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Hashim Cabrera: el humanismo, la realidad y el argumento (II)

Entrevista que forma parte de la semblanza de Hashim Cabrera que aparece en el libro de José Miguel Vila Dios Ahora

21/06/2011 - Autor: José Miguel Vila - Fuente: Webislam
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Hashim Cabrera. (Foto: Ahmed Munir).
Hashim Cabrera (Foto: Ahmed Munir)

Una vida entera

Para el andaluz, su gran descubrimiento dentro del islam fue tomar conciencia de que “no podemos percibir a Dios, de que no podemos tener un concepto de Dios. De que para entendernos y para poder funcionar, los seres humanos nos relacionamos con Dios a través de la idea que de Él nos hacemos”. Y es que el Corán hace la distinción entre ‘Allah’, la realidad trascendente, la Realidad Única, incognoscible, inconcebible, inabarcable, y el Señor personal, el ‘Rabb’.

Matiza Hashim que es “a ese Señor personal al que nos dirigimos cuando le pedimos ayuda en los momentos de dificultad… Pero eso no deja de ser una construcción interior de cada fiel, de cada persona que se encomienda así a la Realidad. Lo que es importante es la vivencia de Dios que tiene cada uno como un ser trascendente, que escapa a cualquier doctrina o marco interpretativo… Y eso - continúa diciendo- para mí fue una gran liberación porque ya no se trataba sólo de abandonar la visión o alegoría de Dios que me habían enseñado de pequeño a través del catecismo, la imagen de un Dios con barba blanca, sentado en un trono, en lo alto de una nube, que, evidentemente, es sólo una representación... ya no es solamente el hecho de abandonar cualquier tipo de representación de Dios, sino de no intentar siquiera una concepción de Dios. Y eso, como digo, fue para mí una gran liberación; si Dios es incognoscible, el gran milagro que encontramos los musulmanes en ese proceso de relación del ser humano con Dios es la idea del ‘tauhid’ , la idea y el sentimiento de conexión que hay entre todas las cosas, la unicidad que late detrás de los diversos fenómenos que componen el mundo.

En este sentido hay una tradición islámica maravillosa basada en un dicho del profeta, la paz sea con él, un hadiz qudsí, en el que Dios habla en primera persona y que dice así: ‘Yo era un tesoro escondido que quiso ser conocido y, para ser conocido, hice la Creación”.

Y continúa diciendo que “los que transitamos por esta vía, aún sabiendo que no podemos conocer a Dios, sabiendo que trasciende cualquier idea que podamos hacernos de Él, podemos, sin embargo, ver Sus huellas en los fenómenos de la naturaleza, en los hechos de cada día. En otras palabras, que el mundo, la creación, los acontecimientos, son una manifestación, una teofanía, una expresión de lo divino en el mundo. Esto hace, de alguna manera, que la vida cotidiana nos ofrezca la posibilidad de vivirla con una cierta trascendencia”.

En 2003, el 20 de enero, Hashim escribía en webislam.com, terciando en una polémica —con Dios, la filosofía y el conocimiento como telón de fondo— lo siguiente: “Yo amo al profeta, la paz sea con Él, pero me gustaría amarlo aún más, porque sé y siento que ese amor hacia Allah y hacia Sus enviados es la himma que me mantiene en la senda de la Realidad. Claro que Allah no es un ‘objeto de adoración’, pero para nosotros, los seres humanos, el amor es la fuerza que nos impulsa hacia la luz, que nos permite transitar este mundo de sombras, que no lo es del todo precisamente porque existe el amor.

Claro que el amor tiene un soporte físico, igual que la Revelación lo tiene, porque son experiencias que tienen lugar en este mundo y sirven para cruzarlo. Creo, sinceramente, que nuestra filosofía y nuestra metafísica tienen que ser más soñadoras, más imaginales, menos encorsetadas en los silogismos y las demostraciones académicas. Estoy harto de filosofía, pero no de conocimiento, porque soy consciente de mi profunda ignorancia. Muchas veces no sé siquiera cómo me atrevo a hacer las jutbas, porque estoy convencido de que, pensemos lo que pensemos, digamos lo que digamos, no conseguiremos nunca desvelar a aquello que permanece siempre como un misterio grandioso e inabarcable, alhamdulillah”.

Proceso inacabable

Hashim no habla árabe pero conoce muchas palabras, muchas etimologías de palabras del castellano y muchos suras en el idioma en que originalmente fueron escritas.

- ¿Suena el Corán mucho mejor en árabe, más musical, más verdad…?

