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Sobre la contención de la lengua

EL TERCER DEBER se relaciona con la lengua, que, en algunos casos, debe permanecer en silencio y, en otros, hablar

26/03/2011 - Autor: Imam Al-Gazzali - Fuente: Webislam
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Respecto al silencio, la lengua no debe mencionar las faltas de un hermano, tanto en su ausencia como en su presencia
Respecto al silencio, la lengua no debe mencionar las faltas de un hermano, tanto en su ausencia como en su presencia

"Dos hermanos son como un par de manos, una de las cuales lava la otra", dijo el Profeta Muhammad (la paz sea con él). En este libro el Imam al-Ghazali, basándose en el Qur`an y tradiciones autentificadas, describe y comenta las excelencias, así como los derechos y obligaciones, que corresponden a quienes quieren vincularse por un compromiso mutuo de hermandad.

El tercer deber se relaciona con la lengua, que, en algunos casos, debe permanecer en silencio y, en otros, hablar.

Respecto al silencio, la lengua no debe mencionar las faltas de un hermano, tanto en su ausencia como en su presencia. Mas bien, debes mostrar ignorancia. No debes adoptar una postura de oposición o disputa cuando habla ni espiarle o ponerle a prueba en sus asuntos.

Mantén silencio también sobre los secretos que te confía y, bajo ningún concepto debes darlos a conocer a una tercera persona, ni siquiera su amigo más íntimo. No reveles nada sobre él, incluso aunque se produzca la separación o el distanciamiento, pues esto significaría bajeza de carácter e impureza de lo Interno.

Manténte alejado de criticar a sus seres queridos, su familia y sus hijos, así como de relatar críticas que otros puedan hacer de él ya que, en este caso, es tu informante quien directamente insulta.

Anas dijo que el Mensajero de Allah (que El le bendiga y dé Paz) nunca le echó en cara a nadie algo que pudiera ser desagradable para él, pues el daño procede inmediatamente del informante y sólo de un modo indirecto del que lo ha dicho originalmente.

Sin embargo no debes ocultar un elogio que hayas escuchado, pues la satisfacción que ello reporta se recibe directamente del que transmite el cumplido así como, indirectamente, de la fuente original. El ocultamiento, en este caso, podría significar una muestra de envidia.

Dicho en breve; debes mantener silencio respecto a cualquier forma de discurso desagradable para tu hermano, en general y en particular, a menos que estés obligado a hablar para promover el bien y prevenir el mal. Incluso, en este caso, sólo está justificado hablar si no encuentras una excusa válida para no decir nada. Si no la encuentras no debes preocuparte por su descontento o desaprobación puesto que terminará comprendiendo que es en su beneficio, incluso si le parece mal a primera vista.

Respecto a mencionar sus errores y faltas, o los de su familia, se considera como calumnia y es ilícito con respecto a cualquier musulmán. Dos cosas deben apartarte de esto.

En primer lugar examina tu propia condición y si encuentras que hay algo reprobable, entonces sé tolerante respecto a lo que ves en tu hermano. Puede ser que sea incapaz de controlarse en ese aspecto particular, al igual que tu puedes serlo para encarar tus propias dificultades. De forma que no seas demasiado duro con él en base a algo que tiene censurable. ¿Qué hombre es totalmente correcto? Siempre que encuentres carencias en tus obligaciones con Allah, no esperes más de tu hermano en sus obligaciones contigo, pues tus derechos sobre él no son mayores que los derechos que Allah tiene sobre ti.

En segundo lugar, si lo que buscas es alguien libre de cualquier defecto agotarías toda la Creación sin encontrar nunca un compañero, pues no hay ningún ser humano que no tenga buenas y malas cualidades, y lo más que puedes esperar es que las buenas pesen más que las malas.

El noble creyente siempre tiene presente las buenas cualidades de su hermano, de manera que su corazón sea una fuente de honor, cariño y respeto hacia él. En cuanto al hipócrita de carácter bajo, siempre está señalando delitos y faltas.

