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Equilibrio y Realización:‎ William Chittick sobre el sí y el Cosmos

No conocer el verdadero sí mismo lleva a un desequilibrio en los planos humano y ‎cósmico

26/05/2011 - Autor: Mohammed Rustom/Traducción: Alberto Martín - Fuente: Webislam
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William Chittick
William Chittick

El cosmos1 es una vasta configuración de mundos que relata una historia coherente ‎‎(para aquellos que entienden), y que es por tanto un libro. Así también el ser humano ‎es un libro, pero los seres humanos, en su mayoría, se han olvidado del relato.‎2

‎William Chittick

Introducción

Todo estudiante del pensamiento islámico debe estar familiarizado de una manera u otra ‎con la obra de William Chittick. Sus numerosos trabajos y traducciones en el campo del ‎sufismo y la filosofía islámica han allanado el camino para una mejor comprensión de las ‎ideas de algunos de los escritores más difíciles y profundos.3‎ ‎ Sin embargo, Chittick ha ‎estado últimamente ocupado activamente en aplicar su conocimiento de la tradición ‎intelectual islámica a un buen número de temas contemporáneos.‎

Pensadores musulmanes (y no musulmanes) se preguntan con frecuencia cómo una ‎figura tal como Al Ghazali (fallecido en 505/1111) o Ibn ‘Arabi (fallecido en 638/1240) ‎abordarían los temas intelectuales de hoy día. De hecho, ha empezado a aparecer una ‎buena cantidad de literatura tratando justamente de esto.‎4 ‎ Pero Chittick no sigue por ese ‎camino. Él se inclina más por mirar los temas actuales a través de la lente de la misma ‎tradición intelectual islámica premoderna. Sus escritos sobre las cuestiones del presente, ‎por tanto, se inspiran en la perspectiva general de la tradición intelectual islámica para ‎intentar ir a las raíces de estos mismos problemas. Teniendo esto en cuenta es como sus ‎escritos sobre cosmología y la relación de ésta con el sí deben ser entendidos. Y es ‎debido a esto que su obra tiene una importancia particular hoy día. Ésta es un ‎acercamiento genuinamente intelectual islámico a una problemática que en gran medida ‎no ha sido registrada en la pantalla de radar del pensamiento islámico del siglo ‎veintiuno.‎5 ‎ Una comprensión adecuada del sí y su relación con el cosmos, mantiene ‎Chittick, es la cuestión más importante del momento presente, puesto que es una ‎incomprensión de estas dos realidades la que nos ha llevado al presente atolladero.‎

Cientifismo y Cosmología

Chittick da por supuesto que en una gran medida la perspectiva de la mayoría de las ‎personas está coloreada por algo llamado “cientifismo”, un modo de ver las cosas que da ‎primacía a los métodos de la ciencia en todas y cada una de las cuestiones ‎epistemológicas. Dado que el cientifismo está en el centro de la cultura contemporánea, ‎desde las disciplinas de los medios académicos hasta la tecnología y las finanzas, él ‎impregna el modo de pensar de los hombres. Desde esta perspectiva, las cosas deben ser ‎aisladas, objetivadas, distanciadas del observador y sujetas a un riguroso análisis ‎científico para ver cual es su naturaleza real. El cientifismo por tanto restringe en gran ‎medida la posibilidad de que haya una relación armónica entre el sujeto humano y el ‎cosmos. Los objetos están “ahí afuera” y son así distintos de nosotros. Debido a esta ‎escisión entre sujeto y objeto, el punto de vista cientifista solamente puede concebir el ‎cosmos de modo cuantitativo, presentando de este modo su contenido en una ‎aglomeración de datos y eventos desprovistos de cualquier contenido simbólico. Según ‎lo expone Chittick, los que se han impregnado totalmente de la visión cientifista:

‎Miran las cosas y no pueden ver en ellas sino eso, cosas – nunca las ‎ven como señales, marcas, apuntadores o símbolos. Desde la escuela ‎primaria, se les ha enseñado a creer que las cosas son reales en sí ‎mismas, y que esta realidad sólo puede ser explicada científicamente, lo ‎que quiere decir matemática y cuantitativamente. Si algunas cualidades, ‎tal como los colores, se pueden expresar con números, son entonces ‎reales, pero las cualidades que no puedan expresarse cuantitativamente ‎‎– y la mayoría no pueden serlo – son irreales.‎6

