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El sufismo en Europa Occidental

En la emigración procedente de África occidental, las tariqas empezaron a hacerse notar en los años setenta

01/01/2011 - Autor: Redacción - Fuente: Musulmanesandaluces
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El Oriente ha sido la tierra de los Profetas y el Magrheb será la tierra de los Santos.
El Oriente ha sido la tierra de los Profetas y el Magrheb será la tierra de los Santos

¿Existen hoy tariqas islámicas en Europa occidental? Si nos fiamos de la prensa escrita y audiovisual, a la que le ha dado por hablar mucho del Islam desde la aparición de Jomeini, habría que pensar que no. Sin embargo, desde comienzos de siglo, algunos europeos se han afiliado a las tariqas, atraídos por la mística musulmana. Pero las tariqas han entrado en Europa occidental sobre todo con los movimientos migratorios de mano de obra procedente del norte y el oeste de África. Los primeros testimonios, furtivos, que tenemos en Francia, se remontan a los años veinte, cuando se celebraban reuniones de tariqas en los bares de las afueras de París. El shaij Ahmad al-Alawi (1869-1934), fundador de una rama Alawiya de la Shadhiliya-Darqawiya instalada en Mostaganem (Argelia), viajó a París en 1926 a inaugurar la mezquita, y aprovechó para hacer una visita (ziyara) a sus adeptos que trabajaban en Francia. Louis Massignon, en la misma época, menciona que en París había una pequeña congregación musulmana, los alawia, que quiso interesarse por los obreros locales». Alfred Bel, orientalista de Argelia, también habla de esa zawiya filial de París, y dice: “recluta sobre todo a los individuos cabileños que se encuentran allí”. El rastro de las tariqas en la población emigrante musulmana se pierde hasta 1970. Esto se debe, en parte, a la ofensiva contra las tariqas lanzada por la Asociación de Ulemas Musulmanes Argelinos (1931), muy activa entre los trabajadores argelinos en Francia, mediante círculos de enseñanza y de moralización socio religiosa. Pero la posguerra europea también se caracterizó, en el ámbito religioso, por una ola de secularización de la que no se libró el Islam de los emigrantes.

En cambio se produjo un hecho singular, y es que el sufismo de las tariqas se abrió camino entre los propios europeos a comienzos de este mismo siglo XX. Salvo en algún caso excepcional, como el de la francesa Aurélie Picard, que en 1872 se casó con un nieto de Si Ahmad al-Tiyani en la zawiya de ‘Ain Madi (Argelia), contribuyendo así a la «reproducción» de la tariqas, tenemos muy pocos datos sobre la afiliación de europeos a las tariqas musulmanas en territorio musulmán.

Un pintor sueco, Ivan Agueli (1809-1917), que se había unido a la Shadziliya en El Cairo, fue el iniciador de un proceso de introducción de las tariqas (o del sufismo) en Europa occidental. Se estableció en París con el nombre de Abdul Hadi, en compañía de Léon Champrenaud, otro converso y adepto francés de la Shadziliya, y conoció a René Guénon (1886-1951), cuyo ingreso en dicha tariqa (1912) y en la mística musulmana tuvo una importante repercusión en sus numerosos discípulos y las personalidades que adoptaron sus ideas sobre una «tradición mística universal. Guénon viajó a El Cairo y se quedó allí hasta su muerte.

Entre sus discípulos destaca Michel Valsan (1907-1975), que publicó la revista Études traditionnelles, en la que aparecieron algunas traducciones del místico Ibn al-Arabi. Otro discípulo emprendedor fue el suizo Frithjof Schuon. Después de pasar una temporada con el shaij al-Alawi en Mostaganem, fundó un centro alawí en Lausana, contando con el apoyo de Guénon. En la perspectiva intelectual y nóstica de este último, publicó entre otras obras L’Unité trascendante des religions (1948). A la tariqa alawí de Lausana se afiliaron discípulos de varios países europeos. Un converso y discípulo inglés, Martin Lings, nacido en 1914, que fue conservador de los manuscritos árabes del Museo Británico, publicó una biografía del shaij al-Alawi: Un saint musulman du xx siécle. Schuon acabó fundando una rama nueva de la Alawiya a la que llamó, rompiendo con la costumbre, Maryamiya, por el nombre de la madre de Jesús-Aissa, y se trasladó a indiana, Estados Unidos, donde fundó una comunidad de conversos.

