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El valor del Sagrado Corán para los musulmanes

El gran erudito iraní ‘Al·lamah Tabataba’i (1892-1981) desentraña la importancia del Corán, desde la perspectiva chiíta duodecimana

18/05/2011 - Autor: Allamah Tabatabai - Fuente: Webislam
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Corán.
Corán.

La doctrina islámica, que mejor que ninguna otra garantiza y protege la felicidad humana en la vida, se presenta a los musulmanes a través del Sagrado Corán. Las cuestiones religiosas del Islam, que consisten en una serie de creencias y leyes morales y prácticas, tienen su origen en el Libro revelado. Dios Altísimo dice en el Corán: 

“Ciertamente este Corán guía hacia lo más justo (recto)”.

(17:9)

Y Él dice en otro lugar:

“Y te hemos revelado el Libro (el Corán) como una clara explicación de todo”.

(16:89)

Queda claro que el Sagrado Corán, en muchos versículos que no son necesarios citar aquí establece los fundamentos de las ciencias religiosas, de las virtudes
morales y las leyes prácticas.

Más elaboración sobre este punto

El verdadero significado de la universalidad del contenido del Corán en Conexión con un programa general para la humanidad se comprenderá mejor si se consideran las siguientes Cuestiones introductorias:

1. -La humanidad no tiene otro objetivo en la vida ferviente de cosas como la libertad, el bienestar, la vida confortable, etc.). Es cierto que a veces nos cruzamos con gente que se aparta de la felicidad, como los que se suicidan o rechazan las ventajas de la vida, pero si ponderamos cuidadosamente sus condiciones mentales encontraremos que, en su peculiar circunstancia, ellos creen que la felicidad se encuentra en la conducta que siguen.

Por ejemplo, un hombre que comete suicidio piensa que, debido a los grandes problemas y sufrimientos que lo aquejan, sólo encontrará tranquilidad en la muerte. Análogamente, quien se empeña en el ascetismo y la mortificación privando al ego de los placeres materiales, piensa que ese es el camino de la felicidad.

Por ende, todas las actividades del género humano en la vida están constantemente dirigidas a obtener la felicidad, tanto si se acierta o se yerra en descubrir la verdadera felicidad en cada caso.

2. -Las actividades humanas en la vida jamás carecen de un programa. Esto es tan claro que su probable oscuridad es debida a su misma evidencia. Porque, por una parte, uno trabaja por su propio deseo y voluntad. Nadie emprenderá una tarea a menos que considere que ella es valiosa en las circunstancias presentes. Y uno la realiza siguiendo disposiciones internas, metódicas. Por otra parte, las tareas que uno emprende son para uno mismo, esto es, para satisfacer las propias necesidades. Existe por consiguiente una conexión directa entre los actos de uno mismo.

Comer y beber, dormirse y despertar, sentarse y pararse, ir y venir, etc., cada uno tiene su lugar y medida por sí mismo. En algunos casos son necesarios, en otros innecesarios. En ciertas condiciones son beneficiosos, y en otras perjudiciales. En consecuencia la realización de una tarea está de acuerdo con las instrucciones internas, las directivas generales que se encuentran almacenadas en la mente humana, y sus detalles se conforman según las necesidades del momento.

Cada persona en sus tareas individuales es como un mundo donde las actividades de sus ciudadanos (en este caso las facultades humanas) son controladas por ciertas leyes, regulaciones y costumbres. Las fuerzas activas de tal ámbito están ligadas por el deber para basar sus actos en las َordenes forzosas (que de él derivan), y luego llevarlas a cabo.

Los actos sociales de una sociedad son también similares a los actos individuales y un conjunto de costumbres y reglas debe determinar constantemente lo que es aceptable para la mayoría de tal sociedad, de lo contrario tal sociedad se disolverá rápidamente como resultado del caos y la confusión Si tal sociedad es de tipo religioso, gobernarán allí los mandamientos religiosos. Si es no-religiosa pero civilizada entonces sus actividades estarán regidas por la ley (secular). Si es no-religiosa e incivilizada obedecerá a costumbres y tradiciones erigidas e impuestas sea por gobiernos tiránicos o como resultado del choque de variadas creencias y corrientes de opinión de esa sociedad.