Llevada a su conclusión lógica, una visión reificada (“cosificada”) y “objetiva” del ‎cosmos y su contenido tiene como resultado una visión del mundo en la que el orden ‎cósmico pierde gradualmente su significado espiritual.7‎ ‎ Esto conduce entonces a una ‎abstracción que hace que el cosmos ante nosotros se haga impersonal, lo que lleva ‎consigo que la interacción humana con él sea una empresa absolutamente desapegada.8‎ ‎ ‎Una vez que existe un abismo entre el ser individual y el cosmos, la manipulación de éste ‎y de sus contenidos, de acuerdo con las especificaciones de sus habitantes, se hace más ‎fácil.‎9 ‎ ‎

Los lectores familiarizados con los sorprendentes descubrimientos de la física moderna ‎afirmarán sin duda que el universo no está en realidad bifurcado, puesto que es algo así ‎como una unidad de la que el observador no puede en manera alguna estar separado.‎10 ‎ ‎Sin embargo, incluso si la nueva física tiene algo profundo que decir sobre el cosmos, la ‎concepción bifurcada del universo continúa siendo la dominante. Por un lado, puesto ‎que todavía es la enseñanza “oficial” en las escuelas11,‎ ‎ aprendemos muy pronto que es el ‎modo más eficiente de controlar nuestro entorno natural para poder obtener ‎‎“resultados”. Así, la tecnología, el progreso material y la naturaleza puramente ‎instrumental de la ciencia dominan nuestras perspectivas, dado que es por medio del ‎cientifismo el que podamos manipular el cosmos de acuerdo con nuestras necesidades y ‎especificaciones.‎

Otra razón por la que la visión bifurcada sigue siendo la dominante a pesar de lo que ‎sabemos acerca del cosmos en la actualidad, es que la cosmología contemporánea ‎permanece como algo sin sentido para la mayoría. Aun cuando libros tales como A Brief ‎History of Time de Stephen Hawking (e incluso su más accesible A Briefer History of ‎Time)12‎ ‎ se han escrito para hacer que los hallazgos de la física contemporánea sean ‎accesibles a un público más extenso, después de leerlos podemos preguntarnos ‎justificadamente qué beneficio práctico tiene esta información para nuestras vidas. De ‎hecho, estos datos pueden estar completamente al margen de la experiencia humana ‎cotidiana. La física teórica sigue siendo para las clases educadas un sorprendente ‎conjunto de hallazgos que al final no tiene relevancia para sus vidas, y ello sin mencionar ‎a la gran mayoría del público, al que no se le ocurriría leer un libro divulgativo de física. ‎Después de todo, ¿cuántos de los mismos físicos contemporáneos ven una relevancia ‎práctica entre el tipo de trabajo que hacen y sus propias vidas?‎

Quizá la razón más significativa por la que la concepción bifurcada del cosmos reina de ‎manera suprema es que la cosmología contemporánea qua (como tal) disciplina está ‎encerrada en el cientifismo. Es decir, al tiempo que concibe un marco cósmico en el que ‎sujeto y objeto no están separados, al final no tiene por más que decantarse por lo ‎matemático y cuantitativo en sus formulaciones. En otras palabras, la física moderna ‎sabe muy bien que el cosmos es un lugar mucho más complicado de lo que antes se creía. ‎Pero cuando se trata de dar un sentido al cuadro cósmico al que se ha llegado por medio ‎de métodos cientifistas, no puede éste dar más que respuestas cientifistas. Este ‎enraizamiento en el cientifismo lleva consigo el que las teorías cosmológicas ‎contemporáneas siempre estarán limitadas a lo matemático y lo cuantitativo. Pero, según ‎Chittick advierte, “mientras la visión truncada del mundo del cientifismo permanezca ‎como árbitro, no será posible una apertura hacia lo infinito. Como máximo, la gente se ‎inventará un sucedáneo de cosmología que apenas les permitirá ver más allá de los ‎horizontes de la cultura popular.”‎13 ‎ De hecho, las cosmologías científicas ‎contemporáneas no poseen los medios para decir nada más de lo que dicen, puesto que ‎el cientifismo es su “árbitro”.‎

