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Hashim Cabrera: el humanismo, la realidad y el argumento (I)

Entrevista que forma parte de la semblanza de Hashim Cabrera que aparece en el libro de José Miguel Vila Dios Ahora,

15/06/2011 - Autor: José Miguel Vila - Fuente: Webislam
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Hashim Cabrera. (Foto: Ahmed Munir).
Hashim Cabrera (Foto: Ahmed Munir)

Hoy sigue apellidándose Cabrera pero su nombre, Rafael, que aún mantiene en el DNI, lo cambió hace muchos años por el de Hashim Ibrahim. Es pintor y diseñador gráfico con más de 40 años de profesión, y musulmán convencido desde hace 26.

Líder espiritual —a su pesar, porque varias veces niega con humildad su condición de imám— y ferviente admirador del sufismo, la corriente más mística del islam. Aunque él no se vea a sí mismo como maestro o imám (“me da un poco de vergüenza porque no sé mucho árabe, ni mucho Corán…”), Hashim lo es porque, en los momentos en que su comunidad se reúne, le pide que sea él quien dirija la oración, aunque una y mil veces nos proclame su ignorancia.

Casado en segundas nupcias, con dos hijos ya mayores de su primer matrimonio, y cuatro más de su segundo, el actual, Hashim vive y sobrevive, en esta última etapa de su vida, desde hace 29 años, en la Andalucía profunda, en un pueblo de Córdoba de claro ascendiente andalusí, Almodóvar del Río, y allí, en medio del campo, en plena naturaleza, a 20 kilómetros de la capital del califato, trabaja cada minuto para irradiar su fe, su pensamiento, su obra, casi apartado del mundanal ruido, pero sabedor de que el mundo entero está a sólo un golpe de teclado.

En una de las webs más influyentes del islam español (www.webislam.com) viene colgando desde 1996 decenas de artículos sobre los más variados temas: religiosos, islámicos, sociales y de actualidad, incluso políticos, que tienen en común una factura impecable, una documentación exhaustiva y un arma común: la claridad y el argumento.

De él se dice en la red que es “uno de los más destacados pensadores del islam andalusí contemporáneo; que es miembro y dirigente de la Junta Islámica de España; que es también cofundador del Centro de Documentación y Publicaciones Islámicas (CDPI); que ha sido director de la Revista Verde Islam desde sus inicios y, por último, que es, así mismo, autor de numerosas publicaciones de las que aquí sólo señalamos unas cuantas: Islam y arte contemporáneo (1994), Párrafos de moro nuevo (2002), Iniciación al islam (2005) y Jutbas de Dar as-Salam (2007)’. Actualmente está terminando de editar un nuevo ensayo: “Ishraq, los colores del alma, un ensayo sobre hermenéutica del color.”

Hombre de paz, sobre todo, Hashim habla sin prisa, pausadamente, pero con la pasión del artista y del hombre de fe que tiene muy bien plantados los pies en la tierra.

Del Opus al antifranquismo

Nacido en Sevilla en 1954, sus primeros años, sin embargo, discurrieron a caballo entre Córdoba y Almodóvar del Río, el pueblo en donde ahora reside. Vivió una infancia muy normal, como la de cualquier niño de los años 60 del siglo pasado. De familia cristiana tradicional, era hijo de católico ferviente que desde el principio intentó educar a sus hijos en la doctrina en la que creía. Estuvo durante nueve años en un colegio del Opus Dei en Córdoba: “Mi proceso fue muy parecido al que sufrieron muchos otros chavales de aquellos tiempos, es decir, el de un niño religioso que había tenido una cierta experiencia espiritual intensa y que, a medida que va creciendo y se encuentra ya en la adolescencia, empieza a descubrir interiormente una serie de contradicciones que, en un momento determinado, llegan a hacerse verdaderamente insuperables”.

Quizás la mayor y más intensa de esas contradicciones fuera la tensión entre su experiencia de bondad, de atención de ese Dios bueno que se le proponía, creador de una naturaleza pródiga, abocada al bien de todos los hombres, y esa otra realidad religiosa cotidiana que veía a su alrededor “tendente a la doble moral, a una serie de ideas que chocaban frontalmente con mis propias experiencias espirituales”.

