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El relativismo y el problema de la verdad en el Islam

Comentario crítico al artículo Debates sobre la Sharia en Webislam, de Abdennur Prado.

13/05/2011 - Autor: María Inés Pazos - Fuente: Webislam
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No todas las creencias son correctas, pero todas son verdaderas.
No todas las creencias son correctas, pero todas son verdaderas.

1. Prólogo a un comentario trasnochado

Le agradezco al Sr. Abdennur Prado que me haya solicitado permiso para publicar en Webislam un comentario a su artículo “Debates sobre la Sharia en Webislam” que publiqué en el blog de su autor. Esperaba una contraargumentación como respuesta, pero lo que recibí fue, en cambio, la amable invitación a ofrecer mis propios argumentos como incentivo a la apertura de un debate entre los musulmanes. Él mismo había planteado la oposición entre por un lado, la bondad de aceptar la diversidad, básicamente en cuanto a opiniones sobre los principios del Islam y sobre reglas de la Sharia, y por el otro, los posibles límites a lo aceptable. En su breve lúcida presentación presenta lo “aceptable” no como un problema respecto de la verdad ni de los métodos para acercarnos a ella, sino como una cuestión más bien (creo entender) emocional, vinculada tanto al peso de la tradición islámica como al de los valores dominantes de una comunidad. Lo aceptable sería simplemente lo que la gente está dispuesta a aceptar en su contexto social. No podemos pedir a las sociedad aceptar algo más que para ella es aceptable, simplemente no tendríamos éxito en el requerimiento.

“En el caso de las minorías musulmanas en Europa, el establecimiento de los límites de lo aceptable y de lo inaceptable pasan por una negociación en la cual habrá que tener en cuenta tanto la tradición islámica como los valores dominantes en nuestra sociedad, pues es en un contexto preciso donde esta negociación se lleva a cabo.”

El Sr. Prado ubica los debates acerca de la Sharia (y sobre el Islam en general) en el contexto de una sociedad posmoderna. En este contexto él parcialmente describe pero también valora ciertos rasgos muy generales de la posmodernidad que tienden a promover la diversidad.

En el contexto de ese comentario fue que, a altas horas de la noche, llamó mi atención un problema subyacente pero que no estaba explícito en su descripción y parcial elogio de la diversidad: El problema de la verdad.

El problema más general, el ontológico, es ¿existe una verdad? Nunca se me hubiera ocurrido negar esto, creo que hay por lo menos una verdad o, más precisamente, un conjunto enorme de verdades parciales acerca de una realidad. Y por el otro lado ¿cuántas verdades hay? ¿Cuántas en el sentido de “cuántos conjuntos de verdades incompatibles acerca de la realidad”. (Para simplificar el lenguaje asumo por definición que realidad es todo lo que hay, de modo que no puede haber varias “realidades” porque cualesquiera “cosas” que se quisiera llamar “realidades” son, por definición, parte de la misma.)

En suma ¿hay una y sólo una verdad? (Si la hay entonces negarla es falso y dos opiniones contradictorias sobre un mismo tema no pueden ser simultáneamente verdaderas. Una de ellas TIENE que ser falsa. Si por ejemplo “Llueve” es verdadero en la ciudad de México a las 13 hs del 9 de mayo del 2011, luego, “No llueve” tiene que ser falso respecto del mismo lugar y momento. Del mismo modo: Si “Es obligatorio para toda mujer musulmana adulta cubrirse el pelo (excepto ante miembros de la familia especificados)” es verdadero, entonces es falso que “No es obligatorio para toda mujer musulmana adulta cubrirse el pelo (excepto ante miembros de la familia especificados)”, y a la inversa, si la última regla es verdadera la primera es falsa.

Pero ese problema de la verdad, el problema ontológico, conduce inmediatamente al problema epistemológico: ¿Es posible conocer la verdad?, ¿Cómo se la conoce? ¿Por la razón? ¿La evidencia empírica? ¿La intuición metafísica? ¿Por introspección? ¿Por alguna combinación de los medios anteriores? ¿Por algún otro modo? Y si es posible conocerla, ¿en qué grado?, ¿con qué certeza y probabilidad de error? Respecto de los sujetos que conocen: ¿quién puede conocerla?, ¿todos? ¿algunos privilegiados?, ¿la mayoría de los seres humanos?, ¿las sociedades son sujetos de conocimiento? ¿cuál es el rol de una comunidad o de una sociedad en esa empresa epistémica? Y finalmente: ¿puede transmitirse, comunicarse, enseñarse, la verdad?. Estos son sólo algunas de las preguntas más básicas acerca del problema general del conocimiento de la verdad. No serían tan importantes si sus consecuencias no fuesen ubicuas en el ámbito de nuestras creencias y si no afectaran de manera tan completa la valoración de todo nuestro pensamiento religioso y consecuentemente, también personal y social.

