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Respuesta a Said al-Jerrahi sobre el sufismo

Los más grandes maestros del sufismo no pertenecieron a ninguna tariqa sufí

25/06/2011 - Autor: Zeinab Alegri - Fuente: Webislam
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Imagen de Rumi y mujer musulmana
Imagen de Rumi y mujer musulmana

Estimado hermano Said-al-Jerrahi

Siento si ha habido algo en mi escrito que te haya molestado. Tan sólo quería expresar mi apreciación por el sufismo, mostrar a otros hermanos y hermanas que el sufismo es parte integrante de nuestra tradición, y que podemos tomar de él sin necesidad de declararnos como sufíes… cosa que, como tu bien sabes, no significa apenas nada, e incluso puede ser un impedimento, en el momento en el cual se convierte en una especie de identidad diferenciada. Ese es el momento en el cual los egos se disparan: los sufíes somos esto y lo otro… Y es aquí cuando tu pregunta resulta pertinente: ¿quién puede decirse a si mismo sufí, cuando el Misterio no tiene nombre?

Lo importante es lo que contienen los corazones, y es ese el terreno en el cual quiero situarme, si Allâh me lo permite. Pues es precisamente desde el plano de los corazones que todo lo externo se hace signo de otra cosa, cuando una se da cuenta de que las palabras a veces dicen lo contrario de lo que parecen, y tal vez aquel que se declara no-sufí está más cerca del sufismo que aquel que se declara como tal…

Pero no escribo para hablar de mí, sino de ti: hay varias cosas en tu escrito –Carta abierta a Zeinab Alegri– que me resultan preocupantes, y que considero como la mera proyección sobre mi escrito de una serie de prejuicios, que velan una contradicción fundamental: si admites que la tariqa y el Sheij son meros medios, ¿porque aferrarse a ellos? ¿por qué rechazar de forma tan violenta a una hermana que los deja de lado? Para evitar salvar esta contradicción, has caído en el error de proyectar una mirada dualista. Por un lado, estaría el sufismo como vía espiritual e iniciática, vinculada a la pertenencia a una tariqa y a la obediencia a un Sheij. Por otro lado, estaría la arrogancia de aquellos que se creen que se bastan a si mismos, que hacen lo que les da la gana y que rechazan el marco de la comunidad…

Estas son las palabras que me dedicas:

… entonces me declaro “no sufi” y practico lo que se me da en ganas, de acuerdo a lo que me apetece mejor. Este es otro engaño del Nafs que quiere dirigirse a si mismo y se dice arrogante a si mismo: “Allah me guiará, no necesito de ninguna de sus criaturas”.

Y, como remate, la acusación de ser guiada por el Shaytán (aquí se hace eco del dicho según el cual “quien no tiene un Sheij, su Sheij es el Shaytán”):

… negar toda guía venida a través de un hombre y negar toda comunidad como compañera del viaje espiritual, discúlpenme usted, pero esto es una arrogante insensatez. Esta es la trampa del Shaitán y es una vía contrainicíatica.

¡Mi querido hermano Said! Te pido reflexiones sobre esto: parece que en tu mente no existen más que dos opciones: o seguir a un Sheij sufí en el marco de una tariqa, o dejarse guiar por el Shaytán… Pero, no, estás equivocado: se puede pertenecer a una comunidad espiritual y tener maestros sin necesidad de declararse sufí ni de caer en las redes de ningún Sheij de tres al cuarto… ¿O acaso pretendes que no hay maestros fuera de las tariqas sufíes? ¿Acaso no hay comunidades espirituales fuera del sufismo institucionalizado?

Me preguntas "¿acaso deseas un ángel en lugar de un Sheij?"... ¡No, estimado Said! Se trata justo de lo contrario. Lo que deseo son hermanos y hermanas en el islam, con los que aprender y crecer y equivocarme, para poder rectificar y avanzar por el sirat al-mustaqim, con el Profeta Muhámmad (paz y bendiciones) como maestro común, y con toda mi confianza puesta en Al-lâh, con el infinito agradecimiento que siento por el don precioso del islam, para poder vivir en el recuerdo constante de Al-lâh, como una simple musulmana. Y sin siquiera pensar que el ser musulmana me separa en absoluto de mis hermanos o hermanas budistas, ateos o cristianos... Al revés: musulmana, una mujer que se reconoce dependiente del Creador, algo que une y no separa, que abarca y no restringe, no una identidad ni el nombre de una religión histórica, sino un estado y un modo de vida.

Me acusas de “practicar lo que me viene en gana”. Una vez más, se trata de un prejuicio: parece que si alguien no sigue la vía del sufismo institucionalizado, entonces sigue los caprichos de su ego. Hermano Said, te informo, tanto para tú conocimiento como para la mejora de tu adab, de que se puede no estar en una tariqa sufí y ser rigurosa en su práctica del islam. Te informo también (aunque estoy seguro que esto ya lo sabes) de que se puede estar en una tariqa sufí y no ser muy escrupulosa en cuanto a la práctica de adoración.