Solamente cuando el cientifismo se deja de lado, la cosmología puede convertirse en ‎simbología y hablar a los seres humanos desde un nivel más allá de lo matemático y lo ‎cuantitativo. Sólo con una ciencia del alma reflejada en una ciencia del cosmos, se hace ‎posible una salida de lo que Henry Corbin (fallecido en 1978) denomina “cripta ‎cósmica.”14‎ ‎ Por medio de esta formulación uno se trasciende a sí mismo para de este ‎modo trascender al cosmos. Pero sin una concepción sagrada del cosmos no habrá una ‎ciencia del alma que la acompañe, y los hombres estarán encerrados en la cripta cósmica ‎sin ningún medio de escape. Sin un medio de escape, la necesidad del escape retrocede a ‎un segundo plano.‎

La Vision Antropocósmica

Volviendo nuestra atención a la tradición intelectual islámica, encontramos que el ‎sufismo teórico y algunos ramales de la filosofía islámica señalan que el cosmos fue ‎creado a imagen de Dios. Los seres humanos, también creados a imagen de Dios, no son ‎por tanto sino el cosmos. Son, como Chittick expresa poéticamente, “dos caras de la ‎misma moneda, una moneda que fue acuñada a imagen de Dios.”15‎ ‎ Así pues existe una ‎conexión íntima entre los modos en que el sujeto experimenta el mundo y el cuadro ‎cósmico en el que este sujeto vive:‎

La tradición filosófica islámica sólo puede entender a los seres humanos ‎en términos de unidad del mundo humano y el mundo natural. No hay ‎lugar en esta tradición para poner una cuña entre los hombres y el ‎cosmos. En último análisis el mundo natural es la externalización de la ‎sustancia humana, y el alma humana es la internalización del reino de la ‎naturaleza. Los seres humanos y el universo entero están íntimamente ‎entrelazados, situándose el uno frente al otro como dos espejos. La ‎búsqueda de la sabiduría sólo puede tener éxito si se reconoce al mundo ‎natural como equivalente al ser de uno mismo, al igual que debe verse ‎la raza humana en su totalidad como manifestación externa de las ‎potencialidades y posibilidades del alma humana.‎16

Siguiendo a Mircea Eliade (fallecido en 1986) y a Tu Weiming, Chittick llama a esta ‎relación íntima entre el yo individual y el cosmos “visión antropocósmica”. Ya que esta ‎visión incluye una apreciación del sujeto individual y el cosmos en tanto que “una ‎totalidad singular y orgánica”17,‎ ‎ el conocimiento del uno trae consigo el conocimiento ‎del otro. Manteniéndose dentro de las doctrinas islámicas tradicionales, el alma humana ‎es un microcosmos (al- ‘alam al- saghir), y el cosmos como tal es un macrocosmos (al- ‎‎‘alam al- kabir). Según el Corán 41:53, las señales de Dios (ayat) se encuentran en ‎ambos, el macrocosmos y el microcosmos: “Les mostraremos nuestras señales en el ‎cosmos (afaq) y en sus almas (anfus) hasta que sepan que Él es lo Real”. Puesto que no ‎hay un contraste absoluto entre el sujeto y el objeto, cuanto más estudien los hombres los ‎signos dentro de ellos mismos, mejor comprenderán los signos en el cosmos. Esto es, ‎cuanto más sepamos acerca del microcosmos, más llegaremos a saber acerca del ‎macrocosmos.‎

La visión antropocósmica sólo puede ser alcanzada prestando atención a las cualidades ‎divinas que se encuentran a través de todo el orden cósmico. Según nos dice la tradición ‎islámica, los nombres de Dios vehiculan las cualidades divinas. Puesto que estos ‎nombres se encuentran por donde quiera que miremos, esto es, en el cosmos mismo, ‎también están en su totalidad latentes dentro de nuestras almas. Dios enseñó a Adán ‎todos sus nombres, lo que significa que la meta de los hijos de Adán es actualizar los ‎nombres divinos contenidos dentro de sí mismos. Así pues, conociendo los nombres de ‎Dios, las personas pueden comprender las cualidades primarias que subyacen en el ‎cosmos.‎18 ‎ Lo que es necesario para actualizar los nombres divinos es la guía divina, ‎puesto que ella establece para los hombres el modo en que deben comprender los ‎nombres y lo que se espera de ellos para que actúen en conformidad con éstos. Chittick ‎se expresa así:‎

