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España, el país que escondía los libros

Los musulmanes españoles vivían y eran tratados como extranjeros en los mismos lugares y ciudades en que habían nacido, y ocurrió que debieron elegir entre la conversión forzosa y/o el destierro

17/01/2011 - Autor: Manuel Meneses - Fuente: Aloestedeafrica
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Grabado que muestra la expulsión de los moriscos
Grabado que muestra la expulsión de los moriscos

Nos habla y nos cuenta el columnista Antonio Muñoz Molina de una oquedad desconocida que se abre en la oscuridad de una de las salas de la Biblioteca Nacional Española. Leyéndole uno percibe que aún hay cosas y casos que en esa españa que Valle de Inclán decía que era una aberración de la Historia de Europa resulta de ser que no se han superado. "Uno intuye mediante la imaginación que es una oquedad que viene a ser la misma que se deja en una casa de las afueras de cualquier ciudad cuando se abandona no sabiendo si se volverá a ella algún día". Así dice Antonio Molina.

Una oquedad que huele a polvo humedecido por el paso de los años, de los siglos de historias escondidas y negadas, que ésa ha sido siempre la realidad y la verdadera historia de españa: una "Historia escondida". Es como cuando, despues de años de ausencia, entramos en aquella habitación que un día cerramos y tardamos en volver; son los olores de pajares que nos repelen por el vacío de todo que ahí encontramos.

Luego ocurre que, poco a poco, se va haciendo la luz; la claridad de las ideas y nos va llegando los recuerdos; los recuerdos de unos hechos que nos habla de la memoria secuestrada, arrancada. La iluminación de las imágenes que nos ofrece el conocimiento oculto de y acerca de cómo ocurrieron los hechos que ahí, detrás de esa puerta cerrada, se quedaron escondidos durante siglos y del porqué. Nuestros ojos se van haciendo a la luz, y nuestra mente también siendo ésta la que nos habla, aún en voz baja, y nos relata acerca de lo que está ahí delante de nosotros y acabamos de descubrir: nos encontramos con un olor viejo, no desconocido del todo pero quizás al que ya no estamos tan acostumbrados: olor a libros humedecidos, bien y hermosamente encuadernados en cuero por manos sabias, abandonados a la carrera como si el tenerlos cerca supusiera en su momento un peligro para quienes los portara o fueran dueños de ellos. Eran otros tiempos. Es el olor de las hojas viejas que se amarillentan por el paso del tiempo, de los siglos ya y que nos habla de un tiempo nunca comprendido ni aceptado pero cargado de la que quizás, y sin quizás, es una de las memorias más rica de la Historia no sólo de españa sino de Europa.

Fueron libros que nunca conocieron la imprenta donde revistirse del lujo y el glamour que hubieran merecido, si hubieran sido también otras las circunstancias, los personajes de entonces; libros, ya digo, humildes, valientes y sabiamente copiados a mano. Al observarlos ahí de pie y en esa oquedad del tiempo parecen haber sido escritos en árabe pero resulta que sólo son árabes los caracteres que transcriben los sonidos del castellano por gente que se vieron obligados a olvidar su lengua de origen, la que sus antepasados trajeron de tan lejos. Son textos religiosos, de medicina, leyendas fantásticas que ocurrieron en otros siglos antes, relatos de caminantes en otras peregrinaciones y a veces incluso huidas de instituciones que les temían. Son éstos escritos a mano, dejados en libros por los moriscos españoles o españolizados a la fuerza contra sus convicciones a cambio de no morir, de resistir y sobrevivir a los tiempos y cuya única prueba, siglos después, son estos libros prohibidos primero y escondidos después donde guardaban sus mayores secretos, preceptos y tesoros que querían transmitir; incluso, se ha sabido, que muchos de estos libros de páginas amarillentas y olores humedecidos por el tiempo y la oscuridad fueron escritos por gente que eran analfabetas de su propia lengua y que no es sino el pago que ha de darse cuando se descubre, porque las condiciones lo impone, que el preservar la vida es lo que salva la lengua.

Para la mayoría de los escritores el acto de leer está asociado a la soledad y es en esta soledad silenciosa donde encontramos y descubrimos el valor de lo que significa esconder los libros para hacer de una cultura, de una lengua y de un pensamiento un dogma de vida. A la imposibilidad, en todos los sentidos, por hacer uso de la impresión sólo quedó, durante siglos, como alternativa a ésta la cultura de la oralidad, pero ésta también fue, en aquella españa, mutilada al prohibírsele a los moriscos españoles el uso de su lengua y no solo hablada sino también escrita, costumbre ésta que no se perdió, por increíble que parezca – lo de prohibir hablar la lengua materna – hasta hace apenas algo más de treinta años.

