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Otro tópico más sobre el feminismo islámico

La dimensión socio-legal ocupa un lugar muy importante, pero la reivindicación de las feministas islámicas no termina ahí: abogan por una regeneración espiritual

21/10/2010 - Autor: Ndeye Andújar - Fuente: Blog de Ndeye Andújar
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Encuentro de Mujeres Musulmanas en noviembre de 2006 en Nueva York. FOTO: WISE
Encuentro de Mujeres Musulmanas en noviembre de 2006 en Nueva York. FOTO: WISE

Le agradezco a Nur K. de Villa que haya escrito un artículo, que fue publicado ayer en Webislam, sobre "el derecho a ser madre en el feminismo islámico". Pero mi agradecimiento no va porque me sienta identificada con lo que dice sino porque nos da la posibilidad de deconstruir un tópico más sobre este movimiento.

A lo largo del texto se plantean dos falsas dicotomías: el occidente materialista versus el islam moral, la mujer carrerista versus la madre musulmana.

El primer error consiste en oponer un espacio geográfico a una forma de vida. Como musulmanes occidentales, ¿somos materialistas o tenemos valores morales? Evidentemente esto plantea problemas más profundos, como la posibilidad de ser musulmán y occidental a la vez.

La otra oposición es igual de simplista y binaria ya que da a entender que no se puede compatibilizar el trabajo con la familia, o que quien trabaja solo lo hace para “colocarse1 en un buen puesto de trabajo”, a costa de todo y de todos. Curiosamente no aparece ni una crítica hacia los hombres que renuncian a su familia por dinero o éxito profesional. Los hombres también tienen derecho a ser padres.

En este caso, la autora ni siquiera se plantea el hecho de que haya mujeres que trabajen por necesidad, porque sus maridos no las ayudan (algunos porque no pueden y otros porque no quieren), o porque están divorciadas y sus exmaridos no les dan la pensión alimenticia para sus hijos, contraviniendo así lo que estipula el Corán. También hay muchas mujeres que invierten el dinero de la dote en la educación de sus hijos porque sus maridos piensan que eso es cosa de ellas. De hecho, la realidad es mucho más compleja de lo que piensa Nur K. de Villa.

Pero la cuestión fundamental no es si una mujer debe elegir entre trabajar o ser madre, sino el que tenga la posibilidad de elegir, si lo desea. Para ello, debería poder estudiar y tener una formación, su marido debería apoyarla y contribuir al mantenimiento de la familia. Las empresas deberían ofrecerle unas condiciones de trabajo viables y justas: horarios adaptados, salarios dignos, respeto de sus derechos (baja por maternidad, libertad religiosa, etc.). Por su parte el Estado debería ilegalizar el despido libre y sancionar a las empresas que lo aplicaran, así como incentivar la natalidad mediante un plan integral basado en ayudas familiares.

Pero vayamos al quid de la cuestión: ¿el feminismo islámico quiere destruir la familia? ¿Las feministas islámicas niegan el derecho de las musulmanas a ser madres? Solo una persona que desconoce completamente este movimiento podría plantearse estas preguntas. Entre otras cosas porque la mayoría de feministas musulmanas que conozco son madres, pero al margen de eso, porque su acción prioritaria tiene que ver con la defensa de los derechos de las mujeres dentro de la familia y no contra la familia.

Presentar el feminismo islámico como un simple imitador del feminismo secular más rancio, supone obviar las diferencias que existen entre ambos y supone negar que dentro del feminismo secular hay una gran diversidad. Por ejemplo, Fatima Mernissi lleva a cabo una crítica múltiple (no etnocéntrica o nativista) contra la colonización, contra los discursos sobre la liberación de las mujeres del movimiento nacionalista, contra el Estado postcolonial por su uso oportunista del islam como discurso unificador, su adopción del capitalismo y su visión androcéntrica del desarrollo2. De hecho una de las cosas que les reprochaba Mernissi a los nacionalistas marroquíes era que reivindicaran más derechos políticos pero que no se ocuparan de la reforma del código de familia porque, según ellos, el islam era genuinamente patriarcal. En definitiva, que tanto seculares como tradicionalistas tenían (y tienen) una visión esencialista del islam.

Por otro lado, la analista Isobel Coleman acaba de publicar un libro sobre el feminismo islámico titulado Paradise beneath her feet. How women are transforming the Middle East3 (“El paraíso a sus pies. Cómo las mujeres están transformando Oriente Medio”). No es casual que, desde su posición de observadora externa, Coleman haya elegido el mismo hadiz4 al que hace alusión Nur K. de Villa. La razón es obvia: el feminismo islámico reconoce el valor inestimable de las madres y reivindica el respeto de los derechos de las mujeres en el ámbito familiar.

Pero ¿de qué derechos estamos hablando?Pues de la libre elección del cónyuge, de la mayoría de edad para casarse, del establecimiento de unas cláusulas en el contrato matrimonial (por ejemplo, para poder elegir o no la poligamia), de la consulta mutua en los asuntos que atañen a la pareja, de la autoridad compartida, de la participación del marido en la economía familiar, de la conservación de la dote, de la pensión alimenticia en caso de divorcio, etc. El respeto de estos y otros derechos solo puede tener como resultado el fortalecimiento de la familia.

Pero hubiera bastado con que Nur visitara alguna de las principales plataformas feministas islámicas para darse cuenta de que su artículo está basado en una serie de tópicos. Musawah propone un paquete de recursos para que las mujeres conozcan los derechos que les otorga el islam, karamah ofrece asesoramiento jurídico sobre temas familiares, el Consejo Canadiense de Mujeres Musulmanas ha editado unas guías informativas sobre la ley de la familia en Ontario. El II Congreso Internacional de Feminismo Islámico, celebrado en Barcelona en 2006, estuvo centrado en la reforma de los códigos de familia. Son solo algunos ejemplos.

Como vemos, la dimensión socio-legal ocupa un lugar muy importante, pero la reivindicación de las feministas islámicas no termina ahí: abogan por una regeneración espiritual, por la recuperación de unas claves espirituales que no solo le den sentido a nuestra existencia aquí, sino que nos permitan trascender la realidad. El tawhid (la unicidad), la taqua (la conciencia de Al-lâh), el adl (la justicia) constituyen la columna vertebral del feminismo islámico. El Corán nos recuerda que provenimos de una nafs wahida (un ser único), que lo único que diferencia a los seres humanos entre sí es su grado de taqua y que Al-lâh es Al Adl (El Justo).   

Notas
1 Las negritas son mías.
2 Rhouni, R. Secular and Islamic Feminist Critiques in the Work of Fatima Mernissi. Leiden , Brill, 2010
3 Coleman, I. Paradise Beneath her Feet. How women ar transforming the Middle East. Nueva York, Tandom House, 2010
4 El hadiz completo es el siguiente: Jahmah le dijo al Profeta, "Oh, Mensajero de Al-lâh, deseo ir a una expedición militar y vengo a consultártelo." El Profeta le preguntó si tenía madre, y cuando Jahmah le contestó que sí, el Profeta le dijo, "quédate con ella porque el paraíso está a sus pies". An-Nasai (829-915) 
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