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La democracia que no tenemos

35 años después de la reforma, el sistema democrático que surgió de aquella transición, esta totalmente agotado

29/12/2010 - Autor: Agustín Vega Cortés - Fuente: Webislam
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Corrupcion.
Corrupcion

En España la política ha perdido su verdadero sentido, que no es otro que el de dilucidar sobre como encontrar la forma de gobernar que mas convenga al conjunto de los ciudadanos en cada momento. Sin embargo, la clase política dominante ha ido pervirtiendo la acción política, hasta convertirla, casi por completo, en algo sórdido, mezquino, y terriblemente pueril, ajeno totalmente a los asuntos que de verdad interesan a las personas. En realidad, y sin negar que pueda haber políticos vocacionales y honestos, la política aparece ante los ojos de la ciudadanía como una guerra, incruenta, pero sin cuartel, que mantienen unos políticos contra otros por alcanzar el poder o por mantenerse en el. Una guerra que se libra con las armas de la corrupción, de la mentira, de la estupidez, y de la manipulación de las personas, de sus necesidades y de sus frustraciones.

Los ciudadanos desprecian la política porque creen que la política es eso, y desprecian a los políticos porque, aunque sea de forma intuitiva, presienten que estos le han robado lo que hace unos años creían que tenían en sus manos: el poder de elegir a sus gobernantes y opinar sobre lo público. Ahora saben, sabemos, que todo es mentira, que solo podemos elegir entre lo malo y lo peor, e intentar sobrevivir a sus decisiones arbitrarias, injustas, y oportunistas. Ellos, los malos y los peores, han llevado al sistema democrático a la frustración y al naufragio, convirtiéndolo en una caricatura de si mismo, donde no existe ninguna posibilidad real de que el ciudadano pueda ejercer su soberanía democrática, porque se encuentra solo y desamparado frente al inmenso poder de una casta política omnipresente, que todo lo controla y todo lo moldea y manipula a su favor. Una casta política capaz de ejercer el poder y ser oposición a si misma y al mismo tiempo; capaz de neutralizar por asimilación cualquier planteamiento de rebeldía social o cultural que surga de la ciudadanía, (igualdad de genero, lucha contra el racismo, ecología, lucha contra la pobreza y la marginación, etc), asumiendo su estética y su discurso, pero vaciándolo de todo contenido transformador. Una casta que ignora al sujeto concreto cosificándolo y despreciándolo en su individualidad, y al que solo valora en cuanto parte integrante de una entelequia llamada “cuerpo electoral”, que, a su vez, es inducido a darle sus votos, a través de métodos de persuasión mas relacionados con las técnicas de mercado y la manipulación de las conciencias, que con las propuestas de gobierno o los idearios políticos. Solo los poderosos se escapan a este control, al ser ellos, al fin y al cabo, los dueños de los instrumentos a través de los cuales se alcanza y se conserva el poder; fundamentalmente el dinero y los medios de comunicación, que son puestos al servicio de esos políticos a cambio de que estos sigan gobernando de la forma que más convenga a sus sagrados intereses.

Es mentira que el “todos son iguales”, que el 90% de las personas están dispuestas a suscribir, sea la consecuencia del apoliticismo de la población, o de su falta de cultura política, pues en todo caso, ambas cosas serian fruto de un proceso de idiotizacion social impulsada desde el poder y destinado, tanto a despolitizar a la sociedad, como a desideologizar la política, desposeyéndola de cualquier propuesta de transformación sincera que cuestione los fundamentos del actual sistema económico no ya desde un punto de vista socialista, sino ni siquiera desde el cumplimiento real de los preceptos básicos de la Constitución en lo que se refiere a los derechos fundamentales de los españoles en materia social, cultural y política, y que han sido interpretados de la forma mas retórica y restrictiva posible. Esta lectura fraudulenta de la Constitución ha convertido en meras declaraciones de principios, muchos mandatos que figuran en la misma como obligaciones de los poderes públicos, como son garantizar el derecho al trabajo, a la vivienda, a una educación gratuita y de calidad, o la proporcionalidad del voto y a la independencia de la justicia, solo por referirnos a aquellos contenidos constitucionales que de una forma mas escandalosa están siendo burlados por la clase política que nos gobierna.

35 años después de la reforma política, el sistema democrático que surgió de aquella transición, esta totalmente agotado. No en su esencia democrática, pero si en su configuración normativa y en la clase política que lo gestiona. La principales consecuencias de ese colapso son: la corrupción generalizada, que ha sido asimilada por el sistema e integrada en el como parte de su funcionamiento, el desafecto hostil de la mayoría de la población, y la incapacidad del mismo para dar soluciones a los grandes problemas sociales de nuestro tiempo, que van desde la crisis económica y el desempleo, hasta el bajo nivel cultural de las nuevas generaciones, que a pesar de tener unas posibilidades de instrucción como jamás existieron en España, han hecho de la falta de conocimientos una especie de signo de identidad.

Necesitamos una nueva reforma política que rehabilite y reanime la democracia con políticos nuevos, con leyes nuevas, con una Administración Publica nueva que sirva al ciudadano, no que se sirva de él para mantenerse a si misma, y que ni lo amenace ni lo maltrate. Una Administración Pública gestionada por nuevo modelo de empleado publico con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro trabajador, que no la parasite y que no sabotee cualquier intento de modernización conceptual verdadera, que es algo más que tener muchos ordenadores. Una reforma de esta envergadura, seria mucho mas que una ruptura; seria una autentica revolución pacifica, tan trascendental desde el punto de vista histórico, como en su día lo fue la reforma política iniciada por Adolfo Suárez en 1975. Seguramente que el bunker político de ahora se resista más que el que existía entonces, pero luchar por esa reforma debería ser el programa común básico de todos aquellos ciudadanos y organizaciones de todo tipo, que aun piensan que la democracia verdadera es una utopia, y como tal, inalcanzable, pero que correr tras de ella mejora constantemente nuestras vidas.

agustinvegacortes@yahoo.es


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