La corriente shadzilí-alawí de R. Guénon y F. Schuon fue seguida sobre todo por intelectuales, cuya producción científica y mística a la vez ha sido importante. Su fascinación por el Islam se debe a su versión mística y a la perspectiva transnacional que puede introducir una tariqa como la Alawiya. Podemos plantearnos si las adhesiones y prácticas de esta corriente europea tienen el carácter de cofradía strictu sensu. ¿No estaremos más bien ante una vuelta al individualismo del misticismo islámico, que se expresa a través del pensamiento personal y la relación entre maestro y discípulo, más que a través de la vida comunitaria y la emoción de los rituales colectivos?

El sucesor del shaij al-Alawi, shaij Adda Bentunis (1898-1952) fundó en París la Association des amis de l’islam, con sede en Drancy, que hoy sigue funcionando como zawiya y editorial de las obras del fundador. La dirección del dzikr corre a cargo del nieto de Adda Bentunis y se celebra los domingos, en el transcurso de una reunión de hombres y mujeres (sin velo), con gran sobriedad. La cofradía reúne a emigrantes magrebíes (naturalizados o no) y conversos franceses.

En Inglaterra la influencia de la Naqshbandiya se debe a Idris Shah, nacido en 1924, portador de una tradición paterna que, también en este caso, está más orientada al conocimiento que a la emoción. Su centro de Londres combina las actividades de la tariqa con los trabajos editoriales (Octagon Press), bajo la dirección de una Society for Sufí Studies. Debemos mencionar también otra corriente procedente de Estados Unidos, a partir del centro creado en 1910 por Inayat Jan (1882-1927) y auspiciado por la tariqa indopaquistaní Chishtiya. La obra inspirada de Inayat Jan es prolija, y ha sido editada en numerosos volúmenes en India. Su influencia ha llegado a Europa, y la cofradía ha abierto centros en Inglaterra, Holanda, Suiza, etcétera.

A partir de los años setenta, en el mundo musulmán (sobre todo en el árabe y el iraní) irrumpió una nueva corriente que exaltaba el Islam como acción política y dirección del estado, y también como norma de conducta y de moral individual. Lo que varios años después recibiría el nombre de islamismo se propagó también por la emigración de origen musulmán en Europa occidental. El islamismo se presenta públicamente como un Islam de culto urbano. Instala mezquitas, imames, propagandistas itinerantes, a menudo orientales, crea asociaciones culturales que legalizan su actuación y lucha por aumentar su influencia entre la masa de los emigrantes, obteniendo el apoyo de estados o movimientos islámicos exteriores. No parece que las tariqas destaquen mucho en este ajetreo militante. Al contrario, son blanco de los ataques del nueva ideología musulmana surgido de las instituciones saudíes, iraníes o pakistaníes. Los imames establecidos están vinculados, en mayor o menor medida, a las tariqas. Por ejemplo; un dirigente islamista actual como el marroquí Adbéssalam Yasin ha salido del medio sufí de la Bushishiya, al igual que su predecesor argelino Ben Badis, que en su juventud estuvo afiliado a la Aissawiya.

La verdad es que este auge de las ideas islamistas también ha dado un nuevo dinamismo a las tariqas, tanto en Europa, entre la población de origen musulmán, como en otros lugares.

Entre los magrebíes, según la documentación existente, destaca la actividad desarrollada por la tariqa Aissawiya en los ambientes femeninos de la emigración argelina. A través de las sesiones de dzikr, las aissawa refuerzan la identidad comunitaria y ayudan a resolver los problemas sociales de adaptación y evolución de sus miembros. Las sesiones están dirigidas por una muqaddama, que se mantiene en contacto con el shaij radicado en Argelia (Tlemecén). Este último no duda en atravesar el Mediterráneo para ir a Francia a apoyar a sus discípulos.

En Manchester (Inglaterra), desde 1980, el aniversario del nacimiento del profeta Muhammad (s.a.s.), pone en evidencia todos los años el papel destacado de los dirigentes de la tariqa Qadiriya, que intervienen en la organización de las ceremonias, en los sermones y en la movilización de los musulmanes paquistaníes a lo largo y ancho del país. Este movimiento sufí, con sede en Londres, se considera también heredero de Ahmad Rida Barlewi (1856-1921), pensador indio que supo conjugar con acierto el pensamiento jurídico (fiqh) con el nosticismo místico. A causa de esta filiación de pensamiento, los qadiríes paquistaníes de Inglaterra también se llaman barlawíes.

