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Desde la táriqa del corazón (XVI): La Vida como Tesoro de los Enamorados

Lo fácil es caer en la entropía, en la pérdida progresiva del calor humano, en el olvido de Su constante Presencia …

15/03/2011 - Autor: Sáleh Abdurrahim ‘Isa - Fuente: Webislam
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Creemos ver lo que el ojo mira, pero el ojo sólo alcanza aquello para lo que está preparado a alcanzar. (Foto: mundofotos.net).
Creemos ver lo que el ojo mira, pero el ojo sólo alcanza aquello para lo que está preparado a alcanzar. (Foto: mundofotos.net).

Bismil-Lahi r-Rahmani r-Rahim… Al-Lahumma, ¿qué estamos haciendo con nuestras vidas?... Tú eres Al-Qadir, Al-Mutakabbir y no hay velo que resista Tu Mirada, danos conciencia del nuevo amanecer que se acerca para que no nos encuentre la Luz de Tu Encuentro dormidos en la sombra del olvido…

Cuando leí: “Debes saber que el hombre fue creado a semejanza de la Perfección, y esta Perfección es el jalifato que se le encomendó a Adam, en virtud del requerimiento divino” (Ibn al-‘Arabi, Alquimia de la perfecta felicidad), quedé impactado, todo empezó a verse de otra manera, con más Luz y claridad… En mi mundo de sombras y noches lo que definía al ser humano y a mí mismo era la propensión al malestar, a la ceguera, al tropiezo, a la imperfección. Desde ese punto de vista, la Vida resultaba un error, una prueba a ser superada, una oportunidad que se perdía día a día entre sueños… Si bien ya sabía, o eso creía yo, que Al-Lah nos había dotado de Sus atributos, lo que me agitaba era la ausencia de tales atributos, en una búsqueda constante de Su Presencia.

Pero, al leer esta frase, todo tomó otro rumbo… ¿Cómo podría un termómetro medir la ausencia de calor y no su presencia? Porque la verdadera ausencia es el olvido de Su Presencia… Él Es. ¿Cómo se procura encender una Luz en medio de las tinieblas, si las tinieblas no son? Es como querer llevar la luz del sol al mediodía… Quien ve las tinieblas hace realidad en él las tinieblas, quien ve la Luz hace realidad en él la Luz… ¿Quién puede estar, por tanto, en Su Presencia, si no quien Le hace real empapando con Él su corazón, quien encuentra Sus Huellas en cuanto huele, toca, oye, ve o saborea?

Creemos ver lo que el ojo mira, pero el ojo sólo alcanza aquello para lo que está preparado a alcanzar. Después llega nuestro cerebro, y nuestra psiquis, que interpretan lo que el ojo ha mirado y deciden lo que se ve, es lo que algunos llaman la “digestión de las impresiones”. ¿Qué vemos entonces sino lo que somos, lo que interpretamos, lo que decidimos ver?... Pero, ¿y si esa “digestión de las impresiones” la hacemos desde Su Recuerdo, desde Su Presencia, desde el encuentro constante de Sus Huellas?... Evidentemente uno alcanza la Presencia de Al-Lah cuando Éste empapa su corazón hasta el punto en el que ya no Es otra cosa que Él, y ya no alcanza a ver otra cosa que a Él…

Aunque este cambio no es fácil, ni es una actitud especulativa. Ni la razón ni la teoría del erudito son capaces de hacernos descubrir en el “otro”, de repente, las huellas de su humanidad, ni de hacernos ver desde el Recuerdo constante, porque no es una cuestión de “observancia teórica” sino de práctica y entrega absoluta, en todos y cada uno de nuestros actos, dotándoles así de un valor sagrado. Lo fácil es caer en la entropía, en la pérdida progresiva del calor humano, en el olvido de Su constante Presencia … No es pues una cuestión mecánica, ni algo que se alcanza con leyes o con disquisiciones, sino que es un gran esfuerzo o ÿihâd al-akbar, que implica una progresiva adquisición de taqua o plena conciencia de “nosotros mismos” y del “otro” a través de la conciencia de la Presencia de Al-Lah.

Ciertamente, cuando uno se esfuerza en este sentido, experimenta profundos cambios interiores y exteriores. Es más, comprende la íntima unidad que existe entre lo denominado “interior” y lo denominado “exterior”, y puesto que nuestra “digestión de las impresiones” es ya diferente, lo visto es diferente y nuestras voliciones, actitudes, pensamientos, emociones y reacciones son diferentes, todo lo cual afecta también de manera distinta sobre cualquier interlocutor que se nos presente…

Nos convertimos ciertamente en “enamorados” en el sentido de “aquellos que cultivan el Amor en sus corazones”, en los que es Al-Lah, en su aspecto de Ar-Rahmán, quien hace fructificar la semilla, si Él quiere. Pues nuestro es el esfuerzo y la confianza en Él, pero sólo Su Mirada puede desvanecer los velos, y ése es un regalo que sólo está en Su Mano y que no da sino en su justa proporción y medida cuando estamos preparados… De ahí que se diga que el Amor es una espera y una preparación para lo que ha de venir.

Dice el Corán (7: 156): Mi misericordia abarca todas las cosas: y la decretaré para aquellos que sean conscientes de Mí, den el zakat y se establezcan en Nuestros mensajes”. Y en esto ponemos nuestra confianza.

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