La idea que gobierna el pensamiento islámico, después de la afirmación ‎de la unidad y supremacía de lo Real, es que sin ayuda la naturaleza ‎verdadera del mundo es inaccesible a los seres humanos. Esta idea está ‎explícita en la segunda mitad de la Shahadah, aunque también lo está ‎implícitamente en la primera. Sin mensajeros de lo Real, nadie puede ‎llegar a conocer a Dios y las raíces teomórficas de la naturaleza ‎humana.‎19

Si las personas no siguen la guía divina, quedarán a merced de sus propios medios. Si ‎quedan a merced de sus propios medios, fracasarán en la comprensión de los nombres ‎que se hallan en el cosmos y por tanto dentro de ellas mismas. Puesto que nombrar es ‎parte de la naturaleza humana, crearán por tanto sus propios nombres. Pero estos ‎nombres no les podrán llevar más allá de sí mismas:‎

Si la gente falla en nombrar a las cosas bajo el ala de la guía divina, las ‎nombrarán según les parezca. Sin embargo, no hay manera posible de ‎que conozcan los nombres reales de las cosas sin la asistencia del ‎Nombrador divino, porque los nombres reales obedecen a las realidades ‎de las cosas en la mente divina. Dios da existencia a las cosas de ‎acuerdo con sus nombres, y conocer los nombres reales es la clave para ‎comprender el cosmos y el alma.‎20

La gente nombra a las cosas según las “realidades” que ella misma les asigna solamente ‎cuando el cosmos que habita se ha desacralizado. Cuando los seres humanos devienen la ‎medida y su naturaleza teomórfica es olvidada, el contenido sagrado del cosmos se va ‎desechando lentamente. Dicho de otro modo, más que señalar sus raíces divinas, las ‎cosas que hay en el cosmos se convierten en datos que ya no apuntan a sus nombres ‎divinos, debido a que lo sagrado ha sido sustraído de la ecuación. Así, una vez vistas ‎como entidades separadas y cuantificables, aparecen sometidas al sistema humano de ‎nombrar. ‎

Una perspectiva que deje de lado la dimensión divina empleará ‎necesariamente nombres inadecuados, si no errados. El resultado neto ‎de nombrar erradamente será un desastre para los que empleen esos ‎nombres si no para la humanidad en su totalidad – un “desastre” ‎entendido como aplicable a la extensión total del ámbito humano, no ‎solamente en lo que se refiere a lo que es anterior a la muerte.‎21

Nuestro sistema propio de nombrar no nos conduce a las raíces divinas del cosmos, ya ‎que produce nombres “inadecuados”. Más bien nos conduce a intentos muy humanos de ‎conocer el universo. Aunque existe una gran instrumentalización en tal forma de ‎nombrar, el conocimiento de estos nombres de factura humana no permite a los seres ‎humanos actualizar su potencial humano, que es la realización de los nombres divinos ‎enseñados por su padre Adán.‎

El modo humano de dar nombres nos lleva a significaciones abstractas y cuantificadas, ‎por tanto impersonales, de la realidad. Una vez que nos dedicamos a nombrar solamente ‎a las cosas del cosmos que son cuantificables y “reales”, los nombres de cualidades ‎pierden su significado y, consecuentemente, son relegadas a lo subjetivo. Esta es la ‎razón por la que, por ejemplo, los típicos cosmólogos de hoy día pueden decir que ‎principios matemáticos específicos están en la base del cosmos, pero no pueden decir ‎que el amor y la compasión lo están, puesto que no son cuantificables.‎22 ‎ Desde la ‎perspectiva de Chittick esto se debe no solamente a que el amor y la compasión no son ‎cuantificables, sino además a que los individuos que indagan están tan desapegados del ‎cosmos que no pueden ver las cualidades que comparten con los objetos de su ‎indagación:‎

Cuando al universo se le dan nombres que se aplican ante todo a cosas ‎muertas o a máquinas o a procesos impersonales, lo entenderemos en ‎términos de muerte, de mecanismo y de procesos impersonales. ‎Perderemos necesariamente de vista el significado de la vida, la ‎misericordia y la conciencia inherentes en cada átomo.‎23 ‎ ‎

Los que viven en un universo abstracto, tratarán con las cosas y con ‎otros seres como abstracciones. Los que viven en un universo ‎mecanicista tratarán todo como si fuera una máquina. A los que ‎experimentan un universo frío e indiferente, les corresponderá lo ‎mismo.‎24

