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La emigración de Muhammad

El profeta (la paz sea con él) emprendió un viaje que cambió el mapamundi

08/12/2010 - Autor: Mohamed Bellahcen - Fuente: Webislam
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Ruta del desierto.
Ruta del desierto

El emigrar de la Meca a Medina no fue de ningún modo un viaje turístico de deleite y placer ni fue una aventura para el descubrimiento de un nuevo mundo sino que fue el último remedio con el que contaban el profeta Muhammad (paz y bendiciones de Allah sean con él) y sus seguidores. Pues el período mecano, que duró cerca de trece años, fue un período muy duro en el que tanto el noble mensajero del Islam como sus adeptos o los primeros islamizados sufrían todo tipo de atrocidades y se les trataba con hostilidad por parte de los “quraishíes” por el mero hecho de reconocer a Allah como divinidad merecedora de ser adorada. Las pocas oraciones que se efectuaban en el Santuario Sagrado eran consideradas por el enemigo un crimen imperdonable y la recitación del Sagrado Corán era un delito que merecía un severo castigo. Durante los tres primeros años de la profecía, la prédica del Islam tomó una forma secreta puesto que el cambiar las creencias religiosas de todo un pueblo de la noche a la mañana no era, para nada, una tarea fácil y hacía falta primero ganar la confianza de personas que tuvieran la disponibilidad de aceptar la nueva fe y asumir esta gran responsabilidad con el profeta (paz sea con él).

La prédica del Islam no se hizo pública hasta que fue revelado el versículo que decía: “O Muhammad Declara pues lo que se te ordena, y apártate de los idólatras” (15:94). A partir de este momento el profeta (que Allah le conceda paz) no dejó montaña sin subir, valle sin bajar ni camino sin recorrer llamando a la adoración del Único Dios. Solía pronunciar estas palabras: “O gente, decid: no hay dios sino Allah, tendréis éxito”. A pesar de que las persecuciones de los seguidores de la nueva fe y del noble profeta se hacían cada vez más fuertes, no había quien detuviera el avance del Islam y la gente entraba a la religión de Allah, sobre todo hacia finales del periodo mecano. Es cierto que los líderes de "Quraish" hacían todo lo posible para obstaculizar la propagación del Islam pero tal y como dice Allah en el Noble Corán “quisieran los incrédulos apagar con lo que sale de sus bocas (de un soplo) la Luz de Allah, pero Allah hará que se resplandezca a despecho de los infieles” (61:8).

En los dos penúltimos años que precedieron la emigración del profeta Muhammad (que Allah le conceda paz) y sus compañeros, un grupo de personas procedentes de la ciudad de Medina aceptaron el Islam y le juraron al profeta fidelidad comprometiéndose a defenderle y a brindarle todo tipo de ayuda para que pudiese cumplir con su misión profética aunque ello implicara poner en peligro sus bienes y sus propias vidas. Los politeístas de "Quraish", al enterarse de esto y de que los musulmanes empezaban a emigran a Medina, se reunieron para ver que hacían para ponerle fin al gran peligro que suponía el que Muhammad (paz sea con él) obtuviera apoyo fuera de la Meca. Las opiniones de los líderes de "Quraish" eran diversas y ninguna parecía convincente a excepción de la opinión de Iblis (el demonio) quien asumió la forma de un respetado anciano de Nayd y opinó que se debía de tomar a un muchacho de cada tribu para que simultáneamente participaran en el asesinato de Muhammad y así la tribu del profeta no pudiera tomar represalia, ya que la responsabilidad habría de recaer sobre todas las tribus participantes. Hay otra versión que está recogida en el libro El Néctar Sellado de Safi-ur-Rahman Al-Mubarakfuri, que dice que este plan fue sugerido por Abu Yahl.
El arcángel Gabriel (la paz sea con él) informó al profeta (la paz sea con él) de ese malvado plan y le dijo que ya tenía permiso para emigrar a Medina esa misma noche. Antes de que anocheciera, la casa del profeta (que Allah le conceda paz) estaba rodeada de los muchachos que quedaron en asesinarle. A pesar de ello, el noble profeta salió de su casa y cogió un puñado de tierra que arrojó encima de los jóvenes, que esperaban su salida para matarle, recitando: “Hemos puesto una barrera por delante de ellos y otra por detrás y les hemos velado para que no puedan ver” (36:9) y pasó delante de ellos sin que lo pudieran ver y se dirigió a la casa de Abu Bakú que había preparado todo lo que pudieran necesitar en el camino y emprendieron su viaje hacia medina después de quedar unos días en la cueva de “Zaur”.

