webislam

Miercoles 16 Octubre 2019 | Al-Arbia 16 Safar 1441
966 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=19102

Odisea del Amanecer

El virus revolucionario es, también, mutante

05/04/2011 - Autor: Hesiquio Trevizo Bencomo - Fuente: www.diario.com.mx
  • 25me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

... expresión ultrajada de un hartazgo y de una necesidad vital de emancipación y de libertad,.. (Foto: es.noticias.yahoo.com).
... expresión ultrajada de un hartazgo y de una necesidad vital de emancipación y de libertad,.. (Foto: es.noticias.yahoo.com).

Los nombres con que se designan estas guerras disfrazadas suelen ser sonoros, altos y significativos. Los especialistas se equivocaron, unos porque creyeron que Gadafi era un ídolo, un iluminado querido por el pueblo, otros porque ponderaban el poder y apoyo internacional que gozaba el coronel. De hecho, el virus revolucionario brincó de Túnez a Egipto. Pero una cosa es la estrategia occidental y otra las aspiraciones de los pueblos que se han levantado para exigir libertad.

Libia es el surtidor inmediato de energía para Europa; de hecho, un ducto submarino une a Libia y a Italia. Ello determina la acción europea inmediata bajo la capa de la defensa de los civiles. Nada importan los demás civiles de otros países que han entrado en el vendaval. Los “aliados” no intervendrán en Yemen y ni siquiera como mal pensamiento en Siria. Tras la defensa de los “civiles” está el interés energético. El virus revolucionario es, también, mutante. Sin embargo, el problema se complica por una reacción natural: los migrantes que ahora en forma de refugiados invaden Europa. En Italia ya hizo crisis el fenómeno migratorio.

El Hermano, Guía de la Gran Revolución –que así se hace llamar Gadafi– que rige la Gran República Popular Socialista Árabe –o sea, Libia– Gadafi, digo, es todo un personaje montado por las potencias occidentales. Una inmejorable descripción se la debemos al viejo periodista Juan Goytisolo en una entrega aparecida en El País: El Estado soy yo. Gadafi acapara el poder en un país sin Constitución, Parlamento ni partidos y su endiosamiento carece de límites. (23/02/2011).

Este autor revela el trato que los líderes europeos dispensaron siempre al coronel. Un pasaje nos lo dice casi todo: Las inmensas reservas de hidrocarburos del país de su propiedad –las mayores de África– explican tanta obsequiosidad, compadreo y falta de principios. Desde su alineación con los presuntos estados árabes moderados, esto es, opuestos al terrorismo islamista, todo le fue perdonado: no sólo su demagogia y sus soflamas contra el imperialismo norteamericano, sino también cuanto se cocinaba en las cloacas del poder: la represión sangrienta de cualquier conato de oposición; la desaparición entre muchas otras, sin dejar huella, del padre del novelista Hisham Matar; la participación de sus servicios secretos en el atentado de Lockerbie en 1988, en el que perecieron 270 pasajeros, (muchos eran soldados americanos que regresaban a su país); el repugnante proceso de las desdichadas enfermeras búlgaras acusadas de propagar el Sida a fin de ocultar las carencias del sistema sanitario libio...

Su desmesurada afición a los disfraces y escenarios de “autenticidad beduina” era en verdad única. Gorra de plato, librea, medallas, charreteras, uniformes de almirantazgo o de húsar del imperio austrohúngaro, feces otomanos, turbantes tribales, túnicas azules en juego con birretes del mismo paño, capas majestuosas de todos los colores del arcoiris (tal vez por aquello de que “una buena capa, todo lo tapa”), enmarcaban un rostro cada vez más inexpresivo y acartonado, con la mandíbula desdeñosamente alzada al estilo de Mussolini. El frenesí exhibicionista le acompañaba en todos sus viajes o en los actos de pleitesía que le tributaban los déspotas africanos. Instalaba así su jaima portátil (una carpa gigante, como de circo, en la que se hospeda con su extravagancia de fantasía oriental. Jamás se hospedaría en hotel), en Roma, París, Madrid y Londres, recibía los abrazos de Berlusconi, Sarkozy y de los primeros ministros español y británico, respondía a la afrenta de la Policía de Ginebra que detuvo a su hijo por maltrato físico a sus servidores, no sólo con la retirada de todos sus fondos de los bancos suizos, sino también con la original propuesta de que la Confederación Helvética fuera borrada del mapa y repartida conforme a sus distintas lenguas entre Alemania, Francia e Italia. En Roma anunció que, ahí, construiría la mezquita más grande del mundo.