Como hemos visto más arriba, los nombres en el cosmos no son impersonales y ‎abstractos; son más bien antropomórficos, y por lo tanto inteligibles para los humanos. Y ‎la razón de por qué son antropomórficos es que los seres humanos son teomórficos.‎25 ‎ ‎Puesto que nuestra comprensión del cosmos no es más que una proyección de la ‎comprensión que tenemos de nosotros mismos, una visión impersonal del universo es en ‎último término sintomática de un problema mayor26: la pérdida del autoconocimiento.‎

No conocer el verdadero sí mismo lleva a un desequilibrio en los planos humano y ‎cósmico.‎27 ‎ Para recuperar nuestro equilibrio, argumenta Chittick, debemos actualizar los ‎nombres y realizar nuestra naturaleza teomórfica. Esto puede llevarse a cabo viviendo en ‎armonía con los nombres, lo que significa vivir acorde con la virtud, dar a cada cosa su ‎derecho particular (haqq) y colocar cada cosa en su lugar, justamente como lo hace Dios. ‎La visión antropocósmica, por tanto, se preocupa fundamentalmente del conocimiento ‎de sí. Por esto Chittick dedica buena parte de sus escritos a la cuestión de la realización ‎‎(tahqiq) y la imitación (taqlid).28‎ ‎ Él sostiene que únicamente el proceso de la realización ‎le permite a uno conocer la verdadera naturaleza de las cosas, puesto que el ‎conocimiento adquirido a través de la imitación – el tipo de conocimiento que tiene la ‎mayoría de la gente – se basa en último término en la opinión de los demás.‎29 ‎ ‎Resumiendo, sólo realizando nuestra verdadera naturaleza podremos vernos a nosotros ‎mismos y al cosmos como una totalidad unificada.‎

Como lo expresa Chittick, todo lo que no sea el conocimiento de sí está en las antípodas ‎del conocimiento y sólo puede conducir a un empeoramiento de la condición humana:‎

Ser humano es buscar un conocimiento que acreciente nuestra ‎humanidad. La característica que define a la humanidad es la ‎inteligencia autoconsciente, y conocer esa inteligencia inteligentemente ‎exige concentrar todas nuestras energías en el conocimiento del sí ‎mismo. Cualquier conocimiento que no ayude en la empresa del ‎conocimiento de sí es de hecho ignorancia, y su fruto sólo puede ser la ‎disolución y destrucción de la naturaleza humana.‎30