En consecuencia, como quiera que sea, el ser humano necesita tener un objetivo en sus actos individuales y sociales, y necesita perseguir ese objetivo de una manera apropiada para él, mediante la observancia de reglas de un programa propio.

El Sagrado Corán afirma esta regla anterior cuando dice:

“Y cada uno tiene una dirección (orientación, inclinación) hacia la que debe volverse. ¡ Rivalizad, pues, en buenas obras!...” 

(2:148)

Fundamentalmente, en el lenguaje del Sagrado Corán, la palabra “religión” (en árabe din) significa “modo de vida”. Nadie, ni un creyente, ni incluso aquel que niega totalmente al Creador, carece de una religión (de un modo de vida, con sus reglas, costumbres y creencias), porque es imposible para los seres humanos no creer, sea en la profecía y la revelación o en las actitudes y leyes humanas. Describiendo a los opresores de todo tipo, que son hostiles a la religión divina, dice Dios en el Sagrado Corán:

“…aquellos que desvían (a la gente) del sendero de Dios (sabíl Al.lah: la causa de Dios, Su religión) y buscan hacerlo tortuoso...”

(7:45)

3. El mejor y más firme modo de vida es aquél hacia el que guía la creación de la humanidad, no aquel que resulta de emociones y sentimientos individuales o sociales. Si investigamos cada parte de la creación nos daremos cuenta de que tiene en su existencia un objetivo, un fin hacia el cual está dirigida desde el primer momento de la creación. Marcha hacia él (ese objetivo) a través del curso más directo y corto que allí conduce. Su estructura, tanto interna como externamente, está adecuadamente equipada para su finalidad y sus diversas actividades. Esta es la norma de la creación en el caso de todas las criaturas, animadas e inanimadas.

Por ejemplo, un retoño de trigo, desde el primer día de su crecimiento, cuando emerge de su lecho terrestre con una punta verde creciendo desde el interior de la Simiente, está proyectado a desarrollar una espiga pletórica de semillas. Está equipado con el poder de recoger del suelo y el aire por sí mismo los elementos que necesita en una proporción definida, con lo cual crece más y más cada día, y efectúa muchos cambios hasta que realiza su objetivo.

Si estudiamos también el desarrollo de un nogal, veremos que desde el día mismo de su aparición, está proyectado hacia su particular objetivo: convertirse en un fuerte árbol frutal. Marcha hacia ello adecuadamente provisto, a lo largo de un cierto curso suyo propio, jamás tomando, por ejemplo hacia el rumbo de una planta de trigo, de la misma forma que el trigo no asumirá jamás el curso de un nogal.

Todas las criaturas que forman el mundo visible están destinadas a seguir esta regla general y no hay razón para que el ser humano sea una excepción a esta la felicidad y con qué recursos uno esté equipado). El equipamiento con que cuenta el ser humano es la mejor evidencia de que él también, como otras criaturas, tiene un objetivo para su felicidad y que posee medios adecuados para alcanzarlo.

En consecuencia, la especial creación del ser humano, así como la creación del mundo de la cual el ser humano es una parte inseparable, lo conduce hacia su verdadera felicidad, y le indica las leyes más duraderas, importantes y profundamente enraizadas (en su propio ser) cuya observancia protege su felicidad.

Confirmando el punto anterior Dios Altísimo dice en el Sagrado Corán :

“(Dijo:) Nuestro Señor es Quien dio a cada cosa su creación y luego la guió (a su objetivo)”.

(20:50)

Y dice también :

“El que creó y dio forma armónica (perfeccionó), El que hizo (toda cosa) según una medida y luego la guió (a su objetivo )”.

