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Egipto: un pueblo civilizado y un régimen gamberro

El régimen egipcio se quita la máscara

04/02/2011 - Autor: Said Alami - Fuente: Webislam
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Carga de camellos en la Plaza de Tahrir
Carga de camellos en la Plaza de Tahrir

La batalla de la plaza Attahrir

Escribo estas líneas mientras la plaza Attahrir (Plaza de la Liberación) en el centro de El Cairo está siendo escenario de un alocado ataque por parte de miles de policías vestidos de civiles, criminales y miembros del gobernante Partido Nacional Democrático contra las docenas de miles de manifestantes desarmados y pacíficos.

Muchos periodistas, activistas y ciudadanos, todos egipcios y todos testigos presenciales que hablaron desde la mencionada plaza y sus inmediaciones a través de distintas televisiones y radios que emiten en lengua árabe advertían de que están asistiendo al inicio de una operación gubernamental brutal y camuflada que podría ser de incalculables consecuencias, que transucrre ante la mirada pasiva de las fuerzas del ejército que no mueven un dedo para impedir este baño de sangre. Estos comunicantes hacían llamadas desesperadas para que se detenga el ataque contra los manifestantes desarmados y pacíficos y pedían la urgente intervención del ejército.

Muchos atacantes fueron detenidos a lo largo del día y de la noche por los propios manifestantes y entregados al ejército presente en la plaza, lo que vino a confirmar, a través de la documentación que portaban, la pertenencia de los detenidos a la policía secreta , a la Guardia Republicana, a la policía de la Seguridad Central y a los Servicios de Inteligencia, además de miembros de servicios secretos extranjeros que al ser detenidos alegaron ser turistas europeos que estaban allí por curiosidad. Todos estos detenidos fueron recluidos por el ejército en las dependencias del Complejo gubernamental de la plaza de Attahrir.
Los atacantes, que utilizaron caballos y camellos para atemorizar a los concentrados en la plaza, han llegado al límite de lanzar cócteles Molotov contra los manifestantes, desde las azoteas y algunos balcones, mientras que desde muchos otros balcones las familias lanzaban botellas de agua para el consumo de los concentrados.

Ya a altas hora de la madrugada las bandas mixtas de policías y maleantes han empezado a utilizar armas de fuego, matando al menos 10 manifestantes e hiriendo a otros muchos, según fuentes hospitalarias. Estamos hablando sólo de lo que ocurría en la plaza Attahrir, sin embargo en distintos puntos de la capital y de otras ciudades egipcias también se registraban enfrentamientos entre las bandas armadas gubernamentales y los manifestantes desarmados, lo que provocó la caída de un número indeterminado de muertos y cientos de heridos. En la mayoría de los casos las muertes eran provocadas por armas de fuego, que sólo portaban miembros de las bandas gubernamentales.

Sin embargo, las bandas criminales fueron derrotadas por los manifestantes, lo que no les ha impedido reorganizarse y atacar de nuevo, hecho este que se repetió varias veces a lo largo del día y de la noche del día 3 de febrero. Estaba claro que se trataba de cuadrillas bien organizadas que obedecen ordenes concretas de ataque, despliegue y retirada, procedentes de sus superiores. Decenas de comunicantes y testigos presenciales no dudaban en señalar a Mubárak , a su vicepresidente, Omar Solaiman y a su ministerio del Interior, Mahmud Wajdi, como responsables directos de sembrar el terror, las muertes y el caos en las calles del país.

Salvado el Museo Egipcio

Pero el colmo del desprecio a cualquier aspecto de civismo o nacionalismo fue la barbarie a la que llegaron estas cuadrillas de criminales cuando centraron sus ataques contra las instalaciones del Museo Egipcio, ubicado en la plaza de Attahrir y considerado como el museo arqueológico más grande del mundo, con 250 mil piezas dentro de su recinto.

Había una clara intención de incendiar el museo si no fuera porque las fuerzas del ejército abrieron sus mangueras de agua para apagar los incipientes incendios que se producían en su interior. Eso no impedía que estos vándalos enviados por el gobierno iniciaran el saqueo y el destrozo de los contenidos del museo, sin que el ejército moviera un dedo, sino que fueron los manifestantes concentrados en la plaza Attahrir, quienes lograron impedir que las bandas crininales gubernamentales consumaran su barbarie contra el museo más importante del mundo en cuanto a la historia de la humanidad se refiere.

Al mismo tiempo llegaban noticias alarmantes desde Saqqara, a unos 20 kilómetros al sur del El Cairo, sobre el inicio allí del saqueo de restos arqueólogicos. Según varios testigos y responsables de ese importante yacimiento arqueológico a nivel mundial, se ha registrado una intervención "muy limitada" del ejército, señalando que según todos los indicios, "hay una auténtica conspiración contra Egipto, que se está llevando a cabo por el propio Gobierno corrupto de Mubárak".

El Discurso del Faraón

Los gravísimos acontecimientos de la noche del 3 de febrero, saldados con más de mil heridos, y otros similares que tienen lugar en otras ciudades egipcias, se han iniciado pocas horas después del segundo discurso dirigido a la nación por el dictador Mubárak desde el inicio de la "intifada" egipcia, el pasado 25 de enero.

