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Damasco amargo

Entrevista al embajador argentino en Siria, Roberto Ahuad

12/04/2011 - Autor: Redacción - Fuente: www.noticiasyprotagonistas.com
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La complejidad de todos los procesos que se están viviendo en la región obliga a intentar el diálogo.
La complejidad de todos los procesos que se están viviendo en la región obliga a intentar el diálogo.

Por de pronto, las informaciones han sido más contradictorias que en los demás casos: desde medios de comunicación que fueron durísimos con el gobierno de los Assad padre e hijo, a otros cuyos corresponsales aseguran que en la calle son tantos o más los que salen a defender al Presidente que los que se movilizan para criticarlo. Incluso no descartan el aprovechamiento de estas revueltas generalizadas por parte de sectores del Islam sunni, quizás alentados por Arabia Saudita, habida cuenta de la cordial relación que el presidente Bashar mantiene con Irán.

Del mismo modo, están los que especulan que detrás de la revuelta puede olfatearse el perfume de la CIA y de Israel; sin embargo, si bien la CIA ya no sorprendería a nadie en lo que a intromisión se refiere, no parece tan claro que Tel Aviv esté en línea con los que pretenden la salida de Bashar el Assad del poder. No es santo de su devoción, pero han podido mantener un statu quo que no pasó de quejas y reclamos discursivos por la devolución de los Altos del Golán. En cambio, muchos de los revoltosos piden una acción más decidida, por lo que es posible pensar que Israel no alienta el cambio, al menos por ahora.

La complejidad de todos los procesos que se están viviendo en la región obliga a intentar el diálogo con quienes están atravesando el histórico momento “in situ”, y en este caso, el embajador argentino en Siria, Roberto Ahuad, es quizá una de las referencias más destacadas, tanto por su cargo, como por su propio origen. Con él conversamos.

Noticias & Protagonistas: Embajador, ¿cuál es la situación hoy, en un momento en que la información nos dice que hace tantos años que no se levanta el estado de sitio?

— Roberto Ahuad: Para ser exactos, desde 1973. Ahora, en los últimos días, parece haberse tranquilizado un poco, aunque no lo estuvo una semana atrás. Debo ser franco: quizá nosotros llegamos a la información después que ustedes, porque nos manejamos con algunas empresas internacionales de noticias, pero sólo las que podemos encontrar.

¿Y en los medios locales?

— No, ahí la información no sólo no es abundante sino que además tiene muchas contradicciones. Es muy difícil saber objetivamente qué es lo que pasa. El clima no es el mejor, está claro; hay ciudades como Daraa con muchas muertes; la información oficial habla de enfrentamientos, pero por otro lado también hay acusaciones de agresión por parte de los manifestantes. Elaborar seriamente un informe es difícil, se los aseguro. Lo que sí me animo a decir es que, si bien se trata de un régimen no democrático, que lleva casi 40 años entre el padre y el hijo, la imagen del Presidente goza de simpatías importantes en la sociedad. Por eso, cuando empezó el conflicto en la región, se pensó que no iba a ser algo muy complicado. Había una oportunidad interesante para resolverla en paz.

Los Assad pertenecen a la comunidad alawita del Islam, en medio de una mayoría sunni. Parte de los enfrentamientos se dan en zonas donde ya los hubo en tiempos del padre del Presidente. Usted, que tiene descendientes de la zona y los conoce, ¿percibe inquietud, miedo en la sociedad hoy?

— Es cierto, soy de origen sirio. En realidad, cuando comenzaron los conflictos no fueron en zonas donde los hubiera habido antes. Ustedes quizá se refieran a Hama, cerca de Alepo que es la segunda ciudad del país, muy desarrollada, industrial, comercial. Allí sí hubo hace mucho, enfrentamientos con sunnitas que luego se fortalecieron en la Hermandad Musulmana, y hubo muchos muertos: algunos hablan de 2.000, pero otros dicen que no bajaron de 30.000. Igual, uno solo ya hubiera sido importante. Pero hoy no se levantaron allí.

Desde luego, toda muerte vale. Entonces, ¿cuál fue el epicentro?

— La zona sur, frontera con Jordania; lo llamativo es que el vicecanciller y el vicepresidente primero son de allí. Hay muchos funcionarios que son de Daraa; esto no obedeció a una lógica, ni siquiera religiosa. Luego, lógicamente, a caballo de la situación aparecieron sectores religiosos reivindicando la lucha, lo mismo que intereses políticos. Pero si algo es cierto en estos 40 años de gobierno de los Assad, es que tuvieron un criterio laico de gobierno, no confesional; de hecho, su pertenencia es a una minoría y hubiera sido poco prudente.

¿Otras confesiones que no fueran parte del Islam tuvieron problemas? En Egipto, por ejemplo, hubo atentados contra los cristianos coptos.

