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Sobre el problema metafísico del fin de la Historia

No nos hallamos ni ante ni en el fin de la Historia, sino en una fase más modesta que podemos denominar transición a la geopolítica planetaria a través de la geopolítica continental

28/02/2011 - Autor: Luis Baz - Fuente: Quaderns de Pensament
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La historia y el tiempo.
La historia y el tiempo.

El fin y el final de la Historia no son lo mismo. Aunque se encuentren en el genitivo su perfil ontológico no es idéntico: la pertenencia del segundo al primero no implica identidad del primero con el segundo. Vale decir que todo final es fin pero no todo fin es final.

El final presenta el perfil de una amenaza persistente, nunca, aún, el de un hecho. Pero la amenaza -como la profecía o la promesa- pertenece al Logos. Tal amenaza persistente no es el único concepto ni guarda la única manera posible de plantear, y resolver, el problema del fin de la Historia. La persistencia auspiciada queda, con todo, fortalecida por una protocreencia ético-matemática en la justicia, cuando no por una consideración pesimista (caída, error) de la Humanidad (polo de frecuentes confusiones onticistas, ente impreciso, cuya esencia sólo ha gozado hasta ahora de tanteos definitorios, pero nunca, por lo que se refiere al fin de una determinación universal), por la confianza en la divisibilidad cronométrica según ciclos1 o por la proyección análogica a la totalidad del destino metafísico de las partes: partículas, individuos, cosas, especies, mundos.

El fin en cambio es un concepto problemático desde Aristóteles2. Así es o se traduce por término, o para entendernos en la presente interdisciplinariedad, solución de la fase terminal. Término que dice límite en las series temporales o en la geometrización de los espacios. La realidad del fin es, en el tiempo, finitud. Pero ya desde entonces es también objetivo, meta, finalidad. Finitud y finalidad no son necesariamente coincidentes. En todo caso, se aceptará que tal coincidencia sólo podría ser metafísica. La finalidad (interpretada como causa final, telos o más recientemente como adecuación final) no tiene por qué cumplirse en el fin temporal.

La problematicidad metafísica del concepto fin se muestra más claramente aún si intentamos resolver, en una ecuación, las siguientes variables: Ft (Fin del Tiempo o de los Tiempos), Fh (Fin de la Historia), Fm (Fin del Mundo). Ecuación que puede ser razonable y matemáticamente calculada mientras se apliquen magnitudes a las variantes, pero que puede hacer claudicar cualquier esfuerzo si por F se entiende, además, la finalidad o para qué.)

Fin y final de la Historia prometen, así proclamados, a pesar de la alegría de  Fukuyama3, paradojas de difícil solución, para las que en una investigación metafísica no parecen ser suficientes letanías al estilo de Hegel dixit y mantenerse en el recurso al amparo del principio de autoridad.

Que estamos ante un problema metafísico se sigue no sólo de estas observaciones
preparatorias para un análisis de los elementos4, sino sobre todo porque la misma
determinación de qué es el fin de la Historia es de índole metafísica5. ¿Cómo se piensa en la interpretación del final hegeliano de la Historia el fin del ser? ¿Y del tiempo? ¿No es, pese a todo, una Geschichtsvernichtung o aniquilación de la Historia una solución, también metafísica, aunque negativa, del destino final de la Historia?

Meta ha sido, por su parte, la investigación en torno al ser. Podría denominarse metahistórica6 tanto a la investigación del ser como Historia, como a la dilucidación de lo que haya o pueda haber después de la Historia.

La metafísica de la Historia ha tomado la figura, sucesivamente, de una teología, una filosofía y una ciencia de la Historia -en este sentido el error de los positivistas es no haber comprendido el fundamento metafísico de la investigación científica.