En ese discurso pronunciado a medianoche hora local, parece que Mubárak dio luz verde a su ministerior del Interior para que lance sus perros contra los manifestantes de la emblemática plaza de Attahrir. Mubárak, insolente y altivo, acusó en su discurso a los manifestantes de ser unos gamberros que nada tienen que ver con los jovenes que iniciaron "sus legítimas protestas" el pasado 25 de enero. Cuando el dictador hablaba, y según la Agencia de Noticias Alemana, DPA, un total de ocho millones de manifestantes recorrían las calles de muchas ciudades egipcias, especialmente en El Cairo (3 millones) y Alejandría (un millón). Para Mubárak, estos millones de egipcios no eran más que "gamberros".
Mubárak venía a decir en su discurso, en resumidas cuentas, "yo o el deluvio", "yo o el caos" y "yo o lo desconocido". El persidente que llegó al poder en 1981 gracias al asesinato del presidente Sadat, de quien era vicepresidente, y que desde entonces falsificó todas las elecciones y que fue capaz de venderse a Estados Unidos e Israel para poder seguir detentando el poder, ahora está sembrando el caos, incendiando el país y provocando un auténtico baño de sangre, con el fin de permanecer en el poder.

La verdad es que el segundo discurso del dictador vino a repetir, al pie de la letra, el contenido del segundo –y último- discurso pronunciado por el dictador tunecino, Ben Ali, un día antes de huir de su país: prometer que no iba a presentar su candidatura en las próximas elecciones presidenciales, prometer cambios y mejoras y decir que los jovenes tenían derecho a manifestarse pacíficamente pero que esas manifestaciones habían sido utilizadas por agentes que albergan pretensiones y objetivos muy distintos, nada patrióticos y que violan la ley. Un discurso, el de Mubárak, que vino a confirmar que el dictador, de 82 años de edad y que detenta el poder desde hace 30 años, o está viviendo en otro planeta o desprecia profundamente al pueblo egipcio y se cree un auténtico faraón, más poderoso aún que Ramses II, y a lo mejor, en su profunda tozudez, pretende gobernar otros 36 años para equipararse así con el mencionado faraón que gobernó el país a lo largo de 66 años.

Junta Militar

Por otra parte, el papel de ejército está siendo vergonzoso, ya que está permitiendo que todo esto ocurra sin tomar medida alguna para impedir el desmembramiento del Estado, manteniéndose en una pretendida imparcialidad que sólo beneficia al régimen de Mubárak, y en obediencie ciega a dictador, en su calidad de gobernardor militar y de jefe supremo del ejército, quien fue quien dió las ordenes para que el ejército se mantenga al margen de lo que ocurre. No hay que olvidar que el Gobierno y la jefatura del Estado son el ejército.

Efectivamente, son militares tanto el recién nombrado vicepresidente, general Omar Solaiman, quien sigue siendo jefe de los Servicios de Inteligencia, como el recién nombrado primer ministro, general Ahmad Shafiq, y los recién nombrados ministros del Interior y Defensa, general Mahmud Wajdi y general Mohammad Tantawi, respectivamente. Si a esto añadimos que el propio Mubárak es un militar, ex jefe de la Fuerza Aérea Egipcia, queda diáfanamente claro que stamos ante una auténtica Junta Militar que tiene rehén al pueblo egipcio.

Por lo tanto, que nadie se llame a engaño respecto al papel de ejército egipcio ante la "intifada" egipcia, ya que en la noche del 2 al 3 de febrero ha quedado clara su complicidad y sintonía con la Junta Militar Mubárak, Solaiman, Shafiq, Wajdi y Tantawi.

Por este motivo, las fuerzas militares han permitido a lo largo del día 2 y hasta las primeras horas del día 3 de febrero el acceso de las cuadrillas mixtas de policías secretas y maleantes, muchos de estos últimos reconocieron haber sido pagados por parte de responsables del PND, de Mubárak.

Podemos decir que estamos ante un régimen, el egipcio, que se comporta como una auténtica organización terrorista, perpetrando toda clase de tropelías, crímenes y graves violaciones de la ley. Estamos ante un Gobierno que proclama "la huelga general" al suspender los servicios de teléfonos, internet y telefonía móvil, al impedir el funcionamiento de trenes y autocares, y al cerrar carreteras y accesos. Pero no solo esto, sino que también se trata de un Gobierno que viste de bandidos a sos policías para atacar a la población y un Gobierno cuyos agentes son perseguidos, detenidos por los manifestantes. A diferencia de todos los Gobiernos del mundo, el de Mubárak tiene unas fuerzas del orden que van sembrando el terror en barrios y calles, saqueando comercios, incendiando y destruyendo las instalaciones del Estado.

En fin, todo en Egipto está siendo un país con los términos invertidos, debatiéndose en un colosal caos, donde gracias al cívico comportamiento de los manifestantes, a lo largo de los 8 últimos días, el país sigue estando de pie y aun se puede evitar lo peor, lo cual es diametralmente opuesto a lo que desea Mubárak y su Junta Militar, que quieren ver el país ardiendo en llamas si esto sirve para mantenerles en el poder. Y eso va a ser prácticamente imposible pues Mubárak y su régimen, después de los acontecimientos de la noche del 3 de febrero, tienen los días contados. El heroico pueblo de Egipto, que salió victorioso de la batalla de la plaza de Attahrir, pronto les aplastará.

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