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La vida en Medina. Primera etapa

Capítulo de El Néctar Sellado, sira del Profeta Muhámmad (saws)

10/07/2011 - Autor: Sheikh Safiur Rahmân Al-Mubarakfuri - Fuente: Webislam
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La ciudad de Medina a principios del siglo XX
La ciudad de Medina a principios del siglo XX

La vida en Medina se puede dividir en tres períodos:

1. El primero estaba caracterizado por muchos problemas, discordia, y diversos obstáculos puestos por aquellos que querían exterminar la creciente religión. Finalizando con el tratado de Paz de Al-Hudaibíah en Dhul Qa‘da el año 6 después de la Hégira.

2. La segunda es la tregua con los jefes de los paganos finalizando con la conquista de La Meca en Ramadán el año 8 de la Hégira. También el Profeta invitó a los reyes del mundo a entrar en las filas del Islam.

3. En el tercer período, la gente entró al Islam en masa. Numerosas tribus y personas llegaron a Medina para ver al Profeta y jurarle fidelidad. Finalizó esta etapa con la muerte del Profeta en Rabi‘ Al-Auual el año 11 de la Hégira.

La situación en Medina al momento de la Emigración

La Emigración a Medina no debe atribuirse solamente a haber escapado de la injusticia y la opresión, sino también a una especie de cooperación para construir los pilares de una nueva sociedad en un lugar seguro. Fue responsabilidad de cada musulmán el contribuir a la edificación de este nuevo hogar, inmunizándolo y haciéndolo fuerte. No cabe duda de que el Noble Mensajero, guía espiritual y líder, podía resolver los asuntos para alcanzar los objetivos propuestos.

En Medina, el Profeta tuvo que tratar con tres categorías diferentes de personas con sus respectivos problemas:

1. Sus Compañeros, nobles personas temerosas de Allâh.

2. Las tribus paganas de Medina que todavía no habían abrazado el Islam.

3. Los judíos.

1. Respecto a sus Compañeros, las condiciones de vida en Medina eran totalmente diferentes a las de La Meca. En La Meca, solían esforzarse para formar un grupo cooperativo, pero físicamente eran doblegados y carecían de los medios para obtener un nuevo rumbo. Significa que socialmente y materialmente no podían establecer una nueva comunidad musulmana. Las Sûrahs reveladas en La Meca del Noble Corán se dedicaban a describir la creencia islámica, estableciendo legislaciones para los Creyentes en forma individual y recomendando lo bueno y piadoso y prohibiendo lo malo y dañino. En Medina, las cosas eran distintas; aquí todos los asuntos de sus vidas descansaban en sus propias decisiones.

Ahora, tenían bienestar y podían encarar los desafíos de la civilización, construcción, medios de vida, economía, política, administración pública, guerra y paz, explicación de las cuestiones permitidas y prohibidas, adoración, ética y todos los temas relevantes. Estaban en Medina con la total libertad para levantar los pilares de una nueva sociedad musulmana no solo diferente de la vida pagana pre-Islámica, sino también distinta en los beneficios de la vida. Fue una sociedad que hospedó a los musulmanes que durante diez años fueron sometidos a torturas y persecuciones. Sin duda, la construcción de una sociedad que dependa de esta clase de ética no se consigue en un solo día o en un mes o en un año. Requiere mucho tiempo para edificarla, legislando gradualmente para ir concientizando y educando a sus miembros. Allâh , que todo lo Sabe, envió una legislación a Su Profeta Muhammad , para que se implemente y sirva de orientación:

Él es quien ha hecho surgir para los iletrados un Mensajero que es uno de ellos, que les recita sus signos, los purifica y les enseña el libro y la sabiduría, cuando antes estaban en un claro extravío. 62:2

Los Compañeros del Profeta con entusiasmo asimilaron las enseñanzas del Corán y sus corazones se llenaron de regocijo con ellas:

Y cuando les son recitadas sus aleyas se les incrementa su fe. 8:2

Respecto a los musulmanes, esta labor constituía el mayor desafío para el Mensajero de Allâh. De hecho, este propósito se ubicaba en el corazón del Llamado islámico y de la misión de Muhammad; nunca fue algo fortuito aunque había asuntos que requerían urgencia.

