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Lauren Booth: Ahora soy musulmana. ¿Por qué tanto revuelo?

Finalmente, sentí lo que los musulmanes sienten cuando están en la verdadera oración: un rayo de dulce armonía

20/11/2010 - Autor: Lauren Booth - Fuente: The Guardian
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Lauren Booth: Qué duros y crueles comenzaron a parecerme mis amigos no musulmanes y mis coleg. (Foto de Sarah Lee/The Guardian)
Lauren Booth: Qué duros y crueles comenzaron a parecerme mis amigos no musulmanes y mis coleg. (Foto de Sarah Lee/The Guardian)

Han pasado cinco años desde mi primera visita a Palestina. Y cuando llegué a la región para trabajar junto a organizaciones de caridad en Gaza y Cisjordania, llevé conmigo la arrogancia y la condescendencia que todas las mujeres blancas de clase media (en secreto o abiertamente) mantienen hacia las pobres mujeres musulmanas, mujeres que presumí que serían poco más que manchas vestidas de negro, silenciosas en mi visión periférica. Como mujer occidental con todas mis libertades, esperaba tratar solo con hombres en el plano profesional. Después de todo, de eso va el mundo musulmán, ¿no?

Esta semana los gritos de falso horror de los compañeros columnistas al enterarse de mi conversión al Islam demuestran que la visión estereotípada prevalece sobre quinientos millones de mujeres que actualmente practican el Islam.

En mi primer viaje a Ramala, y muchas visitas posteriores a Palestina, Egipto, Jordania y el Líbano, efectivamente traté con hombres en el poder. Y, querido lector, alguno de ellos incluso tenía esas barbas que dan miedo y que vemos en las noticias sobre lugares lejanos que hemos bombardeado hasta hacer pedazos. Sorprendentemente (para mí) también empecé a tratar con gran cantidad de mujeres de todas las edades, con todo tipo de pañuelos en la cabeza, que también ocupaban cargos de poder. Lo crean o no, las mujeres musulmanas pueden tener una educación, trabajar con el mismo horario mortal con el que nosotras lo hacemos, e incluso dar órdenes a sus maridos delante de sus amigos hasta que abandonan la sala enfurruñados para ir a terminar de hacer la cena.

¿Le parece suficientemente condescendiente? Espero que sí, porque mi conversión al Islam ha sido la excusa para que los comentaristas sarcásticos volcaran todos esos puntos de vista paternalistas sobre las mujeres musulmanas de todas partes. Tanto es así, que de camino a una reunión sobre la islamofobia en los medios de comunicación esta semana, consideré seriamente la compra de un garfio y hacerme pasar por Abu Hamza. Después de todo, a juzgar por la reacción de muchas mujeres columnistas, ahora soy a los derechos de las mujeres lo que el del garfio a la venta de cuchillos y tenedores.

Así que, tomemos todos una respiración profunda y les dejaré ver el otro mundo del Islam en el siglo XXI. Por supuesto, no se puede pasar por alto la manera atroz en que las mujeres son maltratadas por los hombres en muchas ciudades y culturas, ya tengan o no una población islámica. Las mujeres que están siendo maltratadas por parientes masculinos están siendo maltratadas por los hombres, no por Dios. Gran parte de las prácticas y de las leyes de países "islámicos" se han desviado (o no tienen nada que ver) de los orígenes del Islam. En su lugar, han sido basadas en prácticas culturales o costumbres tradicionales (y sí, machistas) que se han inyectado en estas sociedades. Por ejemplo, en Arabia Saudí, las mujeres no pueden conducir por ley. Esta regla es un invento de la monarquía saudí, estrecho aliado de nuestro gobierno en el comercio de armas y petróleo. La lucha por los derechos de las mujeres tristemente se debe ajustar a las necesidades de nuestro propio gobierno.

Mi propio camino hacia el Islam comenzó cuando me di cuenta de la diferencia entre lo que se me había suminisrado gota a gota sobre la vida musulmana y la realidad.

Comencé a preguntarme acerca de la tranquilidad que desprenden tantas "hermanas" y "hermanos". No todos; que estamos hablando de seres humanos. Pero muchos. Y en mi visita a Irán el pasado mes de septiembre, el lavado, el ponerse de rodillas, las recitaciones de las oraciones en las mezquitas que visité, me recordaron el punto de vista occidental de una religión totalmente diferente, una que es conocida por evitar la violencia y abrazar la paz y el amor a través de la meditación silenciosa.Una religión de moda entre las estrellas de cine como Richard Gere, y que habría sido mucho más fácil admitir en público que se es seguidor: el budismo. De hecho, la postración, el arrodillarse y la sumisión de las oraciones musulmanas resuenan con palabras de paz y satisfacción. Cada uno comienza, "Bismillahir Rahmanir Rahim" - "En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo", y termina con la frase "Assalamu Alaykhum wa rahmatullahi wa barakatuh" - la paz sea contigo y la misericordia y la bendición de Dios.

