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El Mensajero de Dios recorre el mercado de Medina

El Profeta Muhammad no vivió aislado de la gente ni puso distancia con los que lo rodeaban, y esta actitud predispuso a las personas para que lo escuchasen y siguieran su ejemplo

25/06/2011 - Autor: Muhammad Al Ruwaili - Fuente: Webislam
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Dibujo de Medina Al Munawara.
Dibujo de Medina Al Munawara

Alabado sea Dios, Quien nos guió, agraciándonos con la fe, y no hubiéramos podido encaminarnos de no haber sido por Él. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Único, sin asociados. Atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero. ¡Dios! Bendice a Muhammad, su familia, sus compañeros y todos los que sigan su guía hasta el Día del Juicio Final.

Primera Jutba

¡Hermanos! Escuchemos las palabras de quien no habla de acuerdo a sus pasiones en una descripción precisa de la magnitud de vida mundanal respecto a la otra.

“El Profeta en una ocasión, de regreso a la ciudad…”

Éste es un hecho que se repite en muchas trasmisiones pues, el Mensajero de Dios, acostumbraba salir de la ciudad diariamente. Algunas veces, después de la oración de la media tarde, iba a visitar a la tribu de Harizah para conversar con ellos y otras iba a la tribu de Salamah para presenciar el sacrificio de animales. También solía visitar a los enfermos, y en oportunidades se retrasaba a la oración porque iba a la tribu de ‘Amr Ibn ‘Auf a conciliar entre partes enfrentadas. Y todas estas tribus se encontraban en lugares alejados de la ciudad.

Este hecho nos refleja el ejemplo del Profeta en su amistad y unión con sus compañeros, pues los visitaba periódicamente en sus lugares de residencia, sin importar la distancia. El Mensajero de Dios no vivió aislado de la gente ni puso distancia con los que lo rodeaban, y esta actitud predispuso a las personas para que lo escuchasen y siguieran su ejemplo.

“…se encontraba caminando por las calles rodeado de gente cuando pasó junto a un cabrito con orejas pequeñas que yacía muerto, lo tomó de las orejas y sujetándolo alto para que la gente lo viera dijo: ¿Quién de vosotros lo quiere comprar por un dirham?”

Todos se sorprendieron por la pregunta. ¿Quién querría comprar un cabrito muerto y con defectos que no tiene ningún valor comercial? ¿Quién querría comprar un animal muerto arrojado a la calle por su propio dueño?

Así era la forma que el Profeta tenía de enseñar a sus compañeros. Aprovechó este cabrito muerto para llamar la atención de las personas y luego les formuló una pregunta cuya respuesta era sabida por todos con el objetivo de enseñarles a través de un ejemplo concreto. Y a pesar de que este episodio ocurrió en pocos instantes, sus enseñanzas perduran hasta nuestros días.

“Y respondieron: No queremos pagar nada por él, ¿para qué nos sirve? Y preguntó nuevamente: ¿Quién de ustedes lo quiere sin pagar nada por él? Y respondieron: Si estuviese con vida ya tendría el defecto de tener sus orejas pequeñas, con más razón no lo queremos muerto.”

Y fue entonces cuando, el Mensajero de Dios, les transmitió una enseñanza que les quedó arraigada profundamente en sus corazones: “Juro por Dios que la vida mundanal tiene menos valor para Dios que este cabrito muerto para ustedes.

El Mensajero de Dios quiso exhortar a quienes lo rodeaban a que reflexionaran en lo insignificante que la vida mundanal es para Dios. Por ello esperó adentrarse al mercado, pues es allí que la gente se vuelca por la vida mundanal y descuida la otra. Es en la zona comercial de una ciudad que se desarrollan más actividades comerciales ilícitas, se cometen fraudes, estafas, usura y demás actos prohibidos. Y una manera de prevenir esto es tener presente la otra vida, darle a la vida mundana el valor que se merece, poner en una balanza lo efímero de esta vida con lo eterno de la otra, recordar la muerte y que todos seremos resucitados para comparecer ante Dios. Y con sus palabras, el Mensajero de Dios logró que la gente recordara todo esto.

La enseñanza siempre estaba presente en la vida del Mensajero de Dios. Él buscaba, en todo momento, la oportunidad para dejarles una enseñanza a sus compañeros. Sus palabras no se limitaban al púlpito o clases en la mezquita sino que toda su vida era una fuente de enseñanza. Por ello reflexionaba cuando iba al mercado, recorría los caminos, comía o cuando visitaba a un enfermo.

