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Benedicto se lo debe todo a Juan Pablo II

No creo en el Papado. Me parece que es una institución que debe desaparecer para que brille el Evangelio

01/05/2011 - Autor: Ana Anabitarte - Fuente: El Universal
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Juan José Tamayo, secretario general de la Asociación de Teólogos Juan XXIII y director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones

El 8 diciembre de 2005, un grupo de teólogos de todo el mundo firmaron un documento en el que mostraban su oposición a la beatificación de quien había sido Papa durante los últimos 27 años, Juan Pablo II.

Argumentaban que durante su Pontificado, Karol Wojtyla presionó a los teólogos de la liberación, bloqueó a las comunidades de base, se negó al diálogo con los fieles comprometidos con la justicia y encubrió a pederastas como Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Entre los firmantes estaba el español Juan José Tamayo, secretario general de la Asociación de Teólogos Juan XXIII y director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones.

En vísperas de la beatificación de Juan Pablo II, el 1 de mayo, Tamayo defendió aquellos argumentos. En entrevista con EL UNIVERSAL, dijo que el finado Pontífice llenaba las plazas pero vaciaba las iglesias, lo acusó de autoritarismo papal, aunque alabó su doctrina social y su defensa de la justicia y de la solidaridad.

¿Por qué se opone a la beatificación de Juan Pablo II?

Yo no soy muy entusiasta de las beatificaciones y de las canonizaciones. Me opongo a ésta y a todas en general porque están envueltas en unos mecanismos curiales alejados de los valores cristianos originarios. Los criterios que se siguen están muy lejos de los principios evangélicos y responden a otro tipo de intereses. Prefiero que se adopte otra actitud hacia los testigos, los profetas, los cristianos y las cristianas comprometidos en la lucha por la justicia, que se les reconozca en vida, se les defienda, se les ponga como ejemplo.

En el caso de Juan Pablo II me opongo por la presión a que sometió a los teólogos de la liberación, por el desdén hacia las comunidades de base, por su negativa a dialogar con los movimientos cristianos por los que optan los pobres, por su crítica de los defensores del diálogo interreligioso y los cultivadores de la teología de las religiones, por haber encubierto a pederastas como Maciel, por el silenciamiento de la voz de muchos teólogos y teólogas, por la limitación de la libertad de investigación y de expresión a todos los niveles: desde la imposición de la censura a los libros, el cese de las cátedras a profesores, la prohibición de escribir y hablar, hasta la condena de sus obras, el cierre de revistas, etc.

En el caso de Marcial Maciel ¿cree que Juan Pablo II conocía los abusos que cometía y los ignoró?

Sí. Lo sabía él como lo sabía mucha gente a su alrededor porque había sido denunciado sistemáticamente desde hacía muchos años. Y conociendo lo que pasaba no actuó con la firmeza que hubiera sido necesario. No sólo no lo sancionó, como correspondía a la gravedad de su comportamiento, sino que lo encubrió. Hubo encubrimiento y colaboración.

¿Le ha sorprendido la celeridad con que se ha decidido su beatificación?

No. Como dice el refrán: “Es de bien nacidos ser agradecidos”. Benedicto XVI se lo debe todo a Juan Pablo II.

Si no hubiera sido por él, Benedicto XVI hubiera terminado sus días hace 10 años al frente de la archidiócesis de Munich y hoy sería un arzobispo emérito como tantos otros centenares de arzobispos que hay en el mundo.

Pero gracias a Juan Pablo II, que lo colocó en el centro de operaciones de la Curia, que es la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger fue escalando puestos hasta conseguir el Pontificado. Por eso, en agradecimiento y habiendo tal convergencia y sintonía entre las dos personalidades, las dos ideologías y los dos pontificados, ha dicho: “Beato súbito”. Y lo ha elevado a los altares para que se le rinda culto público.

Pero el Vaticano no es sólo Benedicto XVI ¿O si?

Sí. No nos engañemos. La Iglesia es el Papa, que se encuentra en el vértice de la pirámide. Y todo lo que hay debajo lo tiene dominado y sometido. El Papa no lo es todo teológica ni evangélicamente, porque desde el punto de vista evangélico ni siquiera se justifica el papado, pero lo es todo fácticamente, realmente.

