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Oscuridad bajo la sotana

La cúpula de Iglesia Católica Chile atraviesa una severa crisis de credibilidad por el denominado caso Karadima

14/07/2011 - Autor: Pablo Jofré Leal - Fuente: Webislam
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Fernado Karadima, cura pederasta, acusado de abusos exuales contra feligreses de la parroquia El Bosque de Santiago
Fernado Karadima, cura pederasta, acusado de abusos exuales contra feligreses de la parroquia El Bosque de Santiago

La cúpula de Iglesia Católica Chile atraviesa una severa crisis de credibilidad por el denominado caso Karadima, en la serie de comprobados abusos sexuales cometidos por el otrora santo y poderoso varón, el sacerdote, Fernando Salvador Miguel Karadima Fariña, hoy forzado al retiro de una vida “contemplativa y de oración” en una residencia religiosa

Karadima, con fama de “hombre bueno” en el seno de los feligreses de la exclusiva parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en la Avenida El Bosque de la comuna de Providencia, en Santiago de Chile; cultivó su fama al alero de bautizos, consagraciones, comuniones, casamientos y mensajes cristianos a una comunidad de creyentes, incondicionales. Masa de feligreses que sólo hoy, después del duro varapalo que significó la ratificación de las acusaciones contra Karadima ha comenzado a asumir el duelo por aquel que bajo un manto de cierta santidad escondía una oscura historia de abusos de poder, manipulación, abusos sexuales y doloso manejo de fondos económicos. Mostrando, en esto último, que el mentor espiritual movía sus hilos entre el mensaje de Cristo y el de los mercaderes del templo.

Fernando Karadima nació el año 1930 y tres décadas después fue ordenado sacerdote, comenzando a descollar por cierto carisma que atrajo la voluntad y el apoyo de las clases más pudientes de la capital chilena. Esto y un trabajo de joyería en materia de acercamiento a nombres poderosos le permitieron asumir un creciente poder, no sólo en la parroquia de El Bosque –a través de la económicamente poderosa Pía Unión Sacerdotal - sino también en el trabajo de formación del clero, cuyos discípulos le darían años después el manto de protección eclesial que tiene a tan mal traer a la jerarquía de la Iglesia católica. Por la obra consolidada por Karadima pasaron decenas de sacerdotes, algunos de los cuales ocupan hoy altos cargos eclesiásticos, entre otros: el obispo castrense Juan Barros Madrid, el Obispo de Linares Tomislav Koljatic y el Obispo Auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga, este último acusado de seguir protegiendo al sancionado Karadima.

El 22 de junio pasado El Vaticano rechazó la apelación a una sentencia dada a conocer en marzo de este mismo año contra del Cura Karadima por abusos sexuales contra cinco ex feligreses, entre ellos el médico Juan Hamilton. Este último se ha convertido en la cara visible de las víctimas de los delitos de Karadima, sin escatimar críticas contra la jerarquía eclesiástica y en especial contra el ex Cardenal Errázuriz quien habría bajado el perfil de las acusaciones que finalmente estallaron con estruendo. Como prueba de ese actuar errado el arzobispo emérito de Santiago de Chile, Francisco Javier Errázuriz, tuvo que pedir perdón a las víctimas por no considerar sus acusaciones efectuadas el año 2004. Es la versión moderna de creer en la máxima que de “los arrepentidos será el reino de los cielos”.

En el documento de marzo del 2011, la Congregación para la Doctrina de la Fe ordenó al sacerdote retirarse a una vida de penitencia y oración, le prohibió ejercer de por vida y de manera pública su ministerio, dirigir espiritualmente, confesar, tener contacto con los miembros o ejercer cargo alguno en la Pía Unión Sacerdotal. Esta sanción ha sido cumplida a medias, pues parte de su entorno, aquel que se resiste a aceptar que su líder es un criminal, sigue visitándolo y haciéndolo partícipe de actividades religiosas, en su confortable lugar de encierro: la residencia religiosa del Convento de las Siervas de Jesús de la Caridad, en General Bustamente 568 Providencia. El dictamen del Vaticano fue el corolario del primer proceso canónico aplicado bajo el marco de las nuevas normas sobre “Delicta Graviora” es decir delitos graves cometidos por sacerdotes, aprobadas por el Papa Benedicto XVI en julio de 2010.

En conversación con Ercilla el periodista argentino Del Vatican Insider, Andrés Beltramo sostiene que “El escándalo Karadima se convirtió en un emblema de justicia vaticana. Primero, porque la Congregación para Doctrina de la Fe tomó con seriedad las denuncias (recibidas en 2010) sin importar el espesor eclesiástico del involucrado; porque condujo una investigación minuciosa y dictó sentencia pese a que la justicia civil había cerrado el caso. De hecho los magistrados chilenos se vieron obligados a reabrir sus pesquisas luego que el arzobispo de Santiago anunció públicamente, el 18 de febrero, la sentencia de culpabilidad contra Karadima emitida por la Santa Sede…Roma había pedido explícitamente a Ezzati difundir la sanción” y ante ello la Iglesia no tuvo más remedio que actuar al igual que la justicia civil.

