era de la Globalización, de Sdenka Saavedra Saavedra Alfaro

17/07/2011 - Autor: Sheikh Abdul Karim Paz - Fuente: Islam en Mar de Plata
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Los mass mesia, al servicio del imperialismo.
Los mass mesia, al servicio del imperialismo.

En el Nombre del Altísimo

Este trabajo sobre los medios de comunicación, su influencia, sus contenidos en nuestras sociedades occidentales, su participación en la crisis de valores, en la crisis moral y espiritual que vivimos y las causas de este uso decadente de estos poderosos medios, es parte de un análisis fundamental que debemos realizar para saber lo que nos está pasando como sociedad y estudiar las formas de contrarrestar la tendencia decadente en muchos aspectos que vivimos hoy.

Sin duda, estamos atravesando una época donde los pueblos manifiestan su descontento con muchas postergaciones que el sistema de reparto tradicional del poder les ha deparado. Hoy, en todo el mundo, los pueblos reclaman una mayor y más efectivo democratización del poder real.

El sistema del voto universal conquistado a principios del siglo pasado ha sido solo una etapa en este proceso de democratización del poder real, pero no es suficiente. Nuestros pueblos demandan soluciones a las pesadas cargas de sufrimiento que arrastran, económicas, educativas, de oportunidades, culturales, sociales, laborales, sanitarias, de vivienda, morales y espirituales, muchas veces sin saber cómo y muchas veces experimentando desilusiones tras promesas electorales incumplidas de reformas que nunca llegan a cristalizarse.

La democratización debe alcanzar a todos los resortes del poder, no solo el político bajo la forma de procesos eleccionarios - hasta hace poco muchas veces interrumpidos por golpes militares- sino que debe alcanzar al núcleo de poder económico, al educativo, al militar, y sobre todo, como puede apreciarse en este libro, al informativo que subyace a todas las otras formas de ejercicio del poder.

Se accedió, como dijimos, tras muchos sacrificios, a que los pueblos pudiesen votar luego de dejar atrás siglos de proscripciones y fraudes escandalosos, pero, ¿acaso podemos decir que el núcleo fuerte de producción económica, el servicio financiero, el control de las armas, el poder judicial, y el sistema de comunicación, de producción, de explotación de las riquezas, las fuentes de energía y minerales, se haya democratizado? Todos sabemos que no, en la mayoría de los casos, el poder no ha permitido la democratización de estos privilegios. Aún en un organismo como el de las Naciones Unidas, se arrastra la obsoleta institucionalidad antidemocrática, del derecho a veto de cinco naciones más fuertes. Bien, dije, más fuertes, no más virtuosas, más justas, más pacíficas, más amadas, más altruistas, más sensibles por los pobres y débiles, más generosas, no, las que más armas y ejércitos tienen para imponernos sus deseos y usufructuar las riquezas del planeta.

Desde el punto de vista del Islam, el progreso humano verdadero tiene una dirección vertical y una horizontal. En nuestras sociedades se habla mucho del aspecto horizontal como por ejemplo, la justa demanda de una mayor democratización del poder real y efectivo en las sociedades que, como ya vimos, no se agota en el proceso eleccionario cada cuatro o seis años. Es necesaria la profundización de esta demanda lógica y justa de las masas populares para no ser explotadas como los son hoy. Pero, en Occidente, debido a la visión secularista que predomina, impuesta por esos mismos centros de poder concentrado que no quieren ceder sus privilegios ilegítimos, no se habla de la dirección vertical que debe asumir el poder una vez democratizado, para que no vuelvan las explotaciones de los hombres, cambiando solo los dueños pero no la forma de ejercer ese poder. Me refiero a que debe darse un cambio cualitativo, moral y espiritual, en la expansión del acceso al poder por parte de las masas postergadas. El amor sincero a Dios y el temor sincero de la comparecencia inevitable ante El, son buenas motivaciones a la hora de sacrificarse y no ceder a tentaciones peligrosas en esos círculos de responsabilidades elevadas.

La economía deberá estar humanamente al servicio del desarrollo del bienestar general y no concentrado, la educación deberá ser capaz de formar un hombre íntegro, más honesto, más noble, más solidario, menos egoísta, menos consumista, más reflexivo, con más control sobre sus deseos y una mayor conciencia de sus derechos pero también de sus obligaciones, no solo con el prójimo y con la naturaleza y la madre tierra, sino con Dios y el objetivo trascendente para el que fuimos creados. La justicia, deberá ser imparcial, y no dejarse dominar por los poderosos, para terminar descargando su peso sobre los más débiles o encajonando sus desesperadas demandas. EL control de las armas, deberá estar al servicio de la justicia y quienes las empuñen deben ser conscientes de que hay un Dios que los mira y los juzgará, de modo de no perder la cabeza por la sensación de poder que les confiere empuñar un arma y la capacidad de atemorizar con ella a los demás. Por último, la información y quienes la manejan, deberán ser personas honestas, constructivas, de formación moral y espiritual, que no produzcan contenidos decadentes, de consumo fácil para hacer dinero fácil pero a costa de degradar moralmente a la gente. Contenidos educativos, que eleven a los hombres, que ayuden a encontrar soluciones a los problemas de la gente que más sufre postergaciones, privaciones y explotaciones.