La determinación del fin de la Historia no equivale sin más a su definición pero la presupone. La determinación del fin (cuándo termina, para qué) tampoco equivale a la interpretación, pero permite fundamentar la misma lógicamente, según Logos, es decir aquí teleológicamente. Pero si la Historia continuase no sería aceptable afirmar que ha alcanzado su fin, aunque podría admitirse, a partir de la ambigüedad de dicha tesis, que aún continuando y no habiendo terminado, habría alcanzado su fin siempre y cuando se considerase éste como único o como principio sintético de los fines. Si se establece que ha llegado a su fin (en el tiempo) habrá que determinar qué es lo que es después de la Historia7. Si lo que se afirma es que ha cumplido su finalidad y alcanzado así su plenitud teleológica habrá que demostrar entonces que el fin alcanzado es precisamente el fin de su determinación.

El problema es, por lo tanto, doble: saber si la Historia termina y saber si tiene alguna finalidad o teleología. La identificación del final hegeliano de la Historia con el triunfo definitivo del liberalismo podría mostrarse como una tesis un tanto apresurada e innecesariamente vinculada al vértigo de unos acontecimientos que por un lado se afirma que cumplen la meta de la Historia y por otro se anuncian como históricos por antonomasia.

Al final de la (o de una) Historia8 parece que no puede seguir otra cosa que la no-Historia, el Silencio o el inicio de una nueva Historia.

La definición de la Historia se fundamenta en principios metafísicos de la interpretación del tiempo. En este sentido no se resuelve en el mero establecimiento de sus límites (quiérase una limitación inmanente o transcendente), sino que implica la asignación metafísica de sus fines y, por lo tanto, de su cumplimiento en el tiempo -o fuera de él.

Preguntar por el espacio no estaría fuera de lugar, ya que la misma Historia puede ser pensada como temporalización de relaciones espaciales, que se tensan en los acontecimientos -así también el espacio se define en sus dimensiones, sean tres o, como sostenía Kaluza, once.

Pero si el análisis descubriese que la historicidad es una forma fundamental de alienación podría reconocerse la índole necesariamente metafísica del problema en una vinculación del tiempo y la temporalidad -como condición transcendental de la historicidad- que tampoco ha gozado, hasta ahora, de una determinación universal9. Que los humanos sean histórico10, aunque no quede claro cómo la animalidad pueda pertenecer al esquema histórico si no es insertando éste en una Historia del Ser, lo cual se muestra aún más problemático, cuando no contradictorio; que su historicidad permita la proyección de ensayos antropológicos y que el conjunto de los humanos se encuentre ante o en el fin de su Historia, se corresponde con una interpretación ontológica y escatológica que retiene su comprensión del tiempo y la temporalidad en un ancla metafísica sujeta a la irreversibilidad de los acontecimientos11.

El problema del fin de la Historia puede no ser otro que el de la conclusión del argumento. A Kant le parece enigmático (ratselhaft) el supuesto privilegio que las últimas generaciones tendrían respecto a todas las anteriores al tener todas estas como todo destino metafísico el preparar el mundo para aquellas. La infinitud de la especie puede considerase así temporal y teleológicamente. Y más cuando la noción lógico-matemática de individuo puede haber estallado al mismo tiempo que la de clase.

El concepto físico del tiempo pertenece a la cronometría. La Historia empero podría ser sólo una cronografía. La verdad del tiempo no es su medida. Importa poco que en la moderna cronometría se tome la velocidad de la luz o los intervalos cuánticos como unidad universal constante. La cronología no tiene por qué fundarse en el principio de divisibilidad cronométrica del tiempo. La medida del tiempo permite tantas divisiones como se quiera, pero la verdad del tiempo no lo convierte en magnitud o dimensión en sí: así la Historia, en cuanto tiempo, aparece como una esquema cronográfico transcendental que apenas si ha conseguido otra cosa que una interpretación metafísica analógica de la verdad del tiempo. Pero el problema del fin de la Historia no podrá ser resuelto mientras no se determine la relación transcendental entre tiempo y ser12, problema que ocupó decisivamente a Heidegger, quien culmina su exégesis del complejo existenciario con un análisis del concepto hegeliano del tiempo.