Ibn al-Mubarak dice:

– El creyente procura encontrar excusas para los demás, mientras que el hipócrita va buscando las equivocaciones.

Al-Fudayl dice:

– Es propio de hombres perdonar los fallos de su hermano.

Y el Mensajero de Allah (que El le bendiga y dé Paz) dijo:

– Busca refugio en Allah del mal vecino que ve algo bueno y lo oculta, y ve algo malo y lo revela.

No hay nadie cuya condición no pueda mejorar o empeorar en algunos aspectos. La tradición cuenta cómo cierto hombre alababa a otro en presencia del Mensajero (que Allah lebendiga y dé Paz), mientras que al día siguiente le criticaba. Así que el Mensajero (la Paz sea con él) le dijo:

– ¡Le alabas un día y le criticas al siguiente!

– Ayer dije la verdad sobre él y hoy tampoco he mentido. Ayer me agradó y, por eso, dije lo mejor que conocía de él. Hoy me ha enfadado y, por eso, digo lo peor que conozco de él.

A ésto el Profeta (que Allah le bendiga y dé Paz) dijo:

– Argumento razonado puede ser brujería.

Evidentemente desaprobaba su conducta, puesto que la equiparaba a la brujería. También, otra tradición cuenta que dijo:

– El abuso y la argumentación son las ramas gemelas de la hipocresía.

Y también:

– Allah desaprueba la argumentación entre vosotros.

Al-Shafi (que Allah tenga compasión de él) dijo:

– No hay musulmán que obedezca a Allah sin transgredir nunca Su ley, tampoco hay quien sólo la transgreda sin obedecerle. Si la obediencia de un hombre supera sus transgresiones, entonces es un hombre recto.

Si tal hombre se considera correcto en su obligación para con Allah, mucho más ha de ser considerado correcto en sus obligaciones para contigo y en las obligaciones de vuestra hermandad.

Del mismo modo que debes refrenar tu lengua y no mencionar sus delitos, también debes guardar silencio en tu corazón. Esto se hace eliminando sospechas, porque las sospechas constituyen calumnias en el corazón, lo que también va contra la Ley. Mantente dentro de los límites no interpretando mal sus acciones, mientras que puedas verlas con una buena perspectiva. Y respecto a lo que se manifiesta de una forma inconfundible ante tus propios ojos, de tal modo que es imposible que no te des por enterado, si te es posible, debes atribuirlo a distracción y olvido.

La sospecha se forma de dos maneras; primera, por la percepción, que se apoya en algún signo externo. Esto da lugar a un movimiento necesario del pensamiento que no puede darse de lado. En segundo lugar, está lo que surge de tu prejuicio contra alguien. Este realiza un acto que puede tomarse en un sentido u otro; pero tu prejuicio contra él te impulsa a adoptar la peor interpretación, incluso aunque no haya signos externos que la justifiquen. El Profeta (que Allah le bendiga y dé Paz) dijo:

– Allah ha prohibido al creyente interferir con la sangre, la propiedad o el honor de otro, o mantener una mala sospecha de él.

También:

– Cúidate de la sospecha porque la sospecha es una forma de denuncia falsa, que lleva a la intromisión en los asuntos del otro y a espiarle.

Y también:

– No os espiéis ni os entrometáis en los asuntos ajenos. No cortéis vuestras relaciones ni os enemistéis, sino servid a Allah como hermanos.

Entrometerse consiste en dar oídos a rumores. Espiar es observación visual.

Ocultar las faltas, fingir ignorancia de ellas y pasarlas por alto, es la marca de la gente de verdadera espiritualidad.

El grado de perfección que se da en ocultar lo feo y dar a conocer lo hermoso se pone suficientemente de manifiesto en la oración en la que se le dice a Allah (Alabado sea):

– ¡Oh Tú que revelas lo hermoso y ocultas lo feo!.

Lo deseable a los ojos de Allah es que modelemos nuestro carácter en base al suyo, pues El es El Que Vela las faltas, El Perdonador de los pecados, El Indulgente hacia sus criaturas. De forma que cómo puedes dejar de ser indulgente hacia quien es tu igual o superior, pero, en ningun caso, tu siervo o tu criatura.