Todo eso abocó al adolescente Rafael, a sus 15 ó 16 años, a poner tierra por medio entre él y la religión: “Me distancié de todo tipo de práctica religiosa pública y dejé de asistir a misa” lo cual le trajo también consigo una cierta discriminación con respecto al resto de los chicos de su entorno. Utilizando sus propias palabras, se erigió en una especie de “pionero en la rebeldía ante la religión institucional”.

Pasar de un mundo en donde todo estaba determinado a otro sin ninguna referencia fue difícil. En el caso de Rafael, ese hecho se combinó con otra crisis familiar que le sumió en un cierto desequilibrio psicológico, una neurosis bastante fuerte, con la que estuvo luchando durante varios años “pero a medida que iba avanzando en ese proceso de liberación y de distanciamiento encontraba más razón y más fundamento a aquella actitud”. Esa circunstancia, unos años más adelante, con su entrada a la Universidad le situó, si no en un ateísmo militante, sí, desde luego, en un agnosticismo claro, “en el sentido de dejar de lado cualquier tipo de práctica y creencia religiosa”.

Paralelamente, se fue despertando en Rafael su conciencia política y pasó a tener una cierta actividad como luchador “contra el fascismo y el autoritarismo en la Universidad española de comienzos de los años 70, coincidiendo con la agonía y los últimos coletazos del franquismo”. Al mismo tiempo, se fue interesando cada vez más por todo ese tipo de ideologías tan presentes a mediados de los 70 y principios de los 80, el marxismo, el psicoanálisis, la contracultura, el mundo de la psicodelia y la búsqueda en otras culturas y tradiciones espirituales como el yoga, el budismo zen, las nuevas ideas de la ciencia, las nuevas teorías sociológicas, etc.…

En bachiller fue un excelente estudiante que, en un principio, cedió a las presiones familiares y comenzó Arquitectura, aunque su verdadera vocación, descubierta en esos primeros años universitarios, fue las Bellas Artes, y más en concreto la pintura. Pero al plantear en casa ese giro de 180 grados de abandonar el camino científico por el artístico surgió inevitablemente el conflicto. El término medio fue comenzar Filosofía y Letras. Estudió los dos años comunes y un tercero en la especialidad de Literatura Española, pero nunca llegó a licenciarse.

Antes de terminar la carrera se marchó a Italia y en varias ciudades sobrevivió pintando y haciendo retratos en las calles... Su periplo lo llevó primero a Florencia y luego a varias ciudades de la costa andaluza, para acabar en Nerja (Málaga), en donde Hashim contrajo sus primeras nupcias, y, posteriormente, otra vez Almodóvar. Ese fue el final de una etapa y el comienzo de otra nueva en su vida.

Había vivido y superado una fuerte crisis neurótica, en que desembocó aquel proceso de lucha personal, y otra vez regresaba al mismo punto, Almodóvar, para intentar reconstruir su vida, después de esa etapa en la que el alcohol y el abuso de sustancias psicotrópicas, lo habían dejado casi destrozado. Y lo que en principio era un periodo de descanso temporal con el ánimo de rehacer otra vez su vida, se convirtió en un punto de partida… “y aquí me quedé”. El alcohol fue durante varios años para Hashim el único resquicio al que agarrarse: “Al mismo tiempo que había una búsqueda había también una huida, un intento radical de comprender una serie de cosas que después he tardado muchos años en poder asimilar… Hoy creo que en ese proceso había también un componente de autodestrucción que, afortunadamente para mí, se recondujo y me llevó a un estado de claro equilibrio personal”.

Fue poco tiempo después de haber abandonado el alcohol cuando entró en el islam y no al contrario, como podría pensarse: “Mucha gente me dice que soy un pintor abstracto porque soy musulmán, y que es por la misma razón por la que no bebo alcohol. La realidad es otra: yo dejé de beber años antes de ser musulmán y cuando acepté el islam ya hacía tiempo que había dejado atrás el naturalismo y había entrado de lleno en la abstracción, fascinado por Kandinsky, Rothko y tantos otros artistas contemporáneos…”.

Sufismo

Años después, otra vez en su Andalucía natal, Cabrera se reencontró con compañeros de su ya lejana etapa de la lucha política antifranquista que habían descubierto en el islam, y más concretamente en el sufismo, la aclaración a aquella frenética búsqueda, a tantas y tantas preguntas que durante años habían permanecido sin una respuesta satisfactoria. A través del trato con aquellos amigos se fue acercando, poco a poco, al islam hasta que, finalmente, en Salobreña (Granada) se reconoció como musulmán en 1987. Sólo desde entonces Rafael pasó a llamarse Hashim.

