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Esclavitud y esclavismo durante la Nueva España (II)

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos

24/11/2011 - Autor: José Martín Hurtado Galves - Fuente: Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas
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La esclavización de nuestra historia

PARTE 2

Esclavitud y esclavismo, ¿diorismas sociales?

Este segundo apartado es un análisis del tema expuesto anteriormente. Se trata de sustentar filosóficamente nuestra postura acerca de si los frailes defensores de los indios tenían dos discursos, uno defendiendo a los indígenas del régimen que vivían, y que era el del esclavismo, y otro aceptando y practicando la esclavitud. Como se puede ver, se hace una diferenciación filosófica entre esclavismo y esclavitud. Para ello se recurre a la identificación y significación de algunos términos tales como diorisma, otredad, ontologismo, etc., y se trata de significar que es un problema la concepción sociohistórica que hemos recibido en la educación formal la de presentar y diferenciar maniqueamente a los personajes históricos de nuestro país, en este caso de manera específica, los frailes defensores de los indios.

La esclavitud es una manifestación de poder del hombre con respecto a otros que considera no iguales a él dentro de su propia cultura. Es decir, hay una relación de forma previamente establecida que enmarca a este hombre, el español de la Colonia, dentro de un arquetipo o prototipo ideal que es él mismo; esto desde un conjunto de normas genotípicas, que le van a permitir justificar su desprecio hacia los que no son como él: los otros, los que apuntan hacia un destino subcompartido con el del español, no con él en sentido de igualdad, sino mas bien bajo su mandato y “protección”.

Así, la relación entre el español y sus esclavos, partía desde la concepción ideológica de la otredad del primero, desde la manifestación declarada de que el indígena es un subtipo, el estereotipo del vencido, del que asume su papel de estar bajo las órdenes del amo, de aquél ser sumiso que en un primer momento también aceptó la diferencia entre él y su vencedor, pero que ahora detrás de su desprecio, quisiera ser como aquél que lo domina, y en ese sentido afirma más su vencimiento (22). Esta antípoda no es gratuita, ese estar cosificando “al otro”, va a justificar el devenir sociocultural de la Nueva España. Pero, aquí es importante que aclaremos que para los españoles este comportamiento era “natural” (23), así lo expresaban los mismos defensores ideológicos de los indios, cuando afirmaban que éste era un ser menor (o “menor de edad” como los mismos religiosos les decían), un ser dependiente del arbitrio del español, un cuasihombre en espera del don divino al través del bautismo cristiano. Así, si el español era más fuerte que el indio y prueba de ello, era la conquista en que éste había logrado implantar su hegemonía sobre aquél, era necesario justificarlo teóricamente, y para ello, la iglesia (sobre todo) se encargó de tal empresa. Y más aún, consideraban que por ser algo natural de facto, tales ideas, eran también normales en la concepción del español, y por consecuencia deberían de ser también para el indio esclavo. Así, a los ojos del mundo entero, estaba justificada su acción, su empresa “deontológicamente cristiana”.

Cabe entonces preguntarnos si independientemente de que ellos lo hayan considerado de tal forma, nosotros debemos aceptar no sólo su comportamiento de manera general, sino también el de los particulares, pero, como personas (como es el caso específico de los frailes defensores de los indios). Cuando hablamos de los frailes como individuos, hacemos la distinción del de personas. Esto es porque los individuos son el último reducto de la sociedad en su conjunto, y en este sentido, reproducen los esquemas y cánones que enmarcan a dicha sociedad, desde su reproducción ideológica y enajenada, masificada, como parte de una totalidad llamada monasterio o convento, o incluso como parte de una comunidad de seres superiores llamados no sólo españoles, sino cristianos.

En el caso de ser tomados en cuenta como personas, el punto de vista varía, pues entonces se está haciendo alusión a seres con juicio personal, con toma de conciencia y criterios totalmente subjetivos de acuerdo a sus circunstancias que les rodean y las que ellos mismos construyen. Es decir, no sólo como parte de una comunidad religiosa, sino como seres autónomos, esto en el sentido de que desde el momento en que se oponían a lo que dictaban los grandes jerarcas religiosos, estaban enarbolando su propia bandera ideológica y en ese sentido asumían las consecuencias. Entonces, por un lado los religiosos defensores de los indios rechazaban el esclavismo como parte de vida dentro de la comunidad en la que se desenvolvían, si no en su totalidad, al menos sí en los excesos que los encomenderos y amos en general tenían para con los indios; aunque esto no les impedía el que ellos mismos tuvieran esclavos para sí, como pudimos constatar en el capítulo anterior. Así, rechazaban la esclavitud, más no el esclavismo.

¿Qué es lo que pasaba por las mentes de estos “frailes defensores” cuando por un lado pregonaban la misericordia para con el indio que de alguna manera sí consideraban como prójimo y, por otro, ellos mismos eran partícipes de esta forma de vida en la Nueva España? ¿Se contradecían? O, incluso, ¿eran contradictorios su discursos con sus actos diarios? Nos parece que no, creemos que lo que pasaba era que la esclavitud era considerada por ellos desde dos formas:

1) Como esclavismo, o forma de vida dentro de una sociedad dada dentro de un tiempo y espacio concretos que históricamente justifica tal concepción y;

2) En el sentido de que el hombre que era esclavo no necesariamente padecía esta condición, pues ésta la entendían más bien como sinónimo de abusos, excesos, injusticias, etc., y como los indios esclavos no eran considerados como personas, sino como animales, prueba de ello es que los herraban en la cara para saber quién era su propietario, y como llegaban a tener varios dueños, también tenían varias marcas de fierros candentes en la cara, y esto no se le haría a ninguna persona que se crea está en igualdad de condiciones que uno mismo. Entonces, el que ellos tuvieran esclavos no iba en contra del esclavismo como sistema socioeconómico.

José Martín Hurtado Galves - Escuela Normal Superior de Querátaro, México. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 13 (2006.1)

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