webislam

Viernes 22 Noviembre 2019 | Al-Yuma 24 Rabi al-Auwal 1441
769 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=17547

11-S

El Islam se ha convertido en el otro enemigo, a falta de la amenaza comunista

24/10/2010 - Autor: Igor Barrenetxea Marañón - Fuente: La Opinión de Zamora
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

11-S (Foto: conspiraciones.es).
11-S (Foto: conspiraciones.es).

Los días previos a la conmemoración del atentado contra las Torres Gemelas, hito de este marco internacional, el pastor Terry Jones anunció su intención de quemar simbólicamente el libro sagrado del Islam: el Corán. La reacción de las autoridades tanto militares como civiles fue inmediata con el fin de que tal hecho no se produjese. Sin embargo, en este contexto, eso no impidió que se llevaran a efecto actos públicos, como en las calles de Kabul, gritando eslóganes de «muerte a Estados Unidos», o bien, en Yakarta, una concentración de repulsa por esta noticia.

El que el pastor haya provocado tanta polvareda nos remite a la realidad de lo fácil que es provocar y alterar los ánimos desde una minoría radical y fanática (provenga de donde provenga). El pastor lidera una pequeña congregación de apenas cincuenta miembros, en la ciudad de Florida. El centro que él creó ha destacado por sus ataques directos al Islam. No hay duda de que no debemos dejarnos arrastrar por este tipo de sediciosos que no hacen sino pescar en río revuelto una llamada de atención que, por desgracia, le ha servido para salir del anonimato. No son, por desgracia, hechos aislados.

Las fracturas entre las dos grandes civilizaciones son más que evidentes, Occidente y Oriente, o en un caso más específico, cristianos contra musulmanes. La reacción del general Petraeus en Afganistán ha sido inmediata valorando acertadamente que la posible quema de Coranes traería consecuencias atroces para acabar con la insurgencia y lograr que la población civil apacigüe los ánimos adversos que ostentan contra la presencia de tropas internacionales en su país. Si algo saben Europa y Estados Unidos es de los peligros que trae consigo el exacerbar y tocar la fibra sensible de quienes procesan una fe.

El tema es complejo. Vemos lo fácil que es herir las sensibilidades ante una situación que no ha nacido hoy, ni ayer, sino que se ha ido cociendo desde los inicios de la misma Guerra Fría. Sin embargo, no podemos desdeñar el peligroso caldo de cultivo que implica que adalides de las ideas más furibundas hagan que la situación se tense aún más. Nadie desdeña lo que podría suceder si la mecha de esta quema indiscriminada del libro santo musulmán salpicara otros lugares de Estados Unidos. Aún cuando, finalmente, no se ha producido, el efecto amargo se ha dejado sentir, a pesar de que varios países islámicos han rebajado la tensión al considerarlo como un comportamiento propio de un «extremista» al que no hay que hacer caso. Pero el punto de arranque de todo esto viene dado por la intención de construir una mezquita en la Zona Cero. Lo que podría considerarse uno de los actos más generosos y tolerantes, una llamada a la libertad religiosa, frente a la evidente intolerancia que encarnaron los atentados, ha sido más fuerte que la propia capacidad de la sociedad norteamericana de asumir su propia historia.

El Islam se ha convertido en el otro enemigo, a falta de la amenaza comunista, no encarna solo una religión sino una actitud, ya que comporta un modelo de vida diferente al que la sociedad americana preconiza. Tolerancia y respeto, libertad, en el aspecto más amplio, y derechos para todas las personas, axiomas que se han convertido en una parte integrante de lo que es la personalidad de Estados Unidos. Sin embargo, no siempre los conceptos están a la altura de los individuos, ni tampoco los conceptos comportan significados neutros. La libertad puede comportar, así lo ha reconocido un juez en Kansas, la quema de enseñas por el hecho de creer que Dios está castigando al pueblo americano por tolerar la homosexualidad. Las enseñanzas que se han de extraer del 11S no vienen determinadas por buscar «la venganza», estigmatizar a la religión musulmana, qué culpa tienen los millones de ellos que ignorantes vieron como unos pocos exacerbados destruían esos puentes del respeto. Tampoco las víctimas de las Torres Gemelas han de servir como coartada política ni social para invalidar los principios que han de regir las sociedades humanas. Los extremismos no han de ganarnos la partida porque eso es lo que solivianta los ánimos y crea la animadversión que contamina y degenera esta violencia sin sentido que nos ha ido arrastrando en los últimos años.

La conmemoración de lo ocurrido ha de ser una advertencia firme y generosa en la que buscamos respuestas y soluciones, que el pasado no se convierta en un lastre moral que nos impida darnos cuenta de la esencialidad de reconducir los valores de los que participamos. La conmoción que produjo el derrumbe de las Torres Gemelas no ha de servirnos como clima para acrecentar las incertidumbres y la duda irreconciliable, de inculpar en vez de recomponer los vínculos con otras sociedades igualmente amenazadas. La guerra nunca debió ser la solución ni la respuesta directa para calmar las tensiones internas de la sociedad norteamericana. El ideal de un mundo en paz y justo no viene unido a la venganza ni a una reacción desmedida que permita a quienes generaron esta virulencia ganarnos la partida. Porque la retórica de la violencia parta de quien parta no hace sino inducir a que los opúsculos terroristas se retroalimenten y acaben por confundir la fe con la incapacidad de aceptar que otros ostenten otras creencias religiosas.

El 11-S ha de ser una loa a la vida, a la necesidad de los países de hacerse entender, de erradicar aquellas formulaciones terroristas, como Al-Qaida, que han sido capaces de nacer en medio de la confusión, la miseria, el fanatismo y los conflictos que siguen poblando este pequeño planeta nuestro. Por todo ello, los fanatismos no pueden marcarnos el compás ni los ritmos. Lo sucedido con el pastor Jones es un ejemplo de todo lo que todavía debemos cambiar en las sociedades actuales, en las que el enemigo no son los creyentes de una fe sino otros seres humanos, en concreto, nosotros mismos. No hay duda de que el hombre es un lobo para el hombre.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/40199-11s.html