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Sufismo en Colombia: entre el Fundamentalismo y el New Age

Es importante tener en cuenta que la palabra Sufismo no aparece como tal en la tradición islámica, y que como todos los -ismos, corre el peligro de ser reduccionista

16/06/2011 - Autor: Diego Castellanos - Fuente: Webislam
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La práctica del dikr.
La práctica del dikr.

Salat

Permítenos reconocerte en todos tus nombres y formas sagrados:
como Rama, como Krishna, como Shiva, como Buda;
Permítenos conocerte como Abraham, como Salomón,
como Zaratustra, como Moisés, como Jesús, como Muhammad,
Y en muchos otros nombres y formas,
conocidos y desconocidos para el mundo.

(Oracion del Movimiento Sufi Internacional)

Dentro de las grandes tradiciones místicas de la humanidad acaso ninguna sea tan poco conocida en nuestro medio, y tan ambivalente para quienes la conocen, que aquello que conocemos como Sufismo. En efecto, mientras que la existencia de misticismos cristianos, budistas e hindúes es parte del conocimiento general, el conocimiento acerca de la presencia de aquel tipo de experiencias dentro de las grandes religiones semitas pareciera ser objeto del conocimiento de algunos pocos especialistas e interesados en el tema. De esta manera, el Sufismo, así como la cábala, parecieran extraños a lo que usualmente se reconoce como la tradición islámica y judía, a las que se tiene por legalistas y ritualizadas. Al mismo tiempo, a quienes conocen acerca del Sufismo les cuesta hacerse una idea de la espiritualidad islámica que no tenga que ver con la lectura tremendamente politizada que ofrecen generalmente los medios informativos. Pareciera que ambas imágenes no fueran compatibles, una refiriéndose al amor divino y la otra referente a lo que suele malentenderse como “Guerra Santa”. Así pues, las lecturas que nos llegan del Islam son fragmentadas, parciales, descontextualizadas, impidiendo la construcción de una imagen elaborada que haga justicia a la riqueza y diversidad de dicha religión. El propósito de este escrito es precisamente el de ofrecer algunos elementos que introduzcan al lector no especializado a la tradición mística islámica y a la manera en la que se ha presentado en nuestro país, ya que en medio de las dinámicas globales se hace necesario el reconocimiento de la presencia de estas religiosidades en nuestro espacio local.

Qué es el Sufismo

Es importante tener en cuenta que la palabra Sufismo no aparece como tal en la tradición islámica, y que como todos los -ismos, corre el peligro de ser reduccionista. En efecto, si bien la palabra se refiere a un concepto en lengua árabe, surge del esfuerzo de algunos orientalistas durante los siglos XVIII y XIX por describir realidades que aparecían como nuevas ante sus ojos y que representaban un desafío a la manera en la que entendían el Islam. Así, si bien el Sufismo tiene unas hondas raíces históricas, la palabra es más bien un neologismo que busca crear un espacio aparte en el cual colocar las experiencias místicas que a ojos occidentales tenían poco que ver con el legalismo islámico. De esta manera, si bien hay definiciones que parten de la descripción de fenómenos bastante difundidos dentro del mundo islámico, tales como el de las tariqas u órdenes iniciáticas, no toda forma de experiencia mística queda abarcada por dichas instituciones. El termino árabe que más se acercaría a aquello que denominamos Sufismo seria el tasawwuf, que literalmente significa: “el proceso de convertirse en sufí”. A su vez, el origen histórico de la palabra sufí, en la que se inspira la palabra Sufismo, está bastante bien determinado: deriva del término árabe suf, que significa “lana”, material que se empleaba para la confección de las toscas prendas de vestir que llevaron los ascetas del próximo oriente durante varios siglos. Sin embargo, y para evitar confusiones, a lo largo del texto cuando nos refiramos a los fenómenos relacionados con dicho esfuerzo por alcanzar nuevos niveles en la vivencia religiosa utilizaremos la palabra Sufismo.

De esta manera, podríamos decir que Sufismo es una categoría que hace referencia a diversas experiencias que buscan un acercamiento más profundo a Dios. A este respecto, Carl Ernest afirma:

Mientras que los orientalistas se interesaban por el Sufismo como un conjunto descriptivo de un conjunto de creencias y prácticas religiosas, los místicos musulmanes lo empleaban tradicionalmente como un método preceptivo de transmisión de determinados ideales éticos y espirituales. En realidad, todas y cada una de las múltiples formas de actividad que practican estos místicos tienen nombres y terminologías diferentes.