La Iglesia está formada por todos los cristianos, de acuerdo con la teología del Vaticano II, pero la teología de Juan Pablo II y la de Benedicto XVI excluye a los creyentes de todo tipo de protagonismo dentro de la Iglesia católica. La escalada del autoritarismo papal y del monopolio de la Iglesia por parte del Papa procede de la última etapa de Pablo VI pero se refuerza con Juan Pablo II y llega a su culminación con Benedicto XVI. No hay otra referencia para la Iglesia católica que el Papa. Los medios de comunicación caen en esa trampa cuando dicen “Iglesia católica” y se refieren al Papa, nunca se refieren al pueblo de Dios. Dicen: “La Iglesia católica está en contra del aborto, del divorcio”. Pero no es la Iglesia católica en su conjunto, como comunidad de creyentes, la que se opone a la interrupción voluntaria del embarazo ni al divorcio, sino el Papa y los obispos (no todos).

Se ha dicho que Juan Pablo II no sabía lo que ocurría en el interior de la Curia.

No es cierto. Hubo un inteligente reparto de papeles. El trabajo de Curia no le interesaba pero lo dejó en gente de su absoluta confianza, como Ratzinger, que tenía todo atado y bien atado. Él sabía lo que pensaba el Papa y sin preguntarle ponía en práctica su voluntad. Juan Pablo II no vivía de espaldas a lo que ocurría en el Vaticano. Eran cómplices y dejó en manos de curiales sumisos y obedientes los asuntos administrativos porque sabían que los iban a gestionar conforme a su pensamiento. Todos esos mitos hay que desmontarlos.

Usted ha dicho que Juan Pablo II llenaba las plazas pero vaciaba las iglesias. ¿Qué tuvo de positivo su Pontificado?

Muchas cosas. La doctrina social de Juan Pablo II, en muchos puntos, pasaba por la izquierda a la socialdemocracia europea. En temas sociales fue el Papa que más avanzó y el que llegó más lejos.

¿Cómo?

Colocando el trabajo por encima del capital, exigiendo unas relaciones justas en el mundo laboral, denunciando los mecanismos de opresión existentes en las relaciones internacionales, criticando con una dureza y severidad el capitalismo, desenmascarando los mecanismos ocultos de explotación que operan en la economía de mercado.

En todo esto destacó sobre los papas anteriores desde León XIII, con quien se inicia la doctrina social de la Iglesia. Además, en todos los foros internacionales defendió de manera incondicional la justicia y la solidaridad.

Fue una personalidad de una relevancia extraordinaria. Pero toda esta crítica que hace del capitalismo también la hace del socialismo, sin distinguir distintos tipos o modelos de socialismo y todo esto lo va a integrar dentro de lo que él llama “la civilización cristiana”. Juan Pablo II dijo que fuera del Evangelio no hay respuesta o solución al problema social. Y ahí está el error, a mi juicio. Yo creo que siendo un hombre muy crítico del neoliberalismo, del capitalismo, de las estructuras sociales injustas, del pecado estructural, se movía dentro del paradigma de la cristiandad.

Consideraba que los problemas de la humanidad sólo tenían solución en el Evangelio cuando realmente el Evangelio puede inspirar, alentar, animar propuestas alternativas para una sociedad igualitaria, pero no tiene los instrumentos para llevarlo a cabo.

Usted viaja muy a menudo a México. ¿Qué opinión le merece la Iglesia católica mexicana?

No la conozco bien. Mi relación es con colectivos culturales progresistas, con instituciones y asociaciones teológicas que siguen la metodología de la liberación y con comunidades de base.

Por lo que se refiere a la jerarquía católica creo que no ha destacado por la opción por los pobres, y menos aún por el apoyo a la teología de la liberación. Es más, ha sido punta de lanza en contra.

Ha sido una jerarquía muy conservadora, muy papalista y vaticanista, con excepciones, claro, y muy honrosas como Samuel Ruiz, Sergio Méndez Arceo, Raúl Vera, etc. Creo que hoy está muy alejada de las inquietudes populares, de los movimientos de liberación y de los cristianos de base.

¿Cree que algún día habrá un Papa mexicano?

Preferiría que no. Sería más de lo mismo. Un Papa mexicano vaticanista no defendería la identidad y la idiosincrasia del pueblo mexicano.

“Papalizaría” —perdón por el neologismo— todavía más la Iglesia mexicana

¿Qué Papa le gustaría que sucediera a Benedicto XVI?

Ninguno.  No creo en el Papado. Me parece que es una institución que debe desaparecer para que brille el Evangelio. Es una condición necesaria para que el Evangelio se viva en su autenticidad y sea realmente transformador de estas sociedades injustas. El Vaticano y el papado deben desaparecer para que el Evangelio se haga realidad en la historia.


 


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