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Juan y Pedro: la Civilización vs. el Progreso

Las grandes ciudades también exportan miseria

26/02/2011 - Autor: Moámmer al-Muháyir - Fuente: Webislam
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Lago Titicaca.
Lago Titicaca

Juan es un pastor de cabras aymara, que vive en el altiplano boliviano. Es pobre e ignorante, y no recibe más de 50 dólares al mes por las cosas que vende. Vive en una zona muy alejada de los centros urbanos, a mitad de un camino de montaña, donde realiza pequeños cultivos en terrazas, como sus ancestros.

Habitualmente, realiza siempre el mismo recorrido para llevar a sus cabras a pastorear temprano. Al llegar a su casa, su esposa lo espera con la comida, que suele consistir en verduras, como papas andinas sin pelar (a veces mal lavadas y con restos de tierra), pequeñas cebollas, queso de cabra, aguacates (paltas), arroz, frijoles, quinua, y una vez por semana, cordero asado.

Juan disfruta mucho de llevar a pastar a sus cabras. Además de la imponente vista, le gusta la brisa de montaña y beber agua de montaña de los saltos y arroyuelos. También disfruta mucho del canto de los pájaros, y cuando vuelve a su casa, del amor de su mujer. En algunas ocasiones, él y los vecinos van de pesca al lago Titicaca, y en esos días también come pejerreyes.

Fue así, pescando en el lago Titicaca, que Juan conoció una vez a Pedro, quien estaba de viaje con sus amigos. Juan quedó muy impresionado con Pedro; le pareció un muchacho muy culto, elegante y bien vestido. Y por un momento, pensó en cuántas cosas podría conocer si viviera donde Pedro, y en cuántas cosas podría comprarse si tuviera el dinero que ganaba Pedro.

Pedro fue a pescar con sus amigos los dos días siguientes, antes de volverse a Buenos Aires, y Juan tuvo la oportunidad de pescar con él. Cuando se despidieron, Juan le pidió que regresara algún día, y que le trajera algo de Buenos Aires. Pedro le preguntó: "¿Ah, sí? ¿Qué te gustaría que te trajera de Buenos Aires?", a lo que Juan respondió:

"Pues algo que no se conozca aquí. Algo nuevo... no sé, algo que sea de allá, algo nuevo para ver".

Pedro es un joven abogado de Caballito. Tiene una posición algo acomodada, y gana más de mil dólares al mes.

Y sin embargo, Juan tiene todo lo que Pedro quisiera tener y cuyo dinero no le alcanza para comprar.

A Pedro también le gusta el cordero con papas andinas y cebollines, y lo paga a precio de oro en un restaurant del centro. Las papas del plato que le sirven no están tan frescas como las que come Juan, ni tienen los mismos minerales y nutrientes: están bien lavadas, peladas y desinfectadas.

Pedro conoció este plato cuando viajó de vacaciones al lago Titicaca con sus amigos de la secundaria. Ahorró mucho dinero para hacer ese viaje, y se alojó en un hotel lujoso.

A Pedro también le gusta gozar de la brisa y el aire fresco como a Juan, y le hace mucha falta, porque donde vive en verano hace mucho calor y humedad. Como es adinerado, se compró un aire acondicionado, pero le trajo una severa pulmonía, y el médico se lo prohibió. Así que ahora usa sólo ventiladores. El aire que estos ventiladores no es muy fresco, ni tampoco huele rico, porque cerca de la casa de Pedro hay una fábrica.

A Pedro también le gusta disfrutar del agua clara y cristialina, como a Juan. Pero tiene que comprarla, porque el agua corriente de Caballito es muy pesada en nitritos y nitratos, y los médicos no aconsejan usarla para beber. Por eso, Pedro se compra la mejor: Agua de los Andes.

A Pedro le gusta hacer meditación. Y para eso consiguió, en un negocio muy exclusivo de Buenos Aires, un CD con cantos de pájaros y sonidos de la naturaleza. Todas las semanas, Pedro medita al menos dos horas escuchando los sonidos de la naturaleza, que lo hacen sentir mejor, y por un momento se imagina que está nuevamente allá, en el lago Titicaca, disfrutando de la paz y de la inmensidad del paisaje.

A Pedro le gustan mucho las alturas. Cuando era adolescente, concurría a clases de alpinismo con un reputado profesor. Y ahora que es grande y tiene su propio dinero, alquila un departamento en el piso 15 de un edificio, donde le gusta asomarse a la ventana y contemplar la vista. Habitualmente, suele mirar por la ventana del Este, porque la otra da a una villa miseria, donde la vista ya no es tan agradable.

A Pedro también le gusta disfrutar de las caricias de una mujer. Pero a pesar de provenir de una familia católica y conservadora de clase media alta, y haber concurrido a la escuela primaria, a la secundaria y a la universidad, Pedro nunca tuvo una buena comunicación con sus padres, y estos nunca le enseñaron la autoconfianza para relacionarse normalmente con las mujeres, ante las que se siente tímido y disminuido. Las pocas relaciones que Pedro ha conocido fueron casuales, y lo dejaron con una sensación de vaciedad. Por eso Pedro paga por tener sexo; visita periódicamente un prostíbulo de Caballito, donde tiene mujeres más bellas que la esposa de Juan, pero sin el amor, claro.

Hace unas semanas, Pedro visitó al dermatólogo por unas manchas blancas que le salieron en la piel. El dermatólogo le dijo que a pesar de que Pedro tiene una dieta bastante sana, le faltan ciertas vitaminas y minerales. Por eso le recomendó hacer un tratamiento y complementarlo con un suplemento vitamínico. Pedro compró el mejor: Centrum. Tiene todos los minerales y vitaminas que consume Juan en su dieta, algunos de los cuales no provienen directamente de los alimentos, sino de los residuos de tierra que quedan en las verduras, como el iodo.

Durante los pocos días que estuvieron juntos, Juan, sin saberlo, quiso ser Pedro. Y sin embargo, Pedro no está feliz ni satisfecho. Conoció a Juan en su viaje al Titicaca, y ya ha pensado mucho en todas las cosas de las que Juan disfruta gratuitamente, y está indignado.

Y por eso, cuando Pedro conoció en el hotel a un empresario que le ofreció un negocio, sintió cierta malicia en su corazón y decidió aceptarlo: Pedro integrará la planta de abogados de una empresa minera, que explorará las sierras del lago Titicaca en busca de metales preciosos. La empresa hará volar por los aires la sierra donde vive Juan, contaminará el río con mercurio, y echará al aire nubes de polvo y gases.

Y así, Pedro, ciudadano ilustrado y habitante de una gran metrópoli que representa el pináculo de la civilización y el progreso, llevará algo de ese progreso a esas tierras alejadas, donde todavía viven indios ignorantes en la misma forma que hace siglos, antes de que llegara esa civilización y progreso a América. Pedro cumplió con lo que Juan le pedía, le llevó a Juan "algo de allá, algo que aquí no se conozca". Lo que Juan no sabía entonces (y ahora se arrepiente), es que las grandes ciudades, junto con todo lo que exportan, como los autos, los televisores, las revistas y las cámaras de fotos, también exportan miseria. Y que cuando un pastor pobre ve pasar en el cielo un avión proveniente de las grandes ciudades, lo que deja caer no son cámaras digitales ni revistas, sino bombas y crucifijos.

Ahora, Juan comerá las mismas cosas que Pedro, y beberá la misma agua, y respirará el mismo aire. Y por fin, se hará justicia.

Moámmer Darman al-Muháyir


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