Los musulmanes en Medina pertenecían a dos grupos: El primero establecido en sus hogares, tierras, confortables pero con peleas internas entre ellos que constantemente surgían; ellos eran Al-Ansar (los ansâr). El segundo grupo eran Al-muhâÿirún (los emigrados), sin hogar, sin trabajo y en la penuria. No eran pocos, al contrario, se incrementaban día a día luego que el Profeta les había permitido emigrar hacia Medina cuya estructura económica, no tan próspera, empezaba a mostrar signos de desequilibrio debido al boicot económico producido por grupos anti-Islamicos que se las arreglaban para deteriorar la situación de los musulmanes.

2. Los paganos de Medina formaban el segundo grupo con el cual el Profeta tuvo que tratar. Esta gente no tenía el control de todos los musulmanes. Algunos de ellos no interferían en los asuntos de los creyentes, tenían muchas dudas de las prácticas religiosas de sus ancestros y mostraban simpatía hacia el Islam por eso terminaban abrazando la nueva fe pasando a ser verdaderos devotos de Allâh . Sin embargo, otros desarrollaron malvados planes contra el Profeta y sus seguidores pero eran demasiado cobardes para enfrentarlos públicamente, y debido a las nuevas condiciones de vida Islámicas se mostraban amigables.

‘Abdullah Ibn Ubai, a quien se le había dado el liderazgo de las tribus de Al-Jazraÿ y Al-Aus luego de la guerra de Bu‘az entre las dos tribus, lideró el grupo de los hipócritas. El advenimiento del Profeta y el crecimiento sostenido del nuevo espíritu del Islam frustró este incipiente liderazgo y la idea rápidamente se convirtió en indiferencia. ‘Abdullah Ibn Ubai no podía soportar que Muhammad llegara para sacarle a él y a sus ministros sus privilegios temporales, y por razones obvias se mostró interesado en el Islam pero con un odio muy profundo en su corazón carente de fe. También saboteó algunos eventos, solía sacar ventaja de los recientes islamizados de corazón débil y calumniaba a los verdaderos creyentes.

3. Los judíos, que habían emigrado a la zona del Hiÿâz desde Siria, perseguidos por los asirios y luego los romanos, eran el tercer grupo que vivía en Medina. En su nuevo hogar se vestían como los árabes, hablaban árabe, y se casaban con los árabes; sin embargo mantuvieron sus particularidades étnicas y se mantuvieron separados evitando mezclarse con los árabes. Se sentían orgullosos de su origen Judío y desdeñaban a los árabes denominándolos "iletrados" queriendo decir que eran brutos e ignorantes (N.del ."gentiles"). Deseaban las riquezas de sus vecinos y su religión les permitía apropiarse de las mismas del cualquier modo. Dios expuso claramente este proceder con las siguientes palabras:

Debido a que dicen: No hay ningún reproche para nosotros en traicionar y apoderarnos de los bienes de los iletrados (gentiles) 3:75

Religiosamente no mostraban ningún entusiasmo; se dedicaban a la clarividencia y la brujería, sacando ventaja de sus conocimientos de las ciencias espirituales del pasado.

Sobresalían en la acumulación de riquezas y en los negocios. De hecho monopolizaban el comercio de cereales, dátiles, licores, vestimentas, exportación e importación. Por los servicios efectuados a los árabes éstos debían pagarles elevadas sumas de dinero. La usura era una práctica común entre ellos y prestaban a los árabes notables elevadas sumas de dinero para que éstos las gasten en poetas y cosas vanas, tomando sus tierras fértiles como garantía.

Eran corruptos, solían introducir la discordia entre las tribus seduciéndolas para que comploten entre si y llevándolas al derramamiento de sangre en continuas batallas. Siempre que sentían que el odio empezaba a declinar lo revivían con nuevos métodos y al mismo tiempo ganaban altos porcentajes de interés con los préstamos que les hacían a las tribus enfrentadas.

