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Desde la táriqa del corazón (VII): Afrontando la cuesta de enero

Ya no hay nadie más que pueda protestar

11/01/2011 - Autor: Sáleh Abdurrahim ‘Isa - Fuente: Webislam
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El sistema de producción desarrollado hasta ahora se muestra claramente insostenible. (Fotos: solo-cine.com.ar y xinaxblog.blogspot.com).
El sistema de producción desarrollado hasta ahora se muestra claramente insostenible. (Fotos: solo-cine.com.ar y xinaxblog.blogspot.com).

Bismil-Lahi r-Rahmani r-Rahim, quiera Al-Lah que un día nuestros corazones nos hagan capaces de dar a quien lo demanda y en disposición cabal, conforme a lo que puede ser recolectado, Él que es Ar-Razzaq y Al-Adl.

Poco a poco se alejan los días festivos y nos enfrentamos a la cruda tragedia de seguir subsistiendo en una época de crisis socioeconómica. Para algunos, los que tienen recursos monetarios o la garantía de ellos, es un regreso a la repetición del día a día que nos lleva al “mercado” tanto laboral como al de bienes y recursos, para otros, por el contrario, será un enfrentarse, en algunos casos por primera vez, a una situación de escasez que les llevará a no poder adquirir fácilmente los productos de consumo más necesarios. Son muchas las familias que se ven, ahora, cara a cara con el desempleo o con la finalización de los ingresos provenientes de prestaciones sociales y económicas, lo que implica, finalmente, el impago de rentas y préstamos, y la drástica reducción del consumo…

Al margen de los motivos que han originado la situación en la que nos encontramos, y que son objeto de estudio de economistas, inversores y personas interesadas en el tema, lo cierto es que el sistema socioeconómico actual, conocido por el nombre de “capitalismo” desde su estudio por parte de Karl Marx, ha demostrado su incapacidad para desempeñar el objetivo más básico de la propia economía: “garantizar la correcta distribución de recursos escasos”…

Hemos creado una situación en la que los avances tecnológicos han permitido ampliar la manufactura, limitando el esfuerzo físico y la influencia de la climatología en la producción de bienes y recursos, y en la que hemos conseguido hacer fructuosos los lugares más inhóspitos, obteniendo vergeles en mitad del desierto. Actualmente no sólo somos capaces de atender las necesidades básicas de la población, sino que hemos sido capaces de crear nuevas necesidades en base a la creación de nuevos recursos…

Pero, de repente, se han empezado a cerrar las empresas y los medios de producción por falta de demanda y las personas implicadas se han visto en el desempleo. Aunque, en realidad, no es que la población haya mermado repentinamente lo suficiente para dejar de necesitar los recursos producidos, o hayan variado sus necesidades.

Lo que ha variado es la capacidad mercantil de los demandantes, o su capacidad de entregar dinero a cambio de los productos que requieren para satisfacer sus necesidades. Esto es, el sistema económico “capitalista”, basado en el intercambio de productos por dinero, ha demostrado su inutilidad en el reparto de los bienes y recursos necesitados por la población, produciendo escasez en un momento de superabundancia.

Antiguamente, las crisis y las etapas de escasez estaban sometidas a los cambios naturales: a las épocas de sequía, al avance de la desertificación, a las gotas frías y las heladas, a las plagas y los cambios demográficos de las poblaciones humanas y animales, etcétera… Progresivamente hemos creado una sociedad, la humana, que ha intentado apartarse de dicho sometimiento, alejándose de esa manera de la “Naturaleza” al mismo tiempo que nos alejábamos de la “Realidad” creando un submundo propio, un nuevo marco en el que establecer nuestras vidas y nuestras interacciones. Pero ese alejamiento de la “Naturaleza”, de la “Realidad”, nos ha alejado incluso de nuestra propia “naturaleza”, de nuestra propia “realidad”, hasta el punto en que hemos convertido en un fin mismo lo que en principio era sólo un medio. Se nos ha olvidado del todo que la moneda, el dinero, se inventó para poder realizar intercambios de productos perecederos a largo plazo, permitiendo la demora en el tiempo de una parte del intercambio.

El sistema de producción desarrollado hasta ahora se muestra claramente insostenible desde un punto de vista ecológico, pero no ha sido este hecho el que ha producido la escasez que viven hoy millones de familias y que, a la vez, nos cerca a todos, haciendo peligrar los puestos de trabajo y los sistemas de financiación monetaria de quienes aún los conservamos. Lo cierto es que tenemos los medios para producir de una manera sostenible ecológicamente, renunciando, tal vez, a algunos recursos o bienes sin que ello suponga poner en peligro la vida humana.

Pero no es ese el proceso que se está viviendo hoy en día, en el que la escasez sí que está poniendo en peligro vidas humanas, por lo que no podemos defender la idea de un desmesurado crecimiento demográfico de las poblaciones humanas que resulte insostenible. Además, de ser así, la producción debería aumentar en base a una mayor demanda y necesidad, y no disminuir, como está sucediendo.

Por otra parte, los diversos gobiernos, a su vez, afrontan la situación desequilibrando aún más el sistema de reparto, acordando el aumento de precios mientras se permite el estancamiento o disminución de los salarios, y eliminando gastos públicos directos o a través de diversos tipos de prestaciones, lo que implica una disminución de la demanda y de las capacidades monetarias para hacer frente al estado de necesidad.

Esto demuestra claramente el alejamiento de nuestra propia “naturaleza” más básica y de la “Realidad”, puesto que el objetivo que nos establecemos los seres humanos a través de nuestros gobernantes, elegidos por procesos electorales mayoritariamente, no es el de garantizar un mejor reparto de los bienes y recursos eliminando así el estado de escasez de manera directa.

De hecho, los individuos, no parece que estémos realmente turbados por el hecho de que se esté produciendo una disfunción sistémica o estructural en el diseño económico, cuyos resultados están siendo el hambre y la precariedad de un cada vez mayor número de ciudadanos… O, al menos, no parece que exista una respuesta unánime que implique la exigencia de regresar a la “Realidad”, intentado hallar un nuevo modelo social y económico que permita que los procesos de producción y los propios recursos se repartan de otra manera…

En estos momentos no puedo sino recordar aquellos versos de Martin Niemöller, pastor luterano alemán, atribuidos erróneamente a Bertolt Brecht:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.”

Ahora nos parece increíble que las gentes que vivieron bajo el régimen nazi no se levantaran contra los gobernantes que hicieron aquellos campos de exterminio donde perecieron casi doce millones de personas en las condiciones más terribles…

Tal vez nuestros descendientes nos miren con asombro y no sean capaces de entender por qué fuimos capaces de permitir que tanta gente se viera al borde de la calle, perdiera sus hogares, pasaran hambre y miseria, mientras nosotros no hacíamos nada, salvo, tal vez, protestar por las subidas de precios y el estancamiento de los salarios, o la pérdida de nuestro poder adquisitivo… Hasta que un día nos toque a nosotros tener que salir de nuestras casas para siempre y nos demos cuenta de que “ya no hay nadie más que pueda protestar”.

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