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Algunas reflexiones sobre la peregrinación a la Meca (IV)

La lapidación es una acción obligatoria con la que el peregrino o la peregrina tiene que cumplir

19/11/2010 - Autor: Mohamed Bellahcen - Fuente: Webislam
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Uno de los yamarat donde se escenifica la lapìdación de Shaitán. (Foto: esmas.com).
Uno de los yamarat donde se escenifica la lapìdación de Shaitán. (Foto: esmas.com).

La lapidación y el sacrificio

La lapidación es una acción obligatoria con la que el peregrino o la peregrina tiene que cumplir y se trata de lanzar siete piedras en cada uno de los tres escollos (el menor, el mediano y el mayor). No me voy a detener a explicar cómo hay que realizar este rito sino que me voy a limitar a hablar de su significado y razón de ser. Cuando Ibrahim (Que Allah le conceda paz) se dirigía a Mina a degollar a su único hijo entonces, que era Ismael, puesto que había visto en los sueños que lo sacrificaba, y los sueños de los profetas como afirma nuestro profeta Muámmad (Que Allah le conceda paz) son una forma de revelación divina, fue detenido por el diablo quien intentó obstaculizar su misión.

El diablo procuró convencer a Ibrahim de que lo que iba a hacer era una locura y que no podía matar a su único hijo que amaba abismalmente. También le dijo que no tenía que tomar marañas de ensueños como una orden que procedía de Dios.

Ibrahim (que Allah le conceda paz) supo que era el diablo y que intentaba desviarlo de su misión, entonces cogió siete piedras y lo apedreó. Esto fue en el lugar del escollo menor. El diablo como es bien sabido no se rinde tan fácilmente así que le persiguió y volvió con los mismos susurros y esta vez fue en el lugar del escollo mediano y Ibrahim sin pensárselo dos veces lo volvió a apedrear con otras siete piedras. Cuando Ibrahim se encontraba en el lugar del escollo mayor volvió el diablo una vez más con los mismos murmullos y Abraham hizo lo mismo que había hecho con anterioridad.

Hay otra versión que dice que el demonio intentó en primer lugar descarriar a Ibrahim y fue en uno de los tres escollos y cuando vio que no podía, se dirigió al segundo escollo donde se encontraba Ismael (que Allah le conceda paz) y cuando vio la firmeza de éste pues no le quedó más remedio que susurrar a su madre Agar (Hagar) en el tercer escollo pero fue inútilmente. Pues los tres sabían que era un mandamiento de Su señor y se habían sometido completamente a Su voluntad y no había nada ni nadie que pudiera hacer que cambiasen de pensamiento.

Cuando los peregrinos lanzan las piedritas a los tres escollos ponen de manifiesto su enemistad con el demonio y con todas las fuerzas del mal en general. Allah (enaltecido sea) nos advirtió a lo largo del Corán de la aversión del demonio diciendo: “(…) ¿No os Adán y Eva había prohibido ese árbol y os había dicho que Satanás era para vosotros un enemigo declarado?” (7:22) “Y di O Muhammad a mis siervos que hablen con las mejores palabras, porque es cierto que Satanás siembra discordia entre ellos; realmente Satanás es un enemigo declarado al hombre” (17: 53). Al musulmán y a la musulmana se les ordena que hagan el bien y en el supuesto que no puedan hacerlo pues que por lo menos eviten hacer el mal.

En cuanto al sacrificio de animales, pues he de decir que es obligatorio para aquellos peregrinos que realizan la peregrinación o bien según la modalidad de tamattu’ o según la modalidad de qiran. La modalidad de tamattu’ significa la realización del ‘umra (visita menor) regresando a la vida ordinaria tras el estado de ihram o sacralización e iniciar el hach (visita mayor), es decir que estas dos visitas tienen que estar separadas por un periodo de tiempo. La modalidad de qiran, en contraste, significa llevar a cabo tanto la visita menor como la peregrinación a la vez y debe realizarse obligatoriamente en uno de los meses de la peregrinación (los meses décimo, undécimo y duodécimo del calendario lunar).

Respecto a las personas que no realizan la peregrinación se les recomienda fuertemente que ofrezcan sacrificios en la Fiesta del Sacrificio siempre y cuando tengan medios para ello. Los musulmanes ofrecen sacrificios en conmemoración a dos nobles profetas que son Ibrahim e Ismael (Paz sea con ellos). Ibrahim (paz sea con él) vio en los sueños que sacrificaba a su hijo Ismael (paz sea con él) y sabía que era una orden de Allah y como consecuencia, debe cumplir con ella. Cuando Ibrahim se lo comentó a su hijo, este último no mostró ninguna objeción sino que ayudó a su padre para que cumpliese con lo que le había sido ordenado diciendo: “(…) Dijo Ismael: ¡Padre mío! Haz lo que se te ordena y, si Allah quiere, encontrarás en mí uno de los pacientes.” (37:102) Dice Asha’rawi respecto a esta aleya el hecho de que Ismael diga ‘haz’ significa su obediencia a su padre y el que haya dicho ‘lo que se te ordena’ significa obediencia y sumisión a Dios. En todo caso, los dos, tal y como nos cuenta el Sagrado Corán, aceptaron la orden de Allah con una sumisión incomparable. Pero cuando Ibrahim intentó pasar la hoja del cuchillo pues no cortaba y en ese momento escuchó: “(…)¡Ibrahim! Ya has confirmado la visión que tuviste. Realmente así como recompensamos a los bienhechores. Ésta es, de verdad, la prueba evidente. Y lo rescatamos poniendo en su lugar una magnífica ofrenda un hermoso carnero del que se dice que era del paraíso.” (37: 104-107)

Aprendemos de esta historia que nosotros los musulmanes debemos someternos a las órdenes de Nuestro señor sin mostrar ninguna oposición tal y como hicieron Ibrahim e Ismael (paz sea con ellos) dado que el Islam significa la total sumisión a la voluntad de Dios y el musulmán o la musulmana significa quien se somete totalmente a la voluntad de Dios. Si nosotros hemos escogido al Islam como religión tenemos que actuar en consecuencia y aceptar todo lo que se nos ordena por parte de Allah (exaltado sea) y su mensajero (que Allah le conceda paz y bendiciones) ya que de otro modo simplemente no seríamos musulmanes.

Al final de estas reflexiones sobre el quinto pilar del Islam, que he querido compartir con ustedes, me gustaría hacer un inciso y es que el musulmán o la musulmana, tal y como señala Salah Eddin Abu ‘Arafa, debe someterse a Allah del mismo modo que el animal se nos somete a la hora de sacrificarlo. Todo lo que he dicho de bien procede únicamente de Allah y los errores y los lapsos que pude haber cometido proceden de mi alma y del demonio y Allah y su mensajero ciertamente son inocentes de ellos. 


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