Casi sin darme cuenta, al orar durante el último año más o menos, he estado diciendo "Querido Allah" en lugar de "Querido Dios". Ambos significan lo mismo, por supuesto, pero para los conversos al Islam la naturaleza extraña de la lengua de las oraciones sagradas y del libro sagrado puede ser un obstáculo. Yo había saltado ese obstáculo sin darme cuenta. Luego vino la atracción: una especie de ir y venir emocional que responde a la compañía de otros musulmanes, con un elevado sentimiento de franqueza y cordialidad. Bueno, al menos así fue para mí.

Qué duros y crueles comenzaron a parecerme mis amigos no musulmanes y mis colegas. ¿Por qué no podemos llorar en público, abrazarnos más unos a otros, decir "Te quiero" a un nuevo amigo, sin exponerse a la sospecha o el ridículo? Veía las emociones que se comparten en los hogares junto con las bandejas de dulces con miel y me preguntaba, si la ley de Allah se basa simplemente en el miedo, ¿por qué los amigos que he amado y respetado, no dan la espalda a sus prácticas y empiezan a beber, a "divertirse realmente" como hacemos en occidente? Y eso hacemos, ¿no? ¿No es así?

Finalmente, sentí lo que los musulmanes sienten cuando están en la verdadera oración: un rayo de dulce armonía, un estremecimiento de alegría en el que me sentía agradecida por todo lo que tengo (mis hijos) y segura en la certeza de que no necesito nada más (junto con la oración) para estar totalmente satisfecha. Yo oraba en la capilla Mesumeh en Irán después del lavado ritual de mis antebrazos, cara, cabeza y pies con agua. Y nada podrá ser lo mismo después. Es tan simple como eso.

El sheij que finalmente me convirtió en una mezquita en Londres hace unas semanas me dijo: "No tengas prisa, Lauren. Tómatelo con calma. Dios te está esperando. No hagas caso de los que te digan: debes hacer esto, vestir aquello, llevar el pelo así. Sigue tus instintos, sigue el Sagrado Corán y que Dios te guíe."

Así que ahora vivo en una realidad no muy diferente a la del personaje de Jim Carrey en el Show de Truman. He visto la gran mentira que es la fachada de nuestra vida moderna; el materialismo, el consumismo, el sexo y las drogas nos darán una felicidad duradera. Pero también me he asomado más allá y he visto una encantadora y enriquecida existencia de amor, paz y esperanza. Mientras tanto, sigo con la vida diaria, haciendo la cena, los programas de televisión sobre Palestina y sí, rezando alrededor de media hora al día.

Ahora, mi mañana comienza con la oración del amanecer sobre las 6 de la mañana, rezo nuevamente a la 1:30 pm, y finalmente a las 10:30 pm. Mi continuo progreso con el Corán ha sido objeto de burla en algunos sectores (para que conste, voy por la página 200). He estado buscando el asesoramiento de ayatolás, imames y sheijs, y todos han dicho que cada persona tiene su propio viaje al Islam. Algunos memorizan el texto completo antes de la conversión; para mí, la lectura del libro sagrado se llevará a cabo lentamente y a mi propio ritmo.

En el pasado, los intentos para dejar el alcohol habían quedado en nada; desde mi conversión ni siquiera puedo imaginar beber de nuevo. No tengo ninguna duda de que esto es para toda la vida: hay tanto en el Islam para aprender, disfrutar y admirar; estoy abrumada con su maravilla. En los últimos días he sabido de otras mujeres conversas, y me han dicho que esto es sólo el principio, que lo siguen amando tras 10 o 20 años.

Como nota final me gustaría ofrecer una traducción rápida entre la cultura musulmana y la cultura de los medios de comunicación que puede ayudar a sacar la espina de mi cambio de vida para algunos de ustedes.

Cuando aparecen musulmanes en las noticias de la BBC gritando "¡Allahu Akbar!" a un cielo despejado de Oriente Medio, los occidentales hemos sido entrenados para escuchar: "Os odiamos a todos vosotros, sentados en vuestros británicos salones, y estamos a punto de volarnos en el Lidl mientras hacéis la compra semanal."

En cambio, lo que los musulmanes estamos diciendo es: "¡Dios es Grande!", "y estamos sacando fuerzas de flaqueza después de que las naciones no musulmanas hayan atacado nuestros pueblos." Normalmente, esta frase proclama nuestro deseo de vivir en paz con nuestros vecinos, nuestro Dios, nuestro prójimo, tanto musulmanes como no musulmanes. O, en su defecto, en el clima actual, simplemente que nos dejen vivir en paz estaría bien.

Traducción: Patricia Fernández Carmona
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