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De divorcios y otros demonios

En plena campaña preelectoral trasciende la noticia que el presidente de la república y su esposa habían iniciado hacia unos días proceso de divorcio

31/03/2011 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Sandra Torre y su marido, Álvaro Colom, presidente de Guatemala
Sandra Torre y su marido, Álvaro Colom, presidente de Guatemala

En la recién semana que pasa Guatemala vuelve a los titulares de los medios noticiosos. En plena campaña preelectoral trasciende la noticia que el presidente de la república y su esposa habían iniciado hacia unos días proceso de divorcio civil, esta noticia toma por sorpresa la opinión pública acostumbrada a ver noticias diarias de robos, asaltos y asesinatos.

Era claro para los periodistas que de esta manera se concretaba y allanaba el camino para que ella pudiera participar en la contienda electoral a llevarse a cabo en septiembre, la actual constitución definía los impedimentos para poder optar al cargo y el ser esposa del presidente en funciones era uno de ellos, más allá de las interpretaciones legales, otro de los aspectos que tampoco resultaban ajenos era que desde el inicio de la actual administración la señora Sandra Torres había copado los espacios de proyección social del gobierno en maniobras políticas poco transparentes y cargadas de prepotencia, pero aún así poco se puede criticar el enfoque a favor de la población marginalizada.

Una mujer de carácter abrasivo como la califica la embajada Norteamericana según los cables de wikileaks, era sin duda el motor de la administración, más que el Presidente que en infinidad de oportunidades era calificado como un personaje con poco carácter.

El divorcio es presentado a la opinión pública como la muestra de un sacrificio, que ante “lo fuerte de las críticas de la oposición” y por su gran amor a la figura del presidente, pues bien, no pudieron eludir en tanto que ella es una opción para no regresar al “pasado”, “no será la primera ni la última mujer que se divorcia, pero si la primera que lo hará por amor a la patria” según sus palabras.

¡Libre al fin! ¿Para qué?

Quién esté libre de pecado que lance la primera piedra, bajo esta frase de Nuevo Testamento el Presidente afrontaba a quienes prontamente comenzaron a criticar la decisión desde lo amoralidad expresa, esto abrió la caja de Pandora nuevamente en torno a lo que es moral y no en la política, pero desnudo otro fenómeno social a saber: las relaciones entre hombres y mujeres, que a su vez se anudan en formulas como familia y matrimonio.

Lo que hoy acontece en Guatemala en cuanto a los contratos matrimoniales, uniones de hecho, divorcios y separaciones poco o nada difiere del mundo occidental y es por eso que lo sucedido con el Presidente y su esposa requieren un análisis especial.

A ver, en materia de uniones matrimoniales y separaciones “poca o nada de solvencia moral en la sociedad” esto confirma la tan cruelmente conocida “doble moral” dicho en otras palabras la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, “haz lo que digo más no lo que hago”.

Los periódicos trataron vanamente de contextualizar el divorcio a partir de presentar un dato estadístico, en el país se produjeron más de 7,000 casos de divorcio en el año 2010 que para una población de 14.7 millones de habitantes es baja la tasa, pero lo que las estadísticas no cubren es el hecho de que el divorcio es un trámite de carácter legal, solo se aplica para aquellas personas que valga la redundancia están casados, pero en Guatemala se reconoce la Unión de Hecho o libre como se le conocería en otras latitudes, esto significa que hay uniones entre hombres y mujeres donde no hay un contrato de por medio, pero en el momento que se produce descendencia la tutela de la ley ampara a la mujer por lo tanto ella puede solicitar protección monetaria para los hijos reconocidos e incluso sirve para reclamos de herencia y es que muchas de esas uniones se producen en condiciones de uniones extramatrimoniales aun a pesar de que el predominante cristianismo (y su infinidad de expresiones) lo condenan junto con la legislación civil.

El divorcio no refleja la realidad del rompimiento de relaciones entre hombres y mujeres, ejemplo de ello son los casos de separación donde no prevalece acuerdos legales entre hombre y mujer, esta situación puede prolongarse por años y no necesariamente devenga en divorcio.

En forma aventurada se podría afirmar que por cada divorcio existen al menos cuatro o cinco separaciones prolongadas (por dar un número elevado) esto solo en el caso de los casamientos reconocidos legalmente, las separaciones producidas en el contexto de las uniones de hecho o libres son mucho más frecuentes, adicionalmente se encuentra la situación de los migrantes que sobre pasan el millón en los Estados Unidos, gran parte de ellos casados o unidos; en Guatemala como en toda Mesoamérica proliferan los pueblos de mujeres que viven de las remesas de sus cónyuges, y que de hecho, mantienen una separación, no son pocos los casos de hombres que estando en el extranjero establecen nuevas relaciones y ocasionalmente dejan de enviar dinero sin concretar a lo largo de años el tramite.