Caso que se dio que 700 intelectuales de todo el mundo se reunieron en Trípoli para estudiar el pensamiento de Gadafi; y se llegó a tanto que hubo una videoconferencia simultánea, en las Universidades de Madrid y Trípoli en la que Gadafi disertó para los estudiantes que sólo paraban de aplaudir cuando el coronel, con un leve gesto les indicaba que deseba continuar. Esto, más el comercio de armas con el que “los aliados” armaron al coronel, nos convence que el oportunismo geopolítico y los recursos energéticos empañan las luchas libertarias y que eso de las “revoluciones” tiene demasiados claroscuros.

La fotografía no es, pues, en blanco y negro. Una descomunal e inveterada injusticia insoportable está a la base de esta conmoción que se ha levantado en el llamado mundo árabe. No obstante las diferencias a veces sustanciales entre los distintos países del Norte de África y de Oriente Medio en la lucha con la ola de manifestaciones de la “primavera árabe”, hay un hilo conductor de naturaleza económico-político que vincula todos estos sucesos. Desde el Norte de África hasta Afganistán y Pakistán existen vasos comunicantes.

La revuelta en Túnez y Egipto, y la agitación en el resto de Oriente Medio y el Norte de África son el resultado de un profundo descontento de la juventud que rechaza el autoritarismo, la corrupción y la falta de oportunidades económicas y políticas”, declaró Malika Zeghal, profesora de Pensamiento Islámico Contemporáneo en la prestigiosa Universidad de Harvard (USA) y autora del ensayo “The Power of a New Political Imagination” al ser entrevistada por el Il Sussidiario.net (22 marzo).

Hay un dato que no conviene olvidar; de hecho, por ello me ocupo del tema. Todo empezó en Túnez cuando un joven se inmoló, prendiéndose fuego ante la desesperación y la impotencia en que su vida había desembocado; sucedió que él, para ayudarse un poco, compraba verduras y las revendía por las calles y plazas para ganar algo. Igual que aquí, el viejecito o el joven que empujan un carrito con verduras por las calles. Un día, la policía lo detuvo de nuevo, le confiscó el carrito y la mercancía por reincidencia. En respuesta, él se suicidó prendiéndose fuego. Ahí comenzó la revolución árabe que dará mucho de qué hablar a la historia.

Y a donde voy es a lo siguiente: ¿qué se piensa hacer con los jóvenes mexicanos? Estamos frente al sonado y celebrado caos de los ni-nis. ¿No estamos, también, ante horizontes cerrados y falta de oportunidades? ¿No tenemos un déficit educativo en cantidad y calidad? ¿Cómo se explica que sean los jóvenes, cada vez más jóvenes, lo que engrosan las filas de la delincuencia, los que engrosan las filas de los adictos, los carjakers, los secuestradores?

Realidades distintas; aquellos jóvenes luchan y se inmolan por un ideal, aquí, los nuestros se refugian en el derrotismo, en el nihilismo, en el suicidio; la delincuencia les ofrece un mundo más atractivo y el mundo político sólo se refiere a ellos como material propagandístico, como material electoral y felices ocurrencias. Lo más llamativo de la “primavera árabe” es que son jóvenes y civiles de todas condiciones los que están luchando en las calles, bien o mal. El detonador ha sido la corrupción y la ceguera política.

