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Acerca de la sinceridad en este camino

Islam es el final del camino y no el comienzo. Islam es sumisión

18/02/2011 - Autor: Al Hajj Orhan al Yerrahi - Fuente: www.sufismo.org.ar
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Ijlás - sinceridad

Bismillahir Rahmanir Rahim. En el Nombre de Allah, Clemente, Misericordioso

Cierto día, entre los compañeros del Profeta (saws), alguien quería saber lo que era la sinceridad, y aquel le dijo al que le había hecho la pregunta: “déjame que voy a preguntarle... a otro”. Y así la pregunta se fue trasmitiendo hasta que, como nadie tenia la respuesta, finalmente le preguntaron al Profeta (saws). Y él, cuando le pidieron que definiera sinceridad dijo: “Déjenme que voy a preguntarle al Arcángel Gabriel.” El Arcángel Gabriel a su vez le preguntó a Allah. Y Allah le dijo: “Es un misterio entre los misterios que he puesto en el corazón de mis siervos”.

En la antigüedad, un criminal había cometido todos los actos más aberrantes que caben dentro de las posibilidades del ser humano. Y era tan notoria y terrible su fama, que todos tenían un miedo absoluto y total. Finalmente el alma de ese ser, como todas las almas creadas, sintió la necesidad de pedir perdón.

Llamó a uno de los académicos del Islam y le dijo: “¿cómo hago para lograr que Allah me perdone?”. Y el académico le respondió: “Tú, con todos los pecados que has cometido, no tienes ninguna posibilidad, irás derecho al infierno”. El criminal sacó su cimitarra y le cortó la cabeza.

Deben saber que cuando el alma tiene una pregunta jamás nos deja en paz, por lo que el bandido fue a visitar a un Santo. Este Santo le dijo: “No puedo darte la respuesta, pero déjame tratar de averiguar de que manera puedes lograr el perdón”.

Esa noche el santo practicó algo que es permitido en nuestra religión, que es hacer un pedido antes de ir a dormir cuando necesitamos una respuesta y no la encontramos en los medios comunes, cuando no hay alguien que nos la pueda dar y cuando no está en los libros. Sí está en el Corán, porque todo lo que existe está en el Corán, pero no lo sabemos leer. No tenemos los ojos necesarios, ni el ojo interior necesario para entender todo lo que dice el Corán. Entonces hacemos esa práctica que requiere un rezo especial y manifestamos la pregunta. A veces debemos hacerla por tres noches seguidas, y finalmente la respuesta llega en forma simbólica. También debemos tener el conocimiento para interpretar ese simbolismo.

Este Santo hizo la pregunta sobre el perdón de este terrible ser humano, y volvió con la respuesta. Entonces el ladrón le dijo: “¿qué es lo que vas a decirme?” El Santo respondió: “Nuestro Señor te envía este mensaje: “Dile a mi siervo...”. Cuando el ladrón oyó aquellas palabras exclamó: “¡Deténgase, no diga más nada!” “¿No quieres saber el resto del mensaje?”. “No, no. No quiero saber nada más, para mi es suficiente que Mi Señor me haya llamado Su Siervo. Y eso es todo lo que deseo saber”. Alguien me preguntó acerca del anhelo. El anhelo no existe si no existe el amor en el alma. Y para que el amor exista... el amor sólo puede existir en la tierra de la sinceridad.

El bandido no se conformó totalmente con esa respuesta porque el alma ansiaba el perdón. Entonces llamó a otro académico, sólo que este académico, además de ello, era un amante de Allah. Le hizo la misma pregunta: “¿Cómo puedo hacer para que Allah me perdone?”. Y cuando le contó todo lo que había hecho, el amante se tapó los oídos y dijo: “no me expliques más, porque cuando una persona muere, cuando una persona se va al Mas Allá, tiene tres amigos: uno que queda, uno que lo acompaña, y otro que va delante de él hacia el Más Allá.”

El amigo que queda es la propiedad, aquello que uno poseía y que queda en el mundo, e Inshallah causará la felicidad de los que lo heredan. Los que lo acompañan son aquellos que están en el camino con él. Porque en esta vida hay una sola cosa que es segura, y esa es, que así como comenzó esta vida terrenal se va a acabar. Y en algún momento, todos los que estamos de compañeros, en esta búsqueda en la tierra, Inshallah, en el Más Allá, estaremos juntos. Porque en el Más Allá Allah nos promete que estaremos con aquellos a quienes amamos.

