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El árbol de la luz y el sol de la verdad

Muhammad es el Argumento de la ‎Verdad y la Antorcha de la Verdad y Él es el sol que guía y el medio entre el hombre ‎y la felicidad

16/02/2015 - Autor: Sa‘îd an-Nursi - Fuente: Musulmanes Andaluces
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Sus movimientos ténues y sin descanso son la forma de la ‎calma y la paz que habita en sus interior

1- Muhammad (s.a.s.) fue aquél por cuya inmensidad espiritual la tierra, en su ‎totalidad, se trasformó en mezquita. Meca es su al-Mihrâb y Medina es su al-‎Mímbar. Él es el Imâm de los dotados de miradas que penetran hasta la esencia de ‎las cosas, los cuales se colocan en filas prietas tras él. Es el Jatîb que habla a todas ‎las gentes explicándoles las leyes de su felicidad eterna. Es el arráez de los profetas, ‎a quienes restituye la pureza de la que sus seguidores los privaron y los confirma en ‎la universalidad de su Dîn, que está en los cimientos de todas las sendas. Es el ‎Sáyyid de todos los que intiman con Allah, que están sujetos a él como los ‎miembros del cuerpo están atados al corazón, y los ilumina con el sol de su ‎mensaje. Él es el Qutb que está en el centro del círculo reunido para mencionar el ‎Nombre de Allah y hacer despertar en el hombre la Memoria en la que descubre el ‎Secreto. Ese círculo está compuesto por los profetas, por los mejores de entre los ‎hombres, por los muy sinceros, por los justos, por los sobrecogidos en la Presencia ‎de su Señor, y todos coinciden con él en la pronunciación del Nombre.

‎Él es el Árbol de la Luz cuyas raíces vitales y firmes son los profetas que le ‎precedieron, y sus ramas verdes y sus frutos sabrosos son los íntimos de Allah con ‎sus saberes intuitivos. Sus testigos en todo lo que dijo son los enviados a la ‎humanidad y los prodigios que llevaron a cabo, así como todos los íntimos y sus ‎carismas. En todo lo que dijo fue el sello al que se han adherido los perfectos. ‎Cuando él dijo lâ ilâha illâ Allâh y proclamó así el Tawhîd, he aquí que el pasado y ‎el futuro -las dos filas de luz, la de los profetas y la de los íntimos, la de los soles y ‎la de las estrellas, los sentados en el Círculo del Recuerdo-, reconocieron que esa ‎era la expresión del Secreto. La repitieron y la repetirán con él, cada uno a su modo ‎según su camino. Es como si todos ellos dijeran: “Dices la verdad y la verdad es lo ‎que has pronunciado”. ¿Qué falsa ilusión puede negar una evidencia en cuyo favor ‎existen tales testimonios?

2- Has de saber que esa Demostración de Luz -Sidnâ Muhammad (s.a.s.)-, que ‎es en sí la prueba del Tawhîd que guía a la humanidad hacia el Uno, ha sido ‎reforzado por los profetas que le precedieron y los íntimos de Allah que le ‎siguieron. Él es el centro de ese círculo de la coincidencia y la unanimidad. Y de ‎igual modo, hay mil alusiones a él en los libros revelados, en la Torá, en el ‎Evangelio, en los Salmos de los antiguos,... También señalan en su dirección mil ‎insinuaciones: a su orden la luna se partió en dos; de sus dedos brotaron ‎manantiales de agua pura; a él acudió el árbol cuando le dirigió una orden; llovió en ‎respuesta a su invocación; muchos se saciaron con su comida escasa; el lagarto y el ‎ciervo, el camello y la piedra, hablaron para confirmar sus palabras; y mil otros ‎prodigios que los cronistas de su tiempo recogieron y la gente se comunicó de ‎generación en generación. También la Ley que transmitió a los hombres es testigo ‎en su favor, y en ella están las claves para la felicidad en las Dos Moradas.

Esas maravillas dieron fe de su sinceridad y de su autenticidad, pero él es un ‎sol que resplandece en sí mismo. He aquí que el esplendor de su propia existencia ‎es el argumento más poderoso en su favor. En él se juntaron las virtudes más ‎felices, y los rasgos de su carácter son todos dignos de elogio, según están de ‎acuerdo los expertos en esta materia. Si su cuerpo era de una absoluta pureza, ‎también su espíritu era limpio como el agua. Su acción estuvo en consonancia con ‎sus intenciones y sus convicciones. La fuerza de su corazón se evidenció en la ‎intensa austeridad en la que vivió. La luz de su corazón quedó patente en la firmeza ‎de su sobrecogimiento cuando estaba en Presencia de su Señor. La plenitud de su ‎corazón se manifestó en su sujeción sin resquicio a Allah. Su vida fue la expresión ‎de su mundo interior. Sus movimientos ágiles y sin descanso fueron la forma de la ‎calma y la paz que había en sus adentros. Todo ello dio forma a un Sol que iluminó ‎su propia verdad.