La discusión se vuelve a complejizar en torno a este fenómeno social, la realidad social supera el marco legal, las causales esgrimidas como válidas en el Código Civil y sobre las cuales gira la separación son las siguientes:

Sin embargo, en los juzgados la mayor cantidad de causales, que se presentan, con la idea de agilizar el proceso es la violencia y negación de asistencia y alimentación, la infidelidad, a pesar de ser una constante en las relaciones entre hombres y mujeres poco o nada se puede comprobar. Estas dos razones se señalan a más (abrumadoramente) hombres que a mujeres y es adicionalmente, a lo mencionado con anterioridad.

La mayor cantidad de solicitudes de divorcio, en tribunales, son solicitadas por mujeres muchas de las cuales lo presentan en el límite de lo soportable, graves problemas de manutención y evidente violencia (física y psicológica) por su parte los hombres, que son los menos que solicitan el divorcio se produce en condiciones diferentes a saber:

„« Infidelidad (abierta)
„« Incompatibilidad de caracteres
„« O por que ha dejado de sentir atracción por la pareja

En el caso de la segunda y tercera condicionantes, que no aparecen en el código, resulta ser las más frecuentes aun a pesar de que el número de las infidelidades se incrementa a partir de la complejización de las relaciones entre hombres y mujeres.

El número de madres solteras a alcanzado el nivel de fenómeno social, que incluso define el tipo de relaciones que hombres y mujeres poseen en este tipo de sociedades, en estos casos el centro familiar persiste en las mujeres junto con los hijos procreados en pareja, y el hombre por su parte, es el elemento tránsfuga, son dos condiciones diferenciadas, la consecución de una pareja se hace apremiante para el miembro de la pareja que conserva a los hijos, por lo tanto eso define otra situación, las unidades familiares compuestas por hijos de diferentes matrimonios.

Frente a este panorama sí que resulta valedero lo expresado por el Presidente, pero ello conlleva una visión extremadamente cínica frente a una realidad que pareciera ser que no le corresponde al Estado abordar sino tan solo mediar en tanto no se vea afectado el miembro más vulnerable de la relación (esposa e hijos menores)

Los casos de violencia intrafamiliar en los últimos años se hicieron más evidentes pero no porque ahora se violente más que antes sino porque al haber más programas a favor de los derechos de las mujeres estas pueden hacer más evidente lo que antes estaba condenado al espacio de lo privado, ahora se dirime en lo público, contradictoriamente en las campañas a favor de la denuncia de esa violencia no incluye el promocionar el divorcio por esa misma causa, y no es porque las organizaciones de mujeres no crean en el sino porque resulta contraproducente culturalmente que se asocie violencia con divorcio.

Igual sucede con el tema de las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el VIH, según los activistas y las organizaciones que plantean campañas de “concientización”, una de las principales razones para que estas se reproduzcan en forma vertiginosa entre la población femenina es precisamente la extendida práctica del sexo extramatrimonial practicado por los hombres, y frente a ello se plantea el uso extendido de preservativos, no se plantea el divorcio y el escarnio social como una alternativa para acabar con aquellas practicas.

Y bueno, en general el divorcio no representa una respuesta fácil de proporcionar en tanto que existen otros daños colaterales que sobre la sociedad pesa. En los documentales que se presentan sobre correccionales en los Estados Unidos se plantea un dato sociológico interesante, se ha comprobado que más del 70 de la población reclusa, reincidente, proviene de un hogar desintegrado, donde evidentemente hay una mujer como cabeza de hogar (o donde simplemente no lo hay) y no es porque las mujeres hagan un mal trabajo, sino porque la desintegración se convierte en un elemento concomitante junto con la pobreza, la marginación y otros males sociales.

El divorcio y separación no representa una alternativa para la mujer, que se encuentra en condiciones de vulnerabilidad social, es por ello que en las separaciones una de las principales discusiones tiene que ver con el tema de la manutención de los hijos en común, esto explica porque una mujer puede aguantar años de violencia, infidelidades y hasta enfermedades de transmisión sexual.

El divorcio y la separación es un acto de desesperación, que se plantea en condiciones de alta presión individual y familiar, y en lo complejo de esas mismas relaciones para otros es la liberación, es el desembarazarse de algo que consideran una carga, miles de hombres son llamados a tribunales para que asuman el pago de una mensualidad, y otra cantidad similar son llevados a los reparos policiales por su incumplimiento, otros miles de casos de personas que sostienen relaciones con hombres y mujeres sin haber concretado el proceso del divorcio.


