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La No-Violencia como espiritualidad

La historia muestra incontables casos de cambios sociales obtenidos por medio de la protesta no violenta

10/12/2010 - Autor: Fernando Alberto García - Fuente: Webislam
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Fernando Alberto García.
Fernando Alberto García.

Entre nuestros objetivos principales de “La Comunidad para el Desarrollo Humano” está el de contribuir a instalar una estructuración de conciencia no violenta como una conquista cultural profunda, como una configuración de conciencia avanzada en la que todo tipo de violencia provocara repugnancia con los correlatos somáticos del caso. 1

Se dijo que, de consecuencia, “Esto iría más allá de las ideas o de las emociones que débilmente se manifiestan en las sociedades actuales, para comenzar a formar parte del entramado psicosomático y psicosocial del ser humano”. 2 Cabe entonces indagar un poco sobre la implementación de este ambicioso objetivo.

En su noción popular, muchos consideran a la no-violencia simplemente como una forma de lucha por el cambio social y político. En este sentido, vendrán a la mente las figuras de Mohandas Karamchand Gandhi (conocido popularmente como Mahatma) y Martin Luther King, como adalides de la no-violencia.3

Desde esta perspectiva, quizá se aprecie por ejemplo su eficacia dentro de un marco dado de relativa legalidad en el medio, con instituciones medianamente sensibles a los reclamos no violentos, y con militantes que no se constituyen (ni se encuentran en condiciones de constituirse) en una fuerza armada para lograr sus fines por medios violentos. Ya desde sus orígenes nuestro Movimiento desestimó el poder de las armas y el poder del dinero, como propios de un sistema violento, para confiar en el poder de cambio de las personas esclarecidas y organizadas.

La historia muestra incontables casos de cambios sociales obtenidos por medio de la protesta no violenta. A menudo esto pasa desapercibido para el observador común, ya que habitualmente las protestas no violentas exitosas no gozan de la espectacularidad de las protestas violentas; de manera que alcanzan poca o ninguna visibilidad en los medios de difusión masiva, en las crónicas, en los estudios de historiadores y demás. Como se lo veía en la antigüedad: “La paz es el periodo que media entre dos guerras”.

Otro factor que contribuye a ello es que generalmente los cambios sociales obtenidos mediante las protestas no violentas son considerados “normales”, y por lo tanto obviados. Por otra parte, muchos cambios logrados mediante la violencia aparecen a menudo como “excepcionales”, y glorificados como patriotismo, heroísmo, valentía, sacrificio por una causa, defensa de la libertad, etc.

A menudo los defensores de los métodos de protesta por medios violentos cuentan sus logros históricos citando revoluciones, guerras y levantamientos armados. Los que proponemos la metodología de la no-violencia activa podríamos citar tantos o más casos de logros históricos, sumando además todos los casos en que se ha evitado la muerte, el dolor y el sufrimiento de millones de seres humanos gracias a no haber adoptado métodos violentos.

Por otra parte, muchos atribuyen a la violencia el mérito de la legítima defensa de la propia vida, algo que no está en cuestión cuando lo que se debate es la metodología que se emplea para lograr cambios sociales.

Sea como fuere, el tema queda reducido a una estrategia o táctica para la consecución de un objetivo social, soslayando las implicancias éticas, psicológicas y, en definitiva, espirituales de la no-violencia.

Muchos siglos antes de que la no-violencia se convirtiera en ello, la no-violencia fue parte integral de la religiosidad. Aparece mencionada por primera vez en la historia como “ahimsa”4 en los Upanishads, textos religiosos de India.5 Son los jainistas y budistas quienes la incorporan y desarrollan como mérito y práctica espiritual, como precepto religioso, tanto en la esfera individual como social. Paradójicamente para algunos, las dos corrientes citadas no son teístas; o sea que no apelan a divinidades para dar autoridad a su postura. Gracias a su influencia, esto adquiere relieve también en el hinduismo. Es decir, la no-violencia aparece por primera vez dentro de un marco de espiritualidad hace por lo menos 2.500 años.6 Desde entonces, la no-violencia cuenta en su haber con innumerables casos de importantes logros de cambios sociales, políticos, culturales, etc. 7

Las corrientes citadas atribuyen una gran importancia a la no-violencia mental y emotiva, como precursoras de la acción en el mundo. El pensar y el sentir violentos preceden a la acción violenta. No sólo es necesario evitar las acciones violentas, sino sobre todo los pensamientos y emociones violentas que las preceden. La violencia en todas sus formas es considerada como un serio obstáculo para el desarrollo espiritual.