Bajo la presunción de que el Sufismo no era parte del Islam, muchos académicos e investigadores buscaron sus orígenes ya fuera en la influencia de la cultura greco-cristiana o del misticismo hindú. Si bien es claro que dichas influencias han existido, estas no se constituyeron en determinantes a la hora de definir las vías de la mística islámica, de igual manera que la ocasional influencia del Islam en tradiciones cristianas e hindúes no ha cambiado el sentido de dichas religiones. A este respecto, Lloyd Ridgeon afirma:

Si bien prácticamente no hay duda de que influencias no islámicas contribuyeron al desarrollo del movimiento que ha sido conocido como Sufismo, también es cierto que en sus orígenes el Sufismo nace como resultado de individuos reflexionando sobre fuentes islámicas.

Este tipo de debates ya se habían presentado en otros momentos, no solo fuera del Islam sino dentro de corrientes fundamentalistas musulmanas que asumían una vivencia religiosa determinada en una interpretación literal del texto coránico. Contra este tipo de afirmaciones, Ibn Jaldún, el gran pensador tunecino del siglo XIV sostenía:

El Sufismo pertenece a las ciencias de la ley religiosa que tuvieron origen en el Islam. Se basa en la suposición de que las prácticas de sus fieles siempre habían sido consideradas por los primeros musulmanes –los hombres que rodearon a Muhammad y los de la segunda generación, así como los que llegaron después de ellos– como el sendero de la verdad y la guía correcta. El enfoque sufí se basa en la dedicación constante al culto divino, la devoción absoluta a Dios, aversión al falso esplendor del mundo, la abstinencia del placer, la propiedad y la posición social a la que aspira la gran masa, y el retiro del mundo en soledad para practicar la oración y el culto divinos.

En efecto, el Sufismo solo puede ser entendido en su exacta naturaleza si es incluido dentro de una tradición religiosa que busca en el Corán, como texto revelado, las bases de sus prácticas, conceptos y simbología, complementándose con los hadices, (dichos que registran las opiniones y actos del profeta Muhammad), el kalam (teología especulativa) y la sharia (ley islámica). Sin embargo, para los místicos musulmanes el proceso de vivir su religiosidad no se limita a la correcta creencia y prácticas, sino que esta deberían ser vistas como la base sólida sobre la cual iniciar una búsqueda de la esencia de lo divino.

En efecto, dado que el profeta mismo del Islam no puede ser entendido como un mero personaje político, sino que para los musulmanes implica un modelo a imitar, habiendo sido huérfano desprotegido y jefe notable, habiendo conocido la derrota y la victoria, el dolor de perder a padres y a hijos, un guerrero y un maestro, un hábil político y un esposo devoto. Por supuesto, la naturaleza misma de la obra de Muhammad implica para sus seguidores la consideración de que su relación con Dios pasaba por ser una experiencia mística en muchos aspectos. Además de dedicar largas jornadas a la oración, el ayuno, a la meditación, la revelación del mensaje divino se manifestaba como un tipo de experiencia única, intransmisible e incomunicable. Pese a esto, en esta primera época del Islam (siglo VII) nunca se considera positivo el alejamiento de la sociedad. Todo lo contrario, siempre se hizo énfasis en la importancia de la vida en comunidad. Dentro de la memoria religiosa islámica, estos tiempos constituyen un ideal y un referente, ya que se considera que los compañeros del Profeta (sahabas) constituyeron una sociedad perfecta.

Estas primeras generaciones de musulmanes no conformaron, sin embargo, una sociedad diferenciada y compleja; esto solo se produciría un par de siglos después.
En efecto, tras la muerte de Muhammad en 632, varios individuos que pretendían dar importancia especial a su vivencia religiosa buscaron compartir sus experiencias, lo que condujo a que se crearan núcleos de discípulos alrededor de ellos. Estos místicos constituían un referente no institucionalizado de saber religioso al cual acudían gobernantes, juristas, sabios y musulmanes corrientes. Si bien inicialmente no estaban estructurados, progresivamente empezaron a constituir grupos de discípulos reunidos en torno a un maestro espiritual. El nombre con el que se les conoció a partir de entonces fue el de tariqa, proveniente de la palabra árabe tariq (camino o sendero), ya que transmitían verdades ocultas para la mayor parte de los seres humanos, adquiribles solo por la experiencia, y que, se considera, han seguido un camino de sucesión discipular que se remonta hasta el mismo profeta Muhammad. Lo usual fue que estas organizaciones fueran conocidas por una alusión a su fundador, presunto o real, tales como la Qadiriyya, establecida por el gran maestro Abd al Qadir al Hilan (m. 1066) o la Mevlevi, fundada por Yalal ad-Din Rumi, conocido como Mevlana (m. 1273).

