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Tabués y temores entre las jóvenes musulmanas

Las féminas, especialmente del sector de la inmigración, se ven a menudo obligadas a llevar una doble vida, más aún cuando se trata de la sexualidad

10/01/2011 - Autor: Güner Balci - Fuente: Der Spiegel
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Gülay y su orientadora, en la plaza Richardplatz del barrio berlinés de Neukölln, que es residencia de un gran número de inmigrantes musulmanes. (
Gülay y su orientadora, en la plaza Richardplatz del barrio berlinés de Neukölln, que es residencia de un gran número de inmigrantes musulmanes

Las mujeres jóvenes musulmanas en Europa se ven a menudo obligadas a llevar una doble vida. Mantienen relaciones sexuales en los baños públicos y esconden los teléfonos móviles en sus sujetadores para ocultar su privacidad y pasar desapercibidas en el estricto y vigilante entorno familiar. A menudo, se les prohíbe visitar ginecólogos o recibir educación sexual. En el peor de los casos, se someten a la cirugía de reconstrucción del himen, se someten a abortos tardíos o, incluso, cuando el temor de ser descubiertas les embarga, son capaces de llegar al suicidio.

Gülay ha escuchado en numerosas ocasiones a su madre decir "una mujer soltera que pierde su virginidad bien podría ser una prostituta.

Gülay, de 22 años, vive en el berlinés barrio de Newkölln, un distrito en el que se ubican un gran número de hogares de inmigrantes musulmanes, y poco tiene que ver ella con el típico cliché de la mujer que sale a la calle con el pañuelo en la cabeza. Viste con jeans ajustados, blusa escotada y luce el pelo largo sin ningún velo que le cubra. Es una chica segura de sí misma y mira a la gente a los ojos. Gülay planea comenzar un curso de formación para trabajar como azafata de vuelo el próximo año. A primera vista, se presenta como una chica retrato para una integración satisfactoria.

Sin embargo, se opone firmemente a que su nombre aparezca en la impresión, al igual que nunca se reuniría con un periodista para mantener una entrevista en uno de los tan populares cafetines entre los árabes y turcos inmigrantes de su barrio. Está preocupada de que alguien pueda verle hablando de la estricta moral de su familia o sobre el rígido código de honor que rige su entorno social, el cual previene a las jóvenes de practicar el sexo y tener relaciones amorosas antes del matrimonio.

Gülay piensa en la mejor forma de resolver su dilema. Agita nerviosamente su vaso de té antes de lanzarse a proferir una letanía de quejas. "Los chicos pueden practicar el sexo todo lo que quieran, sin miedo a represalias, pero si una chica lo hace, ya puede esperarse un tiro". "Es de enfermos". Ella tuvo su primera relación cinco años atrás, algo que cambió su vida por completo. Desde entonces, ha permanecido en un estado de temor constante, con miedo mortal a ser tildada por su familia como una chica deshonrosa o -peor aún- castigada y expulsada de su círculo.

Una pugna constante

Ningún otro asunto está tan cargado de polémica, tabúes y miedo entre los musulmanes inmigrantes de Alemania como el tema del sexo. Muchas familias musulmanas se adhieren a los principios morales de una época pre-moderna, y la separación de los sexos afecta a casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, mujeres jóvenes inmigrantes se enfrentan a las tentaciones de una vida libre sin restricciones a causa de las tradiciones religiosas y culturales. Su vida cotidiana es un constante tira y afloja entre dos sistemas de valores.

Muchas de ellas sufren esta contradicción, y algunos caen en la trampa. Los médicos y trabajadores sociales informan sobre algunas mujeres jóvenes desesperadas que acuden a ellos solicitándoles operaciones de reconstrucción del himen o la inducción de abortos tardíos. El elevado riesgo de suicidio entre las jóvenes inmigrantes, incluso ha empujado el Hospital Charité de Berlín a establecer una iniciativa de prevención de suicidios entre las mujeres de familias de inmigrantes turcos. En un estudio de varios años de duración, el grupo de investigación espera poder descubrir por qué la tasa de suicidio en este sector de la población es aparentemente el doble de alto que el registrado entre mujeres alemanas de origen de la misma edad.

Las consecuencias de vivir esta doble vida han sido poco estudiadas. Casi no hay instituciones gubernamentales ni organizaciones no gubernamentales, desde los ministerios de asuntos de la familia y educación a las autoridades de inmigración y grupos de auto-ayuda, que puedan ofrecer datos fiables y conclusiones bien fundadas sobre el tema.

"Los problemas que estas mujeres tienen que afrontar son originados por las estructuras patriarcales y tradicionales de sus familias", arguye el comisionado de Berlín para la integración y la migración, Günter Piening. Según Piening, agencias de bienestar juvenil, oficinas gubernamentales y escuelas han sido instruídas en el tema durante años, "pero queda mucho por hacer."

Regresar a casa antes de las 8 de de la tarde

Por supuesto, estos problemas no afectan exclusivamente a los grupos musulmanes. Las mujeres jóvenes de otros grupos sociales también sufren como consecuencia de los estrictos códigos morales y la violencia doméstica. Y también hay familias musulmanas en las que las féminas llevan una vida moderna y autónoma, un hecho que Piening y otros políticos se apresuran en señalar.

