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Desde la táriqa del corazón (XIX): Al calor del Amor

La conciencia del olvido es ya en sí un principio de recuerdo

05/04/2011 - Autor: Sáleh Abdurrahim ‘Isa - Fuente: Webislam
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Un corazón de luz se dibujó en mi casa (Foto: Hashim Cabrera)

Bismil-Lahi r-Rahmani r-Rahim… Al hamdulil-Lah:

“Toda alabanza Le pertenece a Al-Lah, que ha hecho descender una Escritura divina sobre Su siervo y no ha permitido que nada tortuoso oscurezca su significado”

(Corán 18,1)

Al-Lahumma, Tú eres Ar-Raqim y Al-Muqit, concédenos el calor de Tu rahma. Tú que otorgas que lo maleable se torne resistente a los cambios o se deshaga de toda forma y volumen, danos, de acuerdo con nuestro estado y condición, conciencia de lo correcto. No nos permitas dar la responsabilidad en los asuntos que a todos nos atañen a quienes no cumplen con ella, y a aquel que nos venga con agua y fuego, confiérenos verlo con fuego… Y que no nos sea grato el asesinato ni apretando el percutor, ni dando la orden, ni condescendiendo con el silencio.

Hay una versión del cuento “La Princesa de Fuego” de Pedro Pablo Sacristán, que nos dice: “Hubo una vez una candidata que fue elegida presidenta, y que era increíblemente guapa, casi tanto como inteligente, formada y noble. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus erarios, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más hermoso, humano y auténtico a la vez.

La Casa Presidencial se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores más alegres, de cartas de amor inconmensurable y de pretendientes banqueros, grandes accionistas, empresarios internacionales y embajadores de todo el mundo… Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra, de las que se arrojan a cualquier ventana para simplemente romper sus cristales.

Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven: un muchacho del pueblo, en permanente estado de malestar, cansado de manifestarse sin que nadie le hiciera caso, hambriento de cambios históricos, de esos a los que algunos denominan locos, o ilusos al menos, inconformistas, artistas, poetas y otras cosas…

Ella le preguntó: “¿Qué significa esta piedra?”. Él contestó: “Esa piedra representa lo más valioso, hermoso y humano que os puedo regalar, señora: es mi corazón. Y también es auténtico, porque aún no es vuestro y, por tanto, es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de Amor se suavizará y será más delicado que ningún otro.”

El joven se marchó tranquilamente, dejando a la presidenta sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos.

Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía cual la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro… Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo trascendente, como la cáscara del fruto.

Durante los meses siguientes, la presidenta se propuso cambiar en el gobierno y el Estado, y como con la piedra, dedicó su vida, su cognición y sus posibilidades a separar lo inútil de lo trascendente… Acabó con la ostentación inservible, las decisiones supeditadas a los intereses de unos pocos, y los gastos en reparación de los peculios perdidos por los bancos, y las gentes del país tuvieron comida y libros.

Cuantos trataban con la presidenta salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola presencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarle cariñosamente “la princesa de fuego”… Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la presidenta hasta el fin de sus días”.

Pues el Amor, en todos sus sentidos, es la mayor fuerza calórica de todas… Pero, ¡qué pocas veces nos paramos un momento cuando recibimos una “pedrada” para mirar la piedra y entender lo que oculta! Antes bien, devolvemos el golpe aún sin entender lo que oculta la piedra que lanza nuestra propia lengua… Porque esa piedra representa lo más valioso, hermoso y humano que podemos regalar: nuestro corazón encallecido… ¿Y qué sutilezas se le pueden pedir al corazón gélido y endurecido?, cuanto de él surja no puede ser sino duro y frío, pues el granizo destroza las cosechas como los diluvios las inundan, y sólo el agua en su estado gaseoso crea el rocío y genera nubes y nieblas con las que regar los campos…

El problema es que el estado de olvido implica tanto una ausencia de recuerdo de la Realidad como de conciencia sobre dicho olvido, ya que la conciencia del olvido es ya en sí un principio de recuerdo, de la misma manera que para el que sueña dormido, la conciencia de que lo que está ocurriendo no es más que un sueño, implica un envite hacia la vigilia y el despertar… Y así como al dormido se le infunde el recuerdo, o esa conciencia que le hace despertar, mediante un sonido, un roce o una pequeña sacudida; inconscientemente, las piedras que nos lanzamos unos a otros, haciendo ruido y sacudiendo nuestro interior, no son más que tentativas de despertarnos mutuamente, porque alguien despierto nos venga despertar a nosotros también… Como el niño que despierta a sus padres con sus lloros para que éstos le vengan a abrazar y a cobijar de algún mal sueño.

Queremos enseñar a nuestros hijos sin darnos cuenta de que lo que deberíamos hacer es pedirles su mano para que nos muestren la senda que lleva al Conocimiento, pues ellos son capaces de recordar lo que nosotros olvidamos: el deseo de Conocer; ya que al menos ellos sí que son conscientes de su desconocimiento.

No eres tú quien se ha ido,
que es tu ausencia mi olvido.

Me hallaste a la deriva
en un mar de agua altiva,
sin un timón, perdido;
más que un faro es luz viva
tu amor que nada esquiva.

No eres tú quien se ha ido,
que es tu ausencia mi olvido.

Te añoro en el recuerdo.
Si te olvido me pierdo
entre sueños, vencido
sobre el polvo que muerdo,
pero tú me alzas cuerdo.

No eres tú quien se ha ido,
que es tu ausencia mi olvido.

La Realidad, tú eres.
El sueño: formas, seres,
antítesis de “he sido”,
dolores y placeres,
soledad y quereres.

No eres tú quien se ha ido,
que es tu ausencia mi olvido.

No soy digno de ti:
tantas veces caí…
Dame fuerzas, te pido,
para volverme a ti
siendo tú todo en mí.

No eres tú quien se ha ido,
que es tu ausencia mi olvido.

Dame alas para el vuelo
pues mi nido es mi duelo,
ya no sé dónde anido.
Alcanzarte es mi anhelo
porque tú eres mi cielo.

No eres tú quien se ha ido,
que es tu ausencia mi olvido.

Mi sueño es tenebroso,
de tu amor envidioso,
apenas has venido
y nos rompe el reposo
como huracán celoso.

No eres tú quien se ha ido,
Que es tu ausencia mi olvido.

Si me salgo, me adentras.
Si me pierdo, me encuentras…
¡Oh, tesoro escondido!
¿Por qué divago mientras,
si sólo tú me centras?

No eres tú quien se ha ido,
Que es tu ausencia mi olvido.

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