Los Holzwege recuperan la antigua metáfora del laberinto. En términos de problematización del fin de la Historia anuncian, a su manera, otra variante de desorientación. Para Fukuyama cualquier desorientación no es otra cosa que perplejidad ante la consecución delfinal de la Historia: optimismo neoleibniziano -hemos alcanzado el mejor de los mundos posibles- y pasadizo de tristeza -el fin de la Historia será un tiempo muy triste- en el que hacer acopio del arte (nochmal Hegel) y la filosofía, heridos, esta vez, de muerte.

Por lo que se refiere no al problema metafísico sino al geopolítzco pienso que no nos hallamos ni ante ni en elfin de la Historia, sino en una fase más modesta que podnamos denominar transición a la geopolítica planetaria a través de la geopolítica continental.13 En términos kantianos la consecución de una sociedad civil mundial es el último y mayor problema con el que se encuentra la especie humana.14

La presentización absoluta de la Historia o identidad transcendental del tiempo
histórico-real con el tiempo de la representación histórica (también si se quiere tiempo argumental) se manifiesta en el intento de espacialización a priori de un orden planetario como principio de fundamentación teleológica de la Historia. Al reinterpretar el final hegeliano, Fukuyama consigue legitimar una geopolítica planetario-imperial. Mi preferencia por un orden continental tiene su fundamento en la mencionada disposición teleológica del espacio histórico.

Para expresarlo de una manera inequívoca: la Historia no ha terminado ni ha alcanzado sus fines: la equiparación del pretendido fin de la Historia con el triunfo definitivo del liberalismo no aporta otra cosa que una solución voluntarista15 al reducir la Historia Universal a la Historia Singular y Nominal de Occidente,  capítulo en el que Fukuyama queda atrapado por la ontología política tradicional.

El fin de la Historia implicaría el fin de la Filosofía, de la "evolución ideológica de
la Humanidad". Aquí parece que la metafísica de Fukuyama toma partido por el fin como término. Y aquí vuelve a confundir Fukuyama el fin de la Filosofía con el fin del esquema occidental. Así la ontología, como geopolítica, es sin embargo un proyecto apenas esbozado por los pensadores occidentales y en general superficial para los orientales, ocupados casi siempre por las más nobles cuestiones de la inteligencia.16

El voluntarismo de Fukuyama propone finalmente recoger el laberinto y así acabar con el problema de la desorientación. Pero si la Historia no tuviese por fin (telos o adecuación final) la preparación del hombre superior entonces se reconocerá que no es imprescindible que tal preparación acontezca históricamente.

La Historia permite a los humanos orientarse en el infinito, lo cual no parece muy
halagüeño. Pero es evidente que toda determinación de tal preparación y orientación se fundamenta en principios relativos al tiempo y al fin