Durante los siglos XIV y XV, con el ascenso del Imperio Otomano, las órdenes místicas que ya habían alcanzado un alto grado de complejidad en su estructura, la cual incluía novicios, iniciados, maestros y superiores (Pir o Sheij), empiezan a contar con unos ritos y ceremonia que los particularizarían de otros. Esta mejor estructuración hizo que muchas tariqas ejercieran una creciente influencia sobre la población, poder que se consolidó gracias a la figura jurídica del Waqf, forma de donación religiosa que dotaba de ciertos derechos de explotación sobre una propiedad al grupo religioso en cuestión, convirtiéndolo en inalienable. Debido a que en teoría el sultán era el dueño legitimo de los territorios del Imperio, ninguna propiedad era heredable. Por esta razón, para garantizar la posesión de algunas propiedades, muchas personas optaron por donarlas parcialmente a una orden religiosa, con lo que se convertía en inembargable. Como resultado, a fines del Imperio, los Waqf, si bien no estaban únicamente en manos de las tariqas, si representaban cerca de la mitad de las tierras cultivables otomanas.

El proceso de expansión de las tariqas no fue exclusivamente privado, ya que el Estado también apoyo su consolidación como una forma de obtener legitimidad y control sobre los asuntos religiosos, si bien el sultán mismo, como cabeza del califato, era en teoría el centro del mundo islámico sunní.

El siglo XX, por el contrario, implicó la crisis para la mayor parte de las expresiones místicas musulmanas, en la medida en que con la aparición de proyectos laicos de estado se atacó a estas complejas organizaciones, ya que sus amplias redes comunitarias se veían como una competencia directa con el poder.

Por otro lado, el surgimiento de movimientos reformistas musulmanes implicó un revisionismo de las bases mismas de la creencia religiosa, en un intento por limpiar de impurezas las prácticas islámicas. Si bien ya desde los primeros siglos del Islam algunos sabios llamaron la atención sobre lo que a sus ojos eran exageraciones o desviaciones, siendo uno de los casos más conocidos el de Ibn Taimiyyah (1263-1328), quien criticó algunas órdenes sufíes, mas no a todo el Sufismo; la posición de algunos grupos literalistas, entre ellos los wahhabis, fue la adopción de la hipótesis de los académicos orientalistas, que sostenían que el Sufismo tenía raíces griegas, hindúes o cristianas, pero no islámicas, por lo que resolvieron considerar al Sufismo como una herejía externa al Islam.

El cuadro anteriormente descrito hace referencia a la tradición suni, que es la dominante en el mundo islámico. En lugares como Irán, así como en otros territorios en los que es dominante el chiismo, el Sufismo se ha visto en franca competencia con dicha tradición islámica debido a que ésta no excluye la experiencia mística de la doctrina, de la que hace parte junto a aspectos como el derecho y la teología, quedando dentro del era de injerencia de los ayatolás. De hecho, muchos líderes religiosos, particularmente tras el triunfo de la Revolución islámica de Irán, se esforzaron por debilitar el poder de las órdenes sufíes por la posible competencia que podían ofrecer frente al intento de monopolio de lo religioso que pretendía ejercerse desde el estado. La razón por la que esto no ocurrió en el sunismo, fue porque este generalmente hacia énfasis en la ley y en la teología, quedando la experiencia mística como un aspecto complementario, pero diferenciado de los intereses de los sabios y entes administrativos estatales.

Pese a su importancia, el fenómeno de la mística musulmana no puede ser reducido a la existencia de las tariqas. Mucho más importante dentro de la realidad cotidiana se encuentra la idea del santo, conocidos en el Islam como “amigos de Dios” (auliya’ Allah). Aunque en el Islam no existe ningún procedimiento institucional de canonización, el reconocimiento popular hace que estos siervos de Dios sean conocidos por facilitar la intervención divina gracias a su vida piadosa y humilde. Aunque no son del todo reconocidos por la teología dominante, se considera que algunos pueden propiciar milagros gracias a su papel de mediadores entre la divinidad y los creyentes. Sin embargo, siempre han existido santos musulmanes que reivindican la existencia de expresiones independientes, desvinculadas de grandes organizaciones, que logran un gran impacto social sin recurrir a la atribución de actos milagrosos, como es el caso del kurdo Said Nursi, que aunque fallecido en los años sesenta del siglo anterior, ha sido la figura principal del auge del Islam durante los últimos decenios en Turquía.