Con todo esto, quiero dejarte claro que si he contestado a tu carta no es por entrar en ninguna controversia, sino para ayudarte a abrir los ojos, a superar la contradicción entre tu adhesión exterior al sufismo y la realidad del ser sufí, a superar ese orgullo que te hace proclamarte como sufí, a superar en definitiva la reducción del sufismo a la pertenencia a un grupo o al seguimiento de un maestro vivo. Una vez hayas logrado esto, ya no habrá problemas con que pertenezcas a una tariqa sufí… pero justo en ese momento, ya no lo necesitarás en absoluto.

Estimado Said. Se percibe en tu carta ese tono de auto-satisfacción por “ser sufí” que alejan a muchas gentes sensibles del sufismo. Una no puede menos que acordarse de lo dicho por Erich Fromm sobre el narcisismo social, el sentimiento de pertenecer a un grupo cargado de energía... Por supuesto, esto atrae a muchas gentes. Pero estas no suelen ser ni las más inteligentes ni las más evolucionadas espiritualmente, sino aquellas más necesitadas del calor del grupo y de la protección del padre (espiritual).

Y esto, que no es nada malo en sí, conduce a una de las contradicciones más flagrantes, generando una fractura entre las pretensiones de misticismo y de excelsitud y la realidad sociológica de las tariqas. Resulta entonces chocante el adentrarse en determinados círculos sufíes y escuchar los discursos banales de gentes que se denominan a sí mismas con los títulos más pomposos. Discursos que podría haber escrito el más mediocre de los autores de la nueva era, y que son escuchados de forma reverente por los adeptos. Este es el engaño del Shaytán: “Al-lâh no me guiará, necesito de un Sheij al cual obedecer ciegamente”. No importa que ese Sheij en realidad no enseñe nada: ¡yo lo necesito!

Soy consciente de que el círculo mágico de la tariqa funciona: lo he visto con mis propios ojos. ¡No niego que no haya mucha belleza y compañerismo y energía positiva en ello! Al revés: respeto tú opción de vida, plenamente. Pero quiero compartir contigo mis cavilaciones, preocupaciones de un pobre ego de mujer, y encima no sufí...

El problema es que el círculo mágico a menudo conduce al sentimiento de superioridad y al narcisismo de grupo: ¡cuántos sheijs auto-proclamados como el “polo espiritual de nuestro tiempo” pululan por el mundo! He oído a sheijs criticar a otros sheijs y a otras tariqas, sé de tariqas con peleas internas sobre quién es el verdadero sucesor de este u otro maestro… Tariqas sufíes han guerreado entre ellas a lo largo de la historia. Además, muchas tariqas son rabiosamente conservadoras, y se adhieren al fiqh más tradicionalista: pena de muerte, lapidación, tutela del marido sobre la mujer…

Por eso, mi amor al sufismo me lleva a mostrar que el sufismo es también un fenómeno sujeto a los vaivenes de la historia, y que en sus primeros tiempos (de hecho en su época dorada) no existían tariqas sufíes tal y como ahora las tenemos. Los más grandes maestros del sufismo no pertenecieron a ninguna tariqa sufí. Siendo, así, no parece fundada la pretensión según la cual fuera de una tariqa sufí no hay sufismo. Tampoco parece coherente con lo que dice el corazón la pretensión de que no hay progreso espiritual posible sin dar el bayá a un sheij y jurarle obediencia. Esto no es sino una coacción de lo más banal. Modos de captación de adeptos, poca cosa más.

En el fondo subyace el peligro de la arrogancia “espiritual”, la necesidad de situarse por encima del resto de los musulmanes. Esto genera una fractura, en la cual el grueso de los musulmanes no salimos bien parados. Cuando se dice: "los sufíes somos aquellos que vivimos así y así, y esto y lo otro"… se esta diciendo que aquellos que no son sufíes no viven así y así, y no siguen ni esto ni lo otro. Una vez oí a un Sheij decir que “fuera de una tariqa no hay mística posible”… Y, creéme, se refería a la tariqa como institución.

Esta arrogancia conduce, de forma tan lógica como inevitable, al desprecio de quienes no siguen el sufismo. Por eso me preocupan tus palabras: “todos los sufíes están unidos a través de la Sílsilah con nuestro amado profeta Muhámmad (pb)…”  ¿Y que pasa con el resto de los musulmanes? ¿acaso no estamos unidos al Profeta? ¿Qué será de las pobres musulmanas que, como yo, no tenemos acceso a ese Misterio innombrable por el hecho de que rechazamos las pretensiones de exclusividad de lo divino de las cadenas iniciáticas institucionalizadas (que, por supuesto son humanas, como humano era el Profeta, paz y bendiciones)?

Te invito a terminar con una sonrisa: quien dice que es sufí, no es sufí. Las tariqas siguen cumpliendo su misión, al-hamdu li Al-lâh, y lo seguirán haciendo mientras haya gentes que las necesiten: hasta el fin de los tiempos, si Al-lâh quiere. Son para el sufismo como la cola de la lagartija que sigue coleando una vez ha sido arrancada de su cuerpo. Si quieres seguir en su radicalidad la vía del sufismo, te aconsejo como hermana en el islam que te desapegues de la tariqa. No que la abandones, sino que te desapegues de ella, que aprendas a relativizarla. Aunque tal vez los apegos creados hacia el Sheij y hacia la comunidad sean demasiado fuertes. En ese caso, que Al-lâh te proteja.

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