Hoy en día, los pueblos en su accionar, tanto en nuestro continente latinoamericano, como en el Medio Oriente, en África, en Asia, incluso en Europa y Estados Unidos, donde también aumenta la pobreza bajo este sistema y muchos de sus hijos son arrancados para ir a matar a tierras lejanas para intereses igualmente lejanos e ilegales, también están moviéndose en la dirección de democratizar el poder.

En Argentina, la nueva ley de medios busca quitarle el monopolio de la información a los capitales concentrados con todos sus vicios que este libro denuncia de forma documentada.

El emprendimiento de Telesur, también se orienta en este sentido. El canal de televisión Encuentro, en Argentina, que dirige hábilmente la Universidad de la Plata, también se puede citar como un ejemplo de un manejo de la televisión con fines más elevados y no meramente comerciales de bajo vuelo para hacer dinero fácil. Sabemos que hay proyectos en común entre Bolivia, Venezuela e Irán para crear medios alternativos de comunicación en nuestro continente, para que la información no quede literalmente atrapada en los inescrupulosos medios que nos desinforman y nos deforman con sus mentiras y las realidades que nos ocultan. Le tecnología de la comunicación es cara y los Estados deben intervenir en este proceso de democratización para defender el derecho de los ciudadanos.

Universidades, Centros de Estudiantes, Municipios, comunidades, tendrán acceso mediante la nueva ley de comunicaciones en Argentina a producir programas alternativos y acceder a la producción de comunicación enriquecedora, de fuerte contenido social, solidario, informativo, científico, educador, moral y espiritual. Ya estamos siendo testigos de algunos nuevos canales satelitales y de televisión, además de las posibilidades que ofrece internet, para escapar del cerco de la manipulación de la comunicación de los poderes concentrados, pero esto es recién el comienzo. Es indispensable para que la sociedad cambie y para formar al nuevo ser humano, más espiritual, justo, consciente y solidario, que los núcleos de poder cambien cuantitativa y cualitativamente, se democraticen y se humanicen si queremos vivir en un mundo mejor y en un mundo posible.

Este libro da cuenta de que los pueblos no se quedan quietos. Ya ha comenzado este proceso que es imparable. Los pueblos en su lucha por el ejercicio pleno de sus derechos y en defensa de sus conquistas, alcanzarán también estas cimas para beneficio de todos. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que hoy solo cuida la seguridad de los poderosos y no la de las naciones como declama su pomposo nombre, también cederá el exclusivo “derecho” a veto por un sistema más justo y democrático.

Los musulmanes que no se reducen a una manga de fanáticos de Al Qaida, que son marionetas en manos de los poderosos que los han creado para ensuciar la cara de los movimientos genuinos de los pueblos musulmanes que están a la cabeza de la lucha antiimperialista en la doble dirección antes aludida: la vertical para conocer y adorar a Dios como corresponde, generando justicia, solidaridad, recuerdo y agradecimiento al Creador, contando con Su Ayuda y Gracia especial para los creyentes, como también dijo Jesús, bienaventurados los que tienen sed de justicia… ; y la dirección horizontal del acceso de los pueblos postergados y explotados al poder real, no solamente al depósito de un voto para que las estructuras de poder queden intactas y jueguen con ese nuevo candidato sobornándolo o condicionándolo para que se olvide rápidamente de las promesas hechas a sus electores.

Es hora de poner manos a la obra y no quedarse en una queja estéril, sino, organizarse, unirse, y generar los medios para disputar el poder real y no dejarse engañar más. El presente libro muestra algunos humildes ejemplos de trabajos alternativos, incipientes, pero que junto a otros tantos proyectos marcan una tendencia y es la del trabajo por una comunicación diferente, más humana, más espiritual, moral, más sana y más positiva.

Este sistema de concentración está destinado a desparecer con el resto de las injusticias que arrastran los hombres en este mundo. Si vemos que el sistema de concentración de poder en la comunicación tiene como enemigo a los gobiernos populares y al Islam, bueno, pues entonces, debemos dedicar un párrafo para estudiar estos sistemas de pensamiento, tanto el de los gobiernos populares, como el de Venezuela, o de Bolivia o al Islam y a la República Islámica de Irán. Esa crítica constante de estos medios concentrados a estos sistemas alternativos constituye un signo positivo para estos nuevos sistemas en desarrollo y con apoyo popular. Por el contrario, si vemos que siempre tienen una inclinación a defender a regímenes como el sionista o a las intervenciones de Estados Unidos en países soberanos para robar sus riquezas, o de las fuerzas de la OTAN, entonces, podemos estar seguros que en esos regímenes y en esas intervenciones hay intereses opuestos a los pueblos. SI vemos que este sistema concentrado de comunicación, defiende la intervención del Fondo Monetario Internacional, y clama por mayores recortes en los presupuestos sociales y seguros de salud para la población de los países en los que interviene y si vemos que defienden a la usura internacional que absorbe las riquezas de las naciones, demandando “honrar” deudas externas contraídas en épocas de dictaduras y confirmadas, luego por gobiernos débiles y extorsionados para recibir nuevos préstamos con intereses impagables, entonces, nuevamente, los pueblos están siendo engañados por este sistema concentrado de poder mediático. Si vemos que defienden la legitimidad de las drogas, podemos sospechar de oscuros intereses que comercian con la salud mental y física de nuestros jóvenes.