Cuando el profeta (paz sea con él) llegó a Medina fue recibido por los medinenses y los musulmanes que habían emigrado de la Meca antes de él con una alegría y satisfacción incomparables. El periodo mediní, a diferencia del periodo mecano, fue un periodo de cierta tranquilidad que permitió al profeta (que Allah le conceda paz) y a sus compañeros (que Allah esté complacido con ellos) difundir el mensaje del Islam. Es desde Medina que se extendió el Islam a lo largo y ancho del planeta tierra.

No cabe duda, mis queridos lectores, que el incidente de la emigración del noble profeta de la Meca a Medina está lleno de lecciones que nos pueden servir de gran utilidad en nuestras vidas. Una de estas lecciones que aprendemos de la hégira es que el objetivo de la existencia humana sobre la tierra es adorar al Único Dios de acuerdo con sus leyes. Si en un lugar no se puede adorar a Allah y cumplir con sus obligaciones, habrá que buscar otro sitio donde uno pueda hacerlo tal y como afirman los eruditos del Islam, y de hecho Allah (enaltecido sea) dice en el Sagrado Corán: “Siervos míos que creéis! ¡Ancha es mi tierra, adoradme sólo a Mí” (29:56 ).

Otra lección que se podría aprender de la emigración es que después de la dificultad viene la facilidad, después de los malos momentos vienen los buenos momentos, después de las vacas flacas vienen las vacas gordas, después de la oscuridad viene la claridad y después de la negrura de la noche viene la blancura del día. A este respecto Allah (alabado sea) dice: “Porque es cierto que junto a la dificultad hay facilidad, sí junto a la dificultad hay facilidad” (95:5-6). El creyente, en efecto, tal y como lo describe el profeta Muahammad (paz sea con él) debe expresar su agradecimiento a Dios en los momentos de prosperidad y facilidad y actuar pacientemente en los momentos de apuro y adversidad ya que es inadecuado para el verdadero musulmán mostrar impaciencia y pereza en momentos dificultosos dado que esto va en contra de la voluntad de Allah (alabado sea). Todo lo que nos ocurre en esta vida tiene su razón de ser, algo que muchas veces desconocemos y sobre lo que Allah nos pone a prueba constantemente. Son ilustrativos los siguientes versículos: “Y tened por cierto que os pondremos 1 Allah a prueba con temor, hambre, pérdida de riqueza, personas y frutos. Pero anuncia buenas nuevas a los pacientes. Aquéllos que cuando les ocurre alguna desgracia dicen: De Allah somos y a Él hemos de volver. Bendiciones de su Señor y misericordia se derramarán sobre ellos. Son los que están guiados” (2:155-157).

En definitiva, a lo quiero señalar es que hay que ofrecer grandes sacrificios si se quieren conseguir grandes metas. Pues si uno quiere que Allah lo abarque en su infinita misericordia pues ha de mostrar satisfacción no solo en los buenos momentos sino también en los malos.

Quisiera concluir estas reflexiones sobre la emigración con una lección muy importante y es que cuando el profeta (que Allah le conceda paz) se dispuso a emigrar no se quedó en su casa con los brazos cruzados esperando a que Allah hiciera algún milagro para salvarle de los "quraishíes" que estaban urdiendo en su contra para capturarle, matarle o expulsarle, sino que buscó motivos comprensibles y razonables para conseguir sus objetivos. Pues aprovisionó para el viaje, montó su camella, contrató una guía que le condujera por el camino más seguro y dejó a Alí en su lecho y le pidió que se cubriera con su manto para que nadie se diera cuenta de su ausencia. De modo que, como ya he señalado en otra ocasión, a parte de tener confianza en Allah y contar con su apoyo uno tiene que esforzarse y buscar motivos comprensibles y razonables para lograr sus fines y sólo Allah sabe más.

1. Se utiliza en el idioma árabe la primera persona del plural “nosotros” para referirse a una sola persona y es una forma de respeto. En este caso pondremos se refiere a Allah.

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