De acuerdo con ello, la no-violencia como espiritualidad es una expresión del sentimiento religioso. “El sentimiento religioso es patrimonio inherente a toda la humanidad, y se manifiesta en el ser humano como un estado de conciencia con una especial tendencia o impulso a la búsqueda de un Sentido trascendente de todo lo existente y a la comunión con éste. Este sentimiento motiva preguntas profundas acerca de nuestra identidad esencial, de dónde venimos y hacia dónde vamos, de la vida, la muerte, el sufrimiento, la inmortalidad, etc.”8 Y este sentimiento religioso da origen a respuestas.

De manera que la no-violencia surge en el ámbito de la espiritualidad, y muchos siglos después es formulada explícitamente como método de lucha por el cambio social. Entonces, es posible entender a la no-violencia activa como una expresión de espiritualidad por la que la acción no violenta es inspirada, impulsada y orientada por dicha espiritualidad. Este es el motor interno más potente que pueda tener la no-violencia activa.

Para que la militancia con la no-violencia activa sirva al desarrollo espiritual, no bastará que la acción no violenta sea motivada por meros logros externos, sean estos políticos, sociales, económicos o similares. No bastará tampoco que sea motivada por reivindicaciones personales, intereses de parte, etc. Dicho en otras palabras, puede haber una militancia no violenta por diversos motivos que contemplen un cálculo de beneficio personal, un “recibir” que nos pone a distancia de la acción válida y su valor espiritual.

Así como la acción válida no es tal porque la acción sea convencionalmente “buena” o “mala”, sino por la intención y el registro que la acompañan, la acción no violenta servirá al desarrollo espiritual también según la intención que la anime y el registro que produzca.

La rebelión contra toda forma de violencia (manifiesta o larvada, interna o externa) sirve a la superación del dolor y del sufrimiento en los seres humanos. Superar el dolor y el sufrimiento sirve a liberar la conciencia humana para pasos evolutivos más avanzados. Y esto hace al Sentido transpersonal de la vida.

La acción con la mira puesta en el bienestar de otros, en su libertad y felicidad, adquiere un valor espiritual. La no-violencia activa cobra valor espiritual si está inspirada y guiada por el amor y la compasión.9 10

A efectos de manipular a las poblaciones, a menudo se ha tendido a escindir la espiritualidad de la participación activa en los asuntos sociales; mientras que en nuestra concepción no aparecen de ningún modo como antagónicos, sino expresados en términos sinérgicos e integrales. La realización de un sentido pleno de vida pasa por la acción desinteresada en “el mundo de la vida densa”11. Esto aparece plasmado en toda la vida y la obra de Silo, de la que citamos a modo ilustrativo la experiencia guiada “El Viaje”.

“Entonces, en silencio total, percibo que algo nuevo comienza a vivir en mi interior. Ondulaciones sucesivas y una fuerza creciente bañan mi cuerpo, mientras brota en mi ser una profunda alegría. ()

Sé que la figura me dice sin palabras: “Regresa al mundo con tu frente y tus manos luminosas”. (*)

Así pues, acepto mi destino. Luego, la burbuja y el aro y las estrellas y la pradera y la pared de roca. (*)

Por último, el camino y yo, humilde peregrino que regresa a su gente. (*)

Yo que vuelvo luminoso a las horas, al día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría. Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que del abismo oscuro renace a la luz del ansiado Sentido.”* 12

“Cualquier cambio que deseemos operar no puede ser planteado en abstracto sino con referencia a la situación en que vivimos”.13 Si bien una gran acción en el mundo no es indicador suficiente de avance en la vida espiritual, se puede afirmar que al avance en la vida espiritual le corresponde una creciente acción válida en el mundo. No sin razón en distintas tradiciones espirituales del mundo aparece expresada de distintas maneras la famosa “Regla de Oro”: el Principio de la Acción Válida “Trata a los demás como quieres que te traten”.

Los Principios de la Acción Válida nos proponen una estrategia transferencial de la vida, no simplemente catártica. No son unos consejitos prácticos en el estilo de la “auto-ayuda”, sino instrumentos de desarrollo espiritual. “Trata a los demás como quieres que te traten” es una exhortación a una acción creciente, no un precepto moral que indica simplemente abstenerse de hacer daño. La aplicación cabal de este Principio busca su crecimiento, avanzando hasta donde pueda llegar nuestro alcance. La no-violencia activa es la expresión conductual de este Principio espiritual. Quien atienda a su desarrollo espiritual necesariamente deberá tender a ampliar y perfeccionar la no-violencia, no sólo en sus pensamientos y sentimientos, sino también en sus acciones.