(87:2 y 3)

Y añade en otro lugar :

“Y por el alma y Quien la perfeccionó, inspirándole luego (el discernir) su propensión al pecado y (el discernir) su temor (a Dios). Habrá triunfado quien la purifique (al alma) y habrá fallado quien la corrompa.”

(91:7 a 10)

Y también:

“Alza tu rostro (oriéntate) hacia el dîn (modo de vida, religión) original, (prescripto según) la naturaleza de Dios en la cual creó al hombre. ¡ No hay alteración en la creación de Dios! Este es el dîn correcto.”

(30:30)

Y además dice:

“Sin duda que el dîn (verdadero) para Dios es el Islam (el completo sometimiento a Dios)”.

(3:19)

expresando que el camino es someterse a Dios y Su Voluntad. Invita así a los seres humanos a observar leyes especiales (las normas reveladas en la religión).

Y dice : 

“Si alguien desea un dîn diferente del Islam no le será aceptado...”

(3:85)

La conclusión de los versículos anteriores y de otros relativos al mismo punto es que Dios Altísimo guía a Sus criaturas, incluyendo al ser humano, hacia el bienestar y el especial objetivo de su creación, a través del sendero (que le marca) su propia conformación. Para la humanidad el verdadero camino es el que le indica su especial creación. Debe seguirse en la vida social y privada aquellas leyes que están impresas en la naturaleza primordial de los seres humanos y no las normas de aquellos hombres que están contaminados por los deseos inferiores y que son como cautivos encadenados por los sentimientos y pasiones. 

Los requisitos que debe cumplir una religión (como modo de vida) primordial (natural y original), es que los medios de la existencia de los seres humanos no sean anulados, que se haga justicia a cada parte (del ser individual y de la sociedad), y que las distintas y opuestas disposiciones tales como las diferentes fuerzas emocionales y sensitivas depositadas en el cuerpo, deben ser moderadas, permitiéndosele a cada una actuar en la medida que no causen dificultades a las demás. (2)

Finalmente, es preciso que el intelecto sea quien gobierne en los seres humanos y no sus emociones y deseos, aún cuando ese intelecto pueda estar en oposición al sentido común. También en la sociedad el orden (y gobierno) debe estar dado por la verdad, los derechos y el bienestar de la comunidad y no por los caprichos y fantasías de un individuo poderoso y despótico, ni por los deseos de la mayoría, porque su opinión (la de la mayoría) bien puede ser contraria a la verdad y los derechos e intereses reales de la comunidad. Otra conclusión puede ser extraída de la discusión precedente, y es que las riendas para la instauración de una norma en religión están sólo en las manos de Dios.

No es conveniente que nadie fuera de Él pueda formular regulaciones y leyes y determinar los deberes porque, como ha sido explicado, las únicas normas que benefician a la humanidad son aquellas designadas para sí a través de la creación (que es Su obra), invitando a las facultades, externas e internas, del género humano a observarlas. Esto significa que Dios debe haber deseado que fueran así (esas normas). Esto es, El ha provisto todos los medios para su cumplimiento y desea que sean cumplidas.

Algunas veces los factores y condiciones son tales que la compulsión es la base de un proceso como el de los diarios eventos naturales (oír, sentir calor, etc.), en cuyo caso la voluntad implicada es la que está gobernada por el instinto. Otras veces un acto es realizado libre y voluntariamente, como el comer y el beber, en cuyo caso la voluntad está regida por la ley divina. Dios, exaltado sea, habla de esto en varios versículos como el que dice:

“Ciertamente el juicio (legislación) pertenece sólo a Dios”.