- "Hay una aleya del Corán que dice que “Dios no ha enviado ningún mensajero a pueblo alguno al que no le hable en su propia lengua”. Y eso, para mí, quiere decir que, lejos de idolatrar las lenguas, cualquier lenguaje puede ser susceptible de contener un mensaje divino. Lo que ocurre con el árabe –como también con el hebreo, el arameo, las lenguas semíticas más antiguas- es que conservan un sonido, un sentido y un grado de radicalidad que hacen posible que el mensaje fluya con más intensidad porque son lenguas polisémicas, son lenguas en las cuales los significados no pueden ser tan concretos, estar tan delimitados por la cultura, y así conservan una frescura que no tienen otras lenguas… Así, cuando uno oye recitar algún sura del Corán en árabe, por alguien que verdaderamente lo siente y lo conoce, aún sin llegar a entender todo el significado profundo de cada una de las palabras utilizadas, llegas a darte cuenta de que estás en presencia de algo…, en contacto con algo trascendente, algo que de verdad tiene un origen sobrehumano…

Estar cerca de la belleza de esa poesía es sentir algo más que una pura eufonía; es ir más allá de esa capacidad subjetiva que tiene siempre la metáfora. En ese sentido, la recitación coránica en árabe tiene, en puridad, una dimensión teúrgica, una energía que te trasforma, al margen de que comprendas o no la lengua en la que está siendo recitada."

Con todo y con ello, Hashim sigue buscando y piensa que un musulmán nunca llega a serlo del todo porque, más allá de que haga ya muchos años que se reconociera públicamente como tal, poco a poco se ha ido dando cuenta de que el islam “es un proceso inacabable” porque islam significa sometimiento a la Realidad Única, a Dios y, precisamente por eso, “siempre estamos en trance de someternos, en un proceso consciente de conocer y de aceptar esa Realidad, en la conciencia de que nunca podremos alcanzarla del todo”.

Sufismo

El hito biográfico que marca en cada persona hacer la ‘shahada’ o reconocimiento público de su fe en el islam es, en realidad, el principio de una larga carrera hacia el conocimiento, el sometimiento, la conformidad y el equilibrio del musulmán. Rafael la hizo y se trasformó en Hashim. Otros conversos, sin embargo, conservan su nombre, aunque en Andalucía hay una cierta tradición en cambiarlo y así fue en el caso de Cabrera: “Aquí, las personas que asisten como testigos a tu ‘shahada’ te dan un nombre y eso fue lo que me ocurrió a mí. Los amigos con los cuales la hice, me llamaron Hashim y lo acepté... ¡Me encanta!”. Y esto no supone ninguna alteración de la personalidad del converso, una especie de bipolaridad porque, para él, la identidad está mucho más allá de los nombres: “Es cierto que nos condicionan, que dan una imagen externa, pero no somos nuestros nombres; somos algo desconocido que tardaremos una vida entera en descubrir”.

Para Hashim, hablar de Dios y hablar de la Realidad es lo mismo: “El grado de apertura a la Realidad (es decir, a Dios) es lo que nos trasforma. A mayor grado de apertura, de sinceridad, de reconocimiento, mayor trasformación”.

Esta es, en realidad, la óptica del sufismo, la corriente más mística del islam. Las enciclopedias sitúan el origen de esta corriente islámica en el siglo VIII, cuando pequeños círculos de musulmanes piadosos, como reacción ante la creciente atracción por los bienes terrenales que mostraba la comunidad islámica, comenzaron a llamar la atención sobre la importancia de la vida interior del espíritu y la purificación moral. Durante el siglo IX el sufismo se desarrolló como doctrina mística, con la comunión directa o incluso una unión de éxtasis con Dios, como su ideal.

En el siglo XI se introdujo en el ámbito de la ortodoxia sunnita, y ya en el siglo XII el sufismo dejó de ser patrimonio de una élite instruída y se transformó en un complejo movimiento popular (‘Dios no tiene fin y la palabra del Corán es inagotable’). La insistencia sufí en el conocimiento y en el amor de Dios aumentó el atractivo del islam para las masas y facilitó su extensión más allá de Oriente Próximo, llegando a África y Asia oriental.

José Miguel Vila es periodista, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Dirección de comunicación, rtelacioes públicas y protocolo. Ha sido director de Canal II Radio y es Director técnico de Comunicación de la ONCE y asiduo colaborador de RNE Radio 5. Cuenta con el premio Inserta de Comujicación de la ONCE, , Premio Internacional de periodismo de Colombia. Autor de varias obras de investigación, entre las que destacan Con otra mirada (Ed ONCE 2003), Mujeres del Mundo (Imagine Ediciones 2005) y Prostitución: Vidas quebradas (Imagine Ediciones 2008)
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