El problema de la verdad y su relación con una posible aproximación relativista, subyacía a mis observaciones. Transcribo el comentario (con un par de correcciones muy menores) con para intentar convencer a nadie de nada, sino como incentivo para el abordaje de los problemas anteriores y otros que, creo, subyacen a todo el debate. Dejo en él la “espontaneidad y la confusión” y espero que sirvan de incentivo para la crítica y para el diálogo entre los que se asomen a él. Creo que el Islam necesita abrir un debate epistemológico (no sólo político, acerca de la tolerancia y el derecho al disenso y a los mecanismos para obtener acuerdos o negociar soluciones al conflicto). Necesitamos buscar criterios para decidir de manera autónoma nuestras creencias, en uso de nuestro intelecto.

2. El comentario: posmodernidad, relativismo y verdad

Estimado Abdennur Prado, felicitaciones por tan buena presentación y por la capacidad para lidiar con tanta lucidez y claridad expresiva, con las posiciones antagónicas de representantes muy diversos de la comunidad musulmana. Me gustaría hacer un comentario al enfoque general con que trata la diversidad. Tiene que ver con su comentario de que el debate actual que refiere se desarrolla en el contexto de la posmodernidad.

Nunca entendí a qué se refieren los “posmodernos” con “posmodernidad”. Tampoco sé quiénes son posmodernos en el sentido de identificarse o no con los rasgos típicos (si existen tales) de la posmodernidad, o al menos de los que Ud. asigna a la posmodernidad. No sé qué es ser posmoderno y no sé si la sociedad lo sea, o alguna sociedad, como la española, la europea, etc. Pero sí sé que encontrar algunas “constantes” (creencias, valores, inclinaciones, etc.) en una “corriente” o incluso en una sociedad no vuelven “verdaderas” a esas constantes ni hacen que la sociedad o los que defienden esas constantes tengan razón. Este es el contexto en que quiero comentar los rasgos de la ”posmodernidad” que Ud. menciona.

Ud. cita varias características de lo que llama “posmodernidad”:

1) La aceptación de la subjetividad de los planteamientos, 2) la quiebra del saber como ejercicio de dominio, 3) un cierto escepticismo con respecto a la capacidad de la razón, 4) el rechazo a dar por zanjado un tema y dejarlo abierto, como materia para una reflexión siempre renovada.

Parece que no sólo está haciendo una descripción de esta situación sino que la valora de modo positivo. Por eso quiero llamar la atención sobre los elementos esta descripción-valoración, para evaluarlos de manera sucinta desde una posición que es simplemente la defensa de la razón, cuyo uso es derecho y deber cada uno de los seres humanos.

Trataré primero los puntos 1 y 4. Luego el 2 y por último el 3.

1) La subjetividad de los planteamientos: en al menos un sentido general esto parece obvio. Es claramente un valor personal y social que los seres humanos asumamos nuestra racionalidad y nos permitamos plantear y plantearnos a nosotros mismos los problemas. Esto significa simplemente que no hay razones para creer, prima facie, que otros están mejor capacitados que cada uno de nosotros para evaluar la verdad, validez, etc. de cada uno de los elementos de nuestro “sistema de creencias, valores, etc.” Eso no es otra cosa que reconocer que los argumentos de autoridad son falaces cuando se pretende que la autoridad es el mecanismo epistémico para decidir una verdad, y no simplemente uno de los recursos que tenemos para investigarla. Es reconocer el error de buscar en una supuesta autoridad epistémica (humana, claro, sean ulemas, sabios, científicos, etc.) respuestas a los problemas planteados más bien que argumentos que nos ayuden a evaluar esas y otras respuestas.

4) El rechazo a dar por zanjado un tema...: es una consecuencia del punto 1, el derecho decidir autónomamente nuestras creencias, asociado a la posibilidad permanente del error y a la conveniencia de oír y plantear siempre nuevos argumentos en la búsqueda de la verdad.

