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Abdelatif Al Hayami, el gran yihad de la memoria

Falleció el 14 de diciembre de 2010 a la edad de 56 años en la ciudad de Fes

26/12/2010 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Abdelatif Al Hayami (Foto: Hashim Cabrera).
Abdelatif Al Hayami (Foto: Hashim Cabrera)

“... no hallarás el menor fallo en la creación del Más Misericordioso. Mira de nuevo: ¿puedes ver alguna fisura? Si, mira de nuevo, una y otra vez: y cada vez tu vista volverá a ti, deslumbrada y realmente vencida...”

(Corán, 67- 3,4)

Los tiempos van marcando el ritmo de un enigma, un misterio o un secreto cuyo desvelamiento conformará la existencia de quienes hoy crecen anunciando el mañana, y también como una exhalación de quienes se marchan de este mundo dejando tras de sí un nombre, una memoria y unos hechos que germinan en una tierra bendecida.

Así, entre las líneas de estos tiempos, se nos ha marchado Abdelatif Al Hayami, un artista de mirada abierta al mundo y a la historia, un alma respetuosa y cuidadosa con la creación, un maestro del ádab y del ajlaq.

La familia Al-Hayami, encabezada por Sidi Al-Hayami, profesor de la Karauin y hombre de gran profundidad espiritual, ha mantenido gratos vínculos con los españoles conversos al islam desde finales de los años 70 y principios de los 80, aconsejándoles y ayudándoles en su nuevo camino interior e introduciéndoles en los círculos sociales islámicos que más empatizan con la cultura andalusí. Sidi Al-Hayami recibió, hospedó, agasajó y aconsejó a todo aquel que llamó a su puerta.

Tras su muerte fue su hijo Abdelatif el que heredó el compromiso social de su padre haciendo hincapié en la unión simple de los creyentes, en la Sunnah del profeta Muhámmad, en la apertura, las bellas formas, las buenas palabras…

Tuve el honor de conocer a Abdelatif Al Hayami hace ya más de quince años en Dar as Salam, a través de nuestro común hermano Mansur Escudero y juntos vivimos un grato y emotivo encuentro en el que hablamos llanamente del islam y de las artes, de Al Ándalus, de Andalucía y de Marruecos, de la belleza del paisaje y de esa arquitectura nuestra que tanto dice y tanto calla. También de la espiritualidad andalusí y de su reflejo en la cultura común que se despliega a ambos lados del Estrecho.

Más adelante, en 2007, tuve el privilegio de trabajar con él, en Arabia Saudí y en Marruecos, en un proyecto museístico que era todo un reto a la reflexión sobre el islam y el arte contemporáneo. Se trataba de remodelar el mayor museo de escultura abstracta al aire libre del mundo, el Outdoor’s Sculpture Open Museum en la Corniche de la ciudad saudí de Yeddah. Realizando este trabajo pude comprobar hasta qué punto Abdelatif Al Hayami era consciente de las consecuencias sociales del urbanismo y de la arquitectura, lo cuidadoso que era al analizar una estructura urbana y al imaginar posibles soluciones al servicio de quienes habitan esos espacios.

Abdelatif Al Hayami fue, sobre todo, un hombre de profunda avidez intelectual y, al mismo tiempo, tenía una clara voluntad de aplicar en sus vastos conocimientos en beneficio de sus semejantes. Hacer el bien a los demás a través de la arquitectura y el urbanismo, favorecer a los seres humanos. La arquitectura como arte de lo social y como ejercicio de integración del ser humano con el medio natural se convertía así en una tarea noble.

Recuerdo bien con cuánto entusiasmo me mostró uno de los trabajos de los que sentía más orgulloso: la restauración de la fortaleza de Jaybar, en las inmediaciones de la ciudad de Medina al Munauara. Un trabajo gigantesco que le permitió comprobar y demostrar la veracidad de los hadices que narran ese episodio fundamental de la historia profética. Su imán era inquebrantable y quizás por ello le producía tanta alegría poder demostrar materialmente a todo el mundo que la historia del islam de los primeros tiempos, los tiempos del profeta, la paz y las bendiciones sean con él, a pesar de sus episodios insólitos, es completamente cierta.

No era un hombre político, pero sabía muy bien que la arquitectura tradicional guarda los tesoros de la memoria social y espiritual de los pueblos, que es un libro de historia más veraz que las narraciones de las batallas. Quizás por esta conciencia tan clara fue director general de la agencia para rehabilitación de su ciudad natal, la Medina de Fes, durante más de veinte años.

En ese proyecto trabajó incansablemente, no sólo ejerciendo las labores propias del arquitecto, sino implicándose en los talleres y facilitando las claves para llevar a cabo un proceso de recuperación creativa que implicó a 160 trabajadores y artesanos en un proyecto que abarcaba la restauración de cientos de madrasas, mezquitas, baños públicos y viviendas privadas, entre los que destacan lugares tan emblemáticos y significativos como la Mezquita Al Karauin, la Madrasa Bou Anaina y la Fuente de Neyyarín.