La practica sufí

Los ritos y técnicas practicados por los sufíes varían ampliamente, dependiendo de la tariqa. Algunas como la naqshbandiyya se mantienen muy cercanas a las prácticas comunes y al pensamiento de los ulemas (sabios religiosos), mientras que otras incluyen giros (soma), música y elaborados rituales. Sin embargo, la práctica más difundida es el dikr (recuerdo). Esta práctica consiste en la repetición constante de una jaculatoria mediante la cual se recuerda a la divinidad. Se puede realizar en voz alta o en voz baja, en grupo o de forma individual, generalmente sentado, pero existen prácticas de pie que incluyen movimientos en conjunto. La recitación implica unas técnicas respiratorias y movimientos corporales, mientras se recitan fórmulas que frecuentemente son los nombres de Dios o la profesión de fe: La ilaha illa Allah, Muhammadan rasul ul Llah (“No hay más dios que Dios, Muhammad es Profeta de Dios”). Mediantes estos ejercicios místicos el iniciado va penetrando en las verdades divinas, por lo que se diferencia si es dikr de lengua, de corazón o íntimo.

Otras formas externas del Sufismo que han gozado de amplia difusión, pero que también han sido blanco de críticas, particularmente de teólogos y movimientos rigoristas pese a su antigüedad y a trascender los limites de las escuelas islámicas, son las peregrinaciones a las tumbas de los hombres santos, a los que se piden favores, ya que se les considera cercanos a Dios, por lo que se convertirían en sus intermediarios.

El Sufismo y Occidente

La relación entre el Sufismo y Occidente no ha sido fácil. En primer lugar por el tipo de desconocimiento que, como observábamos anteriormente, ha existido sobre esta manifestación de la vivencia islámica, sino además por la particular relación que han mantenido la tradición cristiana y el mundo islámico. Mientras que por un lado comparten tantos elementos como para considerarse tradiciones hermanas, por otro lado sus aspiraciones comunes de validez universal han tendido a convertirlas en visiones en competencia.

Por esta razón, la primera llegada del Sufismo fuera del espacio académico se dio a través de santos musulmanes de la India, lo que produjo que se soliera asimilar ésta vivencia mística a la tradición hindú. Sin embargo, este creciente interés, originalmente en Europa y Estados Unidos, pero extensivo posteriormente a otros lugares como América Latina, ha causado que se haya producido una considerable expansión de las fuentes informativas acerca del misticismo islámico. Tanto en los países musulmanes como en Occidente, se han publicado muchos más textos sufíes en sus lenguas originarias y un número creciente de lenguas europeas, lo que ha hecho posible a los lectores acercarse al Sufismo para estudiarlo o simplemente para conocerlo.

Sin embargo, dicho malentendido acerca de la naturaleza originaria del Sufismo es notoria en los movimientos conocidos tradicionalmente como “nueva era”, que tienden a definir el Sufismo como:

Un antiguo sistema místico persa que ha sido absorbido por el Islam. Más que enfocarse en los cinco pilares de la práctica islámica, los sufís buscan la experiencia religiosa mediante trances místicos o estados alterados de conciencia, frecuentemente inducidos a través de danzas giratorias (los “derviches giróvagos”).

Desde esta perspectiva, el Islam sería un marco meramente incidental del cual sería posible prescindir –si no un obstáculo– en cualquier estudio acerca del Sufismo.

El Sufismo y la Nueva Era

Como sostienen René de la Torre y Cristina Zúñiga, en el momento actual es claro que las instituciones religiosas han dejado de ser las únicas proveedoras legítimas de bienes de salvación. Por el contrario, nuevos movimientos surgen obedeciendo a una lógica que en ocasiones ha sido considerada como “de consumo” en la medida que ofrece a los individuos la libertad –como los consumidores– de ensamblar su propio sistema creyente más allá de la referencia a un cuerpo de creencias institucionalmente válido.

Este tipo de fenómeno ha permitido la emergencia de nuevos colectivos que suelen ser denominados como “nuevos movimientos religiosos”. Bajo esta categoría difusa se enmarcan una gran cantidad de experiencias y organizaciones que bien pueden manejarse dentro de estándares más convencionales respecto a las grandes tradiciones religiosas o bien representar un desafío a estas elaboraciones. Por esta razón, en este escrito apelaremos al tipo de movimientos vinculados a los que suele denominarse como nueva era, y que se enmarcan más en la dinámica de lo que se podría denominar como “religiosidad a la carta”, en la medida en que los individuos entran en la posibilidad de seleccionar entre una serie de bienes y servicios religiosos aquellos que se ajustan a sus necesidades o deseos particulares, habiendo un acomodamiento de dichos movimientos al aprovechamiento de este fenómeno. En efecto, estas nuevas formas de espiritualidad parecieran no querer ligarse ni depender de una tradición milenaria, supuestamente inmutable y rígida, sino incorporar conscientemente elementos novedosos sin importar su origen, al considerar que están más acordes a las situaciones de la vida contemporánea.