Tres famosas tribus judías predominaban en Medina: Banu Qainuqa‘ aliadas a la tribu de Al-Jazraÿ, y Banu An-Nadîr y Banu Quraidha, que habitaban los suburbios de Medina, aliadas a Al-Aus.

Naturalmente odiaban los nuevos cambios, sólo porque el Mensajero de Allâh no era Judío, y esto no lo podían tolerar. También porque el Islam vino a traer armonía y terminar con las enemistades y los odios, estableciendo un código de vida social basado en denunciar lo prohibido y promover lo permitido. Adherirse a estos modos de vida implicaba la unión de los árabes que perjudicaba los intereses sociales y económicos de los judíos; las tribus árabes tratarían de recuperar sus bienes y tierras expropiadas por las injustas prácticas usureras de los judíos.

Los judíos consideraron todo esto seriamente aún sabiendo que el llamado islámico intentaría imponerse en Medina, y no fue sorprendente descubrir que la mayor enemistad y odio hacia el Islam y hacia el Mensajero de Allâh provino de ellos aunque no tuvieron el coraje para demostrarlos desde el comienzo.

El siguiente incidente demuestra claramente la abominable antipatía que los judíos tenían a la nueva forma de vida política y religiosa de Medina. Ibn Ishâq, citó que Safiah, la hija de Huiai Ibn Ajtab, dijo: ‘era yo la más querida de entre los hijos para mi padre y mi tío Abu Iâsir (ambos judíos de Medina)...; cuando el Mensajero de Allâh llegó a Medina y se estableció en Qubá con Bani ‘Amr Ibn ‘Auf, mi padre, Huiai Ibn Ajtab y mi tío Abu Iâsir Ibn Ajtab fueron a verlo y no regresaron hasta la puesta del sol. Cuando volvieron caminando llenos de depresión me apresuré, como era mi costumbre, a recibirlos con una sonrisa pero no me prestaron atención debido a la amargura que sentían. Escuché a mi tío Abu Iâsir decirle a Ubai y a Huiai: “¿Realmente es él (aquél que esperamos)?” dijo: “¡Juro por Allâh que es él!” “¿Realmente lo reconociste?” le preguntaron. Contestó: “Si, y lo odio con todo mi corazón”1

Una interesante historia ocurrida cuando el Profeta llegó a Medina, demuestra el desorden mental y la gran ansiedad que envolvía a los judíos. ‘Abdullah Ibn Salâm, el más sabio de sus rabinos, fue a ver al Profeta cuando este llegó, le hizo ciertas preguntas para corroborar si era un verdadero Profeta. Ni bien escuchó las respuestas del Profeta abrazó el Islam, y agregó que si los judíos se enteraban de su islamización empezarían a desmentirlo y a desprestigiarlo. El Profeta los mandó a llamar para preguntarles lo que opinaban de ‘Abdullah Ibn Salâm y todos ellos respondieron expresando sus virtudes y su sabiduría religiosa. Entonces el Profeta les informó que este había aceptado el Islam e inmediatamente cambiaron su testimonio, describiéndolo con los más descalificativos atributos. En otra narración encontramos que ‘Abdullah Ibn Salâm dijo: “¡Judíos! Teman a Allâh. Juro por Allâh, el Único, que vosotros sabéis que es el Mensajero de Allâh enviado a la humanidad con la verdad.” Le respondieron: “¡Estas mintiendo!” Esta fue la primera experiencia que el Profeta tuvo con los judíos.1

Esta era la situación interna de Medina. A quinientos kilómetros, en La Meca, los Quraishíes seguían siendo una amenaza contra el Islam. Durante diez años, los musulmanes fueron víctimas de toda clase de atrocidades, boicot, persecuciones y agresiones. Cuando emigraron a Medina, sus tierras, riquezas, propiedades, bienes e incluso algunas esposas fueron retenidas y los más humildes brutalmente torturados. Los Quraishíes también planearon y atentaron contra la vida de la primera figura del Llamado, Muhammad. Aprovechando la supremacía sobre las demás tribus árabes paganas y su liderazgo religioso como custodios del Santuario Sagrado incitaron a las otras tribus paganas a que boicoteen económicamente a Medina. Un estado de guerra implícito existía entre los tiranos de La Meca y los musulmanes en su residencia. Es injusto culpar a los musulmanes de las horribles consecuencias que iban a surgir a la luz de este conflicto. Los musulmanes en Medina tenían, a todas luces, pleno derecho para confiscar las riquezas de los tiranos de La Meca; para castigarlos por todas las injusticias cometidas contra de los musulmanes.