Por su condición de artista, de heterodoxo y “disidente”, el musulmán Hashim dice que, en principio, su actitud fue considerada por su entorno más próximo como una especie de pose esnobista a la que no se dio mucha importancia en los primeros años. Pero, a medida que fue pasando el tiempo y su forma de vida fue cambiando visiblemente, fue notando una cierta exclusión, un cierto rechazo en algunos sectores sociales, aunque también un mayor respeto por parte de otros.

El islam supuso para Hashim el descubrimiento de una nueva concepción del mundo. Y, al mismo tiempo, la resolución de una serie de conflictos que habían estado sobre el tapete de su vida durante muchos años: “En el islam encontré una vía por la cual pude recobrar la dimensión trascendente, la experiencia espiritual que tan importante había sido para mí en mi infancia. Y todo ello dentro de una cosmovisión no contradictoria con el pensamiento científico y racional… Porque una de las grandes contradicciones de mi adolescencia era que, a medida que progresaba en un cierto conocimiento, a medida que iba descubriendo el pensamiento contemporáneo, la ciencia, etc. me iba dando perfecta cuenta de la fractura que había entre ese pensamiento y la doctrina religiosa que yo había recibido. Para mí el islam supuso una especie de restañamiento de esa herida y la posibilidad de rehacer interiormente una vida trascendente conciliándola con una visión religiosa y social más equilibrada y con una relación interpersonal más ponderada”. Fue, en efecto, para Hashim el inicio de una etapa de equilibrio personal que, en las varias horas de entrevistas que hemos mantenido, ha dado muestras permanentes de no haber abandonado nunca.

Hashim se siente una persona absolutamente normal a quien le cuesta mucho trabajo reconocerse como uno de los líderes espirituales de los musulmanes de la España del siglo XXI: “Transito el camino de la espiritualidad por una verdadera necesidad de supervivencia… pero yo no me siento líder ni espiritual, ni intelectual ni artístico”. Aunque agradece de corazón a sus hermanos, a sus compañeros, que lo señalen como referente, como maestro, como imám, para los musulmanes que hoy pueblan nuestro país, “a lo único que aspiro es a ser un buen ser humano, lo más humano posible”.

La comunidad islámica de Almodóvar del Río se reduce a unas cuantas familias. En otros momentos fue algo más grande, pero Hashim se conforma con que, de una u otra forma, sea siempre “un semillero abierto a la recepción de personas que pasan por allí, y que luego se marchan: Nosotros constituimos en cierto modo un ámbito en el que se cuecen proyectos que luego fructifican aquí o en cualquier otro lado”.

Nos preguntamos si en el pueblo cordobés esa pequeña comunidad religiosa es vista con respeto o como algo exótico y el imám nos resuelve la duda al afirmar que todos los musulmanes están muy integrados en la actividad social y cultural del pueblo, y eso al margen de que Hashim es un hombre intimista, al que le gusta disfrutar de la soledad, en medio de la naturaleza, donde está enclavada su casa, con grupos reducidos de amigos… “pero eso no es óbice para que los musulmanes tengamos una vida bastante activa en la vida comunitaria”.

Y, efectivamente, Cabrera ha trabajado bastante en el ámbito de la política cultural de Almodóvar planteando y desarrollando varios talleres, “pero siempre conservando la independencia de cualquier partido político porque yo tengo la convicción de que para poder llevar adelante un proyecto cultural o educativo de cierto calado, uno tiene que estar libre de esas ataduras. Es muy difícil llevar adelante un proyecto verdaderamente trasformador cuando tienes servidumbres partidistas. Y todo eso, independientemente de que cada uno tenga su forma de pensar, su ideología, que en mi caso estaría claramente más próxima al ámbito socialdemócrata que al de planteamientos más conservadores y autoritarios”.

José Miguel Vila es periodista, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Dirección de comunicación, rtelacioes públicas y protocolo. Ha sido director de Canal II Radio y es Director técnico de Comunicación de la ONCE y asiduo colaborador de RNE Radio 5. Cuenta con el premio Inserta de Comujicación de la ONCE, , Premio Internacional de periodismo de Colombia. Autor de varias obras de investigación, entre las que destacan Con otra mirada (Ed ONCE 2003), Mujeres del Mundo (Imagine Ediciones 2005) y Prostitución: Vidas quebradas (Imagine Ediciones 2008)
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