Bajo esta óptica, la nueva era es un movimiento espiritual y cuasi religioso de origen occidental que se desarrollo durante la segunda mitad del siglo XX y que entre sus preceptos principales ve como un ideal la unión de la tradición oriental y occidental, poniendo en contacto las tradiciones religiosas con la psicología de la motivación, la parapsicología, la investigación de la conciencia y la física cuántica.

Los contactos del Sufismo con este tipo de movimientos se ha presentado mediante la vinculación de líderes espirituales de nuevos movimientos religiosos a tariqas tradicionales, que generan posteriormente brazos independientes arraigados en importantes ciudades europeas y norteamericanas. A fin de acomodarla al nuevo contexto, se ofrece una adaptación de la doctrina a un público no musulmán, proceso durante el cual muchos de los componentes propiamente islámicos del Sufismo son sacrificados.

Sufismo en Colombia

La presencia del Sufismo en el contexto colombiano está relacionado con la presencia de musulmanes practicantes y colombianos no creyentes adscritos a estas prácticas.

Dentro del primer grupo salve decir que el Sufismo no se encuentra muy difundido, siendo claro que existen algunas prácticas o simpatías hacia este tipo de vivencia mística, pero casi no existe una presencia estructurada de Sufismo musulmán. De hecho, se ha observado que existe una tendencia dentro de algunos colectivos musulmanes a rechazar las prácticas místicas, mostrando una tendencia literalista, al considerarlas innovación dentro de la religión (bida’: Una de las mayores faltas dentro del Islam). No deja de ser llamativo que esta tendencia es recurrente dentro de conversos al Islam, si bien no llega a ser dominante. Acaso una de las únicas manifestaciones activas de sufís es la presencia de contados discípulos de la tariqa Mevlevi, que realizan las prácticas de dikr (recordar a Dios) y soma (Giro).

Otro tipo de manifestaciones vinculadas al Sufismo se da en personas que, atraídas por el fenómeno de “nueva era”, incluyen dentro de su experiencia algunas prácticas como el dikr, sumándolas a otras prácticas y saberes provenientes del Hinduismo y el Budismo. De manera cada vez más recurrente en espacios académicos, en salones de terapias orientales como el yoga o en espacios privados tales como salas en casas y apartamentos, rituales como el soma y el dikr son enseñados como técnicas de sanación o como terapias espirituales a las que se suele asignar un origen, más que islámico, recurrentemente hindú. Aunque muchas de estas manifestaciones son desarticuladas y por lo tanto son difíciles de rastrear, otras obedecen a la presencia de colectivos internacionales bien instituidos y que obedecen a la tradición estructural y discipular de las tariqas, si bien sacada de su contexto religioso original.

El Movimiento Sufí Internacional

Acaso la organización sufí más notoria dentro de la escena nacional sea el Movimiento Sufí Internacional. Los orígenes de esta agrupación se remontan a 1910 cuando su fundador, Hazrat Inayat Khan dejó India para viajar por Europa y Norteamérica, en donde fundó el movimiento y se estableció hasta 1926, cuando volvió a su país de origen. Pir-O-Murshid Hazrat Inayat Khan nació en el estado indio de Boroda en 1882 dentro de una familia de músicos. Si bien aprendió este arte, muy pronto se vinculó al brazo Nizami de la tariqa Chisti, fundada en la Persia del siglo X por Khwaja Abu Ishaq Chisti. Una vez dentro del grupo inició su discipulado, después del cual viajó por otros lugares de la India, en donde tuvo contacto con otras tariqas musulmanas y con movimientos místicos hindúes. Se dice que su maestro le encomendó la tarea de “armonizar Oriente y Occidente con la armonía de su música” , por lo que estableció centros discipulares en Inglaterra, Francia y Suiza, inicialmente, y poco después en Estados Unidos, en donde se casó.

Tras su muerte el liderazgo del grupo pasó a su hijo Vilayat Inayat Khan, quien mantuvo dicho cargo hasta su muerte en 2004. El liderazgo actual está en manos de Zia Inayat Khan, hijo de Vilayat. El grupo, sin embargo, no ha dejado de conocer algunas fracturas y divisiones, que reconocen la herencia de su fundador, pero han creado organizaciones paralelas que poseen unos principios y prácticas semejantes. Actualmente bajo la figura de Sufismo Universal se amparan tres grupos que se reconocen como herederos de la orden originaria:

Sufi Order International

International Sufi Movement

Sufi Ruhaniat International

El movimiento en Colombia forma parte de la variante latina del Movimiento Sufí Internacional. Por esta razón, reconoce en Murshid Hidayat Inayat Khan, hijo de Hazrat Inayat Khan, su líder. A nivel latinoamericano existen varios grupos, pero su pequeño tamaño no permite ni justifica la existencia de una estructura más desarrollada. Por esta razón existe una representante para América Latina y los encuentros, que tienen lugar con cierta regularidad, tienen lugar en diversas ciudades y alternan con los encuentros que tienen lugar en Europa. El grupo, por lo demás, mantiene relación con otros grupos relacionados con búsquedas místicas y con practicantes del Sufismo como terapia curativa. En general, las unidades que existen en cada ciudad están conformadas principalmente por profesionales de diversas áreas, que van desde las ciencias de la salud, pasando por las humanidades, hasta administradores e ingenieros. No poseen unos templos o centros espirituales fijos, sino que muchas veces sus lugares de reunión son la vivienda de alguno de ellos, realizándose los rituales en salas u otros espacios que ofrezcan cierta intimidad y comodidad. Sin embargo, ocasionalmente realizan encuentros en fincas o en lugares de reunión de otras organizaciones de búsqueda mística y espiritual.
Doctrinas
El Movimiento considera que el Sufismo es un tipo de esfuerzo por elevar el conocimiento humano. Según Hidayat Inayat-Khan:
El Sufismo por sí mismo es la esencia de todas las religiones… El Sufismo revela todos los matices y colores representados por las variadas religiones del mundo, sin tener él mismo un color en particular. El Sufismo no es una religión ni una filosofía, tampoco deísmo ni ateismo, ni es una moral ni un tipo especial de misticismo, estando libre del sectarismo religioso usual.
Desde este punto de vista, el Sufismo es una búsqueda, un camino que sin embargo debe seguirse de acuerdo a la guía que ofrecen los maestros, quienes han recorrido el sendero primero que el discípulo. Desde este punto de vista, lo que se busca es un mejoramiento de la esencia humana, no tanto trascendencia o salvación:
El término “Sufí”, que significa sabiduría, no sólo se refiere a antiguas escuelas, conocidas o desconocidas, en las que los conceptos espirituales han florecido a través de las épocas y cristalizado subsiguientemente dentro de varias órdenes. En realidad él se refiere a todos los esfuerzos hechos para elevar el entendimiento humano a un nivel de despertar espiritual, que es el resultado de la purificación de la mente de las limitaciones de barreras tradicionales, así como de las propias ideas preconcebidas construidas en forma inconsciente día a día.
La razón por la que se inicia este proceso es porque se piensa que es necesario un despertar de los principios morales básicos y de la honestidad en espiritualidad, ya que de no ser así la humanidad seguiría esclavizada por la tiranía impuesta por la ilusión de la “Verdad”.

Sin embargo, este esfuerzo o las bases de dicho camino no son integradas dentro de la tradición islámica, sino que son extraídas de su base religiosa para integrarlas a una espiritualidad desinstitucionalizada. En este sentido, no hay un acercamiento a las mezquitas ni a los espacios de oración. Se reconoce que existen experiencias sufíes en el Islam, pero se asume que esto es una casualidad, dado que este tipo de experiencias se encontraría en todas las sociedades. En últimas, lo que aquí se toma del Islam es el nombre, algunos conceptos y expresiones, y la estructura de tariqa:

El Sufismo no es una religión ni un culto, ni una doctrina o institución dogmática. Quizás se podría decir que el Sufismo es la misma religión del corazón que siempre ha estado, desde que la sabiduría fue sabiduría. Las escuelas esotéricas pueden rastrearse hacia atrás…

El Sufí es un católico al producir el cuadro del ideal de devoción en su alma, y el Sufí es un protestante al renunciar a las ceremonias del culto. El Sufí  es un Brahmán, pues la palabra Brahmán significa conocedor de Brahma, de Dios, del Único Ser. El Sufí es un Musulmán  sin ninguna duda, no solo porque muchos Musulmanes resultan ser Sufíes o debido al uso de la fraseología Musulmana, sino porque prueba en su vida lo que un verdadero Musulmán es y lo que el corazón del verdadero Musulmán debe ser. Para un Sufí, la diversidad de nombres y formas de las doctrinas religiosas del mundo son como velos que cubren el fenómeno del Espíritu de Guía que se manifiesta constantemente a través de todos los niveles de evolución.

En efecto, cuando se comparan los principios islámicos propuestos por Hazrat Inayat Khan con los principios espirituales propuestos por el Movimiento Sufí Internacional, se observa el distanciamiento del Islam que ha tenido esta forma de espiritualidad, lo cual lleva a que su relación con el mismo sea prácticamente inexistente. Se podría afirmar que mientras el Islam sigue siendo una religión revelada en torno a la idea de un Dios único diferenciado de la creación, el mensaje sufí es un tipo de espiritualidad conceptualmente poco definida, con una visión del mundo de tipo panteísta.