Jesús (la Paz sea sobre él) dijo a sus compañeros:

– ¿Como actuaríais si viérais a un hermano durmiendo y el viento levantara sus ropas?

– Le cubriríamos.

– ¿Le dejaríais mostrar la desnudez de sus partes privadas?

– ¡Alabado sea Dios!. ¿Quién haría una cosa semejante?

– Aquel que presta oído a las murmuraciones sobre su hermano, añade su propia parte a estas murmuraciones y las transmite exageradas.

Debes saber que la creencia de un hombre es imcompleta mientras no desee para su hermano lo que desea para sí mismo.

El grado inferior de hermandad es aquel en el que tratas a tu hermano como tu desearías ser tratado, y no hay duda de que esperaría de ti el que velaras sus ignominias y te mantuvieras silencioso sobre sus transgresiones y faltas. Si mostraras lo opuesto, ciertamente podrías esperar que se sintiera molesto y enfadado. ¡Qué indigno sería que él esperara lo que él mismo no tiene intención de hacer! ¡Ay de él!. Allah (Alabado sea), en Su Libro revelado dice:

– ¡Ay de los defraudadores, que cuando compran a los demás piden la medida exacta, pero cuando ellos miden o pesan, defraudan! (Quran 83.1-3)

Quien pide un trato más justo del que él mismo da, se incluye en este Verso.

La raíz del defecto de no velar la ignominia del otro y de esforzarse por mostrarla, está en una enfermedad de lo Interno, a saber: el rencor y la envidia. Porque el rencoroso y el envidioso tienen lo Interno lleno de suciedad, pero la mantienen oculta y no la muestran a menos que tengan un pretexto. Pero si encuentran una oportunidad sueltan el freno, abandonan la reserva y entonces lo Interno rezuma su escondida suciedad.

Cuando lo Interno está envuelto con rencor y envidia es mejor romper las relaciones. Algunos hombres sabios dijeron que es mejor una ofensa abierta que un rencor oculto. La única cosa que puede suavizar al rencoroso es el aislamiento. Si un musulmán alberga en su corazón malos sentimientos hacia otro, su fe es débil, sus relaciones arriesgadas y su corazón está sucio e inadecuado para encontrarse con Allah.

Abd-al-Rahman ibn Jubayr ibn Nafir refiere que su padre le dijo:

– Cuando estaba en el Yemen tenía un vecino judío que solía hablarme de la Torah. Este judío vino a mí después de un viaje y le dije, "Allah nos ha enviado un Profeta, que nos ha llamado a Islam y nos hemos sometido. El también nos ha revelado un Libro, que confirma la Torah". El judío dijo, "Dices la verdad, pero todavía no podéis cumplir con lo que os ha prescrito. En la Torah encontramos su descripción y la de su comunidad; no permite a un hombre cruzar el umbral con odio en su corazón hacia su hermano musulmán".

Parte del asunto consiste en no divulgar el secreto que un hermano te ha confiado. Debes negar su conocimiento, incluso si implica mentir, porque decir la verdad no es obligado en toda circunstancia. Del mismo modo que a un hombre le está permitido ocultar sus propias faltas y secretos, aunque necesite mentir, así puede hacerlo en beneficio de su hermano. Porque su hermano es su semejante, diferente sólo en el cuerpo. Esta es la verdadera naturaleza de la hermandad.

Más aún, uno no debe actuar de manera hipócrita en presencia de un hermano ni abandonar una conducta privada en favor de una pública. Porque el conocimiento que tu hermano tiene de lo que haces es como el conocimiento que tú mismo tienes, sin distinción.

El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda Paz) dijo:

– Si un hombre cubre la ignominia de su hermano, Allah le cubrirá a él en este mundo y en el Otro.

Y en otra referencia:

"...es como si se devuelve la vida a una niñita a la que han enterrado viva."

El (que Allah le bendiga y le conceda Paz) dijo también:

– Si un hombre al dar una información mira a su alrededor, considérala como una confidencia.

