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Desde la táriqa del corazón (XXVIII): El encuentro como revolución

Parece como si toda la sociedad estuviese experimentando algún tipo de cambio trascendental cuyos resultados aún son incognoscibles

07/06/2011 - Autor: Sáleh Abdurrahim ‘Isa - Fuente: Webislam
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Encontrar el equilibrio a través del reconocimiento… (Foto: todoele.org).
Encontrar el equilibrio a través del reconocimiento… (Foto: todoele.org).

Bismil-Lahi r-Rahmani r-Rahim…

“¡Oh gentes! Ciertamente, os hemos creado a todos de varón y hembra, y os hemos hecho naciones y tribus, para que os reconozcáis unos a otros. ”

(Qur’an 49:13)

Vivimos unos tiempos extraños. Hemos pasado del milenarismo apocalíptico de las profecías mayas, tan en boga hasta hace apenas unos meses, al espíritu revolucionario de los últimos acontecimientos en los que ha surgido, como desde la nada, un deseo popular de cambio que quiere afectar a la economía y a la política.

De repente, de las llamadas teorías conspirativas, en las que se señalaba al supuesto poder y control de grupos diversos como la CIA, los Illuminati, el Priorato de Sión, o los nuevos musulmanes (supuestos adalides de Eurabia), hemos pasado a responsabilizar directamente, de nuestra situación de precariedad, a los políticos de todas las formaciones y a los banqueros…

Parece como si toda la sociedad estuviese experimentando algún tipo de cambio trascendental cuyos resultados aún son incognoscibles. Pero, en realidad, ¿qué cambios se han producido a nivel individual? ¿No estamos en las mismas condiciones, con los mismos sueños y anhelos que hace apenas unos meses? ¿Tenemos acaso un mayor grado de conciencia, como algunos preconizan?... Más bien podría ser que hayamos pasado de un malestar por insatisfacción a un malestar por insuficiencia, en el que el primero estaría provocado por la incapacidad de satisfacernos con aquello que hemos ido acumulando y consumiendo a lo largo de nuestra vida, mientras el segundo estaría provocado por la pérdida o detrimento de nuestra capacidad de acumular y consumir…

Hemos pasado de intentar sentirnos diferentes, únicos y especiales, considerándonos la última generación humana, mientras nos revolcábamos en el hastío del confort que nos permitía generar continuamente nuevas necesidades a través de la publicidad y el consumismo exacerbado, hemos pasado del mercadeo constante incluso de la propia espiritualidad, a este descubrir repentino de la futilidad de nuestros sueños… Pero, lo que añoramos ¿es en realidad el despertar o tan sólo buscamos culpables con la intención de reparar el sueño para volver a vivirlo de nuevo?... ¿Hemos entendido que lo que ha fallado es la propia lógica del sueño, en la que todos hemos participado de manera activa y directa? ¿Comprendemos que el llamado “Sistema” somos todos y cada uno de nosotros?

No estoy pretendiendo desde aquí defender a ningún político ni banquero, que evidentemente son responsables directos de la actual situación de crisis económica y social, pero sí dejar claro que se han comportado de la misma manera que cualquiera de nosotros, o sea, que todos ellos han actuado de acuerdo a la lógica que hemos establecido socialmente o al menos a la lógica que hemos mantenido de manera activa en nuestras relaciones diarias los unos con los otros, solo que ellos han tenido la capacidad de tomar decisiones e instituir acciones que han afectado en mayor grado o sobre un mayor número de personas.

Lo cierto es que los banqueros han aplicado la misma lógica que nosotros. Podemos justificarnos diciendo que trabajamos para conseguir un sueldo con el que subsistir, pero tener dinero para salir por las tardes y por las noches con los amigos a alcoholizarnos, o para tener varias televisiones en casa con pantalla plana de cincuenta pulgadas, al menos dos automóviles y pretender tener cada vez uno más grande, más potente, para circular por la ciudad cuando salimos de fiesta o para ir al trabajo, comprarnos una vivienda de propiedad o dos, y un apartamento en la playa, etc. Eso no es subsistencia, es acumulación pura y dura que, en el caso de los banqueros, ha alcanzado cotas más elevadas mientras nosotros nos poníamos en sus manos a través de préstamos e hipotecas casi vitalicias…

Y algo semejante podríamos decir de los políticos de turno… ¿Cuántos de nosotros, a la hora de repartir con nuestros propios familiares una herencia, no hemos mirado primero por nosotros? ¿Cuántos no hemos sisado de nuestro puesto de trabajo, de la oficina del banco o del mismo IKEA aunque sea un lápiz o un bolígrafo? ¿Cuántos empresarios han recibido subvenciones y ayudas públicas para financiar y mantener su negocio, imponiendo sus precios no de acuerdo a su trabajo sino a las fluctuaciones de la demanda, aumentándolos ante la necesidad de quienes consumimos? ¿Cuántos empresarios no han confundido los gastos personales de vivienda y automóvil con los de su empresa? ¿Cuántos profesionales universitarios han podido estudiar gracias a las becas que se han financiado con el dinero de todos y, una vez terminada su carrera, han puesto sus bufetes, sus clínicas, sus asesorías, sus agencias, cobrando precios abusivos, sin tener jamás en cuenta la deuda que mantenían con aquellos que cotizamos y pagamos nuestros impuestos? ¿Y quién no entiende que se ponga un mayor empeño en el desarrollo de las funciones laborales si cobra más?...

¿Somos esos mismos quienes queremos cambiarlo todo sin cambiarnos a nosotros mismos? ¿Somos esos mismos los que queremos que se nos reconozca en nuestra humanidad y no como mercancía, cuando no somos capaces de reconocernos unos a otros en nuestra humanidad?... En realidad, el problema es que, para poder justificarnos a nosotros mismos, hemos acabado aceptando que esos rasgos de nuestra personalidad y de nuestro comportamiento son innatos, en lugar de darnos cuenta de que son comportamientos y lógicas fomentadas y reforzadas desde determinados procesos de socialización. Por lo que ahora somos ya incapaces de buscarnos a nosotros mismos y al “otro”, si no es desde el punto de partida del olvido, de qué o quiénes somos realmente, de cuál es nuestra esencia innata…

Si queremos realmente un cambio social trascendental no tenemos más remedio que realizar un cambio trascendental en nuestro estado de conciencia y eso implica necesariamente encontrarnos a nosotros mismos, a nuestra esencia humana, a lo que realmente Es o Somos. Y ese encuentro no se puede producir si no es a través del “otro”, porque no es cuestión de luchar contra nuestra naturaleza o contra lo que nos hemos “agregado” psicológicamente, sino de encontrar el equilibrio a través del reconocimiento… Así, o bien podemos emplear toda nuestra vida en la lucha  contra la corrupción, la lujuria, la gula, la avaricia, etcétera, que encontramos en los demás, y continuar desarrollando los mismos modelos de siempre hasta que la muerte nos separe, o bien podemos reconocer en el “otro” a un ser humano como nosotros, necesitado y afectuoso, precario y dadivoso, asustado y tierno… Un ser que está ahí para que nos encontremos con él, y en él a nosotros mismos, y en cuyo encuentro desarrollaremos nuevos modelos de comportamiento y de relaciones sociales basadas en un paradigma radicalmente diferente a todo lo que hasta ahora hemos conocido.

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