No basta la justicia divina

Indudablemente que la Congregación mencionada por Beltramo decidió conducir tal proceso pues las pruebas no sólo eran, a esa altura, irrefutables, sino que salpicaban a importantes figuras de la jerarquía católica. Tal hecho decidió a El Vaticano a abrir un proceso administrativo, que no contemplara un largo juicio eclesiástico, que consume recursos y tiempo, además de incrementar las críticas contra una Iglesia acusada de sumergir las acusaciones de abusos sexuales en su interior. El caso Karadima en ese aspecto se resolvió de manera similar al del fundador de los legionarios de Cristo, Marcial Maciel, acusado también de abusos de poder y sexuales. Ambos personajes ligados a los grupos de poder más influyentes de la sociedad “unidos por el dinero, la palabra de la iglesia y el gusto sexual por jóvenes sometidos a su influencia”

Para el caso chileno, señala Beltramo, la Doctrina de la Fe tomó mayores recaudos y designó un comité de tres delegados que lo estudiaron, a diferencia de la costumbre de nombrar un solo delegado, responsable de consultar a especialistas antes de proponer una sentencia. Esto no evitó el recurso de apelación presentado por los defensores de Karadima ante la “feria cuarta”, que lo rechazó ratificando la culpabilidad del imputado. Con el voto de esa plenaria de la Congregación, El Vaticano cerró el capítulo eclesiástico del escándalo, pero aún resta abierto un capítulo político. A diferencia de los casos de abusos sexuales ocurridos en Estados Unidos o Irlanda, en nuestro país, El Vaticano demoró poco tiempo en emitir su sentencia en un proceso, que para los analistas de la sede pontificia reviste un verdadero modelo de justicia canónica y donde la justicia civil sigue y debe seguir su curso.

Esto, porque en diciembre del 2010, en un acto muy criticado, Karadima fue sobreseído de las acusaciones en su contra, las que estaban prescritas por el tiempo transcurrido. Sin embargo, la presión ejercida por las víctimas, el estupor ante una decisión a todas luces impresentable y el impacto que generó la condena de la Congregación para la Doctrina de la Fe obligó a la justicia civil a reabrir el caso. En la actualidad, luego de posponer en un par de oportunidades el careo entre Karadima y sus víctimas, esta importante diligencia tendrá su inicio el día 18 de julio en el despacho de la jueza Jessica González. Ese día el recluido Cura Karadima se verá las caras con tres de sus acusadores: el médico Juan Hamilton, el Dr. en Filosofía José Andrés Murillo y el abogado Fernando Batle.

El caso Karadima sigue más presente que nunca y dos noticias lo avalan. Primero: Monseñor Ricardo Ezzati presentó al nuevo párroco de la Parroquia El Bosque, el Cura Carlos Yrarrázabal que reemplaza a Juan Esteban Morales quien presentó su renuncia tras comprobarse que seguía vinculado al sancionado Cura Karadima, demostrando que el círculo de protección sigue más presente que nunca. En segundo lugar El Vaticano, resolvió expulsar de su estado clerical al Cura de Putaendo, Francisco Valenzuela Pacheco, acusado de violación y abusos sexuales en contra de tres menores de edad. Expulsión que se ha dado paralela a la formalización por la justicia civil de este sacerdote, quien no podrá ejercer el sacerdocio a perpetuidad. Esta decisión hizo surgir la pregunta inmediata ¿Qué diferencia existe entre dos curas abusadores, entre dos sacerdotes que han cometido delitos para que uno se retire a una vida contemplativa, de oración y penitencia y el otro sea segregado del seno de la Iglesia y deba responder de sus crímenes ante la justicia de los hombres?

Esta interrogante fue planteada también, en una interesante opinión, por el Abogado Alejandro Reyes quien sostuvo que “son hechos probados que Karadima abusó de manera gravísima de la potestad eclesiástica, causando un daño enorme a la Iglesia chilena y a los demás sacerdotes, cometiendo abusos sexuales contra niños y jóvenes. Está probado que durante la confesión, o con ocasión o pretexto de la misma, Karadima solicitó a algunos penitentes a cometer pecado contra el sexto mandamiento del Decálogo; y está probado que también violó el secreto de confesión. Más aún, dictada la sentencia por el Vaticano siguió recibiendo visitas de miembros de la Unión Sacerdotal de El Bosque, sin previo conocimiento ni autorización del Arzobispo de Santiago… ¿por qué no hay igualdad de trato y de derechos en nuestra Iglesia Católica? ¿por qué al cura de Puatendo se lo excluye del estado clerical y a Karadima no? ¿Por qué no se aplica al padre Karadima la sanción de expulsión del estado clerical”.

Largas e interesantes preguntas que permite visualizar que entre los seres humanos, así como en la iglesia fundada en Cristo habemos unos más iguales que otros. Sobre todo a la hora de observar que la residencia de General Bustamente 568 en nada se parece a una cárcel y atendido por cercanos que no son carceleros, que profesan cierta devoción en el sancionado pederasta y que en modo alguno exigirán que Karadima cumpla con las delicadas observaciones y demandas ordenadas allende el Atlántico. No lo hizo en actividad menos lo hará tras cuatro paredes y en esta prisión de algodones. Para los críticos de la jerarquía católica Fernando Karadima, a sus 81 años está apto para responder de sus crímenes ante la justicia de los hombres, imperfecta en ocasiones pero que es más concreta y real que una supuesta justicia divina.

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