Bases del Islam

1. No hay mas dios que Dios

2. Muhammad es Profeta de Dios

3. Dios ha revelado su mensaje en el Sagrado Corán.

4. El Islam es la religión del universo y de la humanidad, en el sentido en que ambos están sometidos a Dios. Quien ejerce dicho sometimiento conscientemente y de acuerdo a los principios de la religión revelada es musulmán.

5. Sharia: La ley Islámica se basa en la revelación y en el ejemplo del Profeta Muhammad.

6. Existe la comunidad de creyentes, valor máximo del Islam (Umma).

7. Dios ha determinado el bien y el mal, en provecho de los seres humanos. Quienes siguen sus principios llevan su vida basados en el bien.

8. Toda adoración debe ser dirigida a Dios: El único.

9. La verdad está dada a través de la revelación, manifestada en el Sagrado Corán.

10. Existe el juicio final y el paraíso y el infierno.

Bases del Movimiento Sufi Internacional 

1. Existe un solo Dios, el Eterno, El único Ser: nada más existe sino Él.

2. Existe un Maestro, El Espíritu de Guía para todas las almas, que constantemente conducen a sus seguidores hacia la Luz.

3. Existe un Libro Sagrado, el Sagrado manuscrito de la naturaleza, el único escrito que puede iluminar al lector.

4. Existe Una Religión, el progreso inmutable en la dirección correcta hacia el ideal, que realiza el propósito de la vida de toda alma.

5. Existe Una Ley, la Ley de la Reciprocidad, que puede ser observada por una consciencia desinteresada junto con un sentido despierto de la justicia.

6. Existe Una Hermandad, la hermandad humana, que une los hijos de la tierra, sin discriminación, en la Paternidad de Dios.

7. Existe Un Principio Moral, el amor que surge de la auto-negación y florece en actos de beneficencia.

8. Existe Un Objeto de Adoración, la Belleza que eleva el corazón del adorador a través de todos los aspectos de lo visible a lo invisible.

9. Existe Una sola Verdad, el verdadero conocimiento de nuestro ser, dentro y fuera, que es la esencia de toda sabiduría.

10. Existe Un Camino, la aniquilación en lo ilimitado que eleva lo mortal a la
inmortalidad y en la cual reside toda perfección.

Fiestas

Otro punto de separación entre la herencia islámica y el Movimiento lo constituyen el calendario y las celebraciones religiosas. Mientras que para el Islam el calendario es lunar y las festividades están dadas desde los tiempos del Profeta, en el caso del Movimiento Sufí Internacional el calendario es lunar y las celebraciones religiosas son relativas al surgimiento del grupo en torno a la vida del maestro fundador.

En efecto, para los musulmanes, el hecho fundacional a partir del cual se datan los años es la migración (hiyyra, en español “hégira”) que realizó el primer grupo de musulmanes de Mecca hacia Medina en el año 622 del calendario occidental. Además de los rituales cotidianos, las principales celebraciones en el calendario islámico son:

• El ayuno voluntario al comenzar el año nuevo, para conmemorar la migración de Meca a Medina, durante el mes de Muharram.

• No es obligatorio pero si recomendable el ayuno durante la fiesta del Ashura, cuando se conmemora la salvación de Moisés y los israelitas por parte de Dios, cuando los perseguía el Faraón. Se conmemora en el décimo día del mes Muharram.

• Es meritorio ayunar en Shaban, el octavo mes, como preparación al mes de Ramadán.

• En el noveno mes, Ramadán, es obligatorio el ayuno total desde el amanecer hasta es atardecer.

• Fiesta de ‘Id al-Fitr: El primer día del mes decimo, Shawwal, se celebra el fin del ayuno.

• El decimosegundo mes es Dhul Hiyyah y durante este tiene lugar la peregrinación a Mecca.

• Fiesta de ‘Id al-Adha el décimo dia de Dhul Hiyyah, durante la cual se sacrifica un cordero.

Para el Movimiento Sufí Internacional existen festividades distintas a las anteriormente descritas, las cuales tienen que ver con el hecho fundacional del Movimiento mismo. Este es otro punto que implica la ruptura frente a la tradición islámica, al reemplazarse el calendario religioso por uno nuevo, en el cual no se tienen en cuenta los años desde la hégira. Estas celebraciones son:

• Dia de Visalat (5 de febrero): Se celebra el urs de Hazrat Inayat Khan. El urs (palabra de origen persa) es el nombre con el que se conoce la conmemoración del aniversario de la muerte de un santo sufí, especialmente en el sudeste asiático.

