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En homenaje a Mansur Escudero

Mansur apareció junto a su esposa tendiéndonos los brazos con sencillez

08/12/2010 - Autor: Nadia Yassine - Fuente: nadiayassine.net/Webislam
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Visita de Nadia Yassine a Dar as Salam. (Foto: WI).
Visita de Nadia Yassine a Dar as Salam. (Foto: WI).

Hace unas semanas nos ha dejado un buen hombre. Le conocí hace unos años, en su casa.

Samira estaba sentada a mi lado, tan bella por dentro como por fuera. Sus labios se movían sin cesar mientras el coche engullía glotonamente las bandas de la carretera. Hacía su dhikr. Esto le daba un brillo extra a su magnífica piel de madre, que ni envejece ni tiene arrugas porque su crema es de naturaleza sagrada. Su pañuelo de flores le iba de maravilla. ¡Ninguna provocación! ¡Sólo estética!

Samira practicaba el windsurfing antes de velarse, de ponerse el pañuelo. Sigue practicándolo y ha inventado un atuendo especial sólo para combinar sus nuevas convicciones con su viejo amor. ¡Admiro a esta mujer! Esposa amante, madre coraje y presidente de una asociación de mujeres en un país cuyo idioma aprendió en pocos meses. Y además estudiante. Perfil de mujer ideal, uno nunca se cansa de su sonrisa y su resplandor...

El coche circulaba a través de los relentes de una historia tan lejana, pero donde uno se siente como en casa. El día de antes, estaba tan cerca de la Alhambra con Samira, quien caminaba entre el frescor de los jardines, que recité algunos versos del Corán. Nuestra acompañante, una profesora de la Universidad de Granada la cual me había invitado, recibía en este preciso momento la llamada de un amigo periodista. El País escribirá que yo había venido a Granada para recuperarme, puesto que yo cantaba. Tuve que explicarme y justificarme como muchos musulmanes tras el 11 de septiembre. ¡Le juro que no vengo como "invasora"! No tengo ni la voluntad ni los medios. ¡Y España se encuentra muy bien en manos de sus autóctonos!

El coche seguía la ruta. De no haber sido por la calidad de las carreteras, hubiera creído que estábamos en los alrededores de Tánger. España es en efecto la continuidad de Marruecos (en la geografía, digo.)

Juan, un español recién convertido al islam nos ofrece voluntariamente y de corazón sus servicios como chófer. Sus gafas modernas, su pelo al rape y su perilla le daban más un aire de héroe de saga italiana que de musulmán con corazón en plena búsqueda de Dios, y sin embargo ¡qué conmovedora sinceridad!

A su lado Rachid, mi anfitrión ya entrado en la cuarentena, un espíritu grande en un cuerpo de adolescente. Juan consideraba a Rachid un mentor en su búsqueda. Éste último, uno de los abogados más curtidos en materia de religión musulmana, no cree en absoluto en otro método que no sea el de la dulzura. Nunca era duro con su amigo y consideraba que la oración ya era una adquisición extraordinaria. Le dejaba abandonar suavemente sus hábitos para adquirir otros. Le aconsejaba que conservara su nombre.

El camino transcurría y mientras aproveché para llamar a mi marido, que se había quedado en Marruecos. Yo le contaba mi día lleno de emociones. Él me dijo que saludara de su parte a Mansur, a quien iba a conocer en breves instantes.

Córdoba nos recibió en todo su esplendor abriéndonos sus brazos en los que no nos quedaríamos mucho tiempo, desgraciadamente. Una bocanada de admiración, algunos suspiros de civilización y salimos de la ciudad para tomar prestados caminos maravillosamente cubiertos de vegetación. Nos perdimos en algunas suaves curvas a la sombra, mientras que las cigarras nos festejaban, anunciándonos el impulso del corazón de nuestro anfitrión Mansur, que Dios guarde su alma.

Entramos en una gran propiedad de árboles y frescor. Mansur vino a nuestro encuentro en este pequeño paraíso perdido en medio de la incomparable belleza del sur de España. Una dama esbelta con un chal puesto con gracia sobre el cabello y una túnica alegre nos recibe, con una amplia sonrisa en los labios, recuerdo de esta mañana radiante que yo vivía debido al amor de Dios. Nada nos unía aparte de un vínculo privilegiado: el del corazón.