Notas
1 La división cronométrica en ciclos permite a su vez un análisis interdisciplinar. Así en los tres modelos de Universo, cf. A. Guth y P. Steinhardt, E1 Universo inflacionario, en Cosmología, Inv y C. Barcelona, 1989. p. 17. También se señalan fases o ciclos en la evolución biológica: Schrodinger no rechaza el concepto de ciclo vital, en ¿Qué es la vida?, Tusquets, Barcelona, 2,1984, p. 120. El correlatoen mitologíapodrían ser las edades, cf. R. Graves, Los mitos ,giegos, AE, Madrid, 1985. O los ciclos basados en la dualidad sagrado-profano investigados por M. Eliade, Le Mythe de 1 eternel retour, Gallimard, Paris. 1949. Incluso los ciclos cósmicos, comparados con la división brahmánica del tiempo permiten ciertas correlaciones: 1 kalpa (1 día en la vida de Brahma) equivale a 1000 Mahayuga, unos 4.320.000.000 años, aprox. la edad de la Tierra según la cosmología occidental. Cf. M. Eliade, Imágenes y sínmbolos, Taurus. Madrid, 1983. pp.69-71: "A medida que se aproxima el fin de un ciclo, es decir, del cuarto y último yuga, las tinieblas crecen." Ibid. p.71. Muy en alza parece también el mito de la "ékpyrois" donde se toma como medida cíclica el Gran Año, después del cual
los astros vuelven al mismo signo y a la misma posición en que estaban al principio. Acontece una conflagración y destrucción de todos los seres. De nuevo se forma el orden cósmico. Eterna repetición del ciclo. (Cf. Nemesio, De Nat. hom. 38).
2 Cf. entre otros pasajes, Aristóteles, De Anima, 1.407 a 25 (telos como límite) y Met. V, 2 1013 a 32 a diferencia de Met. 1, 2 982 b 9 (eneka como gratia, motivo, fin como bien.)
3 Las tesis principales de F. Fukuyama pueden resumirse siguiendo el artículo "¿El fin de la Historia?" como sigue: 1.El fin de la Historia representa el triunfo de la Idea Occidental. 2. Se trata del últirno paso de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occiderital coino forma final de gobierno humano. El problema de las clases se ha resuelto conéxito en Occidente. 3. El Tercer Mundo sigue empantanado en la Historia. 4. El fin de la Historia será un tiempo muy triste, no existirán el arte ni la filosofía. Ha comenzado la poshistoria.
También Baudrillard escribe: "El punto a partir del cual podríamos invertir el proceso de dispersión del tiempo y de la historia se nos escapa. y ello se debe a que lo hemos franqueado sin habernos dado cuenta, y, claro está, sin haberlo querido." (en Las estrategias fatales, Anagrama, Barcelona 1991, p.14) Utiliza la metáfora "esfera del final de la Historia" (ibid. p.15).
Menos optimista es el físico ex-soviético S. Kapitza cuando denuncia el irracionalismo creciente. Cf. Tendencias científicas en la URSS, Inv. y C. Oct, 1991. pp.6-13
A. Finkielkraut identifica posmodernidad con adolescencia (Cf. La derrota del pensamiento, Anagrama, Barcelona, 1990, pp.130 y SS).
Finalmente en nuestro contexto inmediato pueden encontrarse cuatro posiciones: Savater preocupado por el integrismo paternalista en los gobiernos de las democracias occidentales; Sotelo une supervivencia con responsabilidad global para con el planeta: Tamarnes prevee un nuevo comienzo de la Historia con un gobierno planetario con tres funciones (econón~icae, cológica y política) y García Calvo vuelve a acusar al Capital y al Estado en su intento de reducir definitivamente vida a historia.
4 El análisis categorial constituye una investigación previa con objeto de delimitar el campo interdisciplinar al que pertenece el problema.
5 A la metafísica del fin de la Historia también le corresponde la división triádica: a) teología: escatología, juicio final. b) filosofía: Weltgericht o tribunal de la Historia. c) ciencia: civilización tecno-planetaria. Pero el "problema" del fin de la Historia no es religioso (la Historia no es necesariamente el territorio de la verdad), ni científico (ya se empiezan a notar los efectos de la cirugía histórica).
6 El uso del término "metahistórico" no es mitológico-antropológico (cf. Lévy-Bmhl, La mitología primitiva al citar a Prauss y su Urzeit o periodo originario, extratemporal). sino estrictamente metafísico al intentar hacer coincidir la investigación sobre el ser con la de la Historia.
7 ¿Qué sigue al tiempo "pos-"?

8 Tendría mucho sentido intentar una metafísica de la viabilidad. Cf. El número especial de Inv. y C. dedicado a la viabilidad de la gestión del planeta Tierra. (Nov. 1989).

9 El tiempo como "condena" pertenece a la tradición mística. Así escribe Ibn-al-Farad: "Pues quien está encerrado en la cárcel del tiempo no ve cuanto se encuentra más allá de su celda, en el eterno paraiso. " (Poema del Camino espiritual. tr. Varona, Hipenón, Madrid. 1989)

El tiempo como "devorador" pertenece a la tradición greco-latina (Cronos) que Cervantes también presenta sin compasión: "...y echaba la culpa a la malignidad del tiempo, devorador y consumidor de todas las cosas."
(Quijote, 1, XI, 100)

10 Incluso Ortega es ferviente apologeta del "dogma" de la historicidad al definir al hombre como "peregrino del ser" y "sustancial emigrante" y la Historia como "sistema de las experiencias humanas que forman una cadena inexorable y única" en: Historia como sistema, Rev. de Occ. Madrid, 1975, p. 61.