— No, en absoluto. Más les digo: yo tengo bastante relación con los sectores cristianos a los que pertenezco, y no se vive discriminación ni se los margina. Por supuesto que si llegara a tomar un perfil confesional, sería más peligroso.

Esta situación en Siria no parece igual a la de Egipto, o Túnez, y mucho menos a la de Libia. Por otro lado, tampoco parecería que la cuestión religiosa fuera la clave, como alguna vez pasó en Irán.

— No, en realidad pasan por otro lado. Yo vengo de la década del ´70, he militado políticamente desde entonces. Las reivindicaciones que nosotros pretendíamos desde la juventud en Argentina no estaban ligadas tampoco tanto a lo económico como a la libertad de expresión, a opinar. Creo que este es el denominador común en toda la juventud del mundo, que reclama más que nosotros. Es casi natural: la libre expresión, la corrupción, los bajos salarios, las oportunidades que faltan, son muchas cosas que se cruzan.

Además los jóvenes sirios están preparados, ¿verdad?

— Sí, en general tanto en Siria como en el Líbano están muy capacitados, se esfuerzan mucho, pero luego les cuesta encontrar una salida laboral. Esto lo hemos padecido nosotros, en Argentina, donde generábamos profesionales y luego se ganaban la vida como taxistas. En Túnez, el chico que se puso a vender verdura y se inmoló porque no lo dejaban hacerlo, era un profesional. La juventud es un motor que transforma realidades a gran velocidad; ni los gobiernos ni los partidos pueden acompañarlos porque tienen otra dinámica. Lamentablemente, cuando logran sus objetivos suele ser a costa de vidas ante regímenes muy estructurados, con conceptos de gobierno muy rígidos, capaces de reprimir toda protesta o manifestación. La razón debería superar a las ambiciones, al menos es lo deseable.

¿Qué influencia han tenido Facebook y Twitter en la realidad que se vive en Damasco?

— Hace unas semanas se logró la liberación de YouTube y Facebook, pero era algo que ya se venía aprovechando de antes porque hay formas que los chicos conocen muy bien; ellos saben cómo hacer para evitar los bloqueos, por eso pueden ver lo que está pasando más rápido que nosotros. No voy a negar que las redes fueron un elemento convocante, pero quizás no tanto como pudo haber sido en Egipto, donde hasta llegaron a nombrar a un bloguero que trabaja en Google como el padre de la revuelta. Me parece que acá fue un elemento comunicador muy importante, pero no el centro. El momento de mayor expresión fue el rezo del viernes, y desde allí se movilizaban. Creo que ese factor fue más importante que Facebook o sus similares.

“Factor de estabilidad”

Así definió hace poco Henry Kissinger a Siria, lo que no es poco decir; ni del país, ni de quien lo dijo. Hoy, esa “estabilidad” está en jaque, lo que no quita que sea cierto que el antiguo reino, hoy república (aunque siga pareciendo una monarquía), es un país clave en la región.

Es uno de los Estados nación más antiguos; Damasco, una de las urbes más importantes y simbólicas, independientemente de no tener una potencialidad económica tan marcada como Irak y la misma Libia. La vida en Siria es modesta, pero no pobre: no existen en Damasco los inmensos barrios de viviendas muy humildes, nuestras villas, para ellos “chabolas”, que proliferan, por ejemplo, en El Cairo.

El fallecido presidente Hafez el Assad forjó en la década de los ´80 una alianza de conveniencia con Irán, robusteciendo la influencia propia en el Islam chiíta que en la región está representada por Hezbollah, cuya actividad es tan visible como estratégica en El Líbano.

Hafez fue astuto: orquestó la política de manera tal que logró hacer su presidencia “hereditaria”. Le falló con su primogénito Basil, muerto joven como consecuencia de un accidente. Por eso su otro hijo, Bachar, oftalmólogo cómodamente instalado en Londres, tuvo que asumir el cargo ante la enfermedad de su progenitor, y continuar la línea del partido Baath, con apoyo del Ejército y mano dura cuando fuera necesaria. De allí la permanencia del Estado de emergencia contra el que los jóvenes se han rebelado, por coartarles toda posibilidad de expresión.

“De todos los países árabes en los que he trabajado en las últimas tres décadas, Libia, Irak y Siria han sido, por este orden, los peores para el periodista”, comentó un free lance para Euro-News. “En los dos primeros no había modo de dar un paso fuera del hotel sin la vigilancia explícita de un comisario político; en el tercero, tenías libertad de movimientos, pero los mujabarat, esto es, los espías del régimen, hacían ostentosas demostraciones de que controlaban todos tus movimientos”.

Desde el inicio de las revueltas, el régimen ha intentado crear cortafuegos a través de subsidios económicos y algunas promesas de apertura, pero no han sido del todo creíbles, por lo que la estabilidad a la que hace referencia Kissinger no parece comprada.

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