Sin responder por las cifras, pero lo que se publica sobre el gasto en publicidad del presidente mexicano, es insoportable: sumando el gasto publicitario ejercido entre el 2007 y 2010, más los 1,939.7 millones presupuestados para el 2011, el Gobierno de Calderón habrá destinado hasta la fecha 18 mil 834.2 millones en ese rubro. Con este monto se podrían construir 18 hospitales o 18 mil 834 escuelas públicas. No me hago responsable de tales datos porque las consecuencias de tales despilfarros son impredecibles, determinan la desesperación y el hartazgo del pueblo. Mutatis mutandis, cambiando lo que haya que cambiar, es lo mismo que ha asfixiado a los pueblos árabes. Y aquí sí existen partidos políticos, cámaras y órganos de control que, estando así las cosas, parece que de nada sirven. La corrupción con sus mil rostros congela el futuro, de la misma manera que la burocracia las revoluciones. ¿Cuánto tiempo resistirá México la ceguera e insensibilidad? La delincuencia y, tal vez el mejor crimen organizado del mundo. ¿No será consecuencia de la descarada corrupción política inveterada de la política nacional?

De hecho, uno de los problemas fundamentales de los países árabes es exactamente la falta de perspectivas para las generaciones jóvenes, que abarrotan el mercado de trabajo. Mientras que en países como Egipto y Túnez, la desocupación juvenil en la franja de edad de entre los 15 y los 29 años era de aproximadamente del 21.7% (en 2007) y del 27.3% (2005), y el fenómeno desafía además la clase gobernante de la riquísima Arabia Saudí. Según los datos recogidos por The Guardian (14 de febrero), en el reino Wahhabita, cuna del Islam, el 16.3% de los jóvenes entre los 15 y los 29 años estaba sin trabajo en 2008, dice Malika Zegha.

Más que de revoluciones, se trata, entonces, de movimientos casi espontáneos determinados por la situación de injusticia, de insensibilidad, ambición y miopía política. Yasmina Khadra (El País. 4/02/2011) dice con razón que si los levantamientos que se encadenan en determinados países árabes tienen en común una misma motivación, a saber, la expresión ultrajada de un hartazgo y de una necesidad vital de emancipación y de libertad, los regímenes totalitarios contestados son muy diferentes los unos de los otros. En Yemen se trata de una dictadura estática, esclerotizada, sin proyecto real de sociedad y sin dinámica, basada exclusivamente en las alianzas tribales. Una dictadura virtual, sorda, opiácea, que ha instalado al pueblo en el estoicismo y la renuncia. Entre nosotros nada más cambiamos tribales por partidos y el parecido es cercano.

Los levantamientos que tienen lugar en esos tres países responden también a una urgencia capital. En Yemen, como en Túnez, en Egipto o en Libia, los pueblos reclaman la libertad, el honor y la posibilidad de acceder a una vida decente. Los regímenes denostados han sido, para nuestros pueblos, la causa principal del marasmo y de la descomposición socioeconómica que nos niegan el derecho a poder ascender en el concierto de las naciones. Pero de ningún modo se trata de revoluciones. Se trata de una reacción espontánea, incoherente y sin orientación precisa, cuyo objetivo es el de expulsar al tirano sin prever ni preocuparse por lo que vendrá después. Una revolución es un acto pensado, maduramente articulado en torno a una hoja de ruta, de una estrategia, y conducido por actores identificados y determinados.

No vemos a cabecillas titulares designados en las calles de El Cairo, de Túnez o de Adén. En Libia se hacen cargo de la organización los “aliados”. Privados de catalizadores eficaces, estos vastos movimientos de protesta van a tener que seguir hasta el final y desbaratar todos los ardides que los gobiernos amenazados van a multiplicar para cambiar la situación a su favor. Nos hallamos ante la duda sideral, de ahí que se haga imperativo el recurso inmediato a conciencias intelectuales o políticas capaces de encarnar la cólera popular y la saludable alternancia exigida por el pueblo.

Sería desastroso seguir sitiando las plazas públicas sin erigir en ellas tribunas y sin hallar para ellas una voz fuerte y creíble que desbanque los discursos falaces y las llamadas a la calma de los regímenes acorralados. Nosotros no necesitamos conciencias esclarecidas; en México no luchamos por ideales; el objetivo es más directo: dinero fácil y abundante vía el mundo de las drogas y las armas. Para ello nos bastan jóvenes sin oportunidades, resentidos y dispuestos a matar por un poco de dinero. Pero tampoco las clases altas han actuado de mejor manera: si no es aquí, es en El Paso.