• Dia de Vilayat (5 de julio): Se celebra el nacimiento de Hazrat Inayat Khan, el fundador del Movimiento.

• Dia de Hejirat (13 de septiembre): Se celebra el inicio de la misión de Hazrat Inayat Khan en Occidente.

Rituales

Un aspecto de la vida ritual alrededor del cual gira la experiencia religiosa del sufí dentro del Movimiento existe y posee una gran importancia dentro de la tradición islámica. Este es el acto de dikr que, como habíamos dicho anteriormente, consiste en el acto de recordar a Dios. Sin embargo, en el caso de los sufíes del Movimiento las formulas en árabe son recitadas en los rituales, siendo expresadas en una forma que es derivada de la pronunciación persa del árabe, lo que a ojos de los sufíes musulmanes implicaría una cierta falta de rigor. El aspecto más llamativo se da en actos como el de reinterpretar la expresión La ilaha illa Allah (No hay mas divinidad que Allah) como “Lo único que existe es Dios”.

El dikr, sin embargo, se realiza a la manera clásica, haciendo énfasis en la respiración y en el abandono del pensamiento, ya que en últimas lo que se busca es la aniquilación del ego. Así, mientras se va acortando la expresión hasta hacer énfasis en el puro gesto exclamativo “h”, los participantes armonizan sus movimientos bajo la dirección de un líder. La realización de danzas o de movimientos giratorios es parte de los ejercicios pero siempre deben contar con autorización del maestro.

Conclusiones

Como se observó, la llegada del Sufismo como experiencia mística, a Occidente y, en especial, al mundo latinoamericano está relacionada, más que con la llegada del Islam al continente, con la aparición de movimientos relacionados con la categoría de “nueva era”. Por esta razón, no es posible considerar que los conceptos hayan pasado sin cambios del Islam a las tariqas tales como el Movimiento Sufí Internacional. Por el contrario, la terminología que surgió en un contexto tradicional musulmán pasa a ser reinterpretada para dar sentido a las múltiples influencias que estos grupos suelen tener, dentro de las cuales es clara la existencia de conceptos provenientes del hinduismo.

Desde cierta óptica se podría afirmar que mientras que las tendencias fundamentalistas pretenden una revitalización de las verdades elementales de su fe, así como una forma de vida que se acerque lo más posible a lo que los fundamentalistas creen fue el origen prístino de su religión, en el caso de estos nuevos movimientos religiosos no se ligan a una tradición constituida, sino que buscan incorporar elementos de diversas tradiciones, en algunos casos generando fenómenos del tipo “religiosidad a la carta”, en donde casi que cada persona realiza su propia mezcla para consumo propio. En el caso del Movimiento Sufí Internacional, si bien se posee la adscripción originaria a una tariqa histórica, se da un proceso de rompimiento que lleva a que sus maestros elaboren una nueva forma de expresión espiritual sobre la base de las antiguas prácticas. Este tipo de visión considera que dado que existen verdades compartidas universalmente, es legítimo tomar elementos de varias tradiciones, sin importar qué realidades surgidas en contextos monoteístas radicales se relacionen con lo que de manera reduccionista se suele denominar “sabiduría oriental”. Desde cualquier punto de vista, este tipo de experiencias dejan de participar de la experiencia islámica, ya que entran dentro de la categoría de bida’, es decir, innovación en religión, una de las faltas más graves dentro del Islam, según una perspectiva clásica y conservadora.

Sin embargo, este tipo de experiencias son totalmente legítimas, en el sentido en que la experiencia religiosa no constituye un monopolio. En cada generación, quienes generan cambios en realidad suelen estar buscando reencontrarse con el origen, con la fuente, liberando la creencia y la práctica de aquello que consideran superfluo o añadido. Así, constantemente viejas verdades son reinterpretadas y adquieren nuevos significados. De hecho, esa es la historia de la religión. Los nuevos movimientos religiosos continúan apareciendo en las sociedades contemporáneas, al tiempo que siguen generando controversia. Muchos de estos con el tiempo logran un reconocimiento general, lo cual no implica que dejen de generar controversia, dado es que parte de su naturaleza. Los fenómenos sincréticos y experimentos de salidas espirituales de hoy pueden constituir la ortodoxia del mañana. Como dice el profesor Timothy Miller:

Todo tipo de religión refleja la cultura en la que está situada. Sus miembros son personas que en su mayor parte son buscadores sinceros de realización espiritual. La búsqueda espiritual no consiste en una entidad que se ajuste a todas las necesidades; por esta razón las personas seguirán tomando muchos caminos diferentes, tal como lo han hecho desde el comienzo de la historia.
 

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