3- Has de saber que el tiempo es un cerco para los juicios de la razón. Por ‎ello, ven conmigo a la mejor de las épocas para visitar al Mejor de los Hombres, ‎aunque sea con la imaginación. Ven al siglo de Muhammad y los suyos, y podrás ‎ver al Enviado comunicando a los hombres la Luz de su Señor. Abre los ojos y ‎mira: ante ti tienes, en su reino, a una persona extraordinaria, de una belleza física y ‎espiritual asombrosa, con un comportamiento espléndido. En su mano tiene un ‎Libro noble, generoso, sobrecogedor. Habla y sus palabras son sencillas, claras, ‎resumen muchos saberes, y suenan a eternidad aunque hagan referencia a temas ‎cotidianos. Y las pronuncia para todos los descendientes de Adán. Su mensaje va ‎dirigido a la humanidad entera e, incluso, a los genios que pueblan el mundo ‎invisible. Es más, sus palabras son para todas las cosas que existen.

¿De qué habla? Lo juro por lo más preciado: habla de un asunto tremendo. ‎Anuncia un acontecimiento desmesurado. Habla, y lo hace con elocuencia, ‎explicando y descifrando el secreto que está en la raíz de cada criatura y su destino ‎en la inmensidad de la Verdad. Deshace el talismán que protege la esencia que está ‎en el fondo de los seres. Y he aquí que sus palabras retiran el velo, y el círculo de ‎su gente penetra en la Significación de todo lo que existe.

4- Observa bien y te darás cuenta de que esa persona de luz difunde luz que ‎ilumina todo lo que le rodea. La noche de la humanidad se convierte con él en día, ‎y el otoño se trasforma en primavera. Él habla de la inmensidad que está en el ‎fondo de todas las cosas, y el que parecía triste y apesadumbrando por las penas de ‎este mundo ríe feliz al resplandecer con la luz que había aplastado bajo el peso de ‎su desvarío. Sí, es así porque las cosas, fuera de la luz de su guía, son realidades ‎fúnebres. Al margen de la luz de Muhammad, todas las criaturas son extranjeras en ‎este mundo, son como extraños en medio de una existencia desolada. Los seres ‎humanos, los animales, los objetos, todos son huérfanos. Todos sobreviven en ‎medio del desamparo temiendo el momento de la muerte, a la cual reciben ‎golpeándose el rostro con desesperación. Nadie reconoce a nadie; es más, todo vive ‎en la enemistad. Pero él lo conjuga todo en la fuerza de su luz sostenida sobre la ‎Unidad de su Creador.

Mira las cosas con la Luz de Muhammad desde el Observatorio de su Senda. ‎He aquí que bajo ese resplandor el cementerio se ha convertido en mezquita y en ‎ella resuena el Nombre del que sostiene con su Poder todas las cosas. He aquí que ‎las cosas que parecían muertas tienen en su raíz la Eternidad. Y esa mezquita feliz ‎es un lugar para el Recuerdo y el Despertar de la Memoria, un lugar para la ‎reflexión que penetra hasta la esencia de las cosas, un lugar para el arrebato en el ‎que lo efímero encuentra su inmensidad, un lugar para la gratitud, donde los ‎enemigos y los extranjeros se transforman en amigos y hermanos. A esa luz, los ‎seres humanos, los animales, los árboles y todos los objetos, dejan de ser mudos ‎para pasar a estar vivos y ser signos de su Señor Inmenso, en intimidad y ‎confidencia con la Verdad que los hace desbordantes, llenos de significado.

6- Bajo esa luz, los movimientos de los seres, su diversidad, sus cambios, todo ‎ello pasa, de ser azar puro y trivialidad, a convertirse en una escuela donde se ‎aprende la grandeza de Allah. El universo entero se transforma en un signo señorial ‎en el que desentrañar las implicaciones de la Verdad que está en todos los orígenes, ‎la que da forma a todas las cosas, la que las envuelve y las acoge. He aquí que ‎todos los seres son espejos en los que se pueden ver los Nombres de Allah, y a ‎través de esa observación el sabio se alza agigantando su propio ser. A la luz de ‎Muhammad, el mundo se convierte en un libro en el que está escrita la sabiduría ‎inexpugnable. ‎
‎ Observa al ser humano cómo sale con esa Luz de la animalidad a la que lo ‎arrastra la impotencia, la precariedad y la inteligencia que sólo se sumerge en la ‎tristeza del pasado y los miedos del futuro. Con Muhammad, el ser humano se alza ‎al califato, que es soberanía y singularidad: su impotencia, su precariedad y su ‎inteligencia son iluminados por el poder, la firmeza y la sabiduría que hay en las ‎raíces del ser. Su impotencia, precariedad e inteligencia son los escalones por los ‎que asciende gracias a la Luz de ese ser luminoso que es Muhammad.