Dios dice: “¡Oh, creyentes! Obedezcan a Dios y al Mensajero cuando los exhortan a practicar aquello el Islam.” (Sagrado Corán 8:24)

¡Hermanos! Reflexionemos en las palabras de Dios que describen la insignificancia y pequeñez de la vida mundana.

Cuando, el Día del Juicio, se sople la trompeta y todos sean resucitados, de nada les servirá el linaje, ni los parientes se preguntarán unos por otros. Ese día, aquellos cuyas obras buenas pesen más en la balanza serán los triunfadores. En cambio, quienes sus malas obras sean las que más pesen estarán perdidos, y morarán eternamente en el Infierno. El fuego abrasará sus rostros y quedarán desfigurados. Se les dirá: ¿Acaso no se les recitó Mis signos y Mis preceptos y los desmintieron? Dirán: ¡Oh, Señor nuestro! Nos vencieron nuestras pasiones y estábamos extraviados. ¡Oh, Señor nuestro! Sácanos de él y retórnanos a la vida y, si reincidimos en la incredulidad, entonces seremos inicuos merecedores de Tu castigo. Dios les dirá: Permanezcan en él, humillados, y no vuelvan a hablarme pues ya nunca más los escucharé. Ciertamente hubo entre Mis siervos quienes decían: ¡Oh, Señor nuestro! Somos creyentes, perdónanos pues, y ten misericordia de nosotros. Tú eres el mejor de los misericordiosos. Pero ustedes les tomaron a burla hasta olvidarse de Mi Mensaje, y se rieron de ellos. Hoy les recompensaré por su paciencia a vuestra hostilidad, y ellos serán los triunfadores. Dios les preguntará: ¿Cuántos años permanecieron en la Tierra? Y, aturdidos por el castigo, responderán: Permanecimos un día o menos aún. Mejor pregúntales a los Ángeles encargados de contarlos pues nos hemos olvidado. Dios les dirá: Permanecieron poco tiempo. ¡Si hubieran sabido aprovecharlo! ¿Acaso creían que los creamos sin ningún fin y que no iban a comparecer ante Nosotros? ¡Exaltado sea Dios! El único Soberano real, no hay otra divinidad salvo Él, Señor del Trono grandioso. Sepan que quien atribuye copartícipes a Dios carece de fundamentos válidos, y tendrá que rendir cuenta de ello ante su Señor. Ciertamente los incrédulos, el Día del Juicio, no triunfarán. Y di ¡Oh, Muhammad!: ¡Oh, Señor mío! Perdónanos y ten misericordia de nosotros. Tú eres el mejor de los misericordiosos.” (Sagrado Corán 23:101-118)

La felicidad y la desdicha de esta vida no pueden compararse jamás con las de la otra vida. No existe comparación entre lo que es temporario y transitorio y lo que es eterno y para siempre.

¡Hermanos! Que la lección del Mensajero de Dios nos sirva para tener presente que la vida mundanal es un lugar de paso y no una morada eterna y que es un medio y no un fin.

Que Dios nos bendiga con el Grandioso Corán y nos guíe para que Le temamos como Se merece. Y pido a Dios que perdone nuestros pecados, pues Él es Absolvedor, Misericordioso.

Segunda Jutba

Alabado sea Dios, Quien fortalece y eleva a los creyentes. Atestiguo que no hay otra divinidad salvo Dios, Único sin asociados, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y compañeros.

¡Siervos de Dios! Afírmense en el Islam aferrándose al asidero más firme y sepan que Dios está con la comunidad y quien se aparte de ella será castigado el Día del Juicio.

¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en esta vida y en la otra. ¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en mis asuntos religiosos y mundanos, mi familia y mis bienes. ¡Dios! Cubre mis debilidades y sosiega mis miedos. ¡Dios! Protégeme por delante, por detrás, por mi derecha, por mi izquierda y por encima de mí. Me refugio en Tu grandeza de ser engullido por la tierra.

Dios dice: “Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos. Y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen.” (Sagrado Corán 16:90)

Invoquen a Dios el Grandioso que Él los recordará siempre y agradézcanle por Sus gracias que se las incrementará.

epan que Él está bien informado de lo que hacen, témanle pues, y pidan bendiciones por el Profeta Muhammad.

Traducción de la Jutba pronunciada por el Sheij Muhammad Al Ruwaili
Viernes 15 rayab de 1432 / 17 de junio de 2011
Centro Cultural Islámico "Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Rey Fahd" - Buenos Aires - Argentina
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