Los moriscos fueron definitivamente expulsados de españa en 1610, ahora justamente 400 años, pero, como ya he dicho, mucho antes se prohibió el uso de su lengua árabe escrita o hablada, y he ahí el valor inmenso de lo que significaba en aquellos tiempos el tener y poseer un libro o un simple escrito en dicha lengua. Un libro era ya y entonces por las circunstancias creadas un verdadero tesoro inapreciable que se multiplicaba al ser copiado a mano y leído en voz alta pero también podía traer consigo para quien lo portara la desgracia, la prisión e incluso la muerte. La Santa Inquisición actuaba sin miramientos contra los moriscos los cuales eran abordados por los inquisidores a plena luz del día y en la oscuridad de la noche para registrarles si les consideraban sospechosos de portar un simple papel con unas simples palabras escritas en la lengua árabe; eran, en muchos casos éstos personas analfabetas pero esas palabras castellanas escritas en caracteres árabes que ni ellos mismos sabían descifrar les servían como talismanes que les irradiaban su efecto benéfico sin necesidad alguna de ser leídas, todo ello por el simple hecho de existir.

Un mundo entero de cuya amplitud y riqueza la mayoría de los españoles hoy tienen la menor idea se entreabre en esa sala sombría que es la Biblioteca Nacional Española. Todo un idioma de sonoridades a la vez limpias y mestizas, un “otro” castellano o español en este caso desgraciadamente secreto y perdido y que fue la lengua de aquellos españoles a los que les fueron impuestas y por las armas la expulsión de un país que ya era suyo antes de que propiamente y siglos después se inventaran el Estado español: esto es, como bien dice Valle de Inclán y jamás me cansaré de decirlo y hacerlo saber, una aberración en la Historia de Europa

Como judíos, más de un siglo antes - y esto se debería hacer saber con más y mejor documentación -, los musulmanes españoles vivían y eran tratados como extranjeros en los mismos lugares y ciudades en que habían nacido, y ocurrió que debieron elegir entre la conversión forzosa y/o el destierro de su Patria (españa), de una patria que aún los españoles no conocían puesto que no la tenían; y fue por esto que en mucho caso acostumbrarse a una doble vida clandestina en la que no faltaba nunca la sombra siniestra de la mirada de la Inquisición no era desde luego una manera sana de vivir. Es de ahí, creo yo, de donde les vienen a los españoles el resultado continuo a una predisposición casi genética y enfermiza a la intolerancia, al desprecio del otro, al racismo como aún hoy vemos que siguen practicando ya no sólo a los árabes y mulsumanes del norte de África o de cualquier parte del mundo incluídos los que viven allí en españa sino hacia ésos mismos que ellos consideran españoles pero que no lo son por historia ni por origen, me refiero naturalmente a los catalanes, vascos y gallegos allí en esa parte de Europa que han dado en llamar españa y aquí en este archipiélago oesteafricano que es Tigzirin Tiknariyin hoy Canarias.

Quizás, y sin quizás como siempre digo, se debería atender más y mejor a las palabras del escritor, novelista y por qué no decirlo, también historiador ( porque escribe novelas históricas donde salen a relucir verdades que los historiadores ocultan o niegan ) Arturo Pérez Reverte cuando dice y asegura categóricamente que “españa es un país gozosamente inculto”. El racismo heredado de esa españa de siempre, de antes y de después, ha sembrado muchas zonas del mundo, allá donde ha llegado colonialmente, de montañas de cadávares, siempre ha sido así; pero quizás lo que más ha hecho daño ha sido la Historia posterior a todos esos hechos en el que, si nos allegamos a la Historia que aún nos niegan o casi, la lista de exilios que comienza en los tiempos modernos desde los liberales y los afrancesados de 1812 a los mismísimo republicanos del otro día casi, o sea: de 1939, y que nos hace más sensibles – sin importarnos a todos y cada uno la procedencia de cada cual – a estos desgarros y agravios de un pasado que parece y se nos antoja lejano pero que no lo es si nos atenemos al olor vivo y presente que aún desprenden esos libros que nos han descubierto y puesto delante de nuestros ojos y nuestra mente esta realidad aún pendiente de analizar, estudiar y reconstruir para calmar la conciencia de muchos.

