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¿Es islámico o islamista?

La izquierda defiende erróneamente el islamismo confundiéndolo con el islam mientras que la derecha, a menudo, lanza sus incendiarios ataques contra la fe musulmana mezclándola con el islamismo

03/01/2011 - Autor: Hayri Abaza / Soner Cagaptay - Fuente: Newsweek
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Nueva Mezquita de Estambul (Foto de Murad Sezer / Rueters-Landov)
Nueva Mezquita de Estambul (Foto de Murad Sezer / Rueters-Landov)

Ahora que los tolerantes y liberales suecos han elegido un partido anti-islam en su Parlamento, está bastante claro que las controversias son todo un montaje debido a que tanto la izquierda como la derecha están lamentablemente confundidas sobre la naturaleza política del islam. La izquierda defiende erróneamente el islamismo -una ideología extremista y violenta al mismo tempo- confundiéndolo con el islam de la persona de a pie (el islam más común), mientras que la derecha, a menudo, lanza sus virulentos e incendiarios ataques contra la fe musulmana, confundiendo esta creencia con el fenómeno del islamismo. Los pensadores occidentales deben comenzar a reconocer objetivamente la diferencia entre el islamismo y el islam, o nos veremos enfrascados en una indefinida batalla ideológica con una cuarta parte de la humanidad.

Al menos, unos cuantos de la izquierda defienden el islamismo porque piensan que están defendiendo el islam. Recientemente, un político europeo nos dijo que se había hecho simpatizante del partido turco de la Justicia y el Desarrollo (AKP), porque "tras los sucesos del 11S, quería actuar en defensa del Islam". Pero, el caso es que ni el AKP ni otros movimientos islamistas como los Hermanos Musulmanes en el mundo árabe, representan al islam. Estos partidos islamistas, que en muchos casos no utilizan la violencia pero sí un discurso conservador y antilaico, sí que representan una ideología que es antiliberal hasta la médula -por ejemplo, su negativa a reconocer la igualdad de género-. De la misma manera que el comunismo una vez afirmó hablar en nombre de la clase obrera, el islamismo dice representar a los musulmanes. Al defender a los movimientos islamistas radicales, la izquierda únicamente esta favoreciendo un empeoramiento de la imagen del islam, está contribuyéndo a darle un mal nombre. La izquierda no debiera establecer vínculos y situarse del lado de los llamados partidos islamistas moderados, sino estrechar sus lazos con los movimientos liberales musulmanes, como el Partido Republicano del Pueblo de Turquía y el movimiento pro-democracia en Egipto, que apoyan la igualdad de género.

Por el contrario, la derecha a menudo persigue y denigra al islam pensando que está atacando al islamismo. La prohibición de la construcción de minaretes, tal como ha hecho Suiza, es precisamente la medida incorrecta a tomar, es exactamente lo que no se debería hacer. El problema no son las mezquitas, el problema es que estas sean empleada para promover la violencia y el islamismo intolerante. Los delitos cometidos por Al-Qaeda o Hezbollah, así como otros posibles grupos, tienen sus raíces, entre otras muchas causas, en el islamismo radical, que aboga por la violencia para imponer dogmas extremistas a los musulmanes y a los no musulmanes.

En respuesta, el xenófobo y derechista activista político holandés, Geert Wilders, y otros políticos nacionalistas en Europa han sugerido sin más una prohibición del islam en sí, al criminalizar el libro sagrado de los musulmanes, el Corán. Wilders no tiene en cuenta que ni siquiera Stalin fue capaz de prohibir la religión. Es difícil creer que a un político de la Europa liberal del siglo XXI se le pueda ocurrir la idea de prohibir una creencia, pero ese es precisamente el punto de confusión al que ha llegado el debate sobre el islam en Europa. Lo que es más sorprendente e inquietante al mismo tiempo es que el partido anti-islámico de Wilders se haya erigido en la tercera fuerza política más importante en las últimas elecciones holandesas. El partido ha propuesto responder a los actos de terrorismo fijando multas económicas a las mujeres que lleven velo. ¡Qué vergüenza para la derecha, que se supone que debería defender la libertad religiosa y la libertad del Islam, a pesar de denunciar a los grupos islamistas radicales y, sin embargo, ni siquiera es capaz de distinguir unas corrientes de otras en el seno del islam.

La confusión sobre el islam tiene consecuencias reales. ¿Cuándo fue la última vez que se leyó un artículo de un intelectual de izquierda haciendo una crítica de cómo el AKP está pisoteando la libertad de prensa en Turquía? ¿O la negativa de la Hermanos Musulmanes a reconocer la igualdad de derechos para las mujeres y los cristianos en Egipto? Al defender el islamismo, los liberales están fortaleciendo una amenaza que afecta a los musulmanes y al liberalismo occidental por igual. Mientras tanto, al presionar y discriminar al credo musulmán, lo que sucede es que es aliena y se provoca a los aliados potenciales en nuestras comunidades musulmanas: los musulmanes conservadores o liberales que simplemente quieren practicar su religión libremente y en paz, muy lejos de cualquier reivindicación política o ideológica violenta o beligerante. A medida que traten de promover el respeto a los valores religiosos en la secularizada y muy, a menudo, atea o agnóstica Europa, políticos de derecha encontrarán aliados naturales entre los musulmanes conservadores.

Si los intelectuales occidentales no logran deshacerse de esta confusión ahora, nos acabaremos precipitando hacia un terreno peligroso. La gente común en Occidente comienza a asociar cada vez más a todos los musulmanes con los islamistas, con el correspondiente resultado de una potencial batalla perdida, desatada con una cuarta parte de la humanidad. Un enfrentamiento de estas caracerísticas es lo que pretendían algunos ideólogos islamófobos, así como aquello que se ha convenido en llamar Al Qaeda, tras los atentados de 11S y durante las posteriores invasiones, guerras y medidas policiales extremas llevadas a cabo contra algunos países musulmanes, así como contra ciudadanos occidentales musulmanes.

Abaza es un investigador afiliado a la Fundación para la Defensa de las Democracias (Foundation for the Defense of Democracies). Cagapta es un alto miembro del Instituto de Política de Oriente Medio en Washington (Washington Institute For Near East Policy)
Traducción de Webislam 
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