Este es, pues, un resumen de los principales inconvenientes que el Profeta Muhammad tuvo que enfrentar y resolver.

La edificación de una nueva sociedad

Hemos mencionado que el Mensajero de Allâh llegó a Medina el Viernes 12 de Rabi‘ Al-Auual del año primero de la Hégira, equivalente al 27 de Septiembre del año 622 d.C. Y se hospedó momentáneamente en la casa de Abu Aiub.

Construyendo la Mezquita del Profeta

El primer trabajo que emprendió el Profeta cuando llegó a Medina fue la construcción de una Mezquita, en el lugar donde se arrodilló su camello. El terreno, el cual pertenecía a dos huérfanos, fue comprado. El Profeta mismo colaboró con la construcción de la Mezquita cargando ladrillos de adobe y piedras mientras recitaba:

“¡Allâh! no hay deleite excepto en la otra Vida, te imploro para que perdones a los Muhâÿirún y a los ansâr .”

Había en ese terreno palmeras, tumbas de los idólatras y ruinas. Se trasladaron las tumbas de los idólatras, se cortaron las palmeras y se niveló el suelo. La Qiblah (la dirección usada por los musulmanes cuando cumplen con sus oraciones) fue construida en dirección a Jerusalén; dos vigas fueron puestas para sostener el techo. La mezquita era cuadrada, cada lado medía aproximadamente 100 yardas, mirando hacia el norte y tenía tres entradas. Cerca estaban las habitaciones reservadas para la familia del Profeta que fueron construidas con piedras y ladrillos de adobe y un techo de hojas de palmeras. 1 En el sector norte de la Mezquita, se destinó un lugar para aquellos musulmanes que no poseían familia ni hogar. El Adhán (el llamado para convocar a los musulmanes a orar) fue iniciado en esta temprana etapa posterior a la emigración. La Mezquita no era un espacio limitado únicamente para rezar, sino también un lugar donde los musulmanes se instruían sobre el Islam y su doctrina. Servía como lugar de asamblea donde los conflictos eran solucionados; era el cuartel central donde todos los asuntos de los musulmanes eran administrados, consultados y ejecutados.

La hermandad entre los musulmanes

Luego de que la Mezquita fuese construida, el Profeta se ocupó de fortalecer los vínculos de hermandad entre los musulmanes de Medina, Al-Ansar (los Socorredores) y Al-muhâÿirún (los Emigrantes). Fue algo único en la historia de la humanidad. Este histórico hecho se dio en una reunión con 90 hombres, la mitad pertenecían a los Muhâÿirún y la otra mitad a los ansâr , reunidos en la casa de Anas Ibn Malik, donde el Profeta los hermanó. Cuando cualquiera de las dos personas hermanadas moría la otra lo heredaba. Esta práctica continuó hasta que el siguiente versículo fue revelado durante la batalla de Badr, y legisló sobre el tema de la herencia:

Y los que tienen lazos de parentesco tienen más derecho respecto a la herencia 1061. 8:75

La hermandad en la fe no tenía en cuenta ninguna diferencia racial estableciéndose como precepto islámico: nadie supera a otro excepto por su piedad y el temor a Allâh.

El Profeta estableció con esta hermandad un compromiso serio; no eran meras palabras sino algo que se llevaba a la práctica con respecto a los bienes materiales y no un capricho que tomaba la forma de un saludo casual.