Porque el amor que nos une no tiene absolutamente nada que ver ni con tiempo ni con espacio, ese amor es eterno. Entonces cuando dejemos de vernos será algo temporario. Alguien mencionó los otros días a Hz. Abdul Qadir al Yilani (ks), uno de los más grandes Santos del Islam, quien perdió un hijo a quien él amaba con todo su ser. Cuando el hijo se fue al Más Allá, él no lloraba. Entonces le preguntaron: “¿Qué es lo que te pasa? ¿Cómo no lloras cuando has perdido a alguien a quien amabas con todo tu ser y ahora no está más?” Y él se dio vuelta y dijo: “Ahora no está más para tus ojos, para los míos está aquí, lo estoy viendo”. Él tenía acceso al Más Allá, donde Inshallah, estaremos en algún momento caminando de la mano, juntos, en la eternidad. Ese el segundo amigo.

El tercer amigo, son los buenos hechos, que nos precederán. Esos hechos, los buenos hechos, son los que van a abrir las puertas del paraíso. Y los malos hechos son los que nos hacen entrar en el infierno. Allah decide ya que Allah es el juez. Y Él va a pesar, en su balanza divina, de cada uno de nosotros lo que hemos enviado al Más Allá.

El ser humano ignora el objetivo de su vida. En algún momento todos nos preguntamos: “¿Qué es los que hago aquí, para qué vine, de dónde vengo, hacia donde voy?” Pero ¿alguna vez nos detenemos a meditar sobre ello, de donde venimos? Estamos tan orgullosos de nuestro ser, de si somos altos, de buena apariencia, apuestos, con buenas ropas, con dinero en el bolsillo, conquistando al mundo. Hombres y mujeres. Nos preocupa estar delgados, que no aparezcan arrugas. Las mujeres porque están entrando en años se dan inyecciones, se hacen operaciones para poder suprimir el paso del tiempo y demás. No estoy diciendo que debemos abandonarnos físicamente. Porque Allah ama lo bello y todo lo que Él creó es bello y hermoso. No hay ninguna imperfección en lo que Él creó. La mujer más que el hombre tiene obligación de estar y parecer hermosa. ¿Por qué? Porque es madre, porque a través de ella nosotros hemos llegado al mundo y por ese acto ella es la conexión para el hombre con el mundo espiritual. Entonces si las miramos y vemos su belleza sabemos que venimos de un mundo hermoso.

Pero si pensamos un poco más de dónde venimos, ¿porqué esa arrogancia? Venimos de un coagulo de sangre que se forma en el vientre de la madre. Si observamos como es que nacemos al mundo veremos que es por el mismo conducto donde sale la orina ¿Entonces, de que estamos tan orgullosos? ¿Qué es lo que nos hace pensar que somos mejores que un perro sarnoso?

Allah creó al primer hombre, Adán, de los cuatro elementos: Tierra, agua, fuego y viento o éter. A su vez a los creyentes nos dividió en cuatro grupos. Y no estoy hablando ni de musulmanes, ni de derviches, estoy hablando de creyentes o no creyentes.

El primer grupo consiste en aquellos que adoran a Allah y es la gente de la Sharia, de la ley divina. Esa gente cumple con todos los ritos obligatorios del Islam, pero básicamente es la declaración de fe. Que es algo que existe en todo lo creado. Entonces en un momento esa fe se hace conciente y llega a nuestros labios y decimos: Ash hadu an la ilaha illa Allah, wa ash-hadu anna Muhammadan rasulullah. Y eso es todo lo necesario para declararse Musulmán.

Luego están los rezos cinco veces por día; el Hayy, el peregrinaje una vez en la vida; el mes de ayuno, treinta días durante el mes de Ramadán; el Zakat, la caridad obligatoria, aquellos que tienen dan caridad obligatoria a los que necesitan. Ese acto debe ser hecho con sinceridad, lo mismo que todos los demás actos de devoción. Porque recordemos que lo opuesto de la sinceridad es la hipocresía.

El creyente toma ablución y se purifica para estar frente al Señor. De la misma manera que si alguien tuviera que ir a ver a un presidente, se pondría posiblemente la mejor ropa que tiene, los mejores zapatos, se asearía, se peinaría y con una sonrisa lo visitaría. Nosotros visitamos al presidente, Inshallah, cinco veces por día, todos los días, siete días por semana, trescientos sesenta y cinco días al año, por el resto de nuestras vidas. Piensen muy bien antes de tomar la Shahada, si alguna vez su corazón se lo pide. Todos nosotros lo hemos hecho, alhamdulillah, pero una vez que estas palabras son pronunciadas, la única función que tienen los que están presentes en el momento en que uno lo dice, es ser testigos del juramento: ¡OH Allah sólo Tú existes y Muhammad es tu siervo y mensajero! Esas palabras se las decimos a Allah y son estrictamente una promesa. Es una declaración que tiene que ver solamente entre el que la pronuncia y nuestro Señor, los demás sólo somos testigos. Es decir que si alguna vez rompemos esa promesa, rompemos una promesa que le hicimos a Allah.

