webislam

Sabado 14 Diciembre 2019 | As-Sabat 16 Rabi al-Zani 1441
634 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=19577

Relato ficticio de una tarde petenera

Solo los muertos vieron la muerte ese día

28/05/2011 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Aquí que no hay nada, sólo un secarral, viento y polvareda.
Aquí que no hay nada, sólo un secarral, viento y polvareda

El pasado 15 de mayo fueron localizados los cuerpos decapitados de 27 campesinos en el Departamento de Petén en Guatemala. Este hecho se produce en medio de una guerra abierta que poseen los diferentes carteles del narcotráfico en toda la región mesoamericana, que han permeado en todas las esferas de la administración pública y estan redefiniendo la estructura cultural de la región.

Ante el horror surge este relato ficticio.

 Era  una tarde petenera

Me pregunto ¿cómo habrá sido?, trato de utilizar mi imaginación de Cinecanal o HBO. Este era un día caluroso, como siempre, en el Petén, hay que empezar la jornada tempranito porque al mediodía el sudor se discurre por la frente hacia los ojos y arde, arde mucho.

Había que avanzar en la siembra del pasto, o zacate como le dicen los jornaleros, para antes que aparezcan las lluvias. Los animales están a la distancia, esperan y esperan, mastican una vez y otra, la prieta, la colorada están detrás del cerco.

Aquel día terminó, como es de costumbre, temprano era necesario apresurarse a la sombra, sabían ustedes que hace unos años un grupo de policías se adentraron en la planada (1) en busca de un grupo de “invasores” y les agarró ese solito petenero sin agua, un joven de la academia no regresó más, la insolación que apareció en forma de mareos al inicio, paladar seco después y luego en el desmayo se convirtió en una muerte anunciada con el sol en el rostro.

Los grandes trayectos en la planada a pie, a sembrar el pasto antes de que aparezcan las lluvias, raro se preguntan ellos, no se ven animales cerca, lo habrá de traer el Don.

Por las noches largas, con las estrellas en el cielo, después de la cena de frijolitos, ellos murmuran, lo que oyeron en Morales, lo que todo el mundo sabe en Morales, ese señor anda en pasos no muy claros, seguro, y cómo se puede catalogar a alguien que de la noche a la mañana resulto ser pistudo (2), total, no me importa, lo que vale es hacer el chance y salir de ahí con esos cuatro mil quetzales para la casa, los patojos (3) necesitan ropa y mi mujer zapatos,  se repiten a sí mismos.

Los trabajadores están regresando para cubrirse del calor vespertino cuando vieron los vehículos lujosos, llantas anchas y el montón de gente armada, al principio no extraño porque el Don llega también en varios vehículos con hombres armados y con mala cara, pero esta vez algo raro había en el ambiente, por primera vez esos hombres se acercaban directamente a los trabajadores, la mayoría de veces pasábamos inadvertidos, de hecho ni nos miraban, pero ahora nos gritaban: ¡vení hijo de puta!, el saber que no tenían nada de valor los hizo creer, por un momento, que no les harían nada, aunque si parece raro que no estuviera el Don.

Que gente tan emputada (4), inmediatamente donde ordenaban que se quedaran quietos, luego con un lacito a cada uno lo maniataron de las manos, tan fuerte que me costaba mover los dedos, varios hombres vociferaban, insultaban, el calor invadía cada centímetro de la casa patronal, sudaban a mares, ¡hijos de puta! ¿dónde está tu jefe? Raro, nuevamente, ellos sabían que el trabajador poco o nada sabe sobre las chingaderas (5) del patrón.

Las voces se elevaban, cuando cerca de ahí, sonó el primer disparo, ese sonido seco lo había escuchado antes, los guardaespaldas del Don acostumbran a jugar con esas armas que les han dado, al principio sintió el sobre salto, pero casi de inmediato las ráfagas se repitieron, los disparos de fusil atravesaban los cuerpos de los campesinos que para este estoces se encontraban arrodillados, las piedritas se lastimaban las rodillas, ¡no, por favor, tengo familia, hijos, papas!, las lagrimas comenzaron a rodar, el aire se arremolinaba en la barriga, fueron pocos los minutos que transcurrieron, las balas atravesaron el cuerpo del campesino.

Se oyeron algunas risas al fondo, algunos seguían insultando a sus víctimas como si ellos tuvieran la culpa por no haber estado ese día en la finca.

La sangre brota de los agujeros en la piel, cuando a lo lejos se oye al jefe del grupo solicitar que traigan la motosierra, y de la palangana del pick up la bajan, ha costado lavarla del último trabajito que tuvieron, la sangre al coagularse se pone espesa y la cadena corre con dificultad, pero acelerándola corre, piensa el sicario en ese momento.

Uno a uno de los que están en el suelo son decapitados, algunos incluso no han muerto todavía, las piernas se mueven, los brazos inmóviles los dedos intentan cerrarse, después de los primeros diez, el brazo del sicario se resiente, ¡todavía quedan muchos!, el quiere irse ya, a los siguientes cuerpos la sierra deja de pasar por el cuello, la cadena se vuelve a trabar, su trabajo deja de ser “profesional”.

El círculo de seguridad alrededor de la finca lucía cansado, el calor de Petén aplasta al que no tiene plantados sus pies. Ufffff!, la motosierra al fondo se oye, ellos sabían que ese trabajito llevaría su tiempecito, ¡paciencia! La ruta de escape estaba trazada, pensaban, el jefe sabe por dónde nos iremos, vuelven a pensar, tendremos que caminar unas horitas, luego de dejar los carros, ¡lástima!, están bien bonitos como para dejarlos en esta soledad…

Hay varios hombres jóvenes en el grupo armado, sintieron lastima por los jóvenes que vieron en el grupo, pero el Jefe fue claro en su orden, ¡nadie tiene que quedar vivo! De que nos agarren, eso esta difícil, se repiten dentro de su cabeza, mientras la moto no calle podemos seguir esperando.

¿Acaso es la primera vez? No, ni la última, las cabezas rodantes sin vida ya no son algo extraño, dejó de quitar el sueño hace mucho tiempo, el dinerito ha sido bien invertido, la casita, bebidas, mujeres, comida, ropa, vaya lo que no hubiera siquiera soñado de niño…

¡Nooooo por favor! ¡Tengan piedad por amor de Dios!

¿Una mujer?

Bueno… su suerte, para que estaba acá, dice el sicario y trata de regresar a sus pensamientos que se escapan en la lejanía del pastizal.

Sus piernas están cansadas, hace un par de horas que tomó el último sorbo de agua, el sonido de la cadena hace unos minutos que paró, el chiflido suena junto con el de la bocina de los carros, esa es la señal.

¡Púchica muchá! (6) ¿Tantos eran? Con razón no terminaban rápido….

Vámonos…

El sol, estuvo ahí, las gallinas estuvieron ahí, lo que fue dejó de ser, las llantas regresaron al camino. Solo los muertos vieron la muerte ese día, los acostados y los que se fueron sentados.

Notas
1.Terreno explanado dicho en términos peteneros
2. Con mucho dinero
3. Niños
4. Enojada
5. Molestadera
6. Expresión de asombro, muchá: muchachos
 
Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/61652-relato_ficticio_de_una_tarde_petenera.html