11 Entre el modelo lineal progresivo, el circular y el elíptico encontramos en la metafísica islámica un modelo lineal reversible. Ahmed Hasnaoui, en su artículo "Sobre algunas acepciones del tiempo en la filosofía árabe-musulmana" llega a decir que la enfermedad de la filosofía de los tiempos modernos es la"manía" de la Historia, para a continuación criticar lo que denomina el concepto denso de la Historia como despliegue
de un tiempo homogéneo y contínuo, circular (tiempo helénico) y lineal (cristiano). Presenta el tiempo en el Islam como "reversible" al iniciar una interpretación de Al-Kindi, en la que sostiene que el advenimiento de la verdad se produce en un tiempo antiguo perdido en el pasado o al que se trata de volver. Cf. AAVV. El tiempo y las filosofías, Sígueme-Unesco, Salamanca, 1979, pp.60-95. Tal concepción entraría en lo que denomino creencia ético-matemática ya que Al-Kindi y Hasnaoui en su interpretación de éste, ponen a la base de dicha teoría la percepción ético-cosmológica del "dahr" (incansable repetición de noches y periodos, lugar de la prueba) y la experiencia del "sahr" (dejarse llevar por y estar a la altura de los acontecimientos).

12 En Hegel ecuación Historia/libertad: " ... dem die Weltgeschichte ist nichts als die Entwicklung des Begriffes der Freiheit." (G.W.F. Hegel, Vorlesungen über die Philosophie der Geschichte, Werke, Bd.XII, Suhrkamp, Frankfurt a. M. 1970, p. 539)

13 El concepto de fase es análogamente interdisciplinar: no define el período o ciclo, sino el momento de paso de un periodo o ciclo a otro. Las unidades geopolíticas resultantes de dicha fase pueden ser así mismo pseudocontinentales cuando su fundamento no viene dado por la disposición teleológica del espacio geopolítico sino que interfieren variantes como la religión. Lo que intento defender es que pasamos de la fase política, comenzada hace unos 5.000 años con las primeras constmcciones de templos y la aparición de las primeras ciudades (según R.M.Adams. en El origen de las ciudades, Biol. y Cult. S. Am. pp. 230-231) a una fase estrictamente "geo-política" es decir, de configuración política planetaria, a través de la formación de unidades geopolíticas continentales o pseudocontinentales.

14 Así lo plantea Kant en la V. proposición de su ensayo "Idee zu einer allgemeinen Geschichte in weltbürgerlicher Absicht" : "Das grosste Problem für die Menschengattung, zu dessen Auflosung die Natur ihn zwingt, ist die Erreichung einer allgemein das Recht verwaltenden bürgenchen Gesellschaft." (Kant, Werke, XI. hgb.von W.W. Suhrkamp, Frankfurt a.M.1968. p.39 (A 394)

15 El voluntarismo de Fukuyama se condensa en su segundo artículo"Respuesta a mis críticos"(21 .XiI.1989) en el que defiende las siguientes tesis:

1. El fin de la Historia no se identifica con el fin de los acontecimientos del mundo.

2. El fin de la Historia representa el fin de la evolución del pensamiento humano sobre los principios fundamentales de la organización político-social.

3. Nuestra conciencia democrática-igualitaria es ya tan natural en nosotros como la necesidad de dormir o nuestro miedo a la muerte.

16 Propuestas hay para todos los gustos. Así los miembros de la corriente religiosa "Bajai" pretenden impulsar una religión universal como factor cohesionante a escala planetaria. Por mi parte no descarto la posibilidad de un"enemigo exterior". o de una "amenaza de fuera" que conduzca a los humanos hacia la sociedad y el estado mundiales.

Taula, quaderns de pensament, (UIB) núm. 17-18,1992
 

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