Como bien explica este libro, el término Islam y terrorismo son antónimos, no pueden juntarse a menos que implique una contradicción. O bien, lo que se denomina Islam no lo es, como sucede cuando extremistas se explotan en mercados o lugares públicos para instaurar el terror, como es la práctica cotidiana de AL Qaida en los mercados asestados de gente en Irak en beneficio de las fuerzas de ocupación, o bien, lo que se denomina terrorismo no lo es, como es el caso de aquellos que luchan en Palestina, en el Líbano o en Irán para echar a los invasores de su tierra.

A nosotros, en Argentina, nos educaron en las escuelas, señalando el heroísmo de aquellas mujeres que arrojaban aceite hirviendo desde las terrazas a los invasores ingleses a principios del siglo XIX. Seguramente a los ojos de estos invasores, nuestras criollas no respetaban los derechos humanos cuando lo hacían, pero, las Naciones Unidas permiten entre sus normas, la de defender la tierra propia ocupada por invasores con todos los medios al alcance. Pues, para ensuciar el heroísmo de los musulmanes que defienden su tierra contra la invasión norteamericana o israelí, crean un fenómeno despreciable como Al Qaida para ensuciar el rostro de la legítimas defensa de los musulmanes patriotas en sus tierras contra la superioridad militar de las fuerzas invasoras y confundir a la opinión pública que, desprevenida, cree que todos los musulmanes son terroristas. Eso cuando no directamente inventan a un enemigo árabe musulmán, como en el caso de las torres de Nueva York, donde la verdad apunta más contra aquellos que se beneficiaron económicamente con las invasiones a Afganistán e Irak que a un grupo de supuestos barbudos de Arabia, que jamás podrían haber hecho algo así en Nueva York a no ser con el consentimiento y dirección de esa logia del terror que decide cuándo y dónde atacar para seguir robando.

Recuerdo cuando hace años leíamos en el diario Clarín en Argentina, una nota donde familiares lloraban por la muerte de su hijo argentino muerto en el Líbano, sirviendo al ejército israelí. Quien leía la nota era inducido a lamentarse por el sufrimiento de estos padres que aparecían llorando en una foto de un cuarto de página, bajo el título de que un soldado israelí de origen argentino fue matado en el Líbano. Esto se llama manipulación alevosa de la información. En lugar de condenar el hecho se compadecían e inducían a los lectores desprevenidos a lamentarse con esos padres dolidos. Pero, qué tenía que hacer un argentino sirviendo a un ejército extranjero, invadiendo un país soberano como es el Líbano y matando a sus habitantes, pues no iban precisamente a que los maten solamente. Clarín es un claro ejemplo del poder concentrado de oscuro pasado con la dictadura en la Argentina donde contó con muchos privilegios como pago por su complicidad. Este poder concentrado cada vez que se dirige a la resistencia en el Líbano lo hace con el calificativo de terroristas, mientras que nunca emplea ese calificativo para Israel, ni siquiera cuando asalta y mata a los ocupantes de la flotilla de la libertad para romper el bloqueo ilegal de Gaza o cuando tira bombas de fósforo en una escuela de las Naciones Unidas en Gaza donde se refugiaban civiles, mujeres y niños. Contra toda esta manipulación del poder concentrado que nos envenena con sus mentiras y nos adormece con sus contenidos fantasiosos, hedonistas, alienantes, falsos, para que no conozcamos nuestra propia realidad y el origen de los males que padecemos y que padecen los más desposeídos es que nos tenemos que levantar y actuar, no solo lamentarnos. El poder concentrado de la comunicación permanentemente presenta a los amigos de los pueblos como populistas enemigos de la democracia y a regímenes opresores, ocupacionistas, dictatoriales, como el de Mubarak de Egipto y tantos otros en nuestras tierras, como moderados, amigos o aliados.

Es la hora de la acción para que el pueblo organizado en cooperativas, en la militancia, en acciones solidarias, en grupos de gente con sentido de la responsabilidad social, instituciones intermedias, universidades, comunas, con gente comprometida con el esfuerzo por cambiar las condiciones de injusticia social en nuestros países de Latinoamérica, creen sus propios medios alternativos y los apoyen económicamente y con trabajo e información real, positiva, constructiva, útil, educativa, elevada desde el punto de vista moral y espiritual. Es la hora de los pueblos y es la hora del reconocimiento de Dios que aborrece la injusticia y siempre llamó a la rebelión contra los poderes esclavistas en la historia, sean estos los de Faraón, los del César, la aristocracia árabe de la Meca en la época de Muhammad (Mahoma), o los imperios de turno, como el de anglo sionista de nuestros días.

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