‎1. Este artículo fue publicado originalmente en inglés como: “Equilibrium and Realization: ‎William Chittick on Self and Cosmos,” American Journal of Islamic Social Sciences 25, ‎no. 3 (2008): 52-60.‎
2. William Chittick, The Self-Disclosure of God: Principles of Ibn al-‘Arabi’s Cosmology ‎‎(Albany: State University of New York Press, 1998), xxxiv.‎
3. Chittick es también una figura importante en el amplio campo de los estudios religiosos y ‎filosóficos, y sus trabajos son frecuentemente la base de proyectos comparativos. Ver en ‎particular Reza Shah-Kazemi, Paths to Transcendence: According to Shankara, Ibn ‎‎‘Arabi, and Meister Eckhart (Bloomington, IN: World Wisdom, 2006) y el trabajo ‎problemático de Ian Almond, Sufism and Deconstruction: A Comparative Study of ‎Derrida and Ibn ‘Arabi (New York: Routledge, 2004).‎
4. Los más recientes de los cuales son Ebrahim Moosa’s Ghazali and the Poetics of ‎Imagination (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2005) y Mohamed Haj ‎Yousef’s Ibn ‘Arabi: Time and Cosmology (New York: Routledge, 2008), en particular el ‎capítulo 7.‎
5. Tomemos por ejemplo The Blackwell Companion to Contemporary Islamic Thought, ed. ‎Ibrahim Abu-Rabi‘ (Malden: Blackwell, 2006). Entre sus muchas lagunas está la ausencia ‎de algún artículo dedicado a este tema. Algunas contribuciones interesantes sobre la ‎cuestión de la ciencia, cosmología y ética en el pensamiento islámico contemporáneo se ‎pueden encontrar en God, Life, and the Cosmos: Christian and Islamic Perspectives, ed. ‎Ted Peters, Muzaffar Iqbal y Syed Nomanul Haq (Aldershot: Ashgate, 2002).‎
6. Chittick, The Heart of Islamic Philosophy: The Quest for Self-Knowledge in the Writings ‎of Afdal al-Din Kashani (New York: Oxford University Press, 2001), 36.‎
‎7. Chittick, Science of the Cosmos, Science of the Soul: The Pertinence of Islamic ‎Cosmology in the Modern World (Oxford: Oneworld, 2007), 83.‎
8. Chittick, Science of the Cosmos, 86-87 y 93-97.‎
9. Efectivamente, es precisamente tal objetivación de la naturaleza la que ha traído la ‎mayoría de las grandes crisis de hoy en día, como el problema ecológico. Para conocer ‎sobre las raíces de la crisis ecológica ver Seyyed Hossein Nasr, Religion and the Order of ‎Nature (New York: Oxford University Press, 1996). Ver también Chittick, “‘God ‎Surrounds All Things’: An Islamic Perspective on the Environment,” The World and I 1, ‎no. 6 (Junio 1986): 671-678.‎
10. Ver Fritjof Capra, The Tao of Physics, rev. ed. (Boston: Shambala, 1991), 81.‎
11. Ver Caner Dagli, “The Time of Science and the Sufi Science of Time,” Journal of the ‎Muhyiddin Ibn ‘Arabi Society 41 (2007): 78. Ver también los comentarios de Chittick ‎citados más arriba sobre el rol del cientificismo en la educación.‎
12. Stephen Hawking, A Brief History of Time, rev. ed. (New York: Bantam, 1998); Stephen ‎Hawking with Leonard Mlodinow, A Briefer History of Time (New York: Bantam, 2005).‎
‎13. Chittick, Science of the Cosmos, 83.‎
‎14. Sobre la Cripta cosmica de Corbin ver su Avicenna and the Visionary Recital, tr. Willard ‎Trask (Irving: Spring Publications, 1980), 16-28.‎
‎15. Chittick, Science of the Cosmos, 132.‎
‎16. Chittick, The Heart of Islamic Philosophy, 66.‎
‎17. Chittick, Science of the Cosmos, 109.‎
‎18. Ibid., 84-85. Para un importante estudio de la función de las “palabras” en la ‎cosmología islámica, ver Chittick, “The Words of the All-Merciful,” en The Inner ‎Journey: Views from the Islamic Tradition, ed. Chittick (Ashland: White Cloud Press, ‎‎2007), 121-129.‎
‎19. Chittick, Science of the Cosmos, 97.‎
‎20. Ibid., 85-86.‎
‎21. Ibid., 86.‎
‎22. Chittick pregunta: “¿Qué pasa cuando nombres importantes son quasars, quarks, ‎muons, agujeros negros y big bangs? ¿Cuál es el resultado psicológico y espiritual de ‎nombrar en último término las cosas con formulación matemática?” (Ibid.)‎
‎23. Ibid., 92.‎
‎24. Ibid., 87.‎
‎25. Ibid.‎
‎26. Chittick señala: “un universo empobrecido y plano es el espejo de un alma empobrecida ‎y plana” (ibid., 131-132). Al mismo tiempo hay aquellos que no ven las cualidades ‎Divinas por todas partes en el cosmos; esto es el resultado de ver el cosmos con las lentes ‎de la transcendencia Divina y no de otra manera (tanzih). Tal perspectiva, aunque parte ‎integrante de la tradición islámica, es, en su forma más extrema, también responsable de ‎encarar la naturaleza como un puro objeto desprovisto de todo contenido sagrado. En ‎ninguna parte es esto más evidente que en algunos de los hoy industrializados países ‎musulmanes, donde la explotación antinatural de recursos naturales parece ser el colofón ‎de una radical (e incorregible) teología de la transcendencia Divina. Por supuesto, tal ‎teología tiene la tendencia de manifestarse ella misma violentamente. Ver Tim Winter, ‎‎“Bombing without Moonlight: The Origins of Suicidal Terrorism,” Encounters 10, nos. 1-2 ‎‎(2004): 93-126.‎
‎27. Chittick, Science of the Cosmos, 131.‎
‎28. Ver, por ejemplo, ibid., 45-47 and 118-121.‎
‎29. Ibid., 119.‎
30. Chittick, “The Pertinence of Islamic Cosmology,” en Reason and Inspiration in Islam: ‎Theology, Philosophy, and Mysticism in Muslim Thought, ed. Todd Lawson (London and ‎New York: I.B. Tauris, 2005), 283.‎
Traducido para Webislam por Alberto Martín
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