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El divorcio es halâl

Hoy en día muchos musulmanes desconocen que el profeta Muhámmad se casó con varias mujeres divorciadas y concedió indistintamente el divorcio a hombres y mujeres

26/05/2011 - Autor: Zeinab Alegri - Fuente: Webislam
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No hay dolor: cada uno tiene su Destino
No hay dolor: cada uno tiene su Destino

Al igual que en el judaísmo, y en contraposición al cristianismo, en el islam el divorcio siempre ha existido. La diferencia es que no hubo que esperar a una evolución posterior para que el divorcio fuese solicitado tanto por parte del hombre como de la mujer, como en el caso del judaísmo, ni a ninguna autorización papal para anular un vínculo que la propia Iglesia presenta como indisoluble. Más bien, ¡en el caso del islam podríamos hablar de una involución! Y esta involución se da tanto en el plano jurídico como en el propio sentido del divorcio.

Empezaremos considerando el plano jurídico. Aunque en todos y cada uno de los países de población mayoritariamente musulmana las mujeres pueden obtener el divorcio, actualmente las mujeres nos encontramos con dificultades que no existían en tiempos del profeta Muhámmad (paz y bendiciones). Los motivos por los cuales se puede obtener el divorcio son muchos. En casi todos los códigos legales de los países de población musulmana observamos una serie parecida de justificaciones: impago de manutención a la mujer, abandono del lecho conyugal, malos tratos, ausencia del domicilio familiar, infracción de las cláusulas del contrato matrimonial, o ciertas enfermedades (impotencia, esterilidad, sífilis, lepra, etc).

Hoy en día nos encontramos con un discurso pseudo-islámico conservador, que señala el alto número de divorcios de occidente como prueba de la decadencia moral de estas sociedades... ¿No saben acaso estas gentes que muchos de los Sahaba se divorciaron? ¿No saben que el propio profeta Muhámmad (saws) se casó con mujeres divorciadas? ¿Acaso esto es una prueba de su decadencia moral? Astagfirul-lâh!

Si nos atenemos a la Sunna (praxis) del profeta Muhámmad, no existen claras restricciones al respecto. Muhámmad concedió indistintamente el divorcio a hombres y mujeres. Su preocupación estuvo siempre centrada en el bienestar de las personas, y no en el mantenimiento artificial de instituciones como el matrimonio. De ahí que en la ciudad profética de Medina el divorcio fuese tan corriente. Existe un caso en el cual una mujer se acercó a Muhámmad y le solicitó el divorcio de su marido. Cuando Muhámmad preguntó sobre las causas, ella le dijo: “no tengo ninguna queja sobre su religiosidad o el trato que me dispensa, pero le aborrezco”, y esto fue considerado motivo suficiente. En otro caso, una mujer se quejó al profeta Muhámmad de que su marido no la satisfacía sexualmente, y esto también fue considerado motivo suficiente de divorcio.

En el caso de que sea el marido quien divorcie a la mujer, el Corán deja muy claro que ella debe conservar la casa, excepto en caso de que ella haya cometido adulterio. Si la mujer rechaza su derecho a conservar el hogar conyugal, el hombre debe “darles provisión y despedirlas de manera honorable” (33:50). En el caso de que sea la mujer quien divorcie al hombre (jul‘), si no existe un motivo realmente grave, será ella quien deba devolver el regalo recibido con el contrato matrimonial (mal llamada “dote”, que es justo lo contrario).

La traducción habitual de la palabra árabe talâq (divorcio) por “repudio” es una falacia. La palabra castellana repudio significa: rechazo, desprecio, desdén, repulsa... Al traducir talaq como repudio, parece que se está señalando que un hombre musulmán no puede divorciarse de su mujer sino es como un gesto de desprecio. Pero esto no forma parte del significado de la palabra árabe talâq.

Talâq proviene del verbo “soltar, dejar ir”. El participio pasivo de talâqmutlaq– significa “sin restricciones, libre”. El talâq es que el hombre deje ir a la que era su esposa, que no la retenga, como expresamente aparece en el versículo coránico: “conservadlas de manera apropiada o despedidlas de manera apropiada, pero no las retengáis por la fuerza, convirtiéndoos así en trasgresores” (2:232).

La diferencia entre el divorcio masculino (talâq) y femenino (jul‘) consiste en que en este último caso la mujer no lo comunica directamente al marido, sino que acude a un juez para que este garantice sus derechos. Mediante esta diferencia de procedimiento lo que se pretende es proteger a la mujer de cualquier venganza por parte del marido. Por desgracia, ante la burocratización creciente, lo que era una medida de protección se ha convertido en dificultades legales que acaban siendo discriminatorias. A estas dificultades se unen todas las consideraciones pre-islámicas sobre el honor de la familia, la carga que representa una mujer divorciada...

Lejos de ser un sacramento indisoluble, en el islam el matrimonio es un contrato que realizan dos personas libres. Si el matrimonio no cumple con la finalidad de hacer feliz al ser humano, o le impide realizarse espiritualmente, puede ser disuelto. Todo esto no quiere decir que el divorcio sea algo bueno en si mismo: toda ruptura es en principio dolorosa. De ahí que se trate siempre de buscar una solución a los problemas conyugales, para lo cual se buscará la mediación de algún miembro respetado de la familia o de la comunidad.

Pero esto no debe desviarnos de lo esencial: el motivo de la vida en esta tierra no es otro que el adorar a Al-lâh, el servir a Al-lâh del mejor modo en el que seamos capaces. El motivo final de la permisibidad del divorcio en el islam es que cada ser humano se debe únicamente a Al-lâh, y debe buscar siempre el modo de vida que más le acerque a Al-lâh, con independencia de las instituciones o de las convenciones sociales. Hacer del matrimonio un sacramento constituye, por ello, una idolatría. Lo cual puede hacerse extensiva a ese modo secularizado del sacramento, como es el mito romántico del amor eterno. Con esta base el matrimonio tiene todas las papeletas de convertirse en un infierno! 

En este sentido, el divorcio, como posibilidad, es halâl. Y así debe ser considerado, desde el mismo momento en que se firma el contrato matrimonial. Esa posibilidad nos quita de encima muchos lastres psicológicos, nos abre al matrimonio como un espacio abierto de encuentro entre dos seres libres, y no un camino sin salida, bajo la tutela de ninguna institución. Ningún ser humano debe permanecer ligado a la fuerza con otro ser humano. Cuando ambos conyugues admiten de entrada el divorcio como una posibilidad de cambio y de reorientación de sus vidas, tanto la idea de fracaso como el rencor se desvanecen, y la ruptura puede ser aceptada con naturalidad. No hay dolor: se asume que cada uno tiene su Destino.

Y sin embargo existe un supuesto hadiz que dice lo siguiente: “Ante Dios, el divorcio es la más repudiable de todas las cosas permitidas (abgad al-halâl)” (recogido por Abu Daud). La idea de algo halal (palabra árabe que tiene el sentido de algo liberador y saludable) que sea repudiable ofende a nuestra sensibilidad. Y aún más si sabemos que el profeta Muhámmad (saws) divorció y se casó con mujeres divorciadas. ¿Cómo puede entonces decirse que el divorcio es algo repudiable? ¿No constituye esto un insulto al Mensajero de Al-lâh? En el Corán, Al-lâh amenaza a quienes se prohíben a sí mismos o impiden el acceso a otros transformando en harâm lo halâl. ¡Que Al-lâh nos perdone!

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