Estamos hablando de una verdadera espiritualidad, y no de una confortable “espiritualidad” de salón. Toda aspiración de espiritualidad deberá superar la prueba de la relación con el mundo. Es la acción en el mundo la que nos ofrece el “taller” en el que la espiritualidad se exprese y desarrolle. Allí tendrá su estímulo y la medida de su avance, al tener que superar resistencias que están tanto en el medio como en uno mismo. No bastará ya con declamar el “amor” y la “compasión”, sino que habrá que mostrarlo en la práctica cotidiana.

El encerramiento en el propio “yo” inhibe el desarrollo espiritual y, por el contrario, todo desarrollo espiritual implica una dirección mental que lo trasciende. Recordemos lo dicho por Silo: “Quiero decir: “Yo soy para-mí” y con esto cierro mi horizonte de transformación.” Y también que “En tanto no experimente al otro fuera del para-mí, mi actividad vital no humanizará al mundo.” 14

No decimos que uno deba olvidarse de uno mismo en pos de una causa, sino de poner en los demás “mi blanco de libertad”. En otros términos: “Terminemos esto: ¿quieres sobrepasar tu contradicción profunda? Entonces produce acciones válidas. Si ellas son tales, será porque estás dando ayuda a quienes te rodean.” 15

En “El Mensaje de Silo” encontramos expresada con claridad está síntesis entre espiritualidad y no-violencia activa. Las palabras de Silo nos muestran el valor de la no-violencia como práctica de la espiritualidad:

“Si eres indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás, toda ayuda que pidas no encontrará justificación.” 16

“Si no eres indiferente al dolor y sufrimiento de los demás, debes hacer que coincida lo que sientes con lo que pienses y hagas para ayudar a otros.” 17

“Aprende a superar el dolor y el sufrimiento en ti, en tu prójimo y en la sociedad humana.” 18

“Aprende a resistir la violencia que hay en ti y fuera de ti.” 19

“Nos oponemos a toda discriminación. Consagramos la resistencia justa contra toda forma de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual, psicológica y moral.” 20

“Nos proponemos dar creciente cumplimiento a esa regla que nos recuerda tratar a los demás como queremos ser tratados.” 21

Y también, “Para la evolución son necesarios el amor y la compasión. Gracias a ellos es posible la cohesión interna y la cohesión entre los seres que posibilitan la transmisión del espíritu de unos a otros. Toda la especie humana evoluciona hacia el amor y la compasión. Quien trabaja para sí en el amor y la compasión, lo hace también para otros seres.” 22

Para que la no-violencia activa tenga la fuerza de la espiritualidad es necesario conectarla con el sentido trascendente de nuestra vida. Será necesario reconocer o al menos sospechar la íntima conexión que existe entre la lucha no violenta por la libertad y la felicidad de todos los seres humanos, y nuestras profundas convicciones acerca del sentido trascendente de la vida. Será necesario sentir como necesidad existencial que la rebelión no violenta hace a nuestro “Destino Mayor”23. Mahatma Gandhi, Luther King y Silo así lo hicieron, cada uno desde su forma de espiritualidad.

Por otra parte, la espiritualidad como referencia ética de la no-violencia activa nos ofrece también un mejor reparo de los “maquiavelismos ridículos, personalismos por encima de la tarea proclamada en conjunto y autoritarismos de todo tipo”, de los que nos advierte Silo como defectos que en el pasado arruinaron las mejores causas.24

Está claro que todos los humanistas del mundo estamos embarcados por igual en la acción no violenta por humanizar la tierra, tanto los que ven en la no-violencia activa simplemente una estrategia para lograrlo como los que la vinculan indisolublemente con la espiritualidad. Sin embargo, dejando sentado lo dicho, cabe también señalar que los nuevos tiempos sugieren que las ideologías no tendrán por sí solas la fuerza necesaria para promover grandes cambios sociales a menos que estén impregnadas por la nueva espiritualidad que se está abriendo paso.25

La transformación integral que prevemos y promovemos es triple: social, cultural y psicológica. Es muy improbable que se produzcan grandes cambios en uno de dichos aspectos sin que concurran los otros dos en similar proporción. Desde antiguo desestimamos la factibilidad de producir un gran cambio social y cultural prescindiendo de un cambio psicológico simultáneo y equivalente. Sólo la nueva espiritualidad naciente tiene la capacidad de integrar todo esto y hacerlo posible. Así, nuestra capacidad de producir grandes cambios será proporcional a la mística social que anime nuestras acciones.