Según lo anterior, de no haber existido esa persona los seres y los hombres ‎habrían sido abandonados a su suerte, todo habría sido reducido a la nada de su ‎penumbra, sin valor, sin importancia. Es decir, la belleza de la creación tiene en esa ‎persona de luz su razón de ser. De no haber sido por él, la fealdad y la ‎insignificancia se hubieran apoderado definitivamente del mundo. Es más, nada ‎habría existido si no se hubiese determinado que existiera Muhammad, por que sin ‎él la existencia habría carecido de sentido.

7- Si me preguntas ¿quién es esa persona que vemos que es el sol verdadero ‎del universo e ilumina con su Dîn desvelando las plenitudes de los seres? ¿qué es lo ‎que dice? A ello te respondo lo que sigue: Mira y escucha atentamente lo que dice. ‎He aquí que habla de una felicidad eterna y la anuncia; revela la existencia de una ‎misericordia que no tiene fin. Él es el vocero que describe las bellezas de un Sultán ‎cuyo señorío engloba toda la existencia. Muhammad habla del trasfondo que ‎gobierna y unifica el universo. Él desentierra los tesoros de los potenciales que hay ‎en ese poder al que están sujetas todas las criaturas; es decir, él evoca los Nombres ‎de su Señor que imperan construyendo cada realidad.

Míralo desde el ángulo de su función: Muhammad es el Argumento de la ‎Verdad y la Antorcha de la Verdad. Él es el sol que guía y el medio entre el hombre ‎y la felicidad.

Y, ahora, míralo desde el ángulo de su ser: Muhammad es la personificación ‎del amor que ha propiciado la vida, es la efigie de la misericordia. Él representa la ‎dignidad del ser humano. Él es el fruto más luminoso del árbol de la creación. ‎
‎ Fíjate aún mejor, y verás que su Senda se ha propagado por oriente y por ‎occidente con la velocidad de un rayo. Cuántos corazones han reconocido su Luz y ‎se han sumergido en ella haciéndose sabios y poderosos en su magnanimidad. ‎Cuántos espíritus se han doblegado a su espíritu, y con él se han encaminado hacia ‎el Señor de los Mundos. ¿Se debe ello a su poder humano, siendo el poder humano ‎pura impotencia? ¿Es el demonio el que así ha iluminado a tanta gente? Más bien ‎hay que decir que todo ello es el fruto de las palabras que transmitió: lâ ilâha illâ ‎Allâh, no hay más verdad que Allah... ‎

8- Es sabido que superar una mala costumbre es difícil. Conseguir que un ‎grupo humano, aunque sea pequeño, abandone una dependencia es un logro mayor ‎que la conquista de un país. Cuántos gobernantes han intentando, con todas sus ‎fuerzas, desviar a sus súbditos de un mal camino y sus esfuerzos no han obtenido ‎resultado alguno digno de mención. Pero el Profeta transformó corazones de la ‎noche a la mañana.

Construyó una nación en medio del desierto, y purificó a su gente, que antes ‎estaba consagrada al culto de los ídolos y se daba a todo tipo de excesos y ‎desvaríos. En poco tiempo hizo de ellos una civilización que se desbordó creando ‎un mundo.

Muhammad ejercía una fascinación que trastocaba las cosas. Se le rindieron ‎los habitantes del desierto, los guerreros más feroces, los ricos más poderosos, los ‎poetas más enloquecidos, los aventureros más audaces, los ascetas más piadosos, ‎los libertinos más promiscuos, los vagabundos más desesperados, los genios más ‎singulares,... Y con ellos hizo una generación espléndida, hermanando entre sí, en la ‎raíz de las realidades, a seres libres y únicos.

Que mil filósofos, pedagogos, políticos, dictadores o psicólogos vayan al ‎desierto e intenten en cien años lograr lo que él hizo de la noche a la mañana. Su ‎conquista es un desafío que se alza hablando de su autenticidad.

Al-Kalimât de Sa‘îd an-Nursi ‎
 

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