La atmósfera de hermandad creó un espíritu de desapego y solidaridad arraigado en lo más profundo de los corazones de sus seguidores. Por ejemplo, Sa‘d Ibn Ar-Rabi‘, un ansarí, le dijo a su hermano emigrante ‘Abdur Rahmân Ibn ‘Auf, “Soy el más rico de los Ansar. Me gustaría compartir contigo la mitad de mis bienes. Tengo dos esposas, y estoy listo para divorciarme de la que tu elijas si te acepta para que puedas desposarla.” Pero ‘Abdur Rahmân Ibn ‘Auf no aceptó: ni bienes ni hogar, pidiéndole a Allâh que bendiga sus bienes y le dijo: “Indícame donde queda el mercado para que pueda ganarme la vida con mis propias manos.” Por la gracia de Allâh prosperó y se casó al poco tiempo gracias a su propio esfuerzo. 2

Los ansar fueron extremadamente generosos con sus hermanos creyentes. Abu Hurairah narró que en cierta ocasión al Profeta le solicitaron que los huertos sean distribuidos en partes iguales entre los musulmanes de Medina y sus hermanos que vinieron de La Meca. Pero el Profeta no aceptó cargar con semejante peso sobre ellos. Sin embargo; se acordó que los muhâÿirún trabajasen en los huertos de los ansâr y que repartan en términos iguales lo producido.3

Estos ejemplos demuestran el espíritu de sacrificio, generosidad y cordialidad de los ansar; como también el sentimiento de gratitud, respeto y agradecimiento de los muhâÿirún que sólo tomaron lo que los ayudaba a vivir dignamente. En resumen, esta política de hermandad fue tan sabia y adecuada que ayudó rápidamente a resolver los distintos problemas con éxito.

1 Zad Al-Ma‘ad, 2/56.

Un tratado de Alianza Islámica

El Profeta había establecido un código de hermandad entre los creyentes, con el fin de solucionar los rencores de la era preislámica y solucionar los conflictos entre las tribus. Fue tan detallista que no dejó ningún área que permita a la tradición preislámica violar o perjudicar el ambiente armonioso que quería establecer. Aquí vemos algunos de los puntos.

En el nombre de Allâh, el Más Benefactor, el Más Misericordioso. Este es un documento de Muhammad, el Mensajero de Allâh, respecto a los Muhâÿirún y Ansâr y para aquellos que los siguen y se esfuerzan con ellos.

1. Todos pertenecen a la misma y única nación.

2. Los Muhâÿirún de Quraish están unidos y pagarán una indemnización entre ellos mismos, y rescatarán honorablemente a aquellos que quedaron retenidos. Las tribus de los ansâr están unidas, como lo estaban al comienzo, y cada sector de entre ellos pagará el rescate para liberar a su pariente prisionero.

3. Los Creyentes no dejarán a nadie en la pobreza por no pagar su liberación o una indemnización.

4. Aquel que se rebela o busca sembrar la enemistad y la sedición, sentirá el peso de la mano de todo musulmán temeroso de Allâh que estará en contra de él, aunque fuese su hijo.

5. Un creyente no debe matar a otro creyente, ni deberá ayudar a un incrédulo en contra de un creyente.

6. La protección de Allâh se extiende hacia los humildes de los creyentes.

7. Los creyentes se ayudarán mutuamente.

8. Cualquier judío que se atenga a nuestro pacto tendrá nuestra asistencia y ayuda; no será dañado, tampoco ningún enemigo será apoyado en contra de ellos.

9. La paz de los creyentes es indivisible. No se harán pactos discriminadores cuando los creyentes están combatiendo en la causa de Allâh. Las condiciones serán equitativas para todos.

10. Es ilícito para un creyente, que se adhiere al contenido de este documento y cree en Allâh y en el Día del Juicio, ayudar a un criminal o darle refugio. Aquellos que le den refugio o lo asistan tendrán la maldición y la ira de Allâh en el Día del Juicio. No se les aceptará indemnización.

11. Matar a un creyente intencionalmente sin ningún motivo tendrá como consecuencia la muerte del asesino a no ser que los perjudicados decidan perdonarle.

12. Cuando se difiera en algún asunto deberá ser remitido a Allâh y a Muhammad. 1

1 Ibn Hishâm, 1/502,503.

El rol del individuo en la Sociedad

Gracias a su sabiduría y habilidad, el Profeta pudo levantar los pilares de una nueva sociedad. Este acontecimiento sin duda dejó sus marcas en los musulmanes virtuosos. Solía educarlos con la luz de las enseñanzas islámicas, purificando sus almas, recomendándoles la observación de obras piadosas y los buenos modales. Se ocupó en infundirles la cordialidad, el honor, la nobleza, la adoración y principalmente la obediencia a Allâh y a Su Mensajero.