Yo, y como yo muchos, hemos nacido en una colonia – y otros en la misma españa – en la que sentimos miedo por leer y/o tener ciertos libros; libros que guardábamos en secreto, escondidos de la misma manera en que lo hicieron aquellos moriscos españoles hace ¡¡ más de cuatrocientos años !!. Es por esto, quizás,que aquella propaganda oficial que celebraba la expulsión de los árabes de españa en 1610 es la misma que en 1939 celebraban la derrota y el aplastamiento de los Rojos y que eran, también, españoles que habían sido elegidos democráticamente para que les representaran en el Parlamento apenas unos años antes. Al imponerse este hecho, en los libros de texto que todos estudiamos bajo la dictadura, como Cruzada de Liberación de la Guerra In-civil resulta también que casi fue la penúltima batalla victoriosa de la Reconquista, y es aún hoy que algunos la celebran y otros no piden perdón por la masacres que se dieron en estos hechos; como prueba de todo esto ahí tenemos una institución como la mismísima Corona de españa ocupado un lugar que no les pertenece en la Historia del noble Pueblo español.

Yo nunca he podido con la lectura de “El Quijote”, de Miguel de Cervantes, y no he podido porque es una novela que no me lleva a un tiempo-espacio físico con el que mi mente se relacione, pero no dejo de creer, y convencido estoy de ello, que es una novela impresionante y que encierra muchas, muchísmas de las clave de esa Historia de España que nos niegan ( España en este caso con mayúscula porque me refiero a los Pueblos de esa España maltratada y despreciada que son la mayoría de sus habitantes ); sí he leído muchísimo acerca de ella y de su autor y me he molestado, para este escrito, buscar unas frases que resumen muy bien lo que aquí escribo y es un monólogo sacado de lo que es el contexto de “El Quijote” y que dice: “ Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra Patria natural”. Para entender aún más y mejor esta frase y su contenido es bueno decir y hacer saber que quien la dijo no fue otro que el mismísimo Sancho, el escudero de Don Quijote y que, para quienes no lo sepan, era morisco y por lo tanto lo que estaba diciendo es que aquella tierra por la que andaba era su Patria, españa.

En muchos de esos libros casi escondidos u ocultados en la Biblioteca Nacional ( escondidos por complejos o quizás por sentimientos de inferioridad aún en la casta política española ) se ven que en sus portadas hay caracteres árabes, y es verdad que tal vez se debiera dar el caso que le cuenta Ricote a Sancho Panza y es el de volver a españa para buscar y recuperar los tesoros que dejaron los moriscos españoles escondidos antes de marcharse unos y de ser expulsados otros. Por si algunos, algunos muchos, no lo saben resulta de ser que la mayorias de esos libros que ahora se muestran y permanecen en las vitrinas de la Biblioteca Nacional vienen y llegaron ahí de escondrijos a los que sus dueños no volvieron o no pudieron volver para recuperarlos. Libros a los cuales antes de esconderlos los envolvían reverencialmente en lienzos de lino y les colocaban una piedra de sal o una rama de espliego para que la humedad y la oquedad del tiempo no les dañaran; luego los guardaban tan meticulosamente que resulta que se han tardado siglos en ser descubiertos y encontrados. Hoy, cuando sabemos de estos hechos, es para preguntarse: ¿ qué historia habrá detrás de cada uno de ellos? cuál sería el destino de todas y cada una de esas personas que se tomaron tanto trabajo para que aquellos inquisidores no los encontraran o con la esperanza de volverlos a encontrar intactos cuando les fuera posible volver.

Se sabe, hoy, que en el pueblo de Ricla, en la provincia española de Zaragoza, apareció uno de estos libros en el año 1719; estaba debajo de un tejado. En 1728, en el mismo pueblo, el lugar escogido había sido un pilar hueco en un patio de una casa. En Agreda, otra población, y en 1795 se encontraron unos libros de moriscos españoles al derribar una pared, descubrieron en ella una estanterías tapiada repleta de libros de moriscos españoles. El hallazgo más cuantioso sucedió en Almonacid de la Sierra en 1884: en el derribo de una casa antigua se descubrió que entre el suelo de la obra y un falso suelo de madera de una habitación había más de ochenta volúmenes, completamente nuevos e intactos después de trescientos años y todos ellos con sus telas de lino y sus piedras de sal. El fuego del que habían escapado al final acabó con algunos de ellos: los albañiles de la época los usaron para prender hogueras y librarse del frío de aquel invierno. Realmente triste y doloroso.

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