Y:

– Todas las reuniones son confidenciales excepto tres: aquella en la que se derrama sangre de modo ilícito, aquella en la que tiene lugar una relación sexual ilícita y aquella en la que se hace un uso ilícito de la propiedad.

Y en otra ocasión:

– Cuando dos se sientan en una sesión conjunta, sus transacciones son confidenciales y ninguno de ellos debe divulgar nada desagradable del otro.

A un hombre de conocimiento le preguntaron:

– ¿Cómo guardas un secreto?

– ¡Como si fuera una tumba!

Se relata en un dicho:

– Los pechos de los hombres libres son tumbas de secretos.

Y según otro:

– El corazón del insensato está en su boca, pero la lengua del hombre inteligente está en su corazón.

Es decir, que el necio no puede ocultar lo que hay dentro de sí, pues inconscientemente emerge de él. Por tanto es necesario romper relaciones con necios y cuidar de no frecuentar su compañía e incluso de no tenerlos simplemente a la vista.

A uno le preguntaron:

– ¿Cómo guardas un secreto?

— Niego conocimiento del informante y se lo juro al que pregunta.

Otro dijo:

– Lo oculto y oculto el hecho de que lo estoy ocultando.

Ibnal-Mutazz dijo:

– Si me confían un secreto, mi compromiso a ocultarlo implica que lo pongo en mi corazón, que se convierte en una cripta.

Otro poeta también dijo:

– El secreto en mi pecho es como el inquilino de una tumba;

Porque veo que lo que está enterrado espera la Resurrección.

Yo prefiero olvidarlo hasta que pueda parecer que nunca tuve el menor recuerdo.

Que el secreto entre nosotros

quede escondido en el corazón y las entrañas;

que nunca vea el día.

Alguien confió un secreto suyo a su hermano. Más tarde le preguntó:

– ¿Lo recuerdas?

– No ¡lo he olvidado!.

Abu Said al-Thawri solía decir:

– Si quieres tomar a un hombre como tu hermano, enfádale y hazle entrar en contacto con alguien que le pregunte sobre ti y tus secretos. Si habla bien de ti y oculta tu secreto, entonces tómale como compañero.

Dhul-Nun dice:

– No hay nada bueno en el compañerismo de alguien que sólo puede aceptarte inmaculado.

El que divulga un secreto cuando está enfadado es de bajo carácter, puesto que toda naturaleza sana pide que se esconda cuando se está contento. Un hombre sabio dijo:

– No tomes como compañero a quien encuentres cambiante bajo cuatro condiciones: cuando está enfadado o contento, cuando está ávido o deseoso.

Antes bien la verdadera hermandad debe ser firme contra cualquier cambio en estas condiciones. Así se dice:

– Mira cómo el noble, cuando rompes tus lazos, todavía oculta lo malo y te da por verdadero. Mira cómo el vil, aunque mantengas tus lazos, todavía esconde lo que está bien y te da por falso.

Al-Abbas dice a su hijo Abdullah.

– Veo que este hombre (refiriéndose a Umar, ¡que Allah se complazca en él!) te prefiere a sus mayores. Recuerda cinco pequeños consejos mios: bajo ningún concepto le cuentes un secreto; bajo ningún concepto calumnies a nadie en su presencia; bajo ningún concepto des crédito a una mentira sobre él; bajo ningún concepto le desobedezcas en nada; bajo ningún concepto le dejes cogerte en una traición.

Al-Shabi dijo:

– Cada palabra de esos cinco consejos es mejor que mil palabras.

El silencio incluye el abstenerse de argumentar y contradecir cualquier cosa que diga tu hermano.

Ibn Abbas dijo:

– No discutas con el necio, porque te herirá; tampoco con el blando, porque te cogerá aversión.

El Profeta (que Allah le bendiga y dé Paz) dijo:

– Si un hombre abandona la discusión cuando está equivocado, se construirá una casa en el Jardín; pero si un hombre abandona la discusión cuando está en lo cierto, se construirá una casa en el lugar más elevado del Jardín.