Pero los médicos, los trabajadores sociales, los operadores de líneas telefónicas de emergencia y los clubes de la juventud experimentan a menudo una realidad diferente. Señalan que, al igual que en Turquía, la igualdad de derechos entre los dos sexos, por lo general, sólo se experimenta entre las familias ligadas a los círculos académicos y artísticos. De lo contrario, las tradiciones estrictas dictan que los padres y hermanos controlen la vida de sus hermanas e hijas.

Esto ayuda a explicar por qué muchas jóvenes de origen turco y árabe son tan sinceras acerca de su doble vida, pero sólo cuando no sean identificadas y permanezcan en el anonimato.

Uno de los lugares donde son más propensas a decir lo que piensan es un club juvenil de Berlín para chicas de familias de devotos conservadores -en el cual está estrictamente prohibida la entrada de los hombres-, el lugar de reunión perfecto para Gülay y sus amigas. De lo contrario, no se les permite salir. Ir a una fiesta equivale a inventar subterfugios y estratagemas de todo tipo, y las chicas que no estén en casa a las 8 pm, cuando las tiendas cierran, han de encontrar una buena excusa para explicar y justificar su demora en el regreso.

La única libertad de la que pueden gozar estas chicas es la escuela, cuando van de compras o en los clubes femeninos de jóvenes. "Cuando llego a casa escondo mi teléfono móvil en mi ropa interior", dice Sibel, riéndose mientras se extrae un teléfono móvil de su sujetador. "Yo no estoy autorizada a tener un teléfono móvil o hablar con los chicos. ¿Qué otra cosa puedo hacer?"

Veinte minutos en un baño público

Un pequeño grupo de adolescentes se han congregado en la cocina del club de jóvenes. Las chicas están hablando sobre sexo, y casi todas ellas tienen algo que decir, algo acerca de sus familias que les molesta. "La primera cosa que nuestros padres piensan es que estamos haciendo algo malo", dice una de las chicas. Sin embargo, la mayoría de ellas tiene novio y una visita a un ginecólogo sería impensable para muchas, por temor a ser descubiertas por los familiares que de forma automática llegan a la conclusión de que están allí para conseguir la píldora - y por lo tanto- son putas. "Hay chicas que prefieren morir de dolor", dice Gülay.

La educación sexual en la escuela también es tabú para muchas jóvenes musulmanas, dice Gülay, que fue la única de 15 jóvenes musulmanas en su curso que asistió a las clases. Sus compañeras de estudios pertenecientes a familias más conservadoras, dice Gülay , "me hicieron todo tipo de preguntas acerca de cómo utilizar un preservativo y cómo conseguir la píldora. Algunas de ellas no sabía nada en absoluto." Y algunas, de acuerdo con Gülay, creian que todo lo que tenían que hacer después de tener relaciones sexuales era enjuagarse bien con agua. Otras, especialmente "las chicas que utilizan el pañuelo de forma regular", sólo practican el sexo anal con sus novios, creyendo que de esta manera se puede proteger el "honor", dice Gülay.

Llevar un chico a casa sería una acción suicida, exclaman las chicas en el club de la juventud. Tan solo la idea es tan inaudita que desencadena una risa histérica. Enumeran los lugares donde suelen tener sus citas: pasillos, los bancos de los parques o el baño público en la Plaza Boddin de Neukölln, donde una persona puede conseguir 20 minutos de privacidad por 50 céntimos. Algunas chicas tienen la suerte de tener un novio con coche propio o que, al menos, pueden permitirse el lujo de pagar 20 euros por una habitación de hotel.

Conexión con una línea directa

¿Y qué ocurre entonces?

Papatya, un centro de asistencia y alojamiento para chicas de origen turco ubicado en Berlín, no proporciona ni una dirección ni un número de teléfono en su página web. Durante más de 20 años, Papatya ha estado ofreciendo protección y cobijo a jóvenes y mujeres inmigrantes que huyen de la violencia doméstica. La organización tiene un extremo cuidado en mantener su identidad y paradero en secreto. Cuando se trata del honor de una familia ofendida, cualquiera que intente ayudar a la joven afectada, rápidamente puede ponerse en peligro.

Aquellas que deseen contactar con Papatya, previamente deben proporcionar un número a una línea telefónica de emergencia. Poco tiempo después, un trabajador social o un psicólogo se pone en contacto con las chicas.

Uno de los miembros del personal que trabaja en el centro es una mujer llamada Leila. En los ocho años que ha estado trabajando en Papatya, siempre ha escuchado las mismas quejas una y otra vez. Su lista abarca desde las chicas que se quedan en casa y se les prohibe ir a la escuela a las que son víctimas del matrimonio forzado y de actos de violencia cometidos en nombre de los padres. En las sesiones de asesoramiento, las jóvenes hablan repetidamente de su virginidad, y sobre el hecho de que su felicidad, o la falta de ella, puede depender únicamente de unos pocos milímetros de piel.

Traducción de Webislam

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