Lo siguiente es un resumen de las virtudes que solía inculcarles sus seguidores:

Un hombre le preguntó al Mensajero de Allâh que le informe que acción es meritoria en el Islam. Le respondió: “Alimentar y saludar a los que conoces y a los que no conoces.” 1

‘Abdullah Ibn Salâm dijo: “Cuando el Profeta llegó a Medina lo fui a ver, e inmediatamente lo reconocí por sus características y supe que no podía ser un mentiroso. Lo primero que el Profeta dijo fue: ‘¡Oh gente! Saludaos con el saludo de paz, alimentad al necesitado, mantened unidos los lazos de parentesco, y orad por la noche mientras la gente duerme, así entraréis al Jardín en Paz.’” 2

Dijo: “No entrará al Paraíso aquel cuyo vecino no está a salvo de su maltrato. 3”

Dijo: “El Musulmán es aquella persona de quien los demás musulmanes están a salvo del maltrato de su lengua y de su mano.”4

Dijo: “Ninguno de vosotros ha completado su fe hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo.5”

Dijo: “Los Creyentes en su amor recíproco son como el cuerpo del ser humano, cuando sufre el ojo todo el cuerpo siente el dolor y cuando la cabeza sufre todo el cuerpo siente el dolor.6”

Dijo: “Los lazos de hermandad entre los musulmanes son como una casa donde cada parte sostiene a la otra.7”

Dijo: “No se odien; no se envidien; no se den la espalda. ¡Siervos de Allâh! sed hermanos. No se le permite al musulmán permanecer enemistado con su hermano por más de tres días.8”

Dijo: “El musulmán es hermano del musulmán; no lo trata injustamente, no lo decepciona. Aquel que remueve una pena de un creyente en esta vida, Allâh le removerá una pena de las del Día del Juicio. Aquel que resguarde a un musulmán, Allâh lo resguardará en el Día del Juicio. 9”

Y dijo: “Sed misericordiosos con los que están en la Tierra y será misericordioso con vosotros quien está en el cielo.10”

Dijo: “No es un creyente aquel que se acuesta con su estómago lleno mientras su vecino tiene hambre.11”

Dijo: “Abusar de un musulmán es un acto de desobediencia y combatirlo es incredulidad.12”

Dijo: “Remover algo dañino del camino es caridad.13”

Exhortaba a los creyentes a dar caridades recordándoles las virtudes de hacerlo para ablandar sus corazones.

“Las caridades borran los pecados de la misma manera que el agua apaga el fuego.14”

Dijo: “Vestir a un musulmán necesitado, os hace merecedores de que Allâh os conceda una vestimenta del Paraíso; alimentar a un musulmán hambriento os hace merecedores de que Allâh os sustente con las frutas del Paraíso, y si dais de beber a un musulmán sediento, Allâh os hará beber del Néctar sellado.15”

Dijo:

“Evitad el infierno aunque sea con la mitad de un dátil (dado en caridad) y si no podéis decid palabras alentadoras.16”

El Profeta también enseñó a no pedir nada a no ser que sea una necesidad. Solía hablar mucho a sus compañeros sobre los méritos, virtudes y recompensa divina por observar y cumplir los actos obligatorios de adoración. Siempre les daba pruebas para que se adhieran espiritualmente a la Revelación que recibía, consecuentemente les informaba de sus obligaciones y responsabilidades dentro del Llamado Islámico, y al mismo tiempo les enfatizaba la necesidad de conocimiento y analisis.

Esto lo hacía para perfeccionar sus modales y moral e inculcarles nobles valores e ideas para que puedan ser un modelo a imitar para las generaciones venideras.