En síntesis, pues, como escribe Nicolás Sartorius (Hartos: más libertad, menos miseria. El País. 01/02/2011), una vez más ha quedado acreditado en el mundo árabe que las cosas sólo cambian cuando la gente se moviliza. Unas veces a través de las urnas, otras de la calle, y cuando se ha ejercido sobre ella violencia sin salida, con las armas. Así ha sucedido a lo largo de la historia desde las revoluciones americana y francesa. En general, los que mandan y sus socios se llevan una sorpresa mayúscula, expresión de su alejamiento abismal de lo que sucede en la base de la sociedad, esto es, de lo que va sintiendo la gente. Sentimiento que no es otro que una acumulación de hartazgo que un buen día revienta por los cuatro costados, provocado por un hecho concreto que hace de deflagrador: la subida de un impuesto excesivo, la carestía del pan, un alimento podrido o un joven que se quema a lo bonzo, desesperado ante tanta estúpida injusticia. Al echar una mirada a ese mundo que los medios nos acercan, tengo la intención de que esto nos ayude a pensar en lo nuestro.

Por si la confusión y lo incierto de la aventura fueran poca cosa, ahora se añade un ingrediente, un catalizador muy efectivo: la religión. Para nosotros no tiene importancia, pero esta idea manejada en el mundo árabe es explosiva. Este viernes, Gadafi habló expresamente de que si no cesan los ataques de “los cristianos”, la guerra será total. Las intervenciones occidentales en el mundo musulmán de las últimas décadas han sido leídas en clave de “cruzadas” rememorando un hecho del pasado para abrir anacrónicamente una herida. A nosotros no nos dice nada la religión, a ellos, todo.

Un refrán bíblico dice que el que siembra vientos recoge tempestades. Y así es. Los vientos los ha sembrado el controvertido reverendo evangélico estadounidense Terry Jones, cuando el pasado 20 de marzo cumplió su tremenda amenaza y organizó en Gainesville (Florida) un “proceso contra el Corán. Al final del mismo, el libro sagrado del Islam recibió el veredicto de “culpable” por crímenes contra la humanidad y por ser promotor de hechos del terrorismo “contra personas cuyo crimen era no compartir la fe islámica”. Como “castigo”, un ejemplar del Corán ha sido quemado públicamente por el pastor Wayne Sapp. Al evento asistió una veintena de personas (Agence France-Presse, 20 marzo).

En el evento de la quema estaban unas 20 personas; sin embargo se habla de Iglesia. Las sectas pseudocristianas son el otro extremo del fundamentalismo y tienen la capacidad de provocar graves daños. El pasado septiembre, Jones había amenazado con quemar un copia del Corán con ocasión del aniversario de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, pero que desistió de su propósito después de una lluvia de condenas internacionales y nacionales, en particular de parte del presidente Barack Obama y de numerosos exponentes cristianos, entre los que destaca el cardenal arzobispo de Nueva York, monseñor Timothy Dolan. Hablando con Radio Vaticano (9 de septiembre de 2010), el purpurado declaró que el proyecto del Burn a Koran Day del reverendo era “contra la Biblia, contra la pura religión y la pura fe”.

El resultado de estos hechos ha sido el siguiente: Al menos ocho personas de la oficina de la ONU en Mazar i Sharif, en el norte de Afganistán, han muerto hoy durante una protesta contra la quema de un Corán en una iglesia estadounidense el pasado 20 de marzo, según han informado fuentes de la policía. En los incidentes tras una marcha de repudio también han muerto tres de los manifestantes. Del personal de Naciones Unidas, cinco son de nacionalidad nepalí. También hay un rumano, un sueco y un noruego, según el jefe de la misión que ha resultado herido. Según fuentes policiales citadas por la agencia Reuters, dos de los fallecidos fueron decapitados.

“Ocho extranjeros fueron asesinados y otro resultó herido cuando los manifestantes asaltaron la oficina de Mazar i Sharif”, ha informado Lal Mohammed Ahmadzai, portavoz de la policía en la región. Un portavoz de Naciones Unidas ha confirmado que se han registrado varias muertes en la misión de la ONU en Mazar i Sharif pero no ha querido aportar más detalles.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/61217-odisea_del_amanecer.html