Analizó exhaustivamente el proceso de abandono y deterioro de la Medina fesí, un hábitat urbano viejísimo de más de siete siglos de antigüedad que, en la década de los ochenta del pasado siglo, paralelamente al despegue económico marroquí, se despobló de forma dramática y mostró señales claras de un deterioro casi irreversible. Los antiguos habitantes de la Medina dejaron sus casas y se trasladaron en pocos años a los nuevos barrios ‘modernos’ justo cuando en Europa y en casi todo occidente empezaba a hablarse de posmodernidad y de multiculturalidad.

La desaparición del hábitat tradicional fesí implicaba una pérdida de la memoria y de la identidad cultural tan profunda que la UNESCO declaró a la Medina de Fez Patrimonio de la Humanidad y promovió la colaboración con las instituciones marroquíes para tratar de evitar tan tremenda pérdida. Las autoridades culturales marroquíes encargaron a Abdelatif Al Hayami la dirección el proyecto de recuperación integral de la Medina.

Según él mismo aseguró, el propósito inicial de aquella recuperación fue “…dejar al descubierto los secretos de la medina para aprender de ellos a la hora de elaborar soluciones que integren nuestra tradición con la contemporaneidad."

No cabe un respeto mayor que ese a la memoria. Y no cabe porque en Al Hayami ese respeto y esa memoria, la memoria de las cosas del hombre, las expresiones culturales, no son sino un reflejo, una remembranza de la Belleza –Al Yamal- una consecuencia del Recuerdo de Dios que se manifiesta en la arquitectura, en la educación –ádab-, en la responsabilidad –ajlaq- que implica esa conciencia.

Deconstruir y reconstruir los elementos y soluciones del pasado para actualizar una manera urbana y tradicional de vivir en el mundo guardando la privacidad de las formas más elegantes y civilizadas que podamos imaginar.

Recuerdo sus narraciones sobre los espacios íntimos y privados de la Medina de Fes, y de sus sorprendentes hallazgos sobre la vivencia del espacio, de la luz y del cielo desde la contemplación de sus casi ruinas. Al Hayami tenía, entre otras muchas, la virtud de implicar a los demás, de entusiasmarlos en una visión lúcida, no sólo de lo arquitectónico, sino del mismo paisaje y de su habitante privilegiado, el ser humano. Ávido de conocimientos se interesó por la cultura europea y norteamericana, estaba al tanto y trabajó con los mejores especialistas internacionales en los ámbitos del arte y de la cultura.

Así, por esa peculiar manera de ser y de sentir que tenía Al Hayami, el proyecto superó los límites del urbanismo para afectar a la cultura, a la sociedad y a su historia. Se llevó a cabo un trabajo de investigación de las fuentes culturales y espirituales tan logrado, que no sólo se llegó recuperar el entorno material y espacial de la medina sino, lo que es más importante, su alma. La investigación de las antigua técnicas artísticas y artesanales de los fundadores de la ciudad fue el fermento que puso en marcha talleres de artesanos y especialistas que, inmersos en aquella profunda investigación, actualizaron una centenaria tradición artística y la han mantenido viva y pujante hasta el momento.

La Medina se ha vuelto a llenar de gentes que trabajan, que han conseguido recuperar sus antiguos saberes tradicionales, que pueden seguir haciéndolos y al mismo tiempo vivir el presente, como siempre fue.

Tuve el placer de conocer a algunos de sus más allegados colaboradores, a Yusuf Berrojo, a su mujer, Bahia y a Zouhair Benani, arquitectos los primeros y experto en materiales el último, entre otros muchos que me sería difícil citar. Todos ellos compartían con el hermano Abdelatif esa pasión por el conocimiento que no es sino expresión del mandato coránico, y que es también expresión de la Sunnah, del amor por el profeta Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él. Un conocimiento abierto y muy útil. En lo personal de todos ellos, lo formal es de un radical minimalismo, por usar una terminología cercana, pero la experiencia del significado es profunda y vasta, grande el espacio del corazón.

El tiempo que pude compartir con todos ellos fue, ciertamente, un tiempo precioso, verdadero, muy cerca de lo mejor que uno pueda dar o imaginar, un tiempo en esa táriqa que, según aseguraba Al Hayami, no era sino la Táriqa Muhammadiya, la Ummah consciente de Muhámmad.

Ahora, cuando recibimos la noticia de su partida hacia el ájira, no podemos sino pedir a Allah que le guíe, le acoja amorosamente, y eleve su rango hasta lo más alto del jardín, conscientes de que nuestro hermano Abdelatif era un luchador incansable en la senda de la Realidad, de Dios, un creyente sincero y un hombre atento, afable, solidario, coherente…

Allahuma: Acoge a nuestro hermano Abdelatif y protege y cuida a su gente, a su familia, a quienes sienten hoy su pérdida. Y haznos a nosotros merecedores de haberle conocido y tratado. Amín.


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