Me habían invitado y allí fui, porque todos sabíamos el valor de las palabras pronunciadas por el Mensajero de los cielos: "El día del último juicio, estarán a la sombra de Dios aquellos que se hayan amado en Él." Y también "Dios ama a aquellos que se aman en Él, que se visitan por Él, que estrechan lazos en Él".

Mansur apareció junto a su esposa tendiéndonos los brazos con sencillez. Los ojos azules nos miraban con esa chispa que sólo poseen los filántropos. Una camisa de cuadros fresquita hacía resaltar la canosa barba de este hombre que irradiaba hospitalidad.

Atravesamos la puerta tras cálidos "salamu aleikums".

¿La casa de Mansur? ¡Un remanso de paz! "Dar as Salam", la bien llamada casa de la paz. El anuncio de un paraíso donde se debe encontrar ahora, si Dios quiere. Me quedé mucho tiempo bajo el encanto de los lugares que sin duda habían dejado su magia en los corazones de sus dueños. El refinamiento se escondía tras un toque de sencillez, y un toque de Katmandú domesticado dejaba ver aún más el encanto del lugar. Lugar que no se olvida, rincón que marca de por vida por su originalidad y que traiciona la comprensión que debería tenerse del Islam. Un Islam dulce y comedido, universalista y abierto.

Descubrí con gusto que la casa que nos albergaba era un tipo de plataforma giratoria de la amistad. Vi todo tipo de personas por aquí y por allá, apropiándose del espacio y saludando a la dueña, y el saludo maestro de la gente feliz. No éramos los únicos invitados en este planeta de paz interior.

No recuerdo realmente lo que nuestros anfitriones nos ofrecieron como comida. Tengo la costumbre de no entretenerme demasiado en manjares comestibles cuando otras ofrendas me son dadas generosamente. La riqueza espiritual e intelectual borrarán completamente el recuerdo de la comida que, como buena cocina ibérica, debió ser suculenta.

La hora de la oración no tardó en llegar. Mansur invitó a toda esta gente que aparecía ante nosotros y que luego desaparecía de nuestra vista para acudir a la oración colectiva. ¿Eran almas felices flotando en la corriente de generosidad del mecenas o un equipo de trabajo?

Yo no hacía preguntas porque es de mala educación y porque el Profeta, en quien todos nos inspiramos, recomienda "no entrometerse en lo que no nos concierne". Sin necesidad de hacer demasiadas preguntas indiscretas, veía que el vínculo entre estas personas tan variadas como un anuncio de Benetton, era la fraternidad y ahora, la oración.

El rincón habilitado para la mezquita sorprendía por el simbolismo y expresaba la personalidad de nuestros anfitriones y la dulzura de su compromiso. Justo en medio de un espacio abierto y a un nivel un poco más bajo, descendíamos dentro de un verdadero caparazón de almas. Las paredes encaladas respiraraban la sencillez y la austeridad. En el suelo, algunos toques de color por aquí y por allá formaban una verdadera cromaterapia junto con las paredes, ¡y es que lo último que una mentalidad mínimamente convencional espera encontrar apoyados en los muros de una mezquita son instrumentos musicales!

Mansur dirigió la oración y nuestros corazones se unieron en la adoración de un mismo y único Dios. Justo antes de unirme a la fila, tuve otra conversación poco convencional con Rachid y Juan. Juan, novicio aún y de la escuela de un mentor de los más indulgentes, discute el hecho de que me ponga detrás de él en la oración. Encontraba poco lógico que a quien llamaban Chrifa, y musulmana desde hace medio siglo, rezara detrás de un convertido de hace tan solo algunos meses. Insistía con firmeza en que pasara delante de él.

Al borde de un ataque de risa y gracias a los buenos cuidados de Samira, mi intérprete, logré convencerle de que no era una cuestión de adhesión, sino una simple comodidad para que los hombres puedieran concentrarse.

¡Seguro que las mujeres son más capaces de controlar sus impulsos! Esta reflexión consuela a mi interlocutor, quien cede a mi lógica. Mansur nos dejó durante unos minutos al escuchar cómo rehacíamos el mundo en susurros, luego hizo el takbir

¡Que Dios acoja en SU Reino de los Cielos a Mansur, nuestro anfitrión y nuestro Imam de la oración en los alrededores de la mítica Córdoba! Amin.

Traducido al castellano por Beatriz García Quesada

 

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