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Una lectura sobre El extranjero, libro de Albert Camus

Albert Camus recibió el premio Nóbel de literatura en 1957

18/02/2011 - Autor: Leandro Albano - Fuente: www.suite101.net
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Albert Camus. (Foto: losidealesdelgol.wordpress.com).
Albert Camus. (Foto: losidealesdelgol.wordpress.com).

Los abismos humanos y las posturas frente al cambio. El ser humano frente a su nada ¿Decidirá enfrentarla o simplemente actuará de acuerdo a lo que impera?

“El extranjero” es un libro del autor Albert Camus (dramaturgo, ensayista, novelista y filósofo) que nació en Argelia en 1913, país que en ese momento era colonia francesa. Autor que plantea en su obra, a través del humanismo y el existencialismo sartriano, el absurdo que impera en la existencia humana. Recibió el premio Nóbel de literatura en 1957.

Crítica a las costumbres y actitudes artificiales

La novela se publica en el año 1942 e intenta demostrar como el hombre se comporta al enfrentarse con su nada, al entender su entorno y comprobar que se encuentra en un mundo codificado, lleno de costumbres y actitudes artificiales que le obligan a reaccionar de una determinada manera ante un hecho.

El llorar simplemente por la fuerza de la costumbre es algo que Meursault (protagonista del texto) no puede comprender, ni mucho menos aceptar y esta es una de las razones por las que deja de ver a su madre que estaba en un asilo. Pero no sólo es el llorar, es la costumbre en sí lo que lo agobia, que se esté esperando la debida acción en el momento acordado por la sociedad.

Denuncia social

La novela empieza con la frase “Hoy ha muerto mamá” y a partir de ahí al protagonista se le aflora toda su denuncia social que la llevará a cabo a través de su inexpresión, su invariabilidad, mostrando en su persona la misma nada que en realidad, se encuentra tras las máscaras, tras las reglas, tras lo socialmente aceptado.

Su denuncia es silente, por lo cual se prioriza un elemento de la conversación, el cual es mayoritariamente ignorado, el silencio. En silencio él le grita al mundo que obren por sí mismos y no por convención. Denuncia que dejen de juzgar aferrándose a un guión inexistente pero que se lo venera.

Rituales para cumplir con la sociedad

Es así como después de su afloramiento comienza a ver los rituales aceptados como eso, como meros rituales. El velorio, por ejemplo, donde vienen, se sientan, pasan la noche y lloran y lloran por costumbre, toman café, se acomodan muchas veces en su silla incómoda y se van. El protagonista lo ilustra perfectamente cuando afirma.

“Al salir, con gran asombro mío, todos me estrecharon la mano, como si esa noche durante la cual no cambiamos una palabra hubiese acrecentado nuestra intimidad.”

Dentro de este marco en donde comprende el absurdo, comete un crimen absurdo simplemente porque le molestaba la luz, acrecentando así, o mejor dicho, iluminando aún más el absurdo humano. Ese absurdo es la nada en movimiento que genera creaciones para poder aferrarse de ellas y olvidarse de quien las creó. Esa misma nada que al comprenderla, se puede hacer mucho pero el olvidarla, y peor aún concientemente, simplemente se esta aniquilando la misma subjetividad.

El juicio en sí en el que se ve envuelto son actuaciones programaticamente estudiadas y desempeñadas a la perfección, con pompas de esa misma perfección artificial.

Reacciones

A toda esta visión de denuncia (de descreimiento, de plantear el cero para crear a partir de ahí, de entender que después del hecho estudiado y desempeñado con minuciosidad se queda uno sólo consigo mismo y es ahí donde nace el hombre, donde es dueño de sí y del hecho de definirse y enfrentarse a sus consecuencias) reacciona el pensamiento conservador.

El mismo pensamiento que asesinó, literalmente, a tantos idealistas que planteaban un cambio y al ser escuchados y seguidos por multitudes se los aniquilaba. Ese mismo pensamiento tomó la forma de texto y se titula así, (simplemente como subrayando su intención, como queriendo tal vez banalizarlo por el simple hecho de decirlo pero que no lo banaliza, sino que enfatiza aún mas la intolerancia) “El extranjero debe morir” de Mario Vargas Llosa.

El extranjero debe vivir eternamente, y no solo Meursault sino todos los extranjeros que pueblan la Tierra.

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