Mientras tanto uno también se hiere así mismo o hiere a los demás a través del chismoseo, de las malas palabras, de actos ilegítimos y demás. Y continuamente regresamos al rezo y continuamente regresamos a Él pidiendo perdón. Si nos comportamos de esa manera estamos bajo la influencia de uno de esos elementos básicos, y es el éter, el viento, el elemento predominante entre nosotros.

Desde allí nos gustaría pasar al segundo grupo, al grupo de los ascetas. Que son aquellos que continuamente recuerdan a Allah, que se preocupan si se olvidan de Él. Pero son aquellos que alcanzan sus estados espirituales sin la ayuda de un guía espiritual o de un camino. Entonces esa estación espiritual es estrictamente una recompensa que Allah les envía por sus esfuerzos.

Dentro de la religión islámica hay dos grandes ramas: Sunnitas y Shiítas (y estoy generalizando). Y dentro de los sunnitas hay cuatro grandes escuelas de leyes canónicas. Todos los musulmanes son recomendados que pertenezcan a una de estas escuelas y dentro del Shiísmo algo similar existe. A uno de los Santos Musulmanes, Mansur al-Hallaj, muy famoso por la manera en que vivió y la manera en que murió, le preguntaron a cual de las escuelas él pertenecía y dijo: “A ninguna, pero he tomado lo más difícil de cada una y eso es lo que practico”.

Esto se puede equiparar a la pregunta que una persona común como yo le hizo una vez a un Santo: “¿Cuando uno pierde la ablución?” Es decir cuando uno pierde el estado de pureza que debemos tener para poder hacer los rezos. Y el Santo le preguntó: “¿A que te refieres: cuando tu pierdes la ablución o cuando yo pierdo la ablución?”. El creyente pensó que no existía ninguna diferencia y le dice: “¿No es para todos lo mismo?” El Santo le respondió: “No, tu pierdes la ablución cuando vas al baño, cuando pasas gases, cuando haces el amor, cuando duermes, cuando pierdes sangre”. El creyente le preguntó: “¿Y usted cuando pierde la ablución?” Y le dijo: “en cada momento en que me olvido de Allah”. En los Ascetas el elemento que domina es el agua, porque el agua es pura al igual que ellos son puros.

El último nivel es el nivel del amante. El nivel del amante quizás, es mejor no hablar mucho de ello, porque para qué preocuparnos por algo que está tan distante de nuestras posibilidades en estos momentos. Es el nivel de los Santos y los Profetas. Es el nivel de aquel que al descubrir el amor por Allah, primero hizo todo lo que Allah decía que lo satisfacía, porque lo amaba. Y cuando se dio cuenta que Allah lo amaba, le entregó su corazón. Para que no quedara nada que lo pudiera separar de su amado.

Cuando hacemos nuestra declaración de Fe decimos Muhammad Abduhu, Siervo, y luego decimos mensajero. El estado de servidumbre es el estado más alto que ha logrado un ser humano, ser un siervo. Si alguna vez comprendemos el significado de eso, el resto de lo que ocurre, como dije antes, deja de tener relevancia.

Eso es ser Musulmán. Eso es lo que buscamos en esa pequeña casa donde estamos sentados en este momento. Ser siervos de Allah nada más, ni nada menos. Eso es Islam. Islam es el final del camino y no el comienzo. Islam es sumisión.

Por eso el elemento de los amantes, aquellos que tienen ese estado más alto, es el de la tierra, el de la arcilla. Porque uno la toma, la modela y hace lo que quiere con ella, tiene total sumisión. La arcilla no se puede negar a nada. Si la tiramos en el agua se disuelve, si la tiramos en el fuego se endurece. El viento la seca. Está totalmente sometida. La arcilla es Musulmana. La arcilla es el elemento preponderante en los amantes, aquellos que se han convertidos en siervos de Allah. Le ruego que Allah nos de esa bendición a todos y a cada uno de nosotros.

Debemos trabajar en este mundo por el tiempo que vamos a estar en él. Y debemos trabajar para el Más Allá, por el tiempo que vamos a estar en el Más Allá.


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