Mientras es su obligación ceder cuando está equivocado, la recompensa por lo que sobrepasa su obligación es mayor. Porque permanecer callado cuando se tiene razón es más duro que quedarse silencioso cuando se está equivocado. La recompensa está en relación con el esfuerzo.

Las causas más serias que encienden el fuego del rencor entre hermanos son la discusión y la disputa. Ellos son la esencia del desacuerdo y la ruptura. Porque la ruptura empieza con opiniones, después se hace verbal y finalmente física.

El Profeta (que Allah le bendiga y dé Paz) dijo:

– No riñáis el uno con el otro, no os odiéis, no os envidiéis, no dejéis de hablaros. Servid a Dios como hermanos. El musulmán es hermano del musulmán. No le perjudica, ofende o abandona. Una persona no puede hacer nada peor que deshonrar a su hermano musulmán.

La peor deshonra es la discusión, porque si rechazas lo que el otro dice, le acusas de ignorancia y estupidez o de olvido y distracción a la hora de comprender la cuestión. Todo ello constituye deshonra, molestia y alejamiento.

Una tradición transmitida por Abu Umama al-Bahili dice:

– El Mensajero de Allah (que El le bendiga y dé Paz) se acercó hasta nosotros mientras estábamos discutiendo. Estaba enfadado y dijo: "Dejad la discusión porque hay poco de bueno en ella. Dejad la discusión porque su servicio es pequeño y alienta la enemistad entre hermanos".

Uno de los primeros creyentes dijo:

– Si un hombre se pelea y discute con su hermano, su hombría disminuye y su virtud se va.

Abdullah ibn al-Hasan dice:

– Ten cuidado con las discusiones porque nunca podrás negar la astucia del blando ni la crítica violenta del vil.

Y otro de los primeros creyentes dijo:

– El hombre más incapaz es el que fracasa en encontrar hermanos, aunque aun es lo es más, aquel que pierde los que ya ha conseguido.

Al-Hasan dijo:

– No compres la amistad de una persona por la enemistad de mil.

Generalmente el único motivo para la disputa es mostrar superioridad intelectual y rebajar al oponente poniendo en evidencia su ignorancia. Esto conduce a la arrogancia, el desprecio, la nocividad y la insultante acusación de necedad e ignorancia. Si algo contiene la enemistad es todo esto, de forma que ¿cómo puede haber parte de ello en la hermandad y la verdadera amistad?.

Ibn Abbas nos dice que el Mensajero de Allah (que El le bendiga y dé Paz) dijo:

– No disputes con tu hermano, no te burles de él, y no incumplas las promesas que le hagas.

Y también dijo:

– No ganarás a la gente por tu riqueza sino por una cara jovial y un buen carácter.

Disputar es incompatible con tal bondad de carácter. Los primeros creyentes fueron muy lejos en la evitación de las disputas y en la insistencia en la ayuda mutua, hasta el punto de decir:

– Si le dices a tu hermano "Vamos", y el pregunta "¿Dónde?, entonces no le aceptes como tu compañero.

De acuerdo con ellos debería acompañarte sin hacer preguntas.

Abu Sulayman al-Darani dijo:

– En una ocasión tenía un hermano en Irak. Solía acudir a él en un tiempo en que las cosas marchaban mal y le decía: "Dame algo de dinero". El me lanzaba su bolsa para que cogiera lo que quisiera. Un día llegué y le dije, "Necesito algo." El preguntó, "¿Cuánto quieres". Esto hizo que la dulzura de la hermandad abandonara mi corazón.

Otra tradición relata:

– Si le pides dinero a tu hermano y el dice, "¿Qué vas a hacer con él?", esto indica que ha abandonado un deber de hermandad.

Debes saber que el soporte de la hermandad es compasión y concordancia en palabras y actos. Abu Uthman al-Hiri dijo:

– El acuerdo con los hermanos es preferible a sentir compasión por ellos.

Y es como él dijo.

Capítulo 3 de El Contrato de Hermandad del Imam Al-Ghazali.

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