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El imam del Kremlin

Kadyrov es el portador de estándares de los esfuerzos del Kremlin para pacificar de una vez por todas al rebelde Cáucaso Norte

17/12/2010 - Autor: Anna Nemtsova/Owen Matthews - Fuente: www.elargentino.com
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Kadyrov podría parecer la herramienta perfecta para las necesidades del gobierno ruso.
Kadyrov podría parecer la herramienta perfecta para las necesidades del gobierno ruso.

El video muestra el barril de un revólver que sobresale de la ventanilla trasera de un Lada de color negro brillante mientras cruza lentamente por Putin Prospect, una nueva avenida de comercios de lujo en Grozny, la capital de Chechenia. Al descubrir a un par de mujeres jóvenes con faldas largas, pero sin velo, los ocupantes del vehículo abren fuego. Ambas peatones gritan, pero no caen. Un manchón de tinta roja se extiende sobre la blusa de una de ellas. Mientras el vehículo arranca, la cámara muestra a las dos mujeres corriendo hacia el negocio más cercano para ponerse a salvo. Los guardianes del supuesto decoro islámico en Chechenia atacaron otra vez. En el nombre de la lucha contra el terrorismo, el presidente de esa república rusa, Ramzan Kadyrov, declaró la guerra contra lo que considera una indecencia pública. “Mi sueño es que todas nuestras mujeres lleven velo, de acuerdo con la ley islámica”, declaró recientemente a NEWSWEEK. Para contribuir a esa lucha y corregir la conducta supuestamente no islámica, el año pasado estableció su propia policía moral de estilo talibán, el Centro para el Desarrollo y la Educación Espiritual y Moral. Como apoyo, las milicias de Chechenia merodean por las calles en automóviles y uniformes negros, en alerta no sólo ante el cabello descubierto, sino también remeras manga corta, faldas cortas y muestras públicas de afecto. Aunque en los últimos meses muchas mujeres de Chechenia lo han acusado de ataques con pintura, Kadyrov hace caso omiso de los cargos, culpando a “alguien que quiere manchar mi política”.

Kadyrov, de 34 años, se convirtió en el portador de estándares de los esfuerzos del Kremlin para pacificar de una vez por todas al rebelde Cáucaso Norte. Su estilo directo logró al menos cierto grado de orden público en Chechenia, y ese burdo éxito es la razón por la que el Kremlin confía en él. Durante siglos, la región se resistió al control de Moscú, pero en la década pasada, la violencia se extendió y se intensificó a medida que el extremismo islamista prosperó en otras partes del mundo. “Nuestro Afganistán está dentro de Rusia”, señala Masha Lipman, del Centro Carnegie de Moscú. Cientos de civiles murieron después de que rebeldes chechenos se apoderaron de un teatro de Moscú en 2002 y de una escuela en Beslan en 2004. Este año, terroristas suicidas mataron a más de 40 personas en el subte de Moscú y a más de 150 en ataques en el Cáucaso Norte. Las brutales tácticas del Ejército ruso y sus representantes locales no hicieron más que aumentar el apoyo a los rebeldes.

Ahora, los líderes del país prueban un nuevo enfoque. La idea es asociarse con una variedad diferente y más dócil del islam entre los 20 millones de musulmanes declarados en Rusia. Con ese fin, el Kremlin está gastando US$ 300 millones para abrir siete nuevas universidades islámicas en Rusia y patrocinando a cientos de estudiantes para estudien en universidades acreditadas en Siria y Arabia Saudí. El presidente federal ruso, Dmitry Medvedev, fomenta la autoridad de imanes reconocidos, afirmando que tienen “un lugar especial” en la sociedad caucásica y llamándolos a ayudar al Kremlin a “enfrentar el terrorismo a través de la espiritualidad y los altos estándares éticos”. Al mismo tiempo, el Ejército continúa sus esfuerzos de cazar y matar a los rebeldes y radicales en el Cáucaso.

A primera vista, Kadyrov podría parecer la herramienta perfecta para las necesidades del Kremlin. El líder ruso Vladimir Putin (Kadyrov lo llama “mi ídolo”) lo nombró Presidente de Chechenia en 2007, tan pronto como alcanzó la edad legal para asumir el puesto. Su tipo de islam está lejos del wahhabismo de estilo saudí al que se adhieren muchos de los rebeldes de Chechenia —así como Osama bin Laden. En lugar de ello, es una mezcla ecléctica de sufismo (una rama pacifista y mística de la secta suní) y antiguas tradiciones chechenas, como el zikr, un híbrido de danza en círculos y oración ejecutado sólo los varones. Su padre, Ahmed Kadyrov, fue el mufti (líder espiritual) principal de Chechenia cuando la pequeña república montañosa trató de salir del control de Rusia en los ‘90, pero al final se reconcilió con Moscú —y fue asesinado en 2004. Kadyrov hijo se presenta ahora a sí mismo como el heredero espiritual y político de su padre, pronunciando largos sermones ante grupos de estudiantes y eruditos religiosos, vistiendo el atuendo tradicional de un profesor sufí, y proponiendo renunciar a su título de presidente a favor del de mekkh-da, un término checheno que significa “padre de la nación”, en general asociado a los legendarios imanes que dirigieron la resistencia contra la ocupación rusa en el siglo XIX. En persona, prefiere ser llamado “Padishah”, que significa “emperador” en persa moderno.

De acuerdo con los deseos del Kremlin, Kadyrov promulgó su propia versión idiosincrásica de la ley islámica en lugar de los mandatos wahhabitas de los adversarios de Moscú. El problema es que no siempre es fácil ver una gran diferencia. “Hermanas, ¡nos gustaría recordarles que todas las mujeres musulmanas están obligadas a llevar velo!”, dice un folleto ampliamente distribuido y publicado por la editorial estatal chechena Put (“El sendero” en ruso, y un juego de palabras con “Putin”). “Actualmente las marcamos con pintura —¡no nos obliguen a usar métodos más severos!”. Kadyrov invirtió millones en la construcción de mezquitas en toda Chechenia, restringido la venta de alcohol, e hizo que el atuendo islámico sea obligatorio en todas escuelas y universidades de Chechenia. La Policía moral está bajo su dirección personal. Según Memorial, el grupo de defensa de los derechos humanos, ellos castigan a las mujeres sospechosas de prostituirse afeitando sus cabezas y cejas, y pintando de verde su cuero cabelludo, que es el color del islam. Kadyrov también defendió los asesinatos de honor de las mujeres “disolutas”: “Si una mujer anda de un lado para otro, y si un hombre se pasea de un lado para otro con ella, ambos deben morir”, dijo el año pasado. Y sus políticas de educación desalientan el acceso a las influencias “corruptoras” del mundo exterior, como Internet.

La vida doméstica de Kadyrov es una mezcla peculiar de devoción Sufí y los extravagantes lujos de un caudillo de vieja escuela. Suele invitar hasta mil partidarios a la vez a su complejo habitacional privado (tiene su propia mezquita, un zoológico, y un parque lleno de llamas) para bailar el zikr no menos de cinco horas de un tirón. Y las lágrimas corren por sus mejillas cuando habla de la peregrinación que hizo a la Meca en julio pasado. Dicen que el rey saudí Abdulá dio a Kadyrov y 27 compañeros la autorización especial para entrar en el sanctum sanctorum del islam, la Kaaba —el cubo negro sagrado en el corazón de la ciudad—. Kadyrov dice que se sintió tan embargado de “euforia” y “felicidad total” que a su regreso ordenó a 117 familias de Chechenia que abandonaran sus viejas rencillas y que se reconciliaran oficialmente en el nombre de Alá.

Kadyrov promueve su estilo de islam como un antídoto contra lo que llama “el malvado y autodenominado wahhabismo”. Hizo lobby para que el Kremlin ponga a todos los muftis rusos bajo la supervisión de imanes chechenos, quienes redactarían el borrador de un sermón mensual en el que se abordaría los temas religiosos y políticos que se enseñarían en todas las mezquitas rusas. “Si el pueblo ruso no toma el camino del islam sufí puro y tradicional, Rusia saldrá perdiendo”, dice Kadyrov. “Todas las demás denominaciones, como el wahhabismo, son nuevas invenciones para nuestro país”. Pero el arquitecto del nuevo enfoque del Kremlin hacia el islam, un académico no musulmán llamado Yuri Mijailov, advierte que al promover el sufismo de Kadyrov o cualquier otra forma del islam por encima de las demás sería un horrendo error que provocaría una guerra santa entre las distintas sectas.

Mientras tanto, Moscú sigue sus mismas políticas brutales en la región, saboteando sus propios esfuerzos para promover la paz y la armonía. Eruditos bienintencionados financiados por el Kremlin, como Oleg Jimakov, subdirector de la Fundación para Respaldar la Cultura y la Educación Islámica, podrían reclutar a especialistas legales en la Sharia de universidades islámicas en Qatar, Egipto, Omán y Malasia para hacer que los musulmanes rusos abandonen el extremismo. Pero en Chechenia y sus repúblicas cercanas existe un gran rencor por tantos años de opresión despiadada. Aún se siguen quemando las casas de los lugareños, aunque ahora esto lo hacen las milicias de Chechenia y no los soldados rusos. Y el maltrato en custodia es prácticamente universal. “Cada arresto, cada caso penal abierto en el Cáucaso Norte, implica la tortura y severas palizas en detención”, señala Oleg Orlov, director de Moscú Memorial, el grupo de defensa de los derechos humanos.

En las montañas, a pocos kilómetros de las boutiques de Putin Prospect, la rebelión continúa. A fines de agosto, varias docenas de insurgentes atacaron Tsentroi, el pueblo de la familia de Kadyrov, prendiendo fuego a autos y casas y matando a siete policías que trabajaban como sus guardias de seguridad. Kadyrov dirigió una incursión vengativa varios días después, pero los rebeldes lograron huir; prometió una recompensa de US$ 3 millones por información que conduzca a la captura de los dirigentes de la agresión. Justo fuera de las fronteras de Chechenia, pueblos enteros del vecino Daguestán se quedaron sin jóvenes, quienes huyeron para unirse a los rebeldes en las montañas en lugar de arriesgarse a ser asesinados por escuadrones de la muerte apoyados por el Kremlin. Las autoridades rusas hacen todo lo posible para ocultar los informes casi diarios de las luchas y bombardeos en la región.

Es posible que la versión del islam de Kadyrov, combinada con el uso intensivo y persistente de las desapariciones extrajudiciales y la tortura, pueda dar al Kremlin un medio temporal para controlar el nacionalismo étnico de los rebeldes del Cáucaso. Pero la causa de la paz a largo plazo podría resultar perjudicada si esos esfuerzos no hacen más que radicalizar a los musulmanes de Rusia. Kadyrov, por su parte, se muestra inmutable. “Mientras Putin me apoye, puedo hacer cualquier cosa”, dice. “¡Allahu akbar!”.

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