2) La quiebra del saber como elemento de dominio. Es un elemento interesante, aunque no se vincula con el problema del conocimiento ni con la verdad. La verdad no es ni más ni menos verdadera porque esté en “manos” de los poderosos o porque la posean las masas, las minorías o incluso si nadie la tiene. Este punto tiene que ver, en cambio, con la libertad religiosa y de pensamiento, entre otras cosas. Si es verdad que esto es un rasgo algunas sociedades actuales esperemos que, al menos en cuestiones de valores y religiosas se extienda a las demás, en especial a las del “mundo árabe” en que se impone un conjunto de dogmas selectos como religión oficial inamovible, sujeta por variedad de mecanismos de prohibición a los individuos de acceso al pensamiento autónomo y a la razón. Pero también a cualquier otro ámbito donde se pretenda imponer valores desde una posición perfeccionista.

3) Un cierto escepticismo con respecto a la capacidad de la razón. Este es el único punto que me preocupa un poco. Y no porque crea que deberíamos estar seguros todos de que todo el mundo es absolutamente racional, lo que es obviamente falso. La inversa está más cerca de la verdad. Sino porque si desconfiamos demasiado de la razón nos quedamos sin motivos para desarrollar la tarea de buscar la verdad por medio de la razón de manera honesta. Si no creemos en la razón, entonces dar, oír y evaluar argumentos y de buscar evidencia deja de ser un mecanismo confiable para la persecución de la verdad. Sabemos que podemos equivocarnos, pero también sabemos que no tenemos mejor recurso que la razón. Claro que esa desconfianza puede tener diferentes grados. El grado extremo de desconfianza consistiría en considerarla inútil para acceder a la verdad, de modo que todo el debate argumentativo alrededor del mundo y en cualquier área de pensamiento sería si lo llevan adelante los escépticos una farsa, si lo hacen los ingenuos, un error. Además, temo que esa desconfianza pudiera ser desviada, o bien hacia un escepticismo respecto de la verdad el que sostiene no que no se puede conocer la verdad, sino que o no la hay o bien, lo que tal vez sea peor, hacia una forma auto-contradictoria de relativismo: que hay muchas verdades (incompatibles y simultáneas respecto de lo mismo).

No hay muchas verdades incompatibles, porque hay un sólo mundo, una sola realidad, que hace verdaderas o falsas nuestras creencias. Algunas las hace verdaderas y otras falsas, puede que algunas más no tengan sentido y no se puedan valorar respecto de la realidad. No hay que confundir nuestros límites epistemológicos (nuestra capacidad para descubrir la verdad) con un problema ontológico (el de cuál es la verdad). Por supuesto, hay muchas verdades parciales, la realidad es muy grande, apenas tenemos acceso, y siempre indirecto, a un sector minúsculo de la realidad y de la evidencia acerca de lo que podemos creer justificadamente acerca de ella. En cuestiones de valor el asunto es todavía más complejo. ¿Qué hace verdadera la oración “matar inocentes es injusto”? Pero hay algo que me parece claro, el conocimiento es relativo en muchos sentidos, pero la verdad no. La verdad no es negociable ni se decide en democracia. La democracia es quizás, una buena forma de gobierno, mejor seguramente que otras, y es la mejor que tenemos ahora (cuando la tenemos). Pero no es un mecanismo de acceso a la verdad, al menos no por definición. Ojalá nos ayude a acercarnos a ella, aunque no sea más que dándonos la oportunidad de pensar por nosotros mismos. Pero los sistemas de gobierno no son básicamente herramientas epistémicas. Si queremos alcanzar la verdad debemos buscarla por nosotros mismos y por los caminos adecuados. La verdad no se negocia, no se acuerda y no se construye, ni individual ni socialmente (esto es, claro, una tesis fuerte). La verdad se descubre, aunque nunca hay seguridad de tenerla, lo que no autoriza a dejar de buscarla, hacer hipótesis sobre ella, revisarlas y cuestionarlas permanentemente. El camino para buscarla es, creo yo, y como requisito mínimo, el de la razón. Es, me parece también, el medio que Ud. usa. No sé si es el que propone.

