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El mundo árabe según Wikileaks

Documentos publicados corroboran la validez de La teoría de la conspiración sobre la situación actual del mundo árabe

11/12/2010 - Autor: Asaad Abu Jalil - Fuente: Cambuyón
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¡A la carga contra Wikileaks!
¡A la carga contra Wikileaks!

No hacía falta que el mundo árabe esperase todos estos años para saber los verdaderos sentimientos que mueven a sus tiranos. El asunto es tan palmario como la actual alianza entre EEUU, Israel y Arabia Saudí. Una conclusión: la peor predicción posible sobre los dirigentes árabes era justa y acertada. Por otra parte, los documentos publicados corroboran la validez de “La teoría de la conspiración”- en su versión más radical- para entender la situación actual del mundo árabe, así como revelan el estado de subordinación al que el Imperio estadounidense tiene sometidos a los gobiernos árabes.

El nivel de sometimiento de los regímenes árabes a Washington no tiene precedentes. Los gobernantes de las “reservas” del Golfo, en la época del Imperio Británico, no estaban sujetos a un acatamiento tan servil. Estos documentos ofrecen la imagen más grotesca de los gobernantes árabes, al igual que registran hasta qué punto han tomado de los sionistas norteamericanos el vocabulario y los términos que usan en sus conversaciones. Todas las acusaciones de los seguidores de la teoría de la conspiración en el mundo árabe se han demostrado ciertas, han llegado los documentos que las confirman.

El mundo árabe ha retrocedido repentinamente a la era previa a la de la comunicación vía satélite: al-Arabiya estaba retransmitiendo en directo, paso a paso, la inminencia de la publicación de los documentos, más cuando salieron, se hundió en un profundo silencio. La página web de al-Arabiya se volcó en asuntos de mayor interés: una noticia sobre la estrella de David en un edificio perteneciente a la compañía aérea iraní, y otra rúbrica que afirmaba que el Rey de Arabia Saudí (del que un responsable israelí dijo en un de los documentos que “no odia a Israel”) se había puesto de pie y logrado dar algunos pasos. Al-Jazira hizo alusión a las filtraciones, sin embargo omitió toda referencia a los gobernantes árabes, incluido, cómo no, el de Qatar. ¿Qué se puede extraer de lo publicado en esos documentos?

En lo tocante al Líbano, el primer día no se publicó gran cosa (aunque el periódico al-Akhbar sacó una resma). Saad al-Hariri visitaba Irán el mismo día en que un informe del New York Times refería la incitación por parte de Saad al-Hariri a Estados Unidos para que invadiese Irán en 2006. (¿Por qué ha ignorado la prensa libanesa esa entrevista con el Washington Post que incluía un elogio suyo a Isaac Rabín, a quien su padre también admiraba?). Entre las filtraciones de Wikileaks hay datos sorprendentes sobre Fuad Siniora, ése que repite con monotonía que no necesita que le hagan un examen de nacionalismo y arabidad (parece ser que participó en una o dos manifestaciones cuando cursaba bachillerato), que lo presentan como amigo de Israel. El mismo director del Mosad lo elogia, del mismo modo que ensalza su valentía y busca con los estadounidenses vías para afirmarlo. Fuad Siniora, probablemente, no va a hacer declaraciones sobre el tema, a pesar de que su “despacho de prensa” no pierde ocasión de responder a todo aquel que no esté convencido de que Siniora es un “hombre de estado”, sólo porque- como a Hamid Karzai- George Bush le dio unas palmaditas en el hombro. Tal vez Siniora no desmienta el contenido de lo publicado (repentinamente ha decidido defender a Hezbollah en Londres, tal vez movido por la vergüenza, aunque le desagrada el término “resistencia”). Estos documentos no vienen de un periódico de tirada nacional, Sr. Fuad Siniora, por lo que el abogado Farid Matar, de la familia Hariri, no podrá llevar y ganar el caso en los tribunales.

Del encuentro que mantuvieron Siniora y el general Petraeus se desprenden muchas evidencias: qué lectura tiene que el General que arrasó Iraq felicite a un Primer Ministro, designado por la familia Saúd, por su victoria en las elecciones libanesas. Se trataba de un éxito compartido, una felicitación entre socios, no sabemos si abrieron una botella de champán- lo más probable es que no la abriesen porque Siniora, después de su encierro en el Serrallo, se convirtió en “buen creyente”, al estilo de Anwar al-Sadat en las vísperas de su visita a Israel.

En lo relativo a las conversaciones entre Siniora y Petraeus sobre las elecciones hay un punto enigmático: “Siniora expresó su agradecimiento a EEUU por el apoyo militar al Líbano e insistió en que los refuerzos de seguridad norteamericanos contribuyeron al buen resultado de las elecciones libanesas del 7 de junio”. Estas líneas plantean una pregunta: ¿Cómo los refuerzos de seguridad estadounidenses pudieron influir en las elecciones para que el partido de Hariri llegara al gobierno?

Fuad Siniora solicitó al Imperio que presionase y se inmiscuyera en los asuntos internos iraníes y sirios. No le bastaba con pedirles injerencia en un solo país, el suyo. Los pequeños hombres de EEUU en el mundo árabe se crecen y ensoberbecen hasta el punto de no guardarse de dar consejos y asesorar a los dirigentes estadounidenses, como si sus opiniones fueran transcendentales, como si formasen parte del centro de poder y toma de decisiones que es la capital estadounidense. Fuad Siniora- que de repente exigía relaciones de “igual a igual” con Damasco, después de haber sido durante años modelo de pelota y vasallo de la política de Hariri con Siria- no se corta en incitar a EEUU para que presione a los dos estados que molestan a Israel.

Los documentos publicados corroboran la validez de “La teoría de la conspiración” para entender la situación actual del mundo árabe

Fuad Siniora reprochaba a Siria e Irán que interfirieran en los asuntos internos del Líbano (claro, sin hacer mención a las injerencias de los países árabes de la órbita de EEUU ni a la inyección de más de cien millones de dólares que pagó el régimen saudí para que al partido de Hariri ganase las elecciones parlamentarias libanesas). Por cierto, ¿a cuánto asciende el “regalo” que Arabia Saudí brinda a cada nuevo Primer Ministro libanés? ¿No tienen derecho los libaneses a saberlo? A la vez que no se cortaba en pedir que EEUU interfiriese en los asuntos internos de Siria e Irán. Dejó plantado a Hamid Karzai en Beirut creyendo que con eso se marcaría un punto ante la Administración Bush- que ha sido la más islamófoba y antiárabe que ha habido en la historia-. Este Siniora no sólo invitó a que EEUU ejerciera más presión sobre Siria, sino también a que aprovechase la división interna iraní ¿en interés de quién?

Otro documento da respuesta a esta pregunta y aclara lo aparecido en el primero. Hay un grado de complacencia sin precedentes por parte de Israel hacia Siniora. En Líbano gritaban: la traición está prohibida, a lo que Siniora respondía que nadie le iba a dar a él clases de arabidad ni de nacionalismo, y mientras, con el equipo de Hariri, rezaba porque los enemigos de la resistencia ganasen la guerra. Le ha hecho el mejor favor al enemigo (de forma indirecta, por supuesto, porque la traición estaba prohibida): asediar judicialmente a la resistencia que cumple con el deber de defender el Líbano.

Dagan, el director del Mosad, decía en otro documento: “Hace falta encontrar el camino adecuado para ayudar al primer ministro Siniora”. A lo que apostillaba: “Sin duda es un hombre valiente”. Ningún otro dirigente libanés ha gozado de tan alto grado de reconocimiento por parte de los mandos israelíes. Dudo que Bachir Jemayel- el peor libanés de todos los tiempos en una reñida competencia por el título- hubiera sido objeto de tanta amistad en sus días. Entre las filtraciones, también tenemos noticia de que el experto israelí encargado de exponer el tema de las elecciones legislativas libanesas en el Congreso de la Seguridad Nacional de EEUU atribuyó la victoria de la coalición del 14 de marzo al dinero saudí (y la división de la oposición). Por lo visto el enemigo está maravillado con la coalición del 14 de marzo; busca las vías para ayudarle y expresa su enorme alegría tras felicitarlo por haber ganado las elecciones.

La resma de documentos de Wikileaks que maneja al-Akhbar habla mucho sobre el Líbano. Si el Líbano fuera democrático, o si no fuera un estado confesional – garante de la protección de Ahmad Fatfat y Adnan Dawud-, debería de haber dimitido la mitad de la clase política libanesa tras la publicación de dichos documentos. El Ministro de Defensa libanés se lleva la palma sin discusión y da la imagen más horrenda. De este modo explica su posición sobre el ataque de Israel al Líbano: “el-Murr dio instrucciones a Suleyman para que las Fuerzas Armadas libanesas no se enfrentasen cuando Israel invadiese”. El hombre vino con recomendación de los servicios secretos sirios, se quedó en el poder tras la retirada de Siria, y llegado el momento le recomendó a Israel que no perdiese “el respaldo cristiano” y que destruyese únicamente las infraestructuras de las zonas chiíes. Otro documento sobre al-Murr dice lo siguiente: “Al-Murr presentó algunas ideas para evitar poner a la población cristiana en contra de Israel cuando se produjera la próxima guerra contra Hizbulá”.

Al-Murr también confesó que el Gobierno libanés promovía las diferencias y las luchas internas en los campos de refugiados palestinos. Así definía el objetivo principal del Ejército libanés: “enfrentarse a las amenazas terroristas dentro del Líbano”. Estos documentos condenan al conjunto de toda la clase política libanesa por la solicitud mostrada a la hora de informar a países extranjeros sobre Hezbollah. El propio al-Murr no se guardó de proporcionar información sobre un pariente de Hasan Nasrallah, y al-Murr no es el único.

Los encuentros de Jean al-Qahwaji y Michel Suleyman con los responsables estadounidenses están llenos de detalles que revelan la verdadera ideología militar del Líbano. Al-Qahwaji ofrece que el Ejército colabore con EEUU (“Estoy seguro de que queréis que combata al terrorismo de aquí, pero necesito los medios para hacerlo”). Todas las conversaciones con los norteamericanos giran en torno al “terrorismo”- según la definición estadounidense e israelí, por supuesto. En cuanto a Michel Suleyman, en sus conversaciones con los responsables norteamericanos, parece un alumno intimidado por el vigilante de la escuela cuando justifica las relaciones con Siria. El Líbano retratado en los documentos es el Líbano de verdad: un país carente de toda soberanía donde la Coalición del 14 de marzo se apresura a dar información a los estadounidenses para complacerlos. Marwan Hamade se pasea por todas las capitales del mundo presentando a los enemigos de la resistencia el mapa de las redes de comunicación de Hezbollah (Sin olvidarse de informar a Terry Rod Larsen del particular). En cuanto a los intentos de crear partidos políticos alternativos a Hezbollah en los medios chiíes, considerémoslo una broma y un fracaso, nada más. ¿Hay comentario más gracioso que el de Samir Geagea a los norteamericanos sobre cuál es el mejor partido chií y sobre la necesidad de pedir ayuda a Sobhi al-Tufayli? También intervino Jumblatt y propuso a Nasir al-Asaad como dirigente chií alternativo a Hezbollah (¿Alguien duda del don de masas de Nasir al-Asaad?)

Por otra parte las conversaciones entre el juez Belmar y los estadounidenses son suficientes por sí solas para invalidar el Tribunal que investiga el asesinato de Hariri y condenar la intromisión exagerada de EEUU en su actuación. A Belmar no le dio vergüenza pedir a los norteamericanos que propusiesen nombres de jueces para la composición del Tribunal, tampoco le avergonzó solicitar colaboración a los servicios secretos estadounidenses para investigar los métodos sirios (¿se atreverá a recordar estos hechos en los informes periódicos en los que describía la falta de cooperación de los sirios con el Tribunal?).

Estos documentos no van a sorprender al mundo árabe. Desde hace decenios está acostumbrado a un alto grado de hipocresía en todos los regímenes opresores bajo los que vive. ¿Acaso alguien ha dudado por un instante en el mundo árabe que sus gobernantes dicen lo que no hacen, que hacen lo que no dicen y que declaran públicamente lo contrario de lo que han prometido en sus conversaciones privadas con la Administración que los protege a ellos y a sus regímenes? ¿Alguien dudaba de la perfidia estadounidense?

El Gobierno estadounidense, según cuentan los documentos, no ha investigado el estado de los derechos humanos en ninguno de los países árabes involucrados en los documentos, excepto en Siria (Bashar al-Asad inquirió a un miembro del Congreso de los EEUU por el estado de los derechos humanos en Arabia Saudí sin que este último respondiese). Ah, no podía ser, sí, hay un documento en el que un responsable estadounidense habla con mucha valentía sobre el estado (lamentable) de los derechos humanos en Arabia Saudí: después de elogiar al Rey por su iniciativa para el diálogo entre las religiones – en la que por supuesto participará Simon Peres-, lo felicita por “su compromiso con el progreso de los derechos” en el Reino.

Después llegan los comentaristas estadounidenses para preguntarse cuál es la causa de que los árabes los odien, cómo es posible que odien la política estadounidense que mantiene el terrorismo israelí y los regímenes árabes colaboradores. ¿Cómo es posible que un o una árabe, antes o después de leer las filtraciones- especialmente el aplauso por el avance de los derechos humanos en el Reino de Arabia Saudí- pueda creerse, ni aún por un segundo, las pretensiones estadounidenses de ser el valedor de la democracia en el mundo?

La segunda generación de dirigentes árabes es peor que la primera, y la tercera acabará comprando palacios y terrenos en Israel

Es obvio que los regímenes árabes se parecen como granos de arena- con permiso de Mahmud Darwish- en la competición que mantienen entre sí para demostrar quién es más leal a los intereses de Israel, y eso mediante su acercamiento a EEUU. Uno detrás de otro, los regímenes árabes compiten por complacer a los sionistas. Cuando EEUU e Israel quisieron invadir Iraq, compitieron entre sí para bloquearlo y enumerar las maldades de Saddam- mientras que esos mismos fueron los que construyeron el mito personal de Saddam al respaldarlo durante la guerra contra Irán. Cuando el peligro se trasladó de Iraq a Irán- por una señal israelí- aquellos mismos regímenes de ciega obediencia se pusieron a decir que el plan nuclear iraní- sin corroborar- suponía la mayor amenaza a todo el mundo árabe. Estos gobernantes que improvisan ante sus pueblos (siempre invocando los valores masculinos y extrayendo su discurso de las leyes tribales) aparecen sin máscara en sus conversaciones con los responsables estadounidenses y se les ve el mísero semblante.

Hay, por ejemplo, un documento en el que el Gobierno norteamericano da órdenes (en la forma; “tenéis que”) al Gobierno saudí para que les rinda tal y tal servicio en interés de EEUU, así como les ordena que exijan a China que aumente su presión contra Irán. El Gobierno saudí, según su Rey, está debilitado hasta el punto de que el Rey pidió que se disminuyera el nivel de representación de la comitiva saudí a EEUU sólo para que el amigo y el enemigo creyeran que ambos países eran aliados. Temía por su prestigio ante el resto de países, el prestigio de ser el fiel servidor de los intereses norteamericanos ante el mundo.

De la segunda generación de dirigentes tiranos en nuestro mundo árabe se puede decir que es aún peor que la primera. La tercera es posible que compre palacios y terrenos en el ente usurpador, eso si Israel sigue existiendo para entonces. Podemos leer que los hijos de Zaid (un analfabeto más de nuestros dirigentes) compiten entre sí por servir a Israel. Israel asesina a un ciudadano palestino inerme en Dubai y Emiratos no abre investigación ni suelta una amonestación contra Israel. ¿Cuál hubiera sido la respuesta si Hezbollah o Hamas hubiesen asesinado a un israelí en aquel país? ¿Acaso no se hubieran precipitado los hijos de Zaid a expulsar a todos los chiíes y palestinos residentes en su reserva del Golfo? ¿Qué ha hecho Egipto al “congelar la conspiración” en apoyo de la resistencia palestina de Gaza por parte de Hezbollah? (Por cierto, la prensa egipcia y saudí criticaban a Hezbollah por descuidar su apoyo a la resistencia palestina, y ahora lo critican de suministrar armas a la resistencia y de servir los intereses de Irán).

Al tal Muhammad ben Zaid no le basta con exigir un ataque militar a Irán, sino que propone una invasión terrestre también. Todos los dirigentes árabes (evidentemente, no electos) van aumentando sus críticas a Irán y a su Presidente con la intención de mostrar lealtad y obediencia (también demuestran los medios en manos de la familia Saúd y la familia Hariri su pleitesía y ciega obediencia a EEUU increpando a Irán, y cambian de actitud y lo elogian si lo precisa el momento). El tal Mohammad ben Zaid (se graduó en un programa resumido y simplificado de la Academia Militar de Sandhurst, ideado especialmente para los hijos talentosos de los gobernantes árabes tiranos) pretende convertirse en el modelo de gobernante para el Medio Oriente y se arrima a Israel para de este modo caer en gracia ante los ojos de EEUU. Y es tan imbécil que cree que llegará el momento en que ocupará él el lugar de Israel en Washington. El Presidente del Estado Mayor de Emiratos le dijo a un responsable estadounidense que Israel tenía derecho a “hacer una operación militar contra Irán”. Otro documento cuenta que el Ministro de Exteriores de Emiratos (otro de los hijos de Zaid) mantiene una estrecha amistad personal con Tzivi Levni. Para hacer aún más la pelota, los hijos de Zaid dicen en otro documento que consideran que Hamas es una organización terrorista. Así es como se explica que un comando completo del Mosad haya podido penetrar en Dubai, también explica las razones que llevaron recientemente a un director de la policía de Dubai a entrevistarse con un responsable de la seguridad israelí.

El Emir de Qatar manifestó a un Senador estadounidense que Israel no debía fiarse de los árabes y criticaba al Primer Ministro iraní, en secreto, pues Qatar mantiene buenas relaciones con Irán. El Presidente de Siria declara a los norteamericanos que ambos comparten los mismos fines aunque no los medios (parece que Bashar ha olvidado la táctica que su padre utilizó con Anwar al-Sadat en su último viaje a Damasco). En cuanto a las cómicas alocuciones del Presidente de Yemen ante el pueblo, que le convienen tanto a él como a su gobierno, no dejan de ser una mentira necesaria; pretende que el bombardeo de la aviación estadounidense sobre objetivos yemeníes en realidad fue llevada a cabo por las fuerzas yemeníes, por eso mismo mintió también al Parlamento yemení. EL jefe de los servicios secretos egipcios ruega a los estadounidenses para que intercedan ante los israelíes, para lo que les recuerda los servicios prestados: el embargo a Gaza. Sin embargo, cara a la galería declara que su Gobierno hace todos los esfuerzos posibles por auxiliar a la población civil de Gaza.

Hay un intento de reducir el impacto causado por la publicación de los documentos. También hay quien dice que la publicación de las filtraciones responde a intereses de los servicios secretos estadounidenses. Los gobernantes árabes tienen interés en desacreditar unos documentos que los condenan y deshonran. El director de la redacción de un diario saudí, el Emir Salman, se despertó dos días después de que se publicasen las filtraciones sin que su periódico se hubiera hecho eco de ello, debido, tal vez, a que estaba volcado en la salud del fiel Servidor de los intereses israelíes (el Rey de Arabia Saudí). En un primer momento, afirmó que no había nada en los documentos que pudiera hacer sonrojar al régimen saudí y, para demostrarlo, citó el único documento relacionado con el Primer Ministro de Qatar. Dos días más tarde, el diario reconocía la amplitud de las filtraciones, no obstante, sólo publicó lo relacionado con los regímenes sirio e iraní. ¡Como si el Rey de Arabia Saudí no fuera la estrella de las filtraciones!

El pueblo árabe está acostumbrado a gobernantes adictos al engaño, la mentira y la hipocresía. Los documentos confirman la peor opinión posible sobre los gobernantes. No merecen ni una pizca de lealtad y obediencia, lo único que merecen es la revolución del pueblo contra ellos. ¿Cuándo?

Asaad Abu Jalil es Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California.
Traducción Antonio Martínez Castro
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