(12:40 y 67)

Ahora que los puntos preliminares han sido clarificados, es necesario saber que el Sagrado Corán, después de considerar estas tres cuestiones, a saber: el hecho de que la humanidad tiene un objetivo en la vida por el cual, para alcanzarlo, debe esforzarse a lo largo de su existencia; que esta actividad (para alcanzar el objetivo) no será fructífera sin un programa y, finalmente, que este programa debe ser aprendido del libro de la naturaleza, es decir, las enseñanzas divinas, que a la sazón ha proyectado las bases de este programa para la humanidad de la siguiente manera:

El programa del ser humano debe estar basado en la ontología, creer en Su Unidad (de Dios), como el primer fundamento de la religión, y derivar de ello la creencia en la escatología, del Día en que se otorguen a la humanidad la recompensa por las buenas obras y el castigo por las malas. Esto, a su vez, conduce a la creencia en la profecía, pues la ejecución de la recompensa y el castigo no sería perfecta y justa sin el previo anuncio sobre la devoción debida y el pecado, sobre la distinción entre el bien y el mal, a través de la revelación y los profetas como se explicará luego.

Estos tres principios, a saber: la creencia en la Unicidad divina, en la resurrección (y el Juicio Final) y la profecía, fueron considerados los pilares fundamentales de la religión. Esto es seguido por el principio de las virtudes y las buenas cualidades morales con que debe estar dotada una persona de fe y clara perspectiva para ajustarse a los tres fundamentos anteriores. Son descriptas entonces leyes prácticas que preservan el verdadero bienestar, que producen y alimentan las buenas cualidades. Ante todo estas leyes prácticas reveladas actúan como factores que propenden al crecimiento de justas creencias y principios.

No es razonable suponer que alguien que está entregado a las pasiones sexuales, al robo, la traición, el desfalco y el fraude, poseerá castidad y pureza, o que alguien desesperado por amasar riqueza sin dar lo que le corresponde como un deber hacia los demás puede ser llamado generoso, o que alguien que no muestra ninguna devoción a Dios y por semanas y meses no Le recuerda será llamado “siervo de Dios” y “creyente” el Día de la Resurrección.

Tenemos entonces que las buenas cualidades morales sólo permanecen vivas con acciones adecuadas a ellas, así como con creencias fundamentales. Quien, por

Dí (Profeta): Si todos los hombres y los genios se reunieran para conseguir algo como este Corán no lo lograrían, aunque se apoyaran unos a otros.”

(17:88)

“O dicen: El (el Profeta) lo ha inventado. Diles: ¡Traed entonces diez suras (capítulos) inventadas como éstas (si es que podéis).”

(11:33)

“O dicen: Lo inventó, ¡Que traigan entonces una (sola) sura (capítulo) similar a él (el Corán) (si es que pueden)!”

(10:38)

Y en conexión con la tarea específica del Profeta dice:

“Si tenéis duda sobre lo que hemos revelado a nuestro siervo traed una sura semejante a él (el Corán)”.

(2:23)

Y para señalar la ausencia de discrepancias en el Sagrado Corán, dice:

“¿Es que no meditáis en el Corán? Si proviniera de otro que Dios, ¡encontraríais sin duda en él muchas discrepancias!”

(4:82)

porque en este mundo todo está sujeto a cambio y evolución y no deja de haber conflicto entre sus partes y sus estados. Si el Corán fuera obra de un hombre se habría fragmentado en los 23 años de vida del Profeta (BPD)- en que fue revelado secuencialmente- y sufriría de todo tipo de discrepancias.

De esta forma el Corán prueba que es la Palabra de Dios y a través de ello introduce a Muhammad (BPD) como Su Profeta y Mensajero. Así el Libro se convierte en la prueba de su profecía. Esta es la razón por lo que al Profeta se le ordena repetidamente en el Corán que confíe en el testimonio de Dios como expresamente se establece en el Libro, para probar su misión profética. Dice:

“Dí (Profeta): Dios es suficiente como testigo (de mi profecía) entre mí y vosotros.”

(13:43)

Y en otra parte, cita el testimonio de los ángeles sumado al de Dios Altísimo: 

“No obstante Dios testimonia lo que te ha revelado, y los ángeles (también) testimonian, mas Dios es suficiente como testigo”.