3. Epílogo de media tarde: la responsabilidad de creer

Respecto de la lista de preguntas acerca del conocimiento de la verdad formuladas al principio (punto 1), mi propuesta, en el comentario trasnochado (punto 2) fue que la verdad se busca por la razón y que sólo se alcanza de modo provisorio, incierto, siempre revisable. Que los sujetos somos todos los seres humanos (no las sociedades ni las comunidades). El último punto, el de la comunicabilidad no lo planteé en absoluto. Queda a todos ustedes, abrir un debate sobre la “enseñanza” del Islam. Un debate que no puede apartarse de las decisiones que se tomen acerca de lo que significa “conocer”.

Quiero hacer una aclaración respecto del concepto de razón que he usado, y luego hacer un llamado final al uso de la razón de manera responsable.

Al hablar de “razón” no estaba pensando en la razón formal, en la lógica pura. Tampoco me pronuncié por una combinación de razón y experiencia empírica: aunque tengo preferencia por este tipo de enfoque sobre cuestiones vinculadas el mundo material, creo que es una aproximación próxima a lo inerte para resolver problemas valorativos. Por otro lado, creo que la introspección y la experiencia mística son candidatos endebles a un conocimiento intersubjetivo (uno que pueda ser comunicado y públicamente sometido a crítica, restablecimiento, revisión y fundamentación). Al hablar de “razón” estaba pensando solamente en la apelación a algún método epistemológico adecuado, que a la vez permitiera el acceso público al conocimiento, a su revisión y a su crítica, y la aproximación a la verdad.

¿En dónde quedan el sagrado Corán y la sunah del Profeta (la paz sea con él)? Temo que amenacen con lapidarme si insinúo que hay, desde el principio, una pregunta abierta acerca de qué tipo de fuente de conocimiento es cada una de ellas. El Corán es, desde un punto de vista físico, un libro. Tiene tapas de cartulina y hojas pobladas de caracteres, en muchas versiones expresados en dos idiomas diferentes. Pero ¿cuál es el carácter epistémico de su contenido? De las palabras, de las oraciones, de sus significados. ¿Cuál es su contenido? ¿Cómo identificar significados en el Corán, cómo evaluarlos y qué relación tienen con la verdad? ¿Qué tipo de conocimiento adquirimos de su lectura?, ¿es conocimiento público, privado, social?, ¿es, realmente, conocimiento?. ¿Cuál es la relación entre nosotros y la secuencia de símbolos?, ¿cuál o cuáles son las relaciones entre palabras, sujeto y verdad?. Respecto de la Sunah las preguntas son diferentes y un poco menos comprometidas pero también controvertidas.

No dije nada acerca de la Sharia, desde mi punto de vista no hay manera de encontrar fundamentos mínimamente sustentables acerca del carácter “divino” de la mayor parte de lo que suele incluirse en la llamada “Sharia”. Claro que la gente seguirá discutiendo acerca de ella, la gente tiene esa costumbre de no hacerme caso. Yo misma he tenido las discusiones más fuertes con otros musulmanes (supuestamente moderados) que defendían la lapidación y otros castigos corporales sin base (real) en el Corán ni en la Sunah.

Opino que la búsqueda de una posible solución de nuestros conflictos, tanto sociales como interiores (entre por ejemplo, nuestras intuiciones morales y lo que “creemos que deberíamos creer como dogmas de fe”) dependen de un restablecimiento de los fundamentos de nuestras creencias. No es posible enfrentar el conflicto sin contar con un entendimiento adecuado de la fuente final de los desacuerdos, si no reconocemos que tenemos diferentes formas de entender la verdad y de aproximarnos a ella. Si no vemos que el desacuerdo depende del uso de criterios epistemológicos incompatibles (la aceptación ciega de una tradición contra teorías que permiten la libertad en la interpretación; el uso de alguna de una gama de alternativas acerca de cómo interpretar o de valorar lo que se considera “evidencia”, el uso de nociones diferentes de “evidencia”; una aproximación mística o simbólica al contenido de la religión, etc.).

Creer no es sólo un estado mental que tenemos, como tenemos piel morena o amarilla. Creer es optativo, depende de elecciones. Las elecciones son conductas y somos responsables de nuestras conductas. La responsabilidad del ser humano no es sólo la de defender creencias (ideales, ideologías, sistemas religiosos, sistemas de valores o incluso teorías científicas). Defender una creencia es irresponsable si no asumimos la responsabilidad por la decisión de sustentarla. Depende de nosotros asumirnos como sujetos autónomos, responsables de nuestro propio sistema de creencias.

Le doy gracias a Dios por la oportunidad de esbozar en un ámbito público algunas de mis más intensas preocupaciones.

María Inés Pazos
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