‘Abdullah Ibn Masûd una vez dijo: “Si desean seguir un buen ejemplo, tienen la tradición de los que murieron, debido a que los que están vivos pueden ser víctimas de la opresión (entonces pueden ser sacudidos en la fe).Sigan los pasos de los Compañeros de Muhammad. Son los mejores de esta nación, los más piadosos, los más sabios y los menos pretenciosos. Allâh los eligió para que acompañen al Profeta y para establecer Su religión. Entonces, buscad sus virtudes, seguid su recto modo de vida, aferraos a sus modales y aprended de sus biografías. Ellos seguían la guía correcta.” 17

Tenemos el gran ejemplo del Mensajero de Allâh : sus excelentes atributos, moral, perfección, talento, virtudes. Noble en sus modales y sus piadosas y admirables acciones, merecedor de ocupar el interior de nuestros corazones. Siempre que decía algo a sus Compañeros, ellos se esmeraban en asimilarlo y llevarlo a la práctica.

Esos eran los atributos y cualidades de aquellos que edificaron junto al Profeta una nueva sociedad, la más maravillosa y honorable sociedad jamás conocida en la historia. En este contexto el Profeta se esforzó en resolver los problemas que existían desde hacía mucho tiempo, y finalmente le dio a la humanidad la oportunidad de poder respirar con alivio, luego de haber estado transitando por el tedioso camino de la oscuridad y el error. Estos elevados principios de moralidad sirvieron para crear una nueva sociedad, integrada por componentes sólidos que le daban firmeza ante los distintos cambios a través del tiempo y suficientemente poderosos para cambiar todo el curso de la historia de la humanidad.

1 Sahih Al-Bujâri, 1/6, 9.

Un tratado con los judíos

Al emigrar a Medina y establecer los pilares de la nueva comunidad Islámica sobre sólidas bases administrativas, póliticas e ideológicas, el Profeta comenzó a entablar relaciones claramente definidas con los no-musulmanes. Todos estos esfuerzos eran para alcanzar la paz, la seguridad y la prosperidad de todos los seres humanos, y para crear un espíritu de cordialidad y armonía. 

Geográficamente, las personas más cercanas a Medina eran los judíos. Aunque guardaban malas intenciones, sentían rencor y resentimiento, no mostraron la menor resistencia ni la más mínima enemistad. El Profeta decidió ratificar con ellos un tratado cuyas claúsulas darían total libertad en cuanto a la creencia y a sus bienes. El Islam no impone una política severa de expulsión y confiscación de bienes y terrenos. El tratado estaba dentro de otro contexto, un largo sistema que los vinculaba a las relaciones entre los musulmanes.

Los puntos más destacados del trato son los siguientes:

1. Los judíos de Bani Auf son una comunidad con los creyentes. Los judíos profesarán su religión y los musulmanes la suya.

2. Los judíos serán responsables de sus gastos y los musulmanes de los suyos.

3. Si son atacados por un tercero, cada uno asistirá al otro.

4. Cada grupo se consultará con el otro. Las relaciones mutuas estarán fundadas sobre la piedad; los pecados están totalmente excluídos.

5. Nadie cometerá un pecado para perjudicar al otro.

6. El grupo perjudicado será asistido.

7. Los judíos contribuiran con los costos de guerra en tanto estén del lado de los creyentes.

8. Medina permanecerá sagrada e inviolable para todos los que se unan a este trato.

9. Si algún desacuerdo surge entre los firmantes de este convenio, entonces Allâh, el más elevado y Su Mensajero decidirán el asunto.

10. Los firmantes de este acuerdo harán boicot comercial a Quraish; y se abstendrán de brindarles ayuda.

11. Cada grupo contribuirá a la defensa de Medina, en caso de un ataque foraneo en su respectiva área.

12. Este tratado no impide que cualquiera de las partes busque venganza legítimamente.1

Medina y sus suburbios, después de la ratificación de este tratado, se volvieron un estado de coalición, cuya capital fue Medina y Muhammad su ‘presidente’; la autoridad predominante recaía en las manos de los musulmanes, y consecuentemente era la verdadera capital del Islam. Para extender y expandir la zona de paz y seguridad, el Profeta empezó a establecer tratados similares con otras tribus que vivían alrededor de el nuevo estado

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