(4:166)

 ejemplo, no sabe sino de soberbia, egoísmo e individualismo, no puede esperarse que muestre fe en Dios y humildad hacia Su exaltada posición. Alguien que no ha comprendido el significado de justicia, piedad, compasión y amabilidad en su lapso de vida no evidenciará fe en el Día de la Resurrección y del Cómputo (de las acciones).

Dios Altísimo, en conexión con la relación que existe entre las creencias justas (y verdaderas) y las virtudes, que son las creencias expresadas en actos, dice:

A El ascienden las palabras buenas, y las buenas obras a Él se elevan”.

(35:10)

Esto significa que las buenas obras ayudan a aumentar la fe. Concerniente a la relación de la creencia con la acción, dice:

“Entonces fue funesto el destino de los que obraron mal, aquellos que rechazaron las comunicaciones (la Revelación) de Dios y solían mofarse de ella.”

(30:10)

Resumiendo, el Sagrado Corán contiene los principios fundamentales del Islam que consisten en tres partes:

Primero, los fundamentos de las creencias islámicas, tres de los cuales son el Tawhid (la Unidad divina), la profecía y la Resurrección, y otras creencias derivadas tales como la Tabla (Resguardada, cfr. Corán 85:22), el Cálamo (68:1), el destino y la predestinación, los ángeles, el Trono divino, el Escabel (2:255), la creación de los cielos y la tierra, entre otras. Segundo, las buenas cualidades morales y virtudes; y tercero, las órdenes divinas y leyes prácticas, cuya generalidad (normativa) es descripta en el Sagrado Corán, y sus particularidades fueron establecidas por el Profeta (BPD). Este último, según la tradición de Az-Zaqalain, ha confiado su descripción a los sucesores de su descendencia (los Santos Imames). (3)

El Corán como prueba de la profecía

El Sagrado Corán afirma explícitamente en varios lugares que él es la Palabra de Dios emitida en la misma forma (original) desde la Exaltada Posición de la Divinidad y repetida, sin alteración, por el Profeta. Para probar el punto anterior, que el Corán es la Palabra de Dios y no la del hombre, varios versículos afirman repetidamente que el Libro es considerado un milagro que está más allá del poder y habilidad humanos. Dice:

“O dicen (los incrédulos): Él (el Profeta) lo ha inventado. ¡De ninguna manera! No creen. ¡Que traigan un anuncio como éste (Corán) si dicen la verdad!”

(52:34 y 35)
Notas
1 La frase “sendero de Dios” (sabílil·láh; también la causa de Dios”) en el Corán significa religión y así incluso aquellos que no creen en Dios tienen un programa de vida -en la forma de su sendero o causa propia- que es su “religión”.
2 Este párrafo significa que la religión verdadera, original, en cuanto modo de vida que conduce a la felicidad al hombre, ha sido ya impresa por el Creador en la esencia misma del hombre. En consecuencia, una religión (como sistema de vida y creencias) es verdadera en tanto armonice con la esencia humana, tratando equitativamente a cada una de las facultades humanas, impidiendo en consecuencia la opresión y la injusticia si se cumple, tanto en lo social, como en lo personal del alma humana, evitando por ejemplo que la pasión predomine sobre el intelecto que es superior (Nota del traductor).
3 Referirse a ‘Abaqât, el volumen sobre la tradición de Az-Zaqalain (“los dos tesoros o cosas preciosas”). Esta tradición ha sido recopilada en este volumen en cientos de formas en general y particular) .La tradición o dicho de Az-Zaqalain fue pronunciado por el Profeta Muhammad (BPD) en su sermón de la peregrinación de la despedida ,y también a los pocos días, al volver de dicha peregrinación ,en la localidad de Gadîr Jum. Para ser breves digamos que en él el Profeta, como despidiéndose de su comunidad- poco tiempo antes de fallecer- anuncia que deja tras de sí dos tesoros: El Corán y su Descendencia, los cuales no deben ser separados, pues de lo contrario se extraviarían. Señalando así la importancia de los Imames de la Descendencia Profética (P) para la interpretación profunda y explicación del Libro divino después suyo. (Aclaración del Traductor)
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