En el continente, en Alemania; donde la importancia de la emigración turca es bien conocida, la tariqa Naqshbandiya se introdujo en forma de suleymanismo, una rama un tanto singular, formada en nombre de Suleyman Hilmi Tunahan (1888-1959) y organizada alrededor de centros culturales islámicos (Islam Kultur Merkezleri) y mez­quitas. Es conocida su relación con el Partido del Movimiento Nacional (Milli Hareket Partisi) de Turquía. El suleymanismo; que en Alemania reclama el primer lugar entre los movimientos islámicos organizados, es un caso interesante de evolución y transformación socio jurídica y político-religosa de las tariqas islámicas en el mundo inmediatamente contemporáneo.

Hablar de Islam de origen turco supone también hacer referencia a la orden alawí-baktashí. Presente en Alemania con su propia versión de movimiento minoritario, de tradición shü y gran discreción, por este mismo motivo se subestima su presencia en la inmigración turca: Pero también en este caso, un estudio realizado entre los grupos alawi-baktashíes de Berlín revela, además de la persistencia e incluso el aumento de las ceremonias específicas, ciertas tendencias nacionalistas y una actitud crítica con el Islam tradicional de la tariqa.

En la emigración procedente de África occidental, las tariqas empezaron a hacerse notar en los años setenta, Los maleses de la provincia de Dyafunu, donde se encuentra Nioro, sede de la zawiya matriz de la Hamalliya, tienen una zawiya activa en la periferia parisina (Ivry), que ha sido visitada por Aboubekrin, último hijo del shaij Hamallah y «cabeza» de la zawiya de Nioro hasta su muerte reciente (1938-1991).

Los muridíes senegaleses también se implantaron en París, primero alrededor de la estación de Lyon, con vendedores ambulantes, y luego con una célula de estudiantes. Gracias al proselitismo de Abdoullaye Diéye en los círculos wolof parisinos, en año 1977 nació la Asociación de Estudiantes e Interinos Muridíes de Europa, que en 1983 se convirtió en el Movimiento islámico de los Muridíes de Europa, y publica la revista Ndigël- La voix du Mouride. En una de sus comunidades parisinas hay adeptos de varias nacionalidades: antillanos, franceses, alemanes, italianos, africanos, etc., y los no musulmanes pueden adherirse y participar en las sesiones de dhikr.

En esta tendencia del muridismo, lo mismo que en la de la Alawiya, se está produciendo una evolución suigeneris de la cofradía, que se adapta a las sociedades europeas atomizadas y cosmopolitas, donde los individuos buscan unas estructuras sociales de acogida y un alimento espiritual.

Diciembre de 1989 marca una etapa importante en la historia de las tariqas islámicas del África negra en Francia. Ese mes se creó una Federación de Asociaciones Islámicas de África, las Comores y las Antillas (FAIACA), que agrupa tariqas de todas las tendencias, pero también asociaciones que no son tariqas. En 1991 fue elegido secretario general un muridí, responsable del movimiento de los muridíes en Europa antes mencionado. También encontramos tiyaníes de todas las tendencias de África occidental, incluyendo los hamallíes, pero también layeen (pequeña cofradía senegalesa cuyo carácter de tariqa está en entredicho). En realidad la Federación tiene todas las trazas de un movimiento antiislamista, anti-Daawa, grupos formados y apoyados por el Pakistán de la Yamaat at-Tabligh, Arabia Saudí o Irán. Curiosamente, los responsables de la Federación acusan a los islamistas de la Daawa de ser ignorantes del derecho islámico, incultos en materia de ciencias islámicas, y de tener por todo argumento la familiaridad con la lengua árabe literaria, sin una formación islámoca seria.

Europa occidental brinda a los emigrantes musulmanes la ocasión de encuentros y reuniones que dan dinamismo al movimiento de las tariqa, que cada vez supone un reto mayor para los movimientos islamistas de inspiración mediooriental. Por su parte las tariqas, como las ramas Shadziliya-Darqawiya-Alawiya o Qadiriya-Sidiya-Muridíes, se ponen en contacto con europeos que buscan una espiritualidad en el Islam, que no rompe con la realidad que les toca vivir. El encuentro entre las aspiraciones de unos y otros perfila en el horizonte unas formas inéditas de organización religiosa y elaboración de contenidos místicos.


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