Un ejemplo tragicómico

"Tras la fachada de la curvilínea belleza femenina se esconde la desvergüenza y la falta de pudor de Berlusconi, que ofende la credibilidad de todas las mujeres", comentó Verónica Lario quien después de 19 años de matrimonio demanda el divorcio de su esposo, el Primer Ministro de Italia, en el año 2009, no faltaron los que afirmaron que detrás de esta maniobra había el interés por la fortuna del entonces su marido o incluso la posibilidad de iniciar una carrera política que estuviera marcada por la solvencia moral frente a la inmoralidad evidente de su marido y su tendencia a la infidelidad.

De ese año para el actual las críticas hacia la figura del Primer Ministro siguieron, hasta el momento actual en el que trascendió la noticia de que incluso hubo pago de prostitutas, drogas y menores de edad en fiestas donde el asistía asiduamente, como pocas veces sucede en occidente liberal cristiano católico, las voces de la población se multiplicaron exigiendo la prevalencia de la moral en el ejercicio político, nuevamente hubo respuestas que se ubicaban en la palestra del cinismo señalando a los que señalan, casi en forma de burla, no hay moral en Italia, bastaba ver la infinidad de films de Marcelo Mastroianni (Divorcio a la italiana)

Y bueno, del otro lado del océano en la diminuta Guatemala, Presidente y esposa defienden ante la opinión pública su decisión de acabar, (¿en papel?) su matrimonio para allanar el camino para que ella pueda ser candidata, con muchas posibilidades, para la presidencia, elevando el tema del divorcio a un nivel no visto de trivialidad y frivolidad, no hay una discusión sobre la manutención de hijos (ninguno menor de edad), sobre los impactos psicológicos, o sobre la repartición de bienes hechos en conjunto, no, más bien la posibilidad legal para optar a una candidatura (que tampoco es la seguridad para que gane)

El dedo acusador de los interpelados se dirige contra los interpeladores, y bueno, si todos roban, son infieles, y se divorcian diariamente ¿Por qué no podrían hacerlo ellos? Y por una razón mucho más favorable para ellos como podría ser la posibilidad de seguir con negocios a medias y con la embriaguez del poder, claro, pocos pueden creerle a un político que afirme que se está auto sacrificando en el servicio público con el antecedente de y menos si se trata de su familia, esto ubica al quehacer político fuera de la esfera de lo privado, ambas dimensiones se encuentran divorciadas de hecho, hasta que…

Pues evidentemente, cuando aquella persona que tiene a su cargo la administración pública ha dado muestras de no ser una persona de confianza por su actuar. Hace ocho años sobre un candidato a presidente pesaba la acusación de que había dado muerte a dos personas durante sus actividades políticas fuera de Guatemala, por estas muertes nunca fue juzgado, de hecho se dio a la fuga y con ello acepto su culpabilidad, fuera de las explicaciones anecdóticas, su equipo de campaña vendió la idea de que “era un hombre que defendía sus ideales a toda costa” y “que si se trataba de defender a su patria lo volvería hacer”, valga comentar que esta persona lejos de verse como un sanguinario asesino fue visto positivamente por el electorado que acepta en gran parte la limpieza social que a ocasionado miles de muertes desde la finalización del conflicto armado en 1996 (según estadísticas de la Policía Nacional Civil en el año 2009 hubo 6,451 muertes violentas las cuales van desde temas relacionados a narcotráfico y delincuencia común hasta problemas sentimentales, económicos, envidias y las ya consabidas “ajustes de cuentas” que no son más que la muerte de ladrones, y cobradores de extorsiones)

Había permisibilidad social al tema, incluso una especie de aceptación enfermiza hacia el homicidio, fenómeno que mostraba la creciente indolencia como mecanismo de afrontamiento hacia la violencia misma.

El caso del divorcio pudiera ser entendido así, la indolencia y aceptación social, y sobre esto un mecanismo político como el esgrimido puede encontrar asidero, el señalamiento social será momentáneo para el analista partidario y dará pie a la “amoralización del político” colocarlo en las palabras de Nietzsche “más allá del bien y del mal” (Lo cierto es que la verdad no se ha dejado conquistar: - y hoy toda especie de dogmática está ahí en pie, con una actitud de aflicción y desánimo) la completa relativización del valor es posible si de alcanzar un beneficio tangible se trata, la moralidad social no es un bien tangible desde la visión del político y todavía puede soportar más. 

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