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Una corte timorata

En un controvertido fallo salomónico, un tribunal de la India saldó una disputa entre hindúes y musulmanes

07/11/2010 - Autor: Samanth Subramanian - Fuente: elargentino.com
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Babri Masjid: La cúpula de la mezquita fue destruida en 1992.
Babri Masjid: La cúpula de la mezquita fue destruida en 1992.

El último día de septiembre, el tribunal superior de la ciudad india de Allahabad anunció su veredicto sobre un lote de 27 hectáreas en el poblado de Ayodhya. Algunos hindúes afirman que ahí nació el séptimo avatar del dios Vishnú, el rey Rama, y en 1992, para construir un templo en su honor, extremistas religiosos destruyeron la mezquita Babri Masjid, erigida en ese lugar 460 años antes. Los disturbios subsecuentes costaron 1.500 vidas, sobre todo musulmanas.

El primer litigio por la propiedad de estas tierras fue presentado, y desestimado, en 1885. Más demandas se presentaron en 1950, 1959, 1961 y 1989. Una fue desestimada; las otras cuatro fueron combinadas y presentadas al Tribunal Supremo de Allahabad en 1989. Se mire por donde se mire, ya era hora de que hubiera un dictamen. También fue prometedor que la India pareciera contener el aliento por una decisión judicial. La mayoría de los momentos cruciales en la historia de estas tierras involucraron una retórica provocativa, extremismo religioso y actos de ilegalidad descarada. En 1949, una turba de 60 fanáticos hindúes pasó a escondidas unos ídolos dentro de la mezquita; y se permitió que se quedaran allí por temor a una conflagración. Cuarenta años después, un líder del Partido Bharatiya Janata, L. K. Advani, emprendió una gira para dejar en claro la determinación de su partido de construir un templo en lugar de la Babri Masjid. Y en 1992, mientras Advani y otros funcionarios del partido observaban, una horda con martillos y cinceles desmanteló metódicamente la cúpula de la antigua mezquita.

El veredicto de los tres jueces de la corte, dos días antes del cumpleaños de Mahatma Gandhi, fue temeroso y salomónico. Dividió la tierra disputada en tres partes iguales: una para la Junta Suní Wakf (musulmana), otra para la secta hindú conocida como la Nirmohi Akhara (ascetas) y la tercera para un organismo hindú, la Hindu Mahasabha. Algunos analistas elogiaron el fallo como “un alivio” y “la única manera de evitar problemas”, pero omiten lo importante: las decisiones judiciales no se deben tomar por conveniencia o miedo. La corte estableció un precedente preocupante: los veredictos ahora pueden darse por la amenaza de violencia, o por la percepción de un juez de una potencial violencia, en vez de apegarse a la letra de la ley. La expectativa que tenía la corte de un conflicto inmediato sugiere una desconfianza injustificada en la población hindú, y una creencia de que los disturbios de 1992 —o en 2002 en Gujarat— fueron revueltas espontáneas en vez de actos de violencia manipulados políticamente. Pero incluso si la India hubiera estado al borde de un brote de disturbios, era deber del estado conservar la paz, y el de la corte proteger primero los derechos legales de los demandantes.

Al tratar de tranquilizar en lugar de arbitrar, los jueces quizás hayan tenido intenciones nobles, pero adoptaron una solución de compromiso. La corte trató los reclamos hindúes y musulmanes por el terreno del templo como igualmente válidos, aun cuando los hechos sugieren lo contrario. La Junta Suní Wakf basó su argumentación en 460 años de uso continuo, mientras que los grupos hindúes basaron su premisa de posesión en esos ídolos hindúes instalados ilegalmente dentro de la mezquita en 1949. Pero aún, la corte implícitamente legitimó el ataque de 1992 al aceptar como hecho legal la afirmación hindú de que Rama, una figura cuya historicidad es incierta, nació en un lugar particular bajo la mezquita. (Si interpretamos estrictamente el calendario hindú, Rama habría nacido hace 1,7 millones de años). Ansiosa por conceder a los grupos hindúes una porción de la tierra, los jueces dejaron el terreno de los hechos para entrar en el terreno de la fe, echando por la borda la credibilidad del fallo. La decisión del tribunal supremo será apelada. Los grupos musulmanes están “ofendidos” por el veredicto, y la Hindu Mahasabha insiste en que tiene derecho a toda la tierra. Por otra parte, ya empezó el proceso de capitalizar políticamente la controversia. Advani declaró que su gira de 1992 fue vindicada; el partido rival del PBJ, el Congreso Nacional Indio, que encabeza el gobierno, está preocupado de que los musulmanes indios, sus tradicionales aliados electorales, sientan que fueron tratados injustamente mientras ellos miraban. Quienes esperaban encontrar en el tribunal supremo un líder de la madurez de la democracia india, ahora deben esperar a que la Corte Suprema revoque la decisión. Quizás deban pasar muchas décadas.

Subramanian es editor adjunto de Mint, un periódico en Nueva Delhi, y autor de “Following Fish: Travels Around the Indian Coast” (2010).
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