Sea cual fuere nuestra particular forma de espiritualidad, será bueno ponerla como máximo motor al servicio de una de las mejores causas: la no-violencia activa como rebelión ante toda forma de violencia.

Comenzamos esta charla diciendo que indagaríamos acerca de la implementación de uno de nuestros objetivos conjuntos, el de contribuir a instalar una estructuración de conciencia no violenta como una conquista cultural profunda. La cerramos aquí, sabiendo que no hemos agotado el tema, pero seguros de haber contribuido a su debate.

Notas
1 “El Libro de La Comunidad” (La Comunidad para el Desarrollo Humano) Septiembre 2009. Capítulo I. Explicaciones generales. 3. Objetivos y 4. Una nueva cultura.
2 Silo – Obras Completas Vol. II. Apuntes de Psicología. Psicología IV. Conferencia dada por Silo en Parque La Reja, Buenos Aires, a mediados de Mayo de 2006. 4. Estructuras de conciencia. Fenómenos accidentales y fenómenos deseados.
3 En sus variantes, desobediencia civil (Thoreau), resistencia no violenta, Satyagraha (Gandhi), etc.
4 Literalmente, “no-daño”.
5 Probablemente entre los siglos VII y V AEC, aunque la datación está abierta a debate.
6 Ver “Orígenes Históricos de la No Violencia”, conferencia dada por Fernando A. García en el Tercer Foro Humanista Latinoamericano, sábado 8 de noviembre de 2008, Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina.
7 Para más información, ver “Humanism in India”, de Fernando A. García, CMEH, Buenos Aires, 2008.
8 “A Una Nueva Civilización, Una Nueva Espiritualidad”, de Fernando A. García, Ponencia para el panel sobre espiritualidad. Segundo Simposio del Centro Mundial de Estudios Humanistas, Fundamentos de la Nueva Civilización, en Parques de Estudio y Reflexión – La Reja, 31 de Octubre de 2010.
9 “Breve nota sobre nuestro amor y nuestra compasión”. Fernando A. García, Buenos Aires, 21/06/08.
10 “Sobre el amor, la compasión...el alma y el espíritu” (Silo, Bomarzo, 03.09.05).
11 Silo – Obras Completas Vol. I – Humanizar la Tierra, La Mirada Interna, XIV. La Guía del Camino Interno.
12 Silo – Obras Completas Vol. I – Experiencias Guiadas, XI. El Viaje.
13 Silo – Obras Completas Vol. I – Cartas a Mis Amigos sobre la crisis social y personal en el momento actual. en el momento actual. Segunda Carta a Mis Amigos, 5. Dirección y cambio de situación (17/12/91).
14 Silo – Obras Completas Vol. I – Habla Silo, I. Opiniones, comentarios y participación en actos públicos, Acerca de lo humano, humano, Tortuguitas. Buenos Aires, Argentina, 1 de mayo de 1983 Charla ante un grupo de estudios.
15 Silo – Obras Completas Vol. I – Humanizar la Tierra, El Paisaje Interno, XV. Dar y Recibir. 10.
16 “El Mensaje de Silo” – El Camino
17 “El Mensaje de Silo” – El Camino
18 “El Mensaje de Silo” – El Camino
19 “El Mensaje de Silo” – El Camino
20 “El Mensaje de Silo” – La Experiencia – Ceremonias - Reconocimiento
21 “El Mensaje de Silo” – La Experiencia – Ceremonias - Reconocimiento
22 “El Mensaje de Silo inspira una profunda religiosidad” - El espíritu humano.
23 Silo, “El Destino Mayor”, (Mendoza, 20 de octubre de 1989).
24 Silo – Obras Completas Vol. I. I – Cartas a Mis Amigos Sobre la crisis personal y social en el momento actual social y personal. Quinta Carta a Mis Amigos, 6.- El sacrificio de los objetivos a cambio de coyunturas exitosas. Algunos defectos habituales.
25 Ver “Encuentro con Silo, Parques de estudio y reflexión Los Manantiales, 28 de mayo, 2010”.
Fernando Alberto García es arquitecto, estudioso y militante de la corriente de pensamiento llamada “Nuevo Humanismo” o “Humanismo Universalista” basada en la obra de Silo. Participa activamente en el Movimiento Humanista dentro del organismo social y cultural “La Comunidad para el Desarrollo Humano”, y adhiere